El subdesarrollo y Paulette

Por lo menos tenemos a uno de los asesinos

La única manera posible que una sociedad esquizofrénica (sin contacto con el mundo verdadero) tiene de evitar el ridículo, es prohibir que cualquier cosa suceda. Cualquier emergencia que invalide la rutina de movimientos repetitivos de los jerarcas los exhibe como animales de circo. Una sociedad con los pies en el suelo otorga las jerarquías y reconocimientos sociales en base a los méritos personales. En el subdesarrollo los méritos que dan acceso a las jerarquías y reconocimientos sociales son incongruentes con el puesto e inconfesables.

Suplantar capacidades en posiciones determinantes falsea la estructura orgánica gubernamental, desgracia la función patente de la institución, la incompetencia afectan a más gente en mayor tiempo y extensión territorial lo que se traduce en atraso y disfunción social. Inutiliza una herramienta social primordial para superarse a sí misma, al desalentar las conductas convenientes, al exhibir como tonto auto superarse y alenta las inconvenientes al mostrarlas como las conductas de éxito. Lo que no es un ataque a la moral, a las buenas costumbres, ni una forma “posible” de organización social, sino desorden social demencial.

Las consecuencias sociales no las considera la encomienda para la que contratan a los simuladores. Su relación con la sociedad plural no interesa a sus verdaderos patrones. Sólo deben evitar cometer una burrada tal que pierdan el control del puesto (como la comentada).

Así al subdesarrollo lo distingue la artificialidad. Flores de plástico, fachadas de utilería y “cabezas” recomendadas. Las “credenciales” del procurador parecen ser la recomendación de oligarcas políticos. No es la capacidad para desempeñar el cargo lo que importa, sino la confianza de un reducido grupo de personas que no dan la cara.

En el subdesarrollo las capacidades necesarias para desempeñar un cargo público se suplen con otro tipo de cualidades, como relaciones y compromisos. La eficacia y eficiencia en el cargo la reemplaza la capacidad para cumplir otras funciones que no se publican, ni guardan relación con la institución que preside. Así la sociedad paga la nomina de empleados particulares de algunos “políticos”, que disponen de la estructura y nómina pública como su patrimonio.

Al ser legos en el conocimiento necesario para cumplir las responsabilidades que “asumen”, no intentan hacerlo, sino solo simularlo, lo que únicamente pueden lograr de la única manera posible para un ignorante: improvisando. Y la improvisación es la manera más eficaz y eficiente de desordenar cualquier cosa.

La “forma” de improvisar revela la personalidad del actor. En el caso de marras es notable la lambisconería. Parece su única capacidad. En vez de investigar los hechos llegó a caer bien y a cuidar las profanas opiniones de involucrados y público. A un verdadero Procurador no le importa la opinión ajena, sino resolver el caso y la única opinión que cuida es la suya. Recaba versiones como evidencias, no como instrucciones para seguir a pie juntillas. Nadie que sabe se deja guiar por ignorantes. Para eso se necesita tener muy poca confianza en sí mismo. Que es lo único probado.

Cualquier médico sabe que todo paciente tiene resuelto su propio diagnóstico y tratamiento. Lo escucha consciente de su nulo valor. El que estudió y sabe medicina es él y no el paciente y le importa su salud, no su opinión. El médico que acepta el diagnóstico y firma la receta que el paciente se auto prescribe es charlatán. Un médico auténtico no se tienta el corazón si debe medio matar al paciente para salvarle la vida. De momento lo odia, pero si lo salva le besa los pies. Y sabe que si hace lo que el paciente quiere pierde cliente y prestigio.

El Procurador no condujo ninguna investigación sino que admitió cómo un “hecho” la opinión de algún lego al que le “pareció” un secuestro. La que es una conclusión de tercer nivel que para admitirla se brincó resolver dos premisas previas fundamentales. Para ser secuestro por lo menos alguien, si no es que varios entraron y la sacaron del departamento (que no del edificio). Para lo cual debieron entrar y salir por algún lado con la niña. Allí hay un chorro que investigar. ¿Qué evidencias físicas tiene en ese sentido?

Un profesional se enfoca a resolver la primera incógnita de primer nivel y no se despega del suelo. ¿Cómo, cuándo y por donde? salió del departamento la niña. Sin tener resuelta esta pregunta es absurdamente estúpido no preservar la escena y sentarse a esperar una llamada para pedir rescate. Ya que pudo haber estado colgada de una ventana, metida en un ducto, escondida tras o en un mueble, clóset, alacena o lugar que puede resultarle peligroso a la niña. No secuestro sino inocente diablura. Son apenas posibilidades que a priori no se debe descartar ninguna.

El “nivel” remite a deficiencias de lógica elemental. Un auténtico procurador ante el primer problema verdadero: que es que la niña no aparece, se enfoca a resolver la primera y única incógnita de por qué no aparece. Sin presuponer, creer ni “apostarle” a nada, sino dedicarse exclusivamente a seguir los hilos conductores de las evidencias físicas. Que no tenemos ninguna, pues entonces es lo que se deben buscar, en el último lugar en que se tiene certeza que estuvo la niña, evidencias físicas que se transformen en puntas de hilos conductores. Por lo mismo, en ese caso lo primero, prioritario y crucial era preservar la escena, aislar el departamento, sacar a toda la gente y meter a profesionales de la investigación, a buscar evidencias que den pie a líneas de investigación que aclaren: que pasó, dónde quedó la niña o cómo salió. El no haberlo hecho fastidió la investigación al perder y contaminar las posibles puntas.

En vez de eso aceptó como válida una hipótesis sin ningún sustento, pero que caía como anillo al dedo a su condición de “huevón”. No tiene lógica ni sentido, pero que importa mientras estemos sentados, botaneando, tomando café, platicando, divagando, perdiendo impunemente el tiempo y lo mejor, cobrando por hacer como que se hace. La sugerencia de esperar una inexplicable llamada de rescate le pego en la pata de palo al justificar la actividad favorita de la burocracia nacional: Perder impunemente el tiempo. (Vean hasta donde llega la impunidad).

Es sospechoso que cuando quedaron de revelar el día y hora de la muerte y confirmar si habían movido el cadáver, suspendieron la infantil actitud de “cantar” como gritón de lotería en los medios cada detalle que encontraban. Y no las publican aunque creo que están resueltas (peor si no es así). Y creo saber la razón. Porque encontraron a uno de los asesinos y eso los mete en un brete. Y es que con que la niña haya estado viva uno sólo de los días que “pacientemente” estuvieron esperando la llamada, entonces se le pueden fincar al Procurador cargos como cómplice culposo del homicidio. Ya que de no ser por su ineficacia, incompetencia e ineptitud la niña estaría viva y el caso resuelto.

La ilusa esperanza que “La ciencia va a resolver el caso”, es otra penosa exhibición de sus carencias. La ciencia, técnica, metodología y procedimientos son cajas de herramientas inanimadas y sin inteligencia. Así como unas pinzas y un desarmador no hacen electricista a nadie, ninguna herramienta funciona sin un cerebro que la dirija e interprete. El FBI va a cobrar por concluir lo mismo que le dijo el Comendador a Don Juan Tenorio “La habéis dejado imposible para vos y para mí”.

Pero esta penosa visión es apenas un atisbo al todo. Un reflejo del desorden nacional. A las procuradurías las exhibe el peso de las evidencias que no pueden ocultar, como lo apestoso de los cadáveres ni el dolor de los deudos. Pero en la gran mayoría del resto del sector público no son tan notables su ineficacia e ineptitud. (50 millones de pobres, PIB, sociedad pobre y gobierno rico, educación deplorable, etc.) Ese 2 % de eficacia o 98 % de impunidad inocultable en la procuración de justicia, con suficiente nivel de confianza se puede extrapolar a los resultados que dan las demás dependencias de nuestro subdesarrollado gobierno. A aquellas en las que no tienen implementado un sistema de medición de resultados coherente y la población se ha acostumbrado a sus malos resultados, por lo que los tolera sin darse cuenta cómo cambiaría diametralmente la vida en el país si el sector público funcionara o con que apenas mejorara sus resultados para con la población. No somos un país de primer mundo en el que únicamente son tercermundistas sus procuradurías. Somos tercermundistas porque todo nuestro sector público es subdesarrollado.

La democracia (que el gobierno trabaje a favor de la sociedad) y la lógica más elemental exige que los cargos públicos de contacto con el mundo verdadero, los desempeñen los más preparados, de preferencia profesionales de la materia objeto de cada institución y no de la política, para evitar a los improvisados, arribistas y cáeme bien, en posiciones relevantes y trascendentes para el país.

Autor de: La infracultura, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas y ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional!