La brújula extraviada del subdesarrollo

octubre 2013

Res publica II

Mi entrega anterior denunció a la res pública como el principal problema de gobierno. Los asuntos que son responsabilidad de los adultos. Que en vez de ser algo determinado, claro y atinado, son la cosa más vaga, confusa, incierta y no comprobada. Lo que en cualquier sociedad debe ser lo más claro, definido, certero y seguro o comprobado, en el subdesarrollo concentra confusión e irracionalidad.

Errores de origen multifactorial y efectos múltiples, de los que reviso dos tipos. Uno es la familia de errores que resulta de considerar al hombre animal racional, ser humano y consentido de la creación y otros son los errores que resultan de pretender resolver con la democracia todos los dilemas del hombre.

Para captar la génesis y evolución de muchas familias de falsedades que complican la res pública, debemos remontarnos a la prehistoria. A la época en la que la humanidad fue más igualitaria.

La república, res pública o res púbica, nace como un concepto para diferenciar a los niños de los adultos y a los asuntos que les competen. Antes de la pubertad la persona pertenecía al padre y la pubertad anuncia que el individuo ya puede reproducirse, ya puede ser padre. Lo que altera radicalmente toda la situación, porque el hecho que alguien ya es capaz de engendrar, impone la necesidad de hacerse responsable y asumir todos los compromisos y obligaciones que la adultez conlleva, como ir a la guerra.

Distingue a los asuntos privados o que son competencia exclusiva de alguien y nadie más, de los asuntos que no son competencia de nadie en lo particular, sino de todos. Los asuntos que no son de nadie pero afectan a todos los miembros de la sociedad, son los que atañen a los adultos.

No son temas aptos para cualquier miembro del grupo. Sino que para poder cumplir la obligación de participar es necesario cumplir determinados requisitos. Que en aquél principio de la aventura del hombre, consistía en haber alcanzado un nivel mínimo de desarrollo biológico. El de alcanzar la adultez, el de tener capacidad de reproducirse.

Aquí es oportuno recordar que la principal razón por la que las sociedades eran igualitarias era porque todo mundo sabía lo mismo. Todos eran maestros y alumnos de un mismo conocimiento o materia, que podríamos llamar: supervivencia. El saber necesario para la supervivencia, del territorio y las cualidades benéficas, útiles, peligrosas o perjudiciales de su contenido biótico y abiótico: de sus minerales, vegetales y animales.

Conocimiento que aunque primario, no era fácil, simple ni reducido. De entrada son enormes las cantidades de plantas, animales y espacios que era necesario conocer, además de los medios y procedimientos más o menos complicados para alcanzar determinados fines. Pero como la vida de cada quien dependía totalmente de dominar ese conocimiento, se puede decir que todos los vivos sabian lo suficiente.

Pero hete aquí que 10,000 años de probar y acumular conocimientos impuso la necesidad de dividirlo en familias y la extensión, complejidad, sofisticación y refinamiento del respaldo teórico de muchas actividades, impusó la necesidad de especializar a los ejecutantes. La relación entre el tamaño de los conocimientos y la capacidad de un cerebro complica el desarrollo de personas con conocimiento generalista del mundo, los que contemplan un amplio panorama gracias a saber de todo, para suplantarlos con los que solamente tiene un pedazo del rompecabezas.

La única forma de incrementar la precisión y exactitud en una fracción es reducir el campo de observación. Son antagónicas el rasgo y el conjunto. Lo que se gana en uno se pierde en lo otro. Se incrementa el detalle relativo de un rasgo en el campo de observación, pero a costa de perder la ubicación del campo de observación y sus relaciones con el resto del contexto. Se gana una cosa a costa de perder otra. Y es esta ceguera, la de especialista, la que actualmente afecta de varias formas, la inteligencia social en la res pública.

La condición para elegir con libre albedrío es saber o estar consciente de lo que se escoge con todas sus consecuencias. En las determinaciones de los adultos prehistoricos existia el libre albedrío, porque todos compartían más o menos el mismo conocimiento. Todos sabían lo mismo. La única diferencia la establecía la experiencia. Que era lo que diferenciaba al patriarca del nuevo adulto.

No solo eso, en aquellas épocas tampoco existía confusión sobre el bien común. El bien común era común. Estaba muy claro lo que le convenía a todos.

No existe libre albedrío donde cada quien escoge a partir de bases diferentes, sobre un conocimiento diverso e información distinta. Por lo que cada quién tiene su propia visión particular del mundo y las cosas, en la que además busca sus propios propósitos.

De allí que se complique hasta ponerse de acuerdo en la res pública. En lo que es o no es y en lo que debería ser. Nótese que actualmente no se habla del bién común sino de beneficios de grupo o sector. El problema consecuente es que la política ya no es para acordar el bien común, la res pública, sino para encausar y compaginar a grupos de interés o poder, lo que es la res privada.

Nadie nace sabiendo nada. En la prehistoria todos transmitían, corregían y dominaban el que era un único y mismo conocimiento. Actualmente una mayoría es más ignorante que el hombre prehistórico. El crecimiento del conocimiento ha obligado a subdividirlo más en por lo menos tres campos: educación, formación y cultura.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

El monóculo ingles

junio 2013

Solo ver lo que se quiere

Ernest Hemingway, a su regreso de China, comentó que un oficial chino le manifestó: “¿Sabe por qué el inglés una monóculo? Porque así, con un ojo ve lo que quiere ver y con el otro no ve lo que no quiere ver”.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

Investigadores subdesarrollados

junio 2013

“Medias verdades de investigador”

El 21 de junio, José Sarukhán publicó en El Universal, con aparente preocupación “Entender el comportamiento humano para diseñar su futuro”, en el cual plasma con medias verdades o grandes mentiras, el extravío de los investigadores científicos respecto a la sociedad y a sus propios alcances.

Inicia reconociendo el desprecio de los investigadores a la sociedad que los mantiene: “Es cada vez más evidente que no po­drá encararse el tratamiento de pro­blemas que afectan a la sociedad -muchos de ellos relacionados a la seguridad nacional- sin la participación de las ciencias sociales y mediante un adecuado entendimiento del comportamiento huma­no”. Acepta que no les importa ni toman en cuenta a la sociedad e introduce la media verdad de “problemas que la afectan”.

Encima continúa tirando por la borda lo que podría tener de esperanzador: “Me refiero a temas que van desde salud pública, educación, problemas ambientales (cambio clirnático y pérdida del capital na­tural) hasta la seguridad alimentaría”. No considera la mísera vida indecorosa ni que esos problemas los generan los excesos del primer mundo y abusos al tercero, que apenas sobrevive.

Prosigue calumniando y poniendo la pelota en la cancha de las victimas: “El trabajo de las ciencias sociales se faci­litará en la medida que exista una sociedad honesta y verazmente informada acerca del problema de que se trate;” Con lo que da a entender que menosprecian a la sociedad por que es deshonesta e ignorante, que engaña y no se pone al corriente de los problemas que, de momento, le preocupan a los investigadores. Lo que es egocentrismo.

Y sin aclara esa misteriosa información que la sociedad ignora, prosigue: “esa información puede transmitirse de muchas formas: des­de la educación formal en las escuelas hasta la información no escolarizada, transmitida por los medios de comunicación masiva que posean sentido de responsabilidad social”. El mensaje sumergido es que el que no divulgue las medias verdades o grandes mentiras de la mafia de investigadores subdesarrollados, no tiene sentido de responsabilidad social. Luido cuento que muchos despistados se tragan.

Un delirio de investigador, es hacer creer que son la divina garza envuelta en huevo y que solo por eso, la sociedad debe mantenerlos con el nivel de vida al que están mal acostumbrados, sin que ellos estén obligados a retribuir a la sociedad que los mantiene. Lo dejan claro en éste artículo.

Continúa su artificio: “Desde hace muchas décadas ningún país desarrollado discute el hecho de que basar sus políticas públicas en la mejor ciencia po­sible es algo imperativo”. Primero es que a nosotros que nos debe importar ideas imperialistas. Y es un engaño, ya que el primer mundo basa sus políticas públicas en resultados y no en mantener parásitos que prometen mucho pero no retribuyen, allí todos valen de acuerdo a lo que produce.

Otra imprecisión es que allá los políticos se dedican a la política y la iniciativa privada a crear plusvalor. Sobre esa base son los empresarios los que contratan y mantienen a los investigadores de acuerdo a resultados. Los contratos del gobierno no son para que nadie haga lo que quiera, como lo prueba el armamento que tienen. Los investigadores tercermundistas como no descubren nada, requieren que los mantengan sin compromiso alguno, a fondo perdido, como elefantes blancos.

Y completa la artimaña: “En el presente va quedando claro que a esa ciencia (general­mente las ciencias naturales) debe incorpo­rarse la información de las ciencias sociales, (parece que se preocupa por la población, pero se le cae la mentira) tales como las ciencias cognitivas, la psicología social o la ciencia política”. Con lo que aclara que las “ciencias sociales” en el mejor caso son para manipularla que no para ayudarla.

Las ciencias cognitivas surgen a partir de estudiar fenómenos del comportamiento, mente e inteligencia, las solo han considerado para Inteligencia Artificial. Tratan de entender el funcionamiento del cerebro para imitarlo en máquinas. ¿Pensara fabricar una sociedad de máquinas? Que no cobre, coma ni sufra, solo los atienda a ellos.

La psicología social estudia las relaciones de masa. Los procesos psicológicos de grupo que son diferentes a los procesos psicológicos del individuo, para comprender el comportamiento en conjunto. A fin de manipular a la muchedumbre, no solucionar ninguno de sus problemas.

La ciencia política es una corriente conductista que observa a políticos y ciudadanos conforme a premisas estrictamente científicas, con objeto de estudiar al poder que se ejerce en un colectivo humano. De nuevo manipular a la sociedad, en vez de sus problemas y formas de ayudarla.

Después inserta un gesto magnánimo: “No es una tendencia de moda: es un acto indispensable para encarar con éxito el cúmulo de proble­mas que enfrentamos actualmente, que antes, por su magnitud, no eran considerados como problemas serios que afectasen el bie­nestar y el futuro de la humanidad y cuya causa y solución tienen un marcado compo­nente social”.

Ojo, noten que dice que “ellos enfrentan”, para manifestar que “los amenaza a ellos” y son problemas que antes, por pequeños o en tierra ajena, el imperio no se había dado cuenta que podían afectar “el bienestar y el futuro de la humanidad”. Medias verdades de las que hay que descifrar a que humanidad se refiere. Porque no es una que incluya a los jodidos del tercer mundo. A los que condenan a nacer sin bienestar ni futuro.

Y continua: “Para ello se requiere tener un acceso inteligente y sensato a la población para co­nocer sus hábitos, necesidades e idiosincra­sia”. Y aquí siembra otra duda: ¿a que población se refiere? A una que no los incluye a ellos. La media verdad es que la solución a los problemas que crea el imperio, esta en estudiar a las poblaciones que expolian.

Prosigue con un gesto de generosa magnanimidad: “Un resultado de este tipo de interacción entre las ciencias naturales y las sociales ha sido encontrar que lo que frecuentemente está mal y no funciona son los sistemas y no la gente”. Otra media verdad o gran mentira. Porque si lo que no funciona son los sistemas (de explotación imperialista), entonces para que estudiar a la gente expoliada. Que se estudie a los sistemas, que tampoco aclara, para corregir las causas y no los efectos.

Continúa descubriendo para quienes trabajan: “En este sentido, existe un importante do­cumento de consenso, firmado por decenas de miles de científicos del mundo, originado por un grupo de colegas de la Universidad de Stanford (http://mahb.stanford.edu) sobre el reto de mantener los sistemas ecológicos de soporte de la vida en el Planeta en el siglo XXI”.

Noten la media verdad de valorar opiniones ajenas: un importante documento, decenas de miles y Universidad de Stanford, nada es argumento científico. Solo de que muchos fans de Stanford están de acuerdo. Y ¿que saben ellos de nuestros problemas? Y si a ellos no les importan nuestros problemas, ¿porque a nosotros nos debe importar lo que a ellos les preocupe?

Y continúa: “El documento detalla la forma en que las interacciones sociales han afectado, y lo siguen haciendo de manera abrumadora, la matriz ambiental de la que depende el bie­nestar de toda la humanidad. Una conclu­sión de ese consenso es que «…basados en la mejor información científica disponible, la calidad de la vida humana sufrirá una degra­dación sustancial hacia mediados del siglo XXI si continuamos como vamos».

Lo que es un engaño que parece burla. Porque a la contaminación a la que se le puede acreditar los problemas ambientales de los que habla, es la que produce el primer mundo y no la pipi y popo del tercer mundo. Hay una desproporción enorme que se debe soslayar para argumentar el despropósito que arguye. La culpa la tiene el excesivo consumo de energía del primer mundo y no la interacción entre míseros sobrevivientes, es otra media verdad o gran mentira.

Y continúa: «. Se iden­tifican varios problemas centrales, todos con una clara componente social:

1) la disrupción del clima;

2) la pérdida de los ecosistemas y la diversidad biológica que representan por la extinción de especies que está en marcha;

3) la contaminación de casi todos los am­bientes; y

4) las tasas de crecimiento pobla­cional y de consumo de recursos”.

De todo solo es acreditable al tercer mundo: parte de la pérdida de ecosistemas y crecimiento poblacional. Y lo hace para sobrevivir y no para mantener lujos y formas de vida demenciales.

Y continúa: “El consenso es claro ejemplo de que esta­mos frente a un problema que no puede tra­tarse sino desde el conocimiento que permi­ta los cambios comportamentales de quienes gozamos de niveles de vida no compar­tidos por casi cuatro quintas partes de la hu­manidad, además de la participación de go­biernos, industria local y global, líderes reli­giosos y políticos, científicos y ONG para ge­nerar las políticas públicas que conduzcan a una salud del ambiente global que permita en el largo plazo una vida digna y equitativa a todos los miembros de la humanidad”.

Vuelve a afirmar que como unos extraños se pusieron de acuerdo todos debemos obedecer. No distingo si por revoltura mental o perversidad. Pero si son tontos. Porque no oculta que el problema que le preocupa es la pérdida del nivel de vida de esa quinta parte de la humanidad, en la que se incluyen y que goza de niveles de vida, que no tienen las otras cuatro quintas partes.

Ellos se consideran del primer mundo y menosprecian al tercero del que viven. Y después de descubrir que le importan un bledo las miserias de sus compatriotas y de cuatro quintas partes de los habitantes del mundo, remata con una cínica e hipócrita media verdad o gran mentira al declarar que si se les hace caso van a lograr una vida digna y equitativa para “todos los miembros” de una humanidad, que solo incluye a los investigadores tercermundistas y al primer mundo.

Éste investigador es emérito porque comete errores eméritos. El primero es que reconoce que los problemas los causan los comportamientos de la sociedad formada por la quinta parte del mundo, que finca su bienestar en expoliar a las otras cuatro partes del planeta, lo que disfraza al hablar de sociedad en forma indefinida, para configurar la media verdad o gran mentira de dar a entender que se debe estudiar a la sociedad del tercer mundo para corregir a la del primero.

La siguiente media verdad es asumir pose de plenipotenciario salvador de la humanidad, en la que no atinó a esconder, que lo que en verdad le preocupa es la perdida de nivel de vida de ellos, que no de los connacionales jodidos que los mantienen, sobre el supuesto que van a hacer algo por ellos, ni por los jodidos de las otras cuatro quintas partes de la humanidad. Pero gracias a ese juego de medias verdades o grandes mentiras, se dan la gran vida sin retribuir de ninguna forma a la sociedad que los mantiene, y todo a cambio de promesas indefinidas, solo sustentadas en poses y malos entendidos, como los que expone el emérito investigador José Sarukhán.

La mayoría de las medias verdades de cartabón de investigador subdesarrollado, se fincan en la mayor ignorancia posible, que es la de los propios alcances. El problema nunca esta en ser tonto sino en creerse listo y los investigadores abusan en ambos sentidos.

Desconocen que la ciencia es apenas una herramienta, con todas las limitaciones de cualquier herramienta, o lo saben, pero viven de venderla como panacea. Como remedio autónomo y autosuficiente para todo mal de todo tipo y forma. Cuando como cualquier herramienta solo pueden ser un accesorio entre otros, de otra actividad más completa, más extensa, sofisticada y refinada que la ciencia: la actividad profesional.

La ciencia esta limitada a lo general y es ciega a lo particular. Solo la masa puede establecer una apariencia de leyes deterministas. Se limita a lo que es repetible, acumulable y transmisible, lo opuesto a lo particular. Por eso es una gran mentira hablar de ciencias sociales. Un conocimiento serio, profundo y verdadero de la sociedad debe partir de reconocer que la sociedad es una suma de individuos, de personas, de idiosincrasias y culturas.

La ciencia solo puede hacer ecuaciones de cosas que se pueda medir o pesar y obedezcan a una mecánica infalible. La inexactitud de lo importante de la vida la saca de la esfera de los cálculos matemáticos, lo que descarta a lo que la gente siente, piensa, busca y espera. La fría objetividad fracasa ante las actitudes subjetivas y la vida humana la compone estas actitudes. No hay en la vida humana nada de valor que la ciencia pueda medir ni calcular.

La ciencia nunca podrá probar que el hombre es un ser digno, ni lo que es: el amor al prójimo y el amor propio, la libertad de la voluntad, las pasiones, el decoro, la felicidad, la igualdad, el orgullo, la honradez, el heroísmo, el sacrificio, la colaboración ni la solidaridad.

La ciencia solo puede explicar “el como” pero nunca “el porqué”, se reduce a los procesos en forma ciega al valor y sentido de los resultados finales. A la relación del conocimiento con el hombre y de la sociedad con la Naturaleza. Porque solo es una pobre y limitada herramienta muy sobrevalorada. Que por lo mismo, su uso y aplicación requiere del control y orientación de otra práctica más amplia y completa, la profesional. Una que si tome en cuenta a la vida y al hombre, en todas sus dimensiones.

Los investigadores de los institutos de ingenieria de la UNAM, han desgraciado a la Ingeniería Civil profesional al suplantarla, por apropiarse por codicia, de sus posiciones a las que ven como territorios presupuestales. Veo con tristeza que el perverso extravío de los “investigadores científicos” no se limita a los de la facultad de ingeniería, sino que, como lo prueba Sarukhán, enferma a muchos investigadores tercermundistas de otras disciplinas.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.