Correspondencia en el 2003 por los edificios dañados por el sismo del 85 que no se habían reparado

Carta al Coordinador Técnico de la Secretaría de Obras y Servicios del Gobierno del D.F., respuesta elusiva del Coordinador Técnico, respuesta del Comité insistiendo en solicitar información adecuada, respuesta de nuevo elusiva del Coordinador Técnico al Comité, tercera carta del Comité al Coordinador Técnico y carta al Jefe de Gobierno.

1a carta CE al GDF1a resp GDF al CE1a resp GDF al CE anexo2a carta CE al GDF2a resp GDF al CE3a carta del CE al GDFCarta al Jefe de Gobierno

La anomia

 

Investiga las causas de los errores y distorsiones en la práctica profesional que expone La infracultura. El capítulo “La anomia” (sin ley, sin orden), aclara el significado de anomia y nociones legales. El capítulo “Lo exógeno” revisa circunstancias externas que propician desorden social: desde la tradición occidental, evolución política Mexicana e historia reciente de la ingeniería civil en nuestro país. El capítulo “Lo endógeno”, recapitula los principios de un gremio, el “deber ser”, de una organización puesta para cuidar los fines de una actividad. Que es la pieza faltante por la que la práctica profesional se extravía y deriva, la sociedad se desorganiza y se pierden las metas sociales. El capítulo “El encastre” (acoplamiento) revisa la consistencia del mandato Constitucional actual de la planeación del país, Artículos 25 y 26 Constitucionales y contrasta sus errores con un instrumento más solido y coherente, el Artículo 27 Constitucional, aclara deficiencias y propone formas de lograr que las referencias legales colaboren a reivindicar la razón en la administración de los contactos de la sociedad con la Naturaleza y redimir las prácticas profesionales como elemento imprescindible de la inteligencia social, como condiciones ineludibles para corregir el desorden social e impulsar el desarrollo nacional.

Bomba de tiempo del gas natural

agosto 2014

En el 2002 ó 2003, desde el Comité de Estudios del Colegio de Ingenieros Civiles, denuncie la bomba de tiempo que se estaba sembrando en la ciudad de México con la introducción a ciegas y a la brava, de la red subterránea de gas natural.

Es inocultable que una aportación de los imprudentes que aportaron los nuevos gobiernos, es la creencia que las cosas se hacen a la brava, cerrando los ojos y aventándose “como el gorras” (a lo pendejo y sin calzones). Y de esa forma, se metió al subsuelo de la ciudad esa nueva instalación.

Lo cual además de la falta de respeto y consideración para la población, que es la forma “moderna” de trabajar del gobierno que se ha arraigado como norma, y que tiene varios problemas. Que nacen de y exponen la anarquía, irracionalidad e incompetencia que es el uso y costumbre gubernamental más arraigado y que tiene como única consecuencia posible, que en ninguna parte de la ciudad se sabe que hay abajo del pavimento y las banquetas.

Es un gran enigma las instalaciones que existen bajo la superficie del terreno. Lo que es uno de los problemas que tiene que enfrentar la construcción de cualquier cosa y en especial el metro. Lo que obliga a trabajar como arqueólogo, escarbando con brocha para no romper nada, o cerrando los ojos para romper y después reparar, todas las instalaciones vigentes y necesarias que se van encontrando.

Y con esa ciega audacia se instaló la tubería de gas natural, pasando por encima de, quien sabe cuantas y a lo largo de que tanto, de líneas de alta tensión. Las que, gracias al “buen cuidado y mantenimiento” gubernamental, no es raro que exploten. Lo preocupante es que una línea de alta tensión explote bajo una de gas natural con lo que detonaría una explosión e incendio de magnitud y consecuencias azarosas, propio de una ruleta rusa.

Hasta la fecha no ha sucedido, sino que en Monterrey una fuga de agua ocasionó que una línea de gas explotara y se incendiara. Lo que ni en mis más febriles delirios se me hubiera ocurrido que fuera posible. Pero los hechos hablan.

Y hacen ver que además de la posibilidad de que una líneas de alta tensión explote, también tenemos como espadas de Damocles, los abundantes socavones causados por fugas de tuberías de agua potable y drenaje. Lo que son otras balas en el cilindro de la pistola con la que el gobierno pone a la población a jugar a la ruleta rusa.

Lo bueno es que las líneas de teléfonos no pueden hacer explotar una tubería de gas. Bueno, eso creo… O espero. El tiempo dirá.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/4427-peligroso-gas-natural-agel-pujalte-pineiro

Gobierno descerebrado

octubre 2013

Burocratismo del subdesarrollo

Es fascinante contemplar la forma en que se mecanizan los comportamientos, y que a pesar que se reducen a uno mismo que no cambia, a uno que no deja de ser lo mismo, el que el trámite o el asunto sea diferente, hace parecer, que lo que es distinto es el comportamiento, que a diferentes trámites o asuntos se responde con otros comportamientos. Me refiero al comportamiento que se automatiza y denomina burocratismo, que es la misma respuesta para cualquier trámite o asunto y de cualquier peso o valor.

Ya sea que se trate de comunicados de la sociedad o de ellos mismos. Cualquier ciudadano que mande un documento a un servidor público, en legítimo ejercicio del derecho consagrado en el Artículo 8º Constitucional, se estrella con el mismo comportamiento, que éste momento exhibe su patología.

La primera respuesta es el mutismo. El no contestar la correspondencia ni hacer nada. Y la segunda es contestar con un capotazo de tipo guayabazo. “Es Usted una chucha cuerera, el Sr. X va a tomar muy en cuenta sus sugerencias”. Cuando es claro que el Sr. X ni leyó la misiva ni se va a enterar nunca de su contenido, ya que la incongruencia de la respuesta exhibe que terceras personas de limitada capacidad tratan de contestar en forma amable y cordial, simulando que se esta tomando muy en cuenta lo que uno dice. Lo que desmiente el hecho que se señalan problemas específicos que nunca se atienden, resuelven ni se toman en consideración los nuevos enfoques y realidades que la carta señala.

El tercer recurso del burocratismo es el pin-poneo. Como hábiles tenistas, son expertos en sacar a toda pelota de su cancha y ponerla en una cancha ajena. “Hemos recibido su misiva y por instrucciones del Sr. X se ha remitido al Sr. Y, ya que esa es su área de competencia”. Con área de competencia se refiere a que pin-ponea mejor la documentación. Porque si la banda de rebote responde será con algo parecido a “El Sr Y recibió del Sr. X su misiva para su trámite y gestión por lo que aquí le daremos curso (la pondremos a dormir)”.

Se trata de aparentar que todos los servidores públicos cumplen y que a ese pin-poneo se reduce toda su labor y compromiso. Se cumple porque se recibió, se le puso sellos, se inscribió en el libro en que se asienta la correspondencia y una de tres: cuando no se tiene personal dedicado, no se contesta, cuando se tiene personal dedicado contestan con una de dos: o se responde con un guayabazo aunque no venga al caso, quizás esperando con eso calmar o desviar las ansias o se contesta resbalando el golpe a otra instancia. En la que se debe volver a empezar. Y así hasta que el ingenuo ciudadano aprenda que con el gobierno no se puede o se canse.

Ahora noten en el pleito por echarse la culpa por los daños que causaron los huracanes la gran similitud de comportamientos entre los que acostumbra el gobierno con los ciudadanos con los que se aplican entre ellos mismos. El gobierno no solo no toma en serio a la sociedad sino que tampoco se respeta a si mismo. No existe comunicación entre el gobierno y la sociedad como tampoco entre el gobierno consigo mismo.

Que si el Meteorológico nacional elaboró los reportes y boletines correspondientes, mandó los oficios debidos, puso los sellos adecuados e inscribió en los libros que debía los hechos debidos. Que si la CONAGUA recibió correctamente los reportes, que asentó donde correspondía y mandó los oficios que debía, puso los sellos que debía, donde se debía e inscribió lo que debía en los libros que debía. Que si Derechos Humanos también recibió los reportes debidos que asentó donde correspondía y mandó los oficios debidos, puso los sellos que debía donde debían e inscribió lo que debía en los libros que debía.

Según nuestros “servidores públicos” todos cumplieron, todos hicieron lo correcto, pero para fines prácticos de todos no se hace uno. Porque toda la labor gubernamental es pura agitación ciega. Puro movimiento mecánico efectuado por especies de robots que repiten la misma acción. Los que como animales de circo: se limitan a repetir rutinas de movimientos repetitivos. En las que no cambia nada. En un procedimiento sonambúlico en el que no hay nadie despierto, en el que nadie piensa, en el que no participa ningún cerebro, nadie con dos dedos de frente, no hay nadie que sopese, mida o valore de alguna forma o interprete el significado del contenido de la documentación o los hechos que se reportan.

La administración de la información es una labor fundamental para la inteligencia. A la información se la debe recabar. Y la información se obtiene en forma cruda. A la información cruda se la debe procesar para destacar lo relevante y eclipsar lo irrelevante. Después de lo cual un cerebro preparado debe extraer de la información el conocimiento que porta. Y ese conocimiento es el que es fundamental para la toma de decisiones.

Por eso en el gobierno subdesarrollado solo se ven (como decía mi cuate): puras causas sin efecto y puros efectos sin causas. Porque donde se debería administrar la información, donde debiera haber un manejo racional de la información, una discriminación de lo irrelevante, una jerarquización de eventos y una priorización de posibilidades. Una pepena de lo sustancial. Lo que hay es agitación ciega, un movimiento mecánico ajeno a todo.

El propósito no es atender una necesidad de la sociedad sino solo simular que se hace. Fingir que se desquita lo que cuestan, haciendo algo por la sociedad que los mantiene. Hacer parecer que se vigila que algo no suceda o que se propicia lo mejor para la población.

El absurdo no tiene parangón: En “Bajo Reserva”, en El Universal el 6/X/13, “En medio del vendaval de críticas contra los gobiernos: federal, estatales y municipales por el flujo de alertas y la peligrosidad de los meteoros climáticos Manuel e Ingrid, la Comisión Nacional del Agua, que dirige David Korenfeld, decidió ofrecer cursos de capacitación sobre los servicios meteorológicos. La idea, nos dicen, es que los reportes sean comprendidos y bien interpretados, independientemente de las alertas que la CONAGUA envía de manera directa a los funcionarios de todos los niveles de gobierno. Hay que estar todos enterados para evitar que las lluvias sigan cobrando vidas en el territorio nacional, (…)”

Noten la burda y absurda manera de hacerse tontos, deformar el asunto y desviar la atención. El vendaval de críticas es porque de todos no se hace uno. Porque el flujo de avisos se reduce a comunicaciones burocráticas que nunca manifestaron la peligrosidad ni previeron consecuencias, sino solo se concretaron en cumplir ciegos procedimientos burocráticos.

Y lo inclasificable es afirmar que el que debe comprender e interpretar la materia y avisar a los legos y ajenos al tema, va a ofrecer a los demás cursos de capacitación sobre los servicios meteorológicos. Para que aunque la CONAGUA este dormida y solo comunique puras tarugadas los demás hagan lo que deberían de hacer, los que se dedican y cobran por ello.

Los que no estudiaron, los que no conocen la materia, los que no están contratados para saberlo ni se les paga por hacerlo, son los que van a tener que recabar, procesar, discriminar e interpretar la información, porque los “preparados”, los expertos en la materia a los que se les contrató y se les paga para administrar el asunto, han reducido su labor a copiar el reporte del centro de huracanes de Miami, asentarlo en actas, ponerle sellos, inscribirlo en el libro en que se debe y mandar las copias debidas a quienes corresponda.

Hasta un inconsciente funcionario alegó que había mandado más de cuatro mil comunicados, sin darse cuenta que al no discriminar ni valorar la información enterró en banalidades lo relevante. Y un gobernador alega que avisó por Twitter. La cosa sería para carcajearse, de no ser…

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.