Estrabismo mental

julio 2013

Simplificación conceptual

Contuve la serie sobre China, por la pertinencia de los pronunciamientos que al respecto manifestaron: Macario Schettino, Luís Pazos y Sara Sefchovich.

Los tres absortos en verdades fragmentarias, generalizan parcialidades y soslayan primeras causas y fines últimos. Como si la foto de algo flotando en el vacío, fuera suficiente para saber si va en ascenso, caída libre o está suspendido en el aire. Despreciando origen, destino y motor. Lo que lo impulsa, lo que lo orienta y lo que busca.

La simplificación conceptual es una perversión conceptual actual, de la que los tres aprovecharon la sola presentación de la primera premisa, para darme la razón. Concluir de una sola premisa es uno de los problemas que incluye el tema de China. Que a su vez refleja una de tantas formas, de fanatismo conceptual.

La palabra faro y fanático, vienen de pháos, phaínein; luz, alumbrar, significa: el que se quedó encerrado en la luz o deslumbrado. A Macario la exactitud de las cuentas económicas, no le permite ver que no toman en cuenta a la gente, Pazos compara en forma aislada un experimento fallido con un aparente éxito y Doña Sara solo ve lo malo que el hombre puede llegar a ser.

Ninguno de los tres levanta la mirada para ver el bosque, por estar absortos en una pequeña hoja que capta la totalidad de su atención. En una entrega posterior veremos la capacidad que la certeza de un detalle tiene para ocultar una verdad mayor. En otra ocasión porque de nuevo, el irredento, el que no pesca nada de razón y que ni siquiera roza un adarme de verdad, demanda en ésta entrega, otra urgente e irrevocable aclaración: me refiero al inefable: José Carreño Carlón.

No lo hago por desengañar al desahuciado, sino por los ingenuos a los que puede confundir el desplante dogmático y aparente seriedad y formalidad con que viste su columna. Y no lo postergo o procrastino, como diría Jairo Calixto Albarrán, para que no pierdan frescura las frivolidades que desnudo.

En su entrega “Las presidencias: ¿Púlpitos o sitios de conversación?”, en El Universal el 24 de julio de 2013, José Carreño Carlón equipara lo que, según el New York Times, le pasa a Obama, que no puede hacer avanzar sus reformas económicas porque “lo desvían su agenda controversial, sus adversarios republicanos y los eventos mundiales”, con la situación de Peña Nieto.

Según Carreño Carlón: Peña Nieto con el anuncio del Programa para la Formalización de Empleo 2013, trata de “retomar la conversación pública sobre las reformas faltantes, significativamente la hacendaria, sobreponiéndose a las demoras impuestas también en el Congreso de acá por los jaloneos dentro de los partidos asociados en el Pacto por México, así como por las resistencias al cambio de los grupos de interés sindicales y empresariales”.

Esta falseando todo. No hay relación entre echar a andar un Programa de trabajo, una tarea incluida en las responsabilidades y atribuciones, con sobreponerse a demoras impuestas en el Congreso. Tampoco entre operar y “retomar la conversación pública” y tampoco entre “retomar la conversación pública” con impulsar reformas faltantes. Y menos es cierto que los jaloneos como llama a las estridencias mediáticas, sean resistencias que han impuesto demoras. Porque lo cierto es que el programa de Peña Nieto está en curso y tiempo.

Carreño Carlón ignora que las iniciativas a las que se refiere están programadas para presentarse en la ordinaria, en septiembre. Es un comentarista político que se va con las fintas y se traga regateos de legisladores con sus propios partidos políticos. Al solo percibir ruidos que no sabe interpretar, muestra un conocimiento limitado de la política mexicana, lo que explica que solo vea películas de espantos. Así, se ostenta como comentarista de un juego del que desconoce todo.

La primera incongruencia es comparar la política mexicana con la gringa. La americana es mucho más compleja y de otro nivel. Entre las dos existen diferencias cualitativas insoslayables. Pero para el que solo ve sombras, todo le parece igual. Y cree que su desconocimiento de la política mexicana lo puede esconder padroteando la opinión de un extranjero sobre un problema también extranjero.

El de Michael D. Shear, corresponsal del Times en la Casa Blanca que opina sobre lo poco que “puede hacer un presidente estadounidense para cambiar la trayectoria de la economía del país”. Cuando la primer diferencia que hace incomparables los sistemas, es que allá el presidente hace lo que ordena el Departamento de Estado, que es el que administra la planeación nacional.

Otra diferencia es que la política de aquí es burda y corriente. Allá también rigen los intereses, pero sobre una racionalidad mínima. Tienen mayor sentido del bien común y nadie le apuesta a hundir el barco. Las discusiones son sobre fregar mucho o poco alguien mas no sobre darse o no un tiro en un pie, como dirían ellos.

En cambio la mayoría de las discusiones de acá son regateos por intereses particulares de la clase política o de sus clientes, en los que pinta muy poco el bien común o la sociedad. O problemas artificiales creados por mercenarios del conflicto, cuyos espectáculos no pasan de viles y vulgares pujas en subastas, que se resuelven de formas impresentables.

Sobre esas asimetrías Carreño concluye. “aquí podríamos reflexionar sobre el hecho de que las presidencias mexicanas han visto desvanecerse desde los años 90 el monopolio que ejercían en la definición primaria de la agenda de las conversaciones y el debate público, a través de una fuerte relación con medios, más orientados, históricamente, a servir al Estado que a ganarse el mercado de las informaciones”.

Con lo que reduce el complejo juego de estrategias encontradas que es la política, similar a uno de ajedrez, que rebaja a uno de habladas, en el que, para acabarla de amolar, no percibe el enfoque de los lobos engatusadores, sino que solo distingue el de las gallinas manipuladas. En el que sostiene que la gallina que más cacarea es la que gana el juego.

Tampoco el monopolio del que habla, definía las conversaciones y debate público, en el sentido que le quiere dar. Porque los medios estaban pagados y censurados, como todo mundo y él muy bien lo sabe, por haber sido el chayotero de Salinas. Los engaños y mentiras que divulgaban los chayoteros como Carreño Carlón y los periodistas vendidos, únicamente definían las conversaciones y el debate público en el sentido de encontrar entre líneas la verdad que desmentía las bolas de humo del gobierno, porque los ciudadanos no somos tan tarugos como Carreño Carlón calcula. ¿O de veras cree que cuando anunciaban que no iba a haber devaluación alguien lo creía?

Los únicos tarugos que no se han dado cuenta de su propio desprestigio, son los comunicadores del pasado que no acaban de morir. Que en vez de meter la cara al excusado de vergüenza, como si no existiera el karma público, ahora pretenden engañar a la sociedad con pose de profesional serio y formal. Olvidando que la mayoría de los ciudadanos no nacimos ayer y que actuaron en contra del interés público y que lo que hoy presume, es pago de su estigma.

Otra falsedad es que la prostitución y censura de los medios no servía al Estado, que somos todos, sino a la gavilla de facinerosos en turno en el gobierno. Porque si esa manipulación hubiera servido al bien común, no estaríamos en la situación en la que nos encontramos. Servía para simular buenas intenciones, en lo que saqueaban al país. El error de diciembre fue la cruda de la borrachera que se tiraron a lo largo de todo el sexenio anterior y ni fue error ni se cometió en diciembre. Así como un bebé no se engendra en el parto, sino nueve meses antes.

Y otra pifia esta en creer que el problema para impulsar la economía se reduce a definir las conversaciones y el debate público. La política es un juego mucho más complicado que lo que Carreño Carlón puede darse cuenta. Como ya aclaré el programa de Peña Nieto está en curso y en tiempo. No se ha atrasado ni desviado y lo que si esta por verse son los alcances de las reformas.

Porque por un lado, administrar en forma inteligente un país se parece a resolver un examen, en que primero se debe resolver las preguntas para las que se tiene solución y dejar para después las que van a costar trabajo. Porque por perder el tiempo con las difíciles, tampoco se resuelven las fáciles.

El punto dos del Pacto, los acuerdos para el crecimiento económico, el empleo y la competitividad incluye once propósitos. De los cuales, el 2.5, la reforma energética, es solamente uno de todos. Y ese mismo punto incluye temas de diferente complicación. El más complicado es PEMEX, seguido de la CFE.

Con absurdos como que a la minería nadie la pela y no se sabe cuanto se extrae para no hablar de todo lo que las mineras deberían de pagarle al país. Chile y los otros países mineros reciben un porcentaje de las utilidades de lo que se extrae. Aquí a la mejor ni mordida dejan.

Por otra parte en el corto y mediano plazo es mucho más importante encontrar con que se va a suplir ese 40 % de ingresos y las divisas que proveía PEMEX, para pagar todo lo que nuestra improductividad nos obliga a importar, que resolver el problema de PEMEX. Porque en el corto plazo PEMEX no tiene esperanza.

Carreño Carlón ignora que aunque hoy se apruebe de PEMEX todo lo que guste y mande, y se encuentren soluciones mágicas, los resultados no se van a dar en el corto plazo, léase este sexenio y quizás ni en el que viene. Solo el que ve películas de espantos, cree que los cambios legislativos producen resultados automáticos e instantáneos.

No solo eso, el despiste de Carreño Carlón alcanza la dimensión de creer que el crecimiento económico de los gringos nos va a volver a jalar de moscas. Ignorando que parte de su reactivación económica la impulsará su autosuficiencia petrolera, que en cinco años empezará a tener excedentes, los que ofertarán para su venta y peor, bajarán los precios.

Pero Carreño Carlón afirma que “no solo es aquí mucho menor que en Estados Unidos el margen de acción presidencial para incidir en la ruta de la economía, sino que en gran medida ese margen mexicano está supeditado a lo poco que a su vez puede hacer el gobierno estadounidense (…) para reactivar la economía en su propio país y, con ella, la de sus socios más cercanos”.

Cuando en verdad de nuestro lado se acaba la extracción barata de petróleo. Circunstancias que echan abajo las cuentas alegres que vamos a seguir pagando a seis el barril y vendiéndolo a 100. Y peor aún, nadie nos va a comprar petróleo crudo, suponiendo que tengamos porque no tenemos capacidad para extraerlo y tampoco para procesarlo ni industria química petrolífera.

Lo que hace que el problema de fondo sea adelantarse al momento en que nadie nos compre petróleo, porque nuestro principal cliente se hizo autosuficiente y vendedor de petróleo, gas, gasolina y petroquímicos, mientras nosotros tengamos que importar todo lo que debería proveer PEMEX, sin tener con que pagarlo. Y todas esas respuestas las tenemos que buscar en los otros diez puntos del acuerdo para el crecimiento económico, el empleo y la competitividad.

Por lo que hay que voltear a otros lados, como que si no nos volvemos autosuficientes en la producción de alimentos, tampoco vamos a tener con que importarlos. Ni siquiera vamos a poder vender ceniceros de barro y ojitos de dios, porque hasta en eso los chinos nos están comiendo el mandado.

El problema de fondo es si las reformas son para resolver el problema del gobierno o el de la sociedad. Ya no podemos seguir siendo un país pobre con un gobierno rico. Ya no resiste que coma la burocracia del gobierno y que no coma la sociedad. Ya no puede ser un gobierno acaparador y distribuidor, un gobierno clientelar.

La única solución de fondo esta en echar a andar el país. En poner a trabajar a todos para que nadie mantenga a nadie sino que todos se paren sobre sus propios pies. Para que todos salgan adelante con sus propios pies.

Pero eso implica otros cambios serios y profundos. Como la de llevar la reforma educativa a los contenidos y alcances de la educación. Los contenidos parejos no resuelven los problemas ni hacen avanzar a un país disparejo. Y la educación solo debe llegar hasta el nivel de secundaria.

Falta una ley de las actividades que distinga las actividades lícitas no lucrativas de las actividades lícitas lucrativas. Tanto las actividades lucrativas como las no lucrativas son muy importantes en el sano desarrollo del individuo y en el sano desarrollo social.

No se va a poder organizar ni profesionalizar al país, mientras las preparatorias, universidades y tecnológicos los rija la Ley de Educación. Porque carecemos de una ley de profesiones seria. A una que distinga al profesional del profesionista, y a estos del técnico y al técnico del práctico, y a los anteriores, del artesano y a los artesanos de los artistas.

Una ley que diferencie, oriente y le de su lugar a cada distinta categoría de las actividades productivas. Que reconozca los méritos individuales necesarios para lograr cada nivel, como los méritos sociales que cada practicante deberá aportar al país.

Gracias al desorden en las actividades unos esquizofrénicos, como los investigadores científicos, exigen reconocimiento y trato de elefantes blancos. Derechos a cambio de ninguna obligación. Y los de los Institutos de Ingeniería se han apropiado de los espacios y han cambiado los planes de estudios de la Ingeniería Civil. De la que desconocen todo y hasta el tamaño y las consecuencias sociales de su abuso.

Para poder echar a andar el país y equilibrarlo es fundamental la Ingeniería Civil. De la que se están muriendo los últimos que existían. De haber habido Ingenieros Civiles no tendríamos la crisis habitacional y la crisis de los mercenarios de la construcción de conejeras y palomares evidencia que no son Ingenieros civiles.

Se requiere Ingeniería Civil para cumplir el 99.99 % de los propósitos del Pacto y de las acciones necesarias para echar a andar el país con sus propios pies. Y sigan dando palos de ciego que yo aquí con la verdad en la mano, espero a que la realidad los desengañe.

La última entrega de José Carreño Carlón es muy esclarecedora del extravío: ¿Último round en seguridad y plan energético? En El Universal el 31 de julio de 2013. En ella afirma que huele a último round. El último round es el que más feo huele. Concentra los humores de los boxeadores y del público.

Pero con eso demuestra que no ve los que pasa y que su percepción se limita a los olores. (¡Que profundidad y perspicacia!) A los que también confunde, porque no es el olor del último round, lo que sería algo muy bueno. Querría decir que termina la pelea y vamos a pasar a otra cosa. Pero el problema es que lo que huele feo no es el final de algo sino lo que se nos viene encima. Lo que huele feo es que el destino nos esta alcanzando y ya no podemos andar con titubeos ni parches.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.