El aeropuerto expone la inteligencia nacional

La descalificación del ingeniero Javier Jiménez Espriu al “dictamen” del “Colegio de Ingenieros Civiles de México”, de que es más caro construir el aeropuerto en Sta. Lucia que en Texcoco desconcierta a los que saben que en el mundo físico solo hay una verdad y creían que los expertos, especialistas y profesionales la conocen y se apegan a ella.

La falta de aplomo y turbación de la respuesta del colegio a la descalificación revela, contra toda lógica, que existen dictámenes y decisiones públicas que corresponden al ámbito objetivo, que se respaldan en criterios de valor, en vez de en el conocimiento y la inteligencia. El desencuentro en forma directa expone al colegio de ingenieros, a la situación de la profesión de la ingeniería civil y a la cuestión de fondo de la obra pública. Y en forma indirecta cuestiona la seriedad y solidez de los estudios y dictámenes que avalan y sustentan el proyecto del nuevo aeropuerto. Lo que fortalece la duda que vaya a enriquecer a la sociedad y la forma en la que va a transformar a la capital de la República

Desde marzo de 2014, en este mismo espacio, expuse la falta de profesionalismo de los que detentan la representación profesional, al criticar una iniciativa de Ley de Profesiones que impulsaba el colegio. Y ahora, este desacuerdo saca a la luz otra arista del problema profesional, al exponer otros descarríos profesionales y sus consecuencias negativas para la sociedad y el país.

En la crítica de 2014 destaco que el colegio nació como comparsa del poder político y acostumbrado a mantenerse de los recursos públicos. Pero gracias a la crisis del 94-95 el poder político lo desahució y su problema actual es que en su orfandad no ha podido encontrar la función que cumple una profesión libre para la sociedad ni el papel y los compromisos de un gremio. Por lo que desconocen las responsabilidades y obligaciones que el colegio siempre debió haber asumido con los profesionales, con la práctica profesional, con la profesión y con la sociedad. Desconoce a qué y a quienes se deben.

En este desencuentro, el ingeniero Jiménez Espriu agarra mal paradas a las claques y las exhibe. La afirmación de que es más barato construir en el estrato más potente del chicloso fango del fondo del ex lago de Texcoco, que sobre un suelo más sólido y estable, es insostenible.  No se lo traga ni un niño de 10 años. Lo cuestionable de lo que afirman deja ver que los del colegio ya perdieron totalmente la dimensión de las cosas. Supera por mucho lo que se puede considerar ignorancia, cinismo y descaro. Es mucho más que cara dura. Los promotores más prudentes evitan hablar de  los aspectos físicos del terreno, para mejor argumentar sobre el espacio aéreo o promesas subjetivas, como la suntuosidad y magnificencia. O promesas de las que no dan cifras, como las utilidades que van a quedar después de descontar los costos de mantenimiento y operación.

El que se discuta el mejor lugar para un aeropuerto, evidencia la falta de nivel de los que detentan la representación profesional. Porque los ingenieros civiles son los que deben tener la palabra y tienen el compromiso de dilucidar en la frontera de contacto del hombre con la Naturaleza lo que es mejor para la sociedad y el país. Si en verdad los “representantes” fueran ingenieros aptos, capaces y competentes, que representan a una profesión digna y decorosa, como es la verdadera Ingeniería Civil y estuvieran pensando en lo que es mejor para la sociedad y el país, la nación no tendría los problemas que tiene ni presenciaríamos los tristes espectáculos que dan los “representantes profesionales” cuando aparecen los problemas que no se pueden ocultar en las obras públicas, que de una forma u otra, avalan o permiten, y que en todo caso exponen falta de ingeniería, de profesionalidad y de principios. Ante los cuales los “representantes” se vuelven ojo de hormiga o tratan de ocultar su irresponsabilidad, ineptitud e incompetencia pretextando la aparición de fenómenos desconocidos e impredecibles, sin mostrar vergüenza o dignidad por ningún lado ni para nada. Por pena no enlisto la luenga lista de los últimos casos.

La profundidad, seriedad y enfoque de la discusión del aeropuerto es la misma que la de los ciegos del cuento, que tocan a un elefante y a todos les parece algo diferente. Al que toco el costado le parece una pared, al que toco una pata, una columna y al que tocó la trompa, una serpiente. Y como ninguno palpó al animal completo, ninguno se percata del elefante en medio de la sala y tampoco se podían poner de acuerdo. Y cada quien quería imponer a los otros su propia idea, con la “certeza” que era la verdad absoluta. Con la ubicación del aeropuerto pasa lo mismo. Los argumentos de cada parte son parciales y ninguno comprende a todo el problema ni ve el panorama completo, ni al elefante en medio de la sala, ni se interesa por lo mejor para la sociedad y el país.

El argumento parcial al que se le da mayor valor es al del espacio aéreo. El que puede ser muy sólido, pero en todo caso una cualidad insuficiente y subordinada a que antes se cumplan otras condiciones más relevantes y trascendentes para determinar la ubicación de un aeropuerto. Antes de estudiar al espacio aéreo se deben considerar las condiciones físicas del terreno y las consecuencias para la sociedad. Pero en el aeropuerto a lo que debe ser lo principal no se considera y lo que debe ser lo último es lo único que se valora y a lo que se le da más peso.

De un lado están los que impugnan el proyecto, motivados por verdades parciales y razones subjetivas, que son más emocionales que racionales y no encuentran argumentos objetivos suficientes. Representan el drama del ciego que por razones equivocadas se enreda en un asunto en el que en el fondo tienen la razón, pero no la capacidad para impulsarla y defenderla y termina desprestigiándola y desgraciando el intento.

Del otro lado, están los taimados beneficiarios e implicados, que defienden con estridencias, cabildeos y maiceo, un jugoso negocio que no quieren perder. Con argumentos superficiales como la modernidad, la grandiosidad, la excelsitud, la suntuosidad y apantalle al resto del mundo y el prestigio de contar con el primer, segundo o tercer lugar en el mundo en algo, que a la mayoría no le importa y que en verdad, al aquilatar fríamente los beneficios prometidos frente a los sacrificios de una sociedad cuya situación reclama una jerarquización en la que no figuren esas promesas ni competir en ese tipo de concursos. Tampoco aclaran si la riqueza que proclama va a crear es para todos o solo para unos cuantos ni a costa de qué, se va a crear esa “riqueza”.

En la algarabía, agitan las aguas, los opinadores, ingenuos e interesados, que enredan y enturbian la cuestión. Unos que sin tener idea del asunto, en vez de callarse, se cuelgan del veredicto parcial de alguno de los ciegos que les “parece” “bueno”, por el pueril interés de parecer conocedores, maduros o quizá sensatos. Entre ellos se mezclan las claques, que enarbolan argumentos, también parciales y que desconocen y no les importan, pero por los que cobran o esperan beneficios. Y así cada bando con sus medias verdades o grandes mentiras, como diría el innombrable, busca acallar a los contarios para convencer a la mayoría e inclinar la balanza.

Una línea de argumentación corre en el sentido que como ya se le ha metido mucho dinero no se puede recular. Lo cual es una estupidez. Si algo esta mal y en vez de beneficiar va a perjudicar al país, es mejor perder lo que se ha gastado y lo que se tenga que gastar para salir del brete, que por necedad, cobardía o agarrado, seguir echándole dinero bueno al malo. Hay que aprender de la lagartija, que prefiere perder la cola para salvar la vida.

El persistir hundiéndose en un problema del que no se sale “por lo que se le ha metido”, es no tener la inteligencia ni el carácter para asumir los costos en el corto plazo de librarse de una mala situación creciente, para volver a empezar en una situación favorable en el mediano y largo plazo. El cambiar sacrificios actuales por beneficios a futuro es una demostración de inteligencia.

Pero para este país persistir en el error es una estupidez crónica. Por eso misma la sociedad se ha acostumbrado a ver normal padecer incontables e inconmensurables problemas que empeoran día a día o se repiten cada año acrecentados y agravados. Por lo mismo, incontables veces en toda su historia, por lo menos cada 30 años, se ha planteado reubicar a la ciudad de México fuera del fango de los ex lagos de la Cuenca de México. Incluso Felipe II giro órdenes directas de sacar a la ciudad del fango y llevarla al lomerío. Pero siempre el argumento de “lo mucho que ya se le ha metido” ha derrotado a la cordura y por eso en vez de resolver los problemas estos se profundizan, agrandan y agravan.

Otro argumento de los beneficiarios e implicados es que además de los “aptos, capaces y competentes” del colegio, a ellos además los respaldan indeterminados “expertos y especialistas”, entre los que no podían faltar los “investigadores científicos”. Cuya “capacidad, aptitud, competencia y seriedad” la han demostrado y documentado varias veces. Casualmente las primeras 180 hojas del libro “¿A Donde Vamos, México? ¡Fe de erratas del desarrollo nacional!, son el análisis del trabajo que con el titulo “Evaluación ambiental comparativa para ubicar un nuevo aeropuerto de la ciudad de México” elaboraron ochenta investigadores de veintidós institutos de ingeniería para justificar ubicar a un aeropuerto en Atenco, a un lado del actual.

El resultado de desnudar lo que hicieron da pena ajena. Se exhiben como peces fuera del agua. Que no tienen idea de adonde voltear ni que ver. Como son ratones de biblioteca, gabinete y laboratorio, desconocen todo fuera del mundo teórico y de los muros de los institutos. Que están totalmente extraviados en el mundo real. Es innegable que sufren y se sacrifican mucho para jerarquizarse entre ellos, pero esos sufrimientos y sacrificios no les aportan ninguna capacidad ni habilidad para lidiar con el mundo verdadero.

El mundo real, del que forma parte la frontera de contacto de la sociedad con la Naturaleza es competencia exclusiva de los profesionales. De los que se preparan y capacitan para estudiar la casuística para preveer el futuro y administrar en el aquí y ahora un ámbito de la frontera de contacto del hombre con el mundo material. Pero los profesionales en nuestro país están desvastados, porque por un lado híper especialistas los expulsaron de los recintos académicos por el mesquino interés de apropiarse de sus estipendios. Y por otro lado, el extravió de la representación profesional impide la formación de un verdadero gremio, de una organización puesta para cuidar los fines de la profesión y no los de los que la usufructúan como membrete de su propiedad.

Sin embargo en el intento del 2001-2002 de poner el aeropuerto en el fango del fondo de un ex lago, un grupo de ingenieros civiles, auténticos y honestos, en forma generosa, con el único interés de dar la cara por la Ingeniería Civil y el bien común, se constituyeron en un Comité de Estudios, que contaba con todas las especialidades y se abocaron a estudiar el problema. Donde encontraron que no eran convenientes para el país ubicarlo en Texcoco ni en Tizayuca.

Se revisaron todas las aristas del problema y a cada una se le dio el lugar que le corresponde cuando se jerarquiza desde el punto de vista de lo mejor para la sociedad. En el que lo más importante es determinar las aportaciones y perjuicios que cada posibilidad le va a acarrear a la sociedad. Y por sociedad me refiero a toda la sociedad y no a un barrio o poblado, a los “inversionistas” que ya compraron por centavos terrenos estratégicos en los alrededores, a los empleos de bajo salario o a los precaristas que lleguen a buscar sobrevivir en la informalidad en los alrededores del polígono.

La revisión de la situación y consecuencias para toda la sociedad de todo el país, nubla todas las consideraciones que se debaten actualmente. El asunto principal no considerado, es la aglomeración y desequilibrios en la Cuenca de México. El ingeniero Carlos Ramírez Sama en el libro “Problemas de la Cuenca de México” editado por “El Colegio Nacional”, alerta que la Cuenca de México solo cuenta con recursos naturales para sustentar la vida de 8.45 millones de personas y que esta cifra, que nunca se debió rebasar, se alcanzó en 1964. Y a partir de esa fecha se debieron prohibir todas las licencias de construcción y desalentar que más gente venga a asentarse a la Cuenca.

Por el centralismo político y económico en la Cuenca de México, cuyos 9000 km2. solo son el 0.45 % (ni la mitad de un uno por ciento) de los 2 millones de km2. que tiene el territorio nacional, se aglomera el 25 % de la población nacional. Lo cual es un desequilibrio totalmente irracional que además viola mandatos constitucionales. El tercer párrafo del Artículo 27 Constitucional, entre otras cosas instruye:

“(…) hacer una distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar de su conservación, lograr el desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población (…) ordenar los asentamientos humanos y establecer adecuadas provisiones, usos, reservas y destinos de tierras, aguas y bosques, (…) planear y regular la fundación, conservación, mejoramiento y crecimiento de los centros de población; para preservar y restaurar el equilibrio ecológico”

Nada de lo cual se cumple ni se ha considerado en el proyecto del NAICM. La construcción de más infraestructura y alentar la construcción dentro de la Cuenca de México logra que más gente se venga a asentar en la Cuenca. Cuando ya es una Cuenca que tiene sus recursos naturales agotados. Que en forma inconcebible tiene más infraestructura que recursos naturales y más estructura que infraestructura. La cuenca debe vaciarse por las buenas o tarde que temprano se hará por las malas. Una tragedia o una epidemia.

En la megalópolis un porcentaje significativo de los habitantes carece de los servicios públicos elementales y otros cada año se inundan de aguas negras. Y junto con los problemas sanitarios, crecen los problemas de inseguridad y de inmovilidad. Suponiendo sin conceder, que después de salir de la Ciudad de México y cruzar la zona conurbada, al principio sea fácil moverse para llegar o salir del aeropuerto. El problema sigue siendo cruzar la ciudad y la insegura zona conurbada. Hasta que también se saturen los accesos al aeropuerto y se iguale la inmovilidad en todo el trayecto. A los de la zona conurbada les queda cerca, pero no viajan en avión y llegar desde Santa Fe, Las Lomas o Polanco será un triunfo.

Sin contar que los problemas de mecánica de suelos y de hidrología van a incrementar en forma prohibitiva los costos de mantenimiento y operación. Nadie habla de los sobre costos de operación y mantenimiento que van a ocasionar la necesidad constante de renivelar las pistas. Lo que en el aeropuerto actual hace que sea una mentira que cuenta con dos pistas. Ya que cuando una esta en operación la otra tiene que estar en mantenimiento y cuando la que sale de mantenimiento entra a operar, la que operaba tiene que entrar a mantenimiento. Y esta en un estrato menos potente y con algo de consolidación.

Estas cuentas no las presentan y quizá sea porque no se han hecho. Un proyecto serio tiene que calcular tanto lo bueno como lo malo y de ambos sacar la cuenta final. Y aquí solo vemos puros argumentos de vendedor. Que solo presentan lo bueno exagerado y se oculta lo malo. Pero lo más importante es el efecto que va a causar para toda la sociedad, para todo el país. Va a complicar y agravar los problemas de la megalópolis y de la Cuenca de México. De la ciudad decadente y de la cuenca moribunda, que son el óbice del desarrollo nacional.

El centralismo político y económico concentra las probabilidades lucrativas en la Cuenca de México y es lo que ocasiona la aglomeración de habitantes y el desequilibrio en el desarrollo nacional. La única posibilidad racional es vaciar a la Cuenca de México hasta niveles sustentables y hacer de la Ciudad de México una ciudad museo. Evitar expoliar a cuencas vecinas y que se sobreexplote el acuífero para que no se siga hundiendo y deformando la superficie. Con sus consecuentes agrietamientos, asentamientos diferenciales y eventual demolición de edificios. De seguir la tendencia actual se van a perder todos los tesoros nacionales del centro histórico.

Por eso tanto Texcoco como Tizayuca son malas opciones, porque ambas se encuentran dentro de la Cuenca de México. Ambas siguen siendo parte del centralismo político y económico y ambas siguen ahondando y agravando los problemas de recursos naturales, de infraestructura, de estructura, ecológicos, de movilidad, de seguridad, de mala calidad de vida de los habitantes, de contaminación, de expoliación de las cuencas vecinas y varios largos etcéteras. Además ambas contradicen la intención del presidente electo de desconcentrar a varias dependencias de gobierno. Por un lado saca a unos y por otro mete a otros.

El Comité de Estudios revisó todas las aristas del problema desde todas las especialidades y algunas de las conclusiones se encuentran el libro “¿A donde vamos, México? ¡Fe de erratas del desarrollo nacional!, por lo que al ser aspectos secundarios no gastaré más tinta ni paciencia de los lectores en ellos y mejor expongo la conclusión del Comité.

El lugar que el Comité encontró que era el mejor para ubicar a un nuevo aeropuerto es el valle del Mezquital, por varias razones:

La primera es que se encuentra fuera de la Cuenca de México, por lo que sería un primer paso en la desconcentración de la Cuenca y descentralización del país.

La segunda es que se cuenta con el derecho de vía del antiguo ferrocarril México-Laredo. Lo que permite montar un ferrocarril rápido de pasajeros que comunique a la ciudad con el aeropuerto. Un tren rápido recorre los 60 km. que separan al Valle del Mezquital de la Ciudad de México en menos de 15 minutos.

La tercera es que el suelo del Valle de Mezquital es duro. En el que casi casi todo lo que se tiene que hacer es pintar las pistas en el piso. Lo que reduce enormemente los costos de construcción y de mantenimiento de las pistas.

La cuarta es que es una de las zonas más deprimidas del país. A la que el aeropuerto la sacaría del abandono y crearía un polo de desarrollo.

La quinta es que en esa cuenca sobra el agua.

La sexta es que por su ubicación el aeropuerto no solo comunicaría a la Ciudad de México, sino que también al mismo estado de Hidalgo (Pachuca), al Estado de México, Querétaro (Querétaro), Michoacán (Morelia), Guanajuato (Irapuato, León), Veracruz (Poza Rica).

Existen más razones, pero la principal es desconcentrar la Cuenca de México y descentralizar la república.

A continuación presento la liga del artículo sobre el intento del colegio para impulsar una ley de profesiones a modo.

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/1519-inviable-iniciativa-de-ley-de-profesiones-que-pone-la-iglesia-en-manos-de-lutero

Sigo trabajando en el libro “Ley de Obras Públicas, fundamentos y complementos”. El análisis de una ley que funciona como herramienta predilecta de corrupción, por su impunidad y la cuantía de los recursos que permite desviar. Por lo que he dejado pasar muchas cosas, pero no podía dejar pasar esto. Ni la iniciativa de AMLO para desconcentrar la cuenca y descentrar al país, por lo que en la siguiente entrega voy a tratar el problema de la desconcentración de la cuenca y descentralización del país.

https://angelpujaltepineiro.com/ , Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: Ley de Obras Públicas, fundamentos y complementos, El descalabro de la razón y Geopolítica, la hermana perversa de la Ingeniería Civil.

http://grillaenelpoder.com/31/index.php/columnas/columnistas/1669-polemica-por-angel-pujalte-pineiro-la-inteligencia-nacional

El peritaje del socavón en la Mex- Acapulco, es una batea de babas

ago 2017

Batea de babas

El tan cacareado peritaje de la falla que ocasionó el socavón del Paso Express es una batea de babas. Se reduce a informar lo obvio. Lo que desde el 14 de julio publique en Grilla en el Poder. Que el problema lo causó un hoyo en el tubo de la atarjea. Que con la mecánica de reloj de arena, fue vaciando el material de la terracería que debería sustentar a la carpeta de la carretera.

Lo del drenaje tapado llama la atención que de haber sido ese el problema no hubiera sido posible la salida de todos los metros cúbicos de terracería que faltaban en el cono en el que cayó y se tragó al coche y que se vio en los noticieros. Esa cantidad de material no hubiera podido salir por un tubo tapado. Me parece una forma muy burda e inmoral de diluir culpas.

No es posible esconder el lugar donde terminó esa cantidad de material ni el o los lugares por donde salió. Y saber esto es fundamental para determinar la mecánica de la falla y de esto no se ha dicho nada.

La única novedad la hace un video de noticiero del interior del tubo, que deja ver que esta todo podrido, atravesado por lo que parecen raíces y lleno de hoyos. Pero los políticos que ignoran la dimensión y gravedad del problema, quieren calmar el escándalo prometiendo soluciones de pánico. Los problemas no se resuelven con respuestas exageradas. “Se va a poner un tubote, grandototote”. Sino haciendo las cosas bien hechas y en lo último que piensan es en calcular lo que se va a hacer.

Lo visto deja ver que la falla principal es la calidad de la obra. Se deben pedir los números de toda la obra. Y no me refiero a una auditoria contable ni de la legalidad de la obra. Sino a una auditoria de la ingeniería del proyecto y de la construcción. Una que revise como se pensó y como se materializo cada elemento de la obra. Lo que implica recabar y revisar todas las memorias de cálculo y las firmas de los ingenieros que las elaboraron. Para comprobar el nivel de cada profesional y que todo esté diseñado de acuerdo a lo debido y después de lo cual, revisar que todo se materializo correctamente.

Y si resulta que nada se calculo o todo lo calculo el “popochas” al “chilimetro” y la constructora en vez de plegarse al proyecto todo lo hizo al “allí se va”. Pues entonces el socavón es el menor de los problemas. El riesgo mayor y lo primero que se debe revisar es el muro. Se deben revisar la cimentación y su capacidad para resistir el empuje lateral de la terracería seca y la forma en que evita que la terracería acumule agua. Porque si acumula agua nada va a detener su volteo y el mayor riesgo de esa obra es el volteo del muro sobre las viviendas y en los noticieros no se aprecian los filtros y drenes que debería haber.

Articulo en el que desde el del 14 de julio sin faramallas, publique el dictamen de lo obvio

http://lagrillaenelpoder.com.mx/politica/el-socavon-fue-una-trampa-mortal-por-negligencia-y-deficiencias-tecnicas-que-se-deben-investigar.html

 

https://angelpujaltepineiro.com/ , Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: Actualización de la Disección de la LOPySRM, El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

http://lagrillaenelpoder.com.mx/columnistas/batea-de-babas.html

Investigación del subdesarrollo

octubre 2013

Investigación inconsciente

Cada que la Naturaleza se manifiesta cegando vidas humanas y destrozando infraestructura física del país y propiedad privada de los habitantes, desaparecen los investigadores científicos. Y ya que la tragedia pasa y casi se ha digerido la desdicha por la pérdida de seres queridos o bienes materiales, vuelven a aparecer con su indigna cantaleta con la que limosnean recursos para los vividores de esa indefinida mafia que son los “científicos mexicanos”.

Y ¿que relación guardan los “investigadores científicos” con los daños que causan las manifestaciones de la Naturaleza? En principio ninguna. Porque los investigadores científicos no son profesionales en sentido estricto. Al considerar al profesional como el que administra en el aquí y ahora una frontera de contacto de la sociedad con la Naturaleza.

Un investigador científico es el que se supone que estudia el orden superior que rige a la Naturaleza, el que es general, extraterritorial y extemporáneo. Todo menos la particularidad del aquí y ahora. Las manifestaciones de la Naturaleza son casos particulares en un aquí y ahora. No son tema ni materia para un investigador científico. Así como un profesional no investiga.

El profesional al que le compete evitar que la sociedad colisione con las manifestaciones de la Naturaleza, como parte del compromiso de administrar la frontera material entre la sociedad con la Naturaleza en el aquí y ahora: es el Ingeniero Civil, cuya actividad fundamental es la planeación física del territorio.

¿Y que tienen que ver los investigadores científicos con la Ingeniería Civil? En teoría nada. Porque la investigación científica debería ser un accesorio que abastezca de soluciones a la Ingeniería Civil profesional, pero en nuestro caso no le aportan nada y en vez de eso la bloquea y evitan que aporte sus beneficios a la sociedad mexicana.

¿Y como puede hacerlo? Muy sencillo. Porque los “investigadores científicos” resultan una mafia de parásitos mal acostumbrados, que al no tener otra forma de justificar lo que le cuestan a la sociedad, han logrado engañar a legos y diletantes, que son el eslabón superior de la práctica profesional. Es decir, que los “investigadores científicos” son “ingenieros todólogos y plenipotenciarios”. Ni siquiera acostumbran aclarar a que disciplina pertenecen y por eso se ostentan como “ingenieros a secas”.

Lo que es una mentira que difunden como medio para allegarse más recursos a fondo perdido. Son gente mal acostumbrada al dinero sin compromiso. Tienen más de 28 años padroteando el presupuesto del CONACyT sin retribuir al país de ninguna forma. Pero es una mafia que crece y como los primeros “investigadores” no descubren nada ni se jubilan, por no dejar la teta.

Por lo que andan desesperados buscando pretexto y partidas de donde sacar más dinero, para darse la vida, que no se merecen pero si acostumbran. Y una de esas era la partida de la que se pagaba a los auténticos Ingenieros Civiles que iban a la facultad de Ingeniería a formar a nuevos ingenieros civiles.

Verdaderos Ingenieros Civiles que se distinguían por tener un verídico conocimiento del mundo real. No de teorías ni de ninguna otra forma de fantasía, sino del mundo verdadero. Pero como los ingenieros civiles eran profesionales, es decir, se ganaban la vida administrando una frontera de la sociedad con la Naturaleza, solo iban pocas horas a la semana a la facultad.

Mientras los investigadores son una mafia de ociosos que mantenemos encerrados en gabinetes y laboratorios, en donde se coludieron para acrecentar el botín que se reparten. Y así corrieron de la facultad a los auténticos a los que han suplantado con teóricos esquizofrénicos que ni siquiera tienen idea de lo que es la Ingeniería Civil y que para facilitarse las cosas hasta han cambiado los planes de estudio.

Y mientras ellos limosnean (cuando no se manifiesta la Naturaleza) “que va a ser de un país sin ciencia” yo les contesto que a la mejor podría resurgir la Ingeniería Civil, con lo que evitaríamos muertes y daños en las próximas manifestaciones de la Naturaleza.

Porque al haber los “investigadores científicos” secuestrado y suplantado a la Ingeniería Civil, compraron todas las culpas (no son responsables) de todas las muertes y daños a la infraestructura pública y propiedad privada que las manifestaciones de la Naturaleza causen.

Porque al apropiarse beneficios (nóminas) también deben asumir los compromisos. Y el compromiso de la Ingeniería Civil mexicana es evitar que el país choque o se conflictúe con la Naturaleza, y en vez de eso que ambos: Naturaleza y sociedad colaboren para la vida, bienestar y prosperidad material de los habitantes.

Cada que la Naturaleza agarra mal parada a la población es falla de Ingeniería Civil. Pero en nuestro caso no se le puede reclamar nada porque ha sido secuestrada y suplantada por “investigadores científicos” usurpadores. Bueno, se les puede echar en cara que después de prestigiarla se la dejaron robar y han permitido que ignorantes irresponsables, que no pueden cumplir, les arrebaten sus responsabilidades sociales.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.