Clase media

febrero 2015

La parte determinante de la dinámica social, subsiste aletargada u extraviada en la opacidad del sector que en forma vaga se denomina “clase media”. Gran parte del estancamiento y retroceso de una sociedad es acreditable a la dormancia de sus facultades para impulsarla y perfeccionarla. La que además del desenvolvimiento, determina la salud de toda la sociedad. Es el más omnipotente: motor, semillero y timón social. Pero también es la porción más desconocida e incomprendida y por lo mismo, la más desairada, maltratada y desperdiciada.

No consiste simplemente en la franja de población que se encuentra entre la clase baja y alta, ni despliega sus capacidades o aporta sus beneficios potenciales por la simple denominación o acomodo en la escala social. Sino que para que opere como factor de cambio social con dinámica de superación y conforme a una sociedad sana, sus integrantes deben haber sido sometidos a un proceso artificial de crecimiento y superación.

A una artificialización que los racionalice y humanice. Sin la cual no es posible que nadie actúe como detonante de una sociedad en constante auto superación. No olvidar que el hombre no es un animal racional ni ser humano. Sino simio bípedo sin rabo, con potencial racional y humanizable.  Y que no cualquier bestia, por el simple hecho de nacer homínido llega a racional ni se humaniza solo, ya que la racionalidad y humanización son cualidades positivas que se deben transmitir de fuera.

Son dos artificialidades para las que la clase media es el terreno más propicio donde sembrarlas, en el que mejor germinan, crecen, se reproducen y la mejor posición para que irradie y esparza su contagio al resto del cuerpo social. También es la mayor productora de “células madres” de talento, intelectualidad e innovación. Por lo que debe ser la parte a la que se debe atender y cuidar más, ya que de esa manera optimiza el adelantamiento social y perfeccionamiento de la especie.

El fin trascendental del hombre no es comercial, sino crear una sociedad sana enfocada al perfeccionamiento de la especie, mediante la superación de sus integrantes. Lo que implica erigir un orden que se sobreponga al natural en el sentido de propiciar que los habitantes desarrollen todas sus posibilidades hasta sus últimas fronteras potenciales y en la que todos vivan con un mínimo de dignidad y decoro. Una sociedad sana es en la que no hay nada que la avergüence.

Una en la que valga la pena nacer y vivir, porque brinda a todos sus miembros igualdad de oportunidades y libertad para decidir el nivel y forma de vida que desea. En la que los que quieran y estén dispuestos a sufragar el esfuerzo de autosuperación, pueden desarrollar sus potenciales individuales hasta donde y como se les antoje. Y en la que los no quieran empeñarse en desplegar sus facultades a sus últimas posibilidades, puedan vivir con un mínimo de dignidad, con solo cumplir una jornada de trabajo. Ya que sin importar el tipo ni nivel de ocupación, una jornada de ocho horas, por humilde que sea, basta para satisfacer las necesidades fundamentales de una familia.

Un ambiente que con toda intención esta adulterado para humanizar y racionalizar la relación del hombre con el hombre y con el medio. El abandono del ambiente social al garete o dejar que evolucione a lo silvestre, es lo que enferma a una sociedad, es lo que la hace un conglomerado hostil y salvaje en el que rige la ley de la selva y una bestial selección natural, en la que cada quien por su cuenta enfrenta circunstancias adversas y solo mínimas fracciones las evitan, porque las ventajas o desventajas están determinadas por la familia en que se nace y el grupo social al que se pertenece. Y en la que nadie cuida ninguna frontera de contacto del hombre con la naturaleza.

Igual que a las personas se les debe inocular de fuera la racionalidad y humanización, la salud social no sucede en forma natural ni espontánea, sino que es consecuencia de artificializar el contexto y realidad de la colectividad. De introducir y establecer condiciones racionales y humanas de vida para los pobladores y el medio.

La responsabilidad de modificar en forma consciente e intencional el mundo, no puede ser individual sino colectiva. Es la principal responsabilidad de un Estado racional y humano. Para lo cual debe insertar modificaciones de índoles cultural y material, intencionales y orientadas a propiciar y encausar a la población al bien común. Alteraciones que deben partir y evolucionar en base a un entendimiento serio y profundo del hombre y sus construcciones culturales y materiales, del territorio y la Naturaleza.

La táctica fundamental se reduce a implantar los procesos de un proyecto cuya única meta es transformar a los habitantes de animales irracionales a racionales y de inhumanos a humanos, para remontarlos a la categoría de semidioses. Lo cual se logra en la medida en que determinen su propio destino.

Los procedimientos sociales fundamentales son una generalización y una particularización. Lo que se debe generalizar es la igualdad de oportunidades para todos los habitantes y lo que se debe particularizar es que la distribución de los premios y las ventajas sociales asociadas que la sociedad otorgue deben ser equivalentes con las aportaciones al bien común coligadas al mérito del esfuerzo individual.

Una cosa es que todos los hombres seamos iguales y que todos por ser de la misma especie merecemos un mínimo de dignidad y otra es que todos tengan para la sociedad los mismos meritos y aporten igual. El no reconocer la igualdad denigra, pero no distinguir las diferencias desalienta los méritos y aportaciones al bien común. Y crea un río revuelto que estimula a perjudicar a la sociedad, en vez de a beneficiarla.

La generalización es indispensable para multiplicar en forma geométrica el número de participantes en los asuntos comunitarios y la particularización para acrecentar el nivel y valor de las aportaciones individuales al bien común. Cambios en el orden que además de mayor justicia buscan superar el estancamiento de las sociedades silvestres causado por no estimular la participación y superación de la especie.

Alteraciones que sofistican el orden silvestre en beneficio de una superación supranatural de la especie que debe abatir los monopolios de ideas, de la toma de decisiones, de la determinación de lo conveniente, del conocimiento, la cultura y de las probabilidades lucrativas.

El integrar al mayor número posible de habitantes al debate social y la productividad económica habilitará un potencial desaprovechado, lo que hará que la sociedad alcance niveles de bienestar y prosperidad material que hasta ahora desconoce la humanidad. Y que no solo beneficiaría a la clase media, sino también a la alta y la baja. Incluyendo a los políticos que desconocen su responsabilidad en el estancamiento y prefieren ser polisones de ratón en vez de cabeza de león.

Estas no son verdades ni ideas novedosas y menos ocurrencias personales, sino aclaraciones y concepciones de grandes pensadores de la Ilustración, el Renacimiento y promotores de cambios sociales exitosos. Aunque a pesar de ellos ninguna sociedad ha logrado una perfección mediana, es inocultable que la diferencia en el avance de las sociedades estriba en la racionalidad que han aplicado en fracciones de sus contactos con la Naturaleza (hombre y territorio).

Como también es innegable el estancamiento, retroceso y auto degradación que padecen grupos sociales que han dejado su destino en manos, de lo que Leibniz llamó: el azar ciego de los Epicúreos. Espíritus que al no alcanzar a ver la capacidad de elección que tiene la voluntad en muchos fenómenos que a la Naturaleza le son indiferentes, viven persuadidos que su suerte la determina fuerzas sobrenaturales, ella misma o que nada la motiva. Lo que distingue a los animales racionales de los irracionales, es la planeación, el grado en que prevea y acomode a su favor el futuro.

Los descubrimientos y perfeccionamiento alcanzado por el conocimiento y entendimiento le ha permitido al espíritu humano reducir a leyes generales gran parte de los fenómenos relacionados con la vida del hombre y permiten prever aquellos otros que deben producirse en ciertas circunstancias, lo que ha puesto al hombre en condiciones de abarcar en las mismas expresiones analíticas los estados pasados y futuros del sistema del mundo. De planear.

La humanidad ya cuenta con la inteligencia suficiente para conocer en un momento determinado la situación de las fuerzas que animan a la naturaleza, así como de los seres que la componen. Lo que posibilita que el hombre determine su destino inventando nuevas formas de vida que sean favorables a la humanidad, en la que el mayor número posible de habitantes alcance niveles de bienestar, prosperidad cultural y material decorosas, gracias a domar, racionalizar y humanizar las salvajes y aleatorias leyes de la Naturaleza. En la que la humanidad viva con ánimo de colaboración, como una gran familia.

El avance social ya no depende ni requiere descubrir más conocimientos de detalles, sino de armar la dinámica del sistema del mundo para calibrar el funcionamiento de las partes para optimizar para el hombre los resultados de todo el sistema social. Con lo que se corregiría el orden actual en el que se han calibrado fracciones para optimizar el resultado de unas pocas y pequeñas partes, en perjuicio de los resultados de todo el sistema. Por lo que el beneficio de unos pocos es aq costa del perjuicio de la mayoría.

Pero el avance de la racionalización y humanización del hombre ha topado con barreras mustias franqueables. El hombre tiene frente a sí mucho tramo despejado y a su alcance. Pero no avanza, porque el mismo resulta ser su propio y peor obstáculo. Para que nada le resulte incierto y tanto el pasado como todas las posibilidades del futuro estén presentes ante sus ojos, requiere que en vez de atrofiar o reducir la Estructura Conceptual Organizacional del Mundo (ECOM) la amplíe lo suficiente como para someter a análisis la cantidad necesaria y suficiente de datos, tal que permita abarcar en una sola formula la dinámica del mundo (territorio y habitantes). En otras palabras dar un paso al frente en la perfección del espíritu humano ampliándolo.

El propósito de perfeccionar el espíritu humano ampliándolo en todo sentido, tampoco es ocurrencia personal ni novedad. Fue el paradigma del Renacimiento. Que buscaba que el hombre no se atrofiara ni constriñera a adquirir una sola habilidad ni desarrollar uno solo de sus potenciales, sino que expandiera todas sus capacidades latentes hasta sus últimas fronteras, que explorara y desplegara todos sus potenciales en todos sentidos.

El ejercicio profesional en la primera mitad del siglo pasado todavía conservó resabios de estos principios. Lejos de la cómoda constricción y atrofia de la especialización, los profesionales que llegaron a ser grandes y cimentaron la prosperidad y avance social que el país conoció hasta su parteaguas en los años 70s del siglo pasado, es porque eran generalistas. Después de ellos aparecieron las diferentes versiones de tecnócratas: especialistas, expertos, doctores, masteres, investigadores, académicos. Y con ellos la decadencia.

La cosa esta clara, pero nadie hace nada porque la cómoda constricción y atrofia del espíritu humano es muy socorrida. Por la gratificante ley del menor esfuerzo y la comodidad de repetir rutinas de movimientos repetitivos en estado sonambúlico, que se solaza en un sistema educativo que aspira a una anémica racionalización y la manía de claudicar del desarrollo mental o el suicidio intelectual que comete la mayoría al alcanzar alguna meta parcial. Por competir con otros en vez de contra si mismo.

Nefastas tendencias primitivas para las que la especialización representa una escapatoria hacia una ansiada atrofia con visos de decoro y conspicuidad, que le quedan como anillo al dedo. Al grado que el interés en un solo campo de conocimiento es una deletérea patología que ha sido perversamente prestigiada por espíritus inapetentes, que lo han impuesto como paradigma de moda. Pregúntenle a los Institutos de Ingeniería o al CONACYT.

Parte del problema son que los que buscan descollar con solo profundizar en el conocimiento de una pequeña fracción de un fenómeno a costa de abandonar conocer las relaciones del mismo con su inmediatez y conexos. La moda es que en vez de buscar entender y saber de más cosas de más fenómenos del mundo y sus relaciones, sea saber cada vez más de cada vez menos. Y mientras menos saben y entienden del mundo, más jerarquía y reconocimientos reclaman. Y los atrofiados e ignorantes les creen.

Los reducidos bastiones de “sacerdotes” que pregonan que poseen un poder que obtienen de monopolizar una minúscula fracción de “conocimiento, arte o cultura”, para demandar usufructuar recursos públicos, en realidad son onerosas e improductivas mafias de parásitos sociales que más perjudican que benefician al desarrollo social.

Como lo prueban los Investigadores de los Institutos de Ingeniería que por codiciar la nómina, desplazaron de la cátedra a los auténticos Ingenieros Civiles, a los generalistas, para suplantarlos con ciegos e incompetentes especialistas de especialistas, investigadores y doctores. Que fuera del detalle que dominan a profundidad, desconocen todo de la Ingeniería Civil, del país y el mundo.

El avance social no lo pueden lograr ni debe quedar en manos de reducidos grupos de escotomizados por monopolizar una minucia de una fracción de una especialidad: políticos, expertos, científicos, investigadores, doctores, masters, etc., sino que es una responsabilidad que se debe resolver en debates cotidianos de los asuntos comunitarios en los que participen, involucren y comprometan el mayor número posible de Sísifos atañidos instruidos. El mayor número posible de ciudadanos ilustrados y renacentistas.

Ser fecundo en ciudadanía auténtica es otro subproducto social positivo que caracteriza a una clase media adecuada. Las características del grupo más fértil y de mayor potencial social son inapreciables a simple vista, inadvertidas para los displicentes y consideradas defectos por los agrestes.

El desinterés y confusión sobre la clase media lo demuestra la opacidad de las diferentes versiones o creencias que existen sobre ella, la distancia que hay entre lo que es para unos con lo que debería ser y lo que creen que es, los que se consideran parte de ella.

Como vimos desde el principio, por la simple denominación es la franja de población que se ubica entre la clase alta y la baja. Lo cual no dice ni aclara nada ya que las fronteras entre las tres clases sociales no están establecidas. Tampoco las clases están caracterizadas en forma clara. La mayoría no la analiza y menos busca sus cauisas.

Para algunos la diferencia de clases reside en los recursos económicos, para otros en el nivel educativo y cultural y para otros en los principios y valores. En lo único en lo que la mayoría coincide es que la clase baja es la que carece de recursos económicos, educación, cultura y moral. Es decir: la clase baja es aquella formada por los que la sociedad mantiene en el estado más natural, son los menos artificializados, los más rústicos.

La verdad más poderosa es que la clase baja es un depósito de segregados sociales. A los que la sociedad no ha considerado ni les ha cumplido derechos constitucionales. En muchos sentidos son victimas de la mayor y más grave violación de derechos humanos. Que no solo los perjudica a ellos sino a toda la sociedad. No solo les desgracia la vida a ellos sino lastra y deriva el avance social.

Es la parte social a la que el gobierno no ha provisto de las herramientas mínimas para enfrentar la vida en forma útil y valiosa para la sociedad. Es en la que se ve el incumplimiento de la igualdad de oportunidades. La igualdad de oportunidades implica que cada habitante cuente con la infraestructura física y mental suficiente para contar con la libertad de criterio para decidir el rumbo y destino de su vida.

El libro “¿A Donde Vamos, México? Fe de erratas del desarrollo nacional” muestra la incuria en la infraestructura física nacional, por lo que aquí me limito a la educación. El primer objetivo de la educación es evitar la necesidad de tratar con salvajes. La segunda es proveer herramientas para interactuar en la sociedad. La tercera es proporcionar medios para ganarse la vida en forma útil y valiosa para la sociedad.

Por el infausto manejo de la educación nacional, al utilizar los contenidos como medio de propaganda ideológica del régimen y a los maestros como clientela administrada por una burocracia pervertida y corrupta. Gran parte de la población carece de las más elementales Sub estructuras Conceptuales Organizacionales del Mundo, lo que las hace victimas fáciles de ideas y creencias ya superadas en el mundo.

Por lo que convivimos con compatriotas con mentalidad atrofiada en una revoltura de cavernícola, medieval y oscurantista. Lo que en un principio facilitó que los manipularan y controlaran los dirigentes, caciques, señores feudales y clérigos, que en un principio estaban asociados en la federación de dirigentes y políticos nacionales.

Sin prever que la hegemonía se iba a perder al multiplicarse las clientelas y reducirse la riqueza explotable y por otro al crecer el número de dirigentes, caciques y señores feudales que compiten por controlar parte de las incrementadas e insatisfechas clientelas por la degradación de las condiciones de vida. Lo que ha hecho florecer como negocio político de moda el usufructo de conflictos.

El problema es mayusculo. No solo consiste en corregir los contenidos de la educación, sino en revertir el manejo político de los maestros, que los ha

Más de la mitad de la población

Parte de la confusión la crea llamar clase media a franjas de población por la simple ubicación en la escala social y por que los gobiernos en vez de subir el nivel de la población bajan las fronteras de las categorias.

La primera precondición para ser candidato para formar parte de la clase media adecuada es tener satisfechas las necesidades fundamentales. Tanto en lo personal como familiar. Para poder interesarse y contar con la atención, concentración y tiempo necesarios y suficientes para autosuperarse y atender los asuntos comunitarios, es necesario tener un horizonte que se encuentre por encima de las necesidades fundamentales.

Y por necesidades fundamentales relaciono el bienestar, prosperidad material y la humanización. Y todas las personales y familiares.

Lo que más allá de una nueva ley de profesiones requiere levantar la mira y ampliar el panorama a legislar una Ley de las actividades lucrativas y una de las actividades no lucrativas.

Es necesario y de justicia elemental sacar de la oscuridad al ejercicio de todas aquellas actividades que no son ni obreras ni campesinas. Donde se crea el 80 % del PIB y son todas aquellas son las que desarrollan y de las que viven el grueso de las personas que forman la clase media actual y entre los cuales se encuentran los candidatos a formar la clase media adecuada para la superación social.

El acto de justicia elemental que es la jerarquización fundamental de los méritos individuales debe tener como base la correlación entre los méritos de cada actividad, con la jerarquía y reconocimiento que la sociedad le debe a cada actividad lucrativa.

La segunda precondición es la de materializar las promesas de la educación.

https://angelpujaltepineiro.com/ , Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.