Nivel del desarrollo mental

24 mayo 2010

“Pre racionalidad en prácticas subdesarrolladas”

La “desaparición” del ex político porta conocimiento en las respuestas. Por primera vez el gobierno actúa en forma seria y madura. Deja de propalar inconsistencias, distraerse con los medios y se dedica a hacer su trabajo (parece).

Lo que causó un chasco general en comunicadores, que extrañaban la incontinencia verbal de funcionarios, que alimentaban con ocurrencias a pandemóniums de creiques y penseques. Como músicos que con instrumentos en mano pasean acongojada mirada por todos lados y entre ellos mismos, angustiados por no encontrar partitura ni atril.

Una analista reclamó que “antes” el gobierno filtraba “información” que servía para empezar a “atar cabos”. Deja ver que solo necesita el tono, tema o le silben una tonadilla, para que se ponga a improvisar. Y la improvisación es la manera más eficaz y eficiente de desorganizar cualquier cosa. Lo que descubre un problema serio desatendido e incomprendido. Aprovecho el caso pero el problema es un atasco en la evolución del pensamiento que padecen prácticas profesionales relevantes y trascendentes en el desarrollo social, incluyendo a la Ingeniería Civil.

Denomina atar cabos a especular. Nicolas Alvarado encontró en el Moliner que especular significa desde “examinar algo con atención para estudiarlo”, pasa por “hacer conjeturas más o menos realistas sobre algo” y llega a “utilizar cierta cosa para obtener provecho”. Falta jugar al melate y danzar en el vacío. El principio del positivismo es que solo los hechos son objetos de análisis de la razón. Por eso especular en medios enturbia y enrarece el panorama que aparenta aclarar y complica aprender a pensar.

El “desconcierto” duró una semana y la mayoría a falta de materia prima se abstuvo de inventar. El cambio sirvió para que los profesionales revisaran aspectos relativos al manejo de información en su práctica y recordaran diferencias entre objetivo, subjetivo, racional, irracional, lógico e ilógico, ética, profesional y charlatán. Aunque todavía ayer alguno alegaba que era obligación del gobierno abastecerlos (aunque sea de chismes).

Sin embargo otra “analista”, con tono melodramático de quien acaba de sorprender a alguien infraganti, encadenó una luenga serie de “si esto”, “si aquello”, “si lo otro”, para dar a entender que hay mucho trasfondo oculto: En la captura y liberación de la segunda esposa del Chapo (trasfondo no comprobado). En que a “Nacho” Coronel lo habían capturado el mismo viernes (tampoco comprobado). Y en que a Diego lo había levantado el Cártel del Pacífico para negociar su intercambio por el capo (menos comprobado). Para concluir que tenían al gobierno agarrado de los dardanelos en: “La decisión más importante del sexenio”. Es despistada y no floja. Porque si inventa los datos mejor que invente la conclusión. Tiene la misma precisión (precisar agente) y exactitud (monto) y se molesta menos. Aunque así no engatusa.

Inició su perorata amarrándose el dedo aclarando la falta de consistencia de sus asertos. Pero conforme avanzó, su discurso mutó el tono precavido por el afirmativo hasta el inquisidor y los “sis” por sentencias. Para rematar con “si todo esto es cierto, tenemos mucho que pensar”. Con falacias que al final llamaba “elementos” formó un rincón en que acorralaba invitados a los que con el argumento de que “los elementos allí están”. Afirmación con que de repente hace verdades a supuestos. Para rematar queriendo obligar al invitado a danzar en el vacío con sus incoherencias y armar con ellas un rompecabezas (alebrije) que se considere lúcida conclusión. Granados Chapa no se dejó y le aclaró que le faltaba “cemento” para unir sus piezas. Fino el chamaco, le dijo incoherente en forma tal que la “pitonisa” no acusó de recibido.

El cerebro es la principal (si no la única) herramienta. Es la herramienta de herramientas. Es la fuente de todas las demás. La siguiente en orden de importancia es la información, que es materia e instrumento imprescindible para la razón. Sin esta no existe. (Otra cosa es la imaginación). Sin información no se tiene nada, fuera de la certeza de no tener con que trabajar más allá de la necesidad de recabarla. (Lo que parece que ahora hace el gobierno).

También una cosa es creer y otra pensar. La Dra. Piñeiro lo decía claro: “Don Creí Qué y Don Pensé Qué son hijos de Don Pende Jeque”. Creer no se compromete con lo real. Por eso cualquiera puede creer lo que se le antoje, sin derecho a imponer su creencia a nadie. Algo que aclarar. Mientras que pensar lo distingue su compromiso con lo real. El que piensa, aunque no “se sienta” seguro lo demuestra, porque pensar es descifrar lo verdadero. Mientras que al que cree lo embarga una sensación de seguridad en sus creencias, a pesar que no las puede demostrar y por eso aboga por esperar al desenlace que confirme sus delirios, lo que nunca sucede. Porque las creencias son ocurrencias, figuraciones o imágenes que como “números aleatorios” genera el cerebro sin ninguna relación con el mundo verdadero. La sensación de seguridad la da la claridad y nitidez de la imagen y a que los ignaros al desconocer lo que es pensar, lo confunden con sus mágicas revelaciones. Creer depende de que los demás lo crean, de convencer a otros y pensar de ser comprobable en hechos, aunque a nadie agrade ni convenza. Una cosa es astrología y otra astronomía. A aunque todos crean en los horóscopos rara vez aciertan y la astronomía, aunque nadie crea y la Iglesia lo niegue, predice al minuto con siglos de distancia.

El lance esclarece más al datar y caracterizar esa mentalidad. En la entrega anterior consigne que Antonio Paz notó que por acá no pasó la Ilustración y por necesidad, como vemos menos el positivismo. La finalidad de la Ilustración era “disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón”. Según Kant ilustrarse es el acto por el cual “el hombre se desprende de su inmadures causada por sí mismo”, (infantil y atenido). “El hombre debe por esfuerzo propio rechazar el yugo de la minoría de edad y andar sin andaderas ni tutores con paso seguro, gracias a darle libertad para ilustrarse a si mismo y a la vocación de pensar por si mismo”. Lo que es falso, el hombre no tiene vocación sino potencial racional. Y no puede llegar solo sin iniciación. Pero como en el oscurantismo no se podía abrir la boca, una de las libertades que prometió la ilustración era la de hacer uso público de la razón, en cualquier dominio. La libertad de abrir la boca en público y decir lo que se piensa. (No lo que se cree).

Así la Ilustración causó la Revolución y la Revolución el Positivismo. Tirar el muro inmediato descubre los que ocultaba el primero. Rousseau introdujo el concepto que el hombre en estado natural es bueno, pero lo echa a perder la civilización, lo que en conjunción con el principio de libertad e igualdad no aclarada formó una mezcla explosiva. Según esas ideas liberar e igualar a todos logra la felicidad de todos. Y según Kant abrir la boca descubre la vocación de pensar por si mismo. Y la mezcla de verdades con medias verdades y errores garrafales causo un desgarriate. El hombre no es bueno ni malo. Es un animal como cualquiera, que se comporta de acuerdo a su nivel de artificialización, de acuerdo a como este racionalizado y humanizado.

Imaginen hordas de bestias peludas exaltadas, ejerciendo su libertad para imponer a los demás su igualdad y derecho a abrir la boca y ser tomados en cuenta. Opinando y metiéndose en asuntos y cosas que desconocen. Lo que llevó a Comte a buscar una manera de corregir el desorden distinguiendo lo que es pensar de las otras formas de operación mental que no lo son, de creer.

Actualmente transitamos una situación similar. Pero sin ningún respaldo teórico que sirva de referencia de orientación y corrección. Es así ya que sin ninguna filosofía ni Ilustración (sin cambio de mentalidad), sucedió la alternancia. Más por agotamiento del orden material establecido (falta de ingeniería civil) que por lucha política. De allí que todos nuestros políticos, de la corriente que sea, comparten la misma mentalidad pre ilustración. Mientras no se corrija la anomia ningún partido podrá mejorar resultados y las coloridas “alternancias” seguirán. Ya que será como probar cuetes mojados a ver cual no sale cebado. Pero de momento la masa confunde la alternancia con la democracia y esta con una revolución liberadora e igualadora. De allí aparecen hordas de bestias peludas que inconscientes de su rusticidad y salvajismo, que no mala intención, degradan aún más la situación.

Somos subdesarrollados por carecer de inteligencia, de pensadores serios y honestos que piensen (no que crean) en todos y en el bien común. Requerimos una Ilustración mexicana, que aproveche la experiencia ajena y venga corregida: una ilustración positiva. Una que cambie la mentalidad. Una que ponga las cosas en su lugar. Que restituya el orden. Una que otorgue jerarquías y reconocimientos sociales en base al mérito personal. (¿Y la comunicadora?).

Resulta que viéndola bien, nuestra amiga no es del gremio de informantes sino del artístico. Es más del espectáculo que de la información. De las emociones que de la verdad objetiva. Del melodrama que de los hechos. De la impregnación anímica que del análisis sereno. Experta en provocar fascinación contemplativa con pases mágicos con que de la nada aparece conejos, que se confiesan elefantes. Lo que logra mezclando verdad con retazos de videncia y condenable superchería en una mistificación de la clarividencia. Procede con devaneos vacíos en alegorías mordaces con más valor estético que afirmaciones certeras y rotundas. Que son espejismos que impiden ver lo real y que peor aún, el desarrollo de facultades mentales en sus espectadores. Cómplice de Elba en la tutoriedad e infantilismo de Kant. Su show no motiva reflexión ni ensimismamiento analítico sino contra enseñanza que cuece la sesera. No es sin razón sino anti razón. No es positivismo sino negativismo.

En el fondo el problema es gremial. Pasa lo mismo en la Ingeniería Civil. La práctica no se tutela, discute, aclara ni controla su calidad. Con el cuento que estamos en un país libre en el que cada quien puede hacer lo que se le de la gana. Hordas de rousseanianos desgracian todo donde se meten atraídos por los recursos materiales. Individuos que representan lo peor de la práctica y especie, que gracias a su inconsciencia ganan notoriedad y se cuelan en la visión social como “prototipo” del profesional. Desprestigiando a todos los colegas, a la práctica misma y desgraciando la labor que la práctica debe efectuar en la sociedad. Donde los únicos que pueden y deben corregir las cosas son los pares. Pero que hacer cuando los pares también son buenos naturales rousseanianos. (Sin artificializar).

Autor de: La infracultura, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas y ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional!

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Redención de la verdad

17 mayo 2010

“Donde está el peligro, también crece lo que nos salva”

Holderling

Decepción y desengaño son trámites imprescindibles en el advenimiento de una redención de la verdad, que permita un comienzo verdadero a nuestro orden social. La angustia y desesperanza al despertar a una realidad en la que no se sabe lo que pasa, que descubre la inutilidad de las respuestas tradicionales y periclita esperanzas. En la que de repente nada conserva vigencia y hace necesario construir una nueva realidad sobre humeantes ruinas. Una que si sea consistente, verdadera. Si es el caso y esta vez no desperdiciamos la ocasión, falta poco para abandonar el inaudito mundo del autoengaño e inconsciencia.

Para demoler los mitos y dioses de pies de barro que nos impiden abandonar la vida de desamparo y miserable sobrevivencia, debemos reconocer la demencia irracional que inmoviliza nuestras mentes, y que en territorio opulento, acantona en abyecta menesterosidad a más de la mitad de la población. Según Heidegger es la léthe, (oculto, olvido, inconsciente), una inquietante ocultación que no es el olvido, sino el olvido del olvido, no solo la inconsciencia sino su negación, la represión de la consciencia, la contra consciencia, la anti verdad. Por lo que la crisis debe fungir como peripateia: el giro de la fortuna, el momento crucial en que todo se revela y hace claro. Para que se revele la aletéhia: (a=sin, lethe=oculto) verdad, sinceridad de los hechos. Y en los hombres se dé la anagnórisis (revelación, reconocimiento, descubrimiento). Que por fin descubramos nuestra verdad.

No es la primera oportunidad desaprovechada. Es apenas otro momento crucial en que podemos replantear nuestro destino y apostar el todo por el todo. Ni independencia ni revolución lograron transformarnos, ninguna develo la verdad completa, nos elevó por encima de la irracionalidad ni nos humanizó. Tampoco decidieron nada. Ninguna fue redención, comienzo ni renacimiento de nada, solo colapso aplazado, agonía pospuesta, ruina diferida. El transcurso del tiempo solo ha materializado decadencia en siniestro frenesí de corrupción desatada, desorden y desesperanza social. Dos siglos no corrigieron la alienización y abandono de compatriotas en su propia tierra y entre hermanos, producto de irracionalidad, negligencia e inconsciencia de hombres. Nuestro principal escollo no viene de fuera, es impredecible ni irresoluble.

Es momento de recalibrar la situación. ¿Qué tenemos rescatable en nuestra situación actual? ¿Nuestra democracia, libertad, civilización, economía, justicia? Hasta donde debemos caer para enderezar el rumbo. Hasta donde necesitamos degradarnos para tomarnos en serio. A que nivel vamos a tener que hundirnos para que tomemos consciencia o descenderemos sin límite sin que a nadie le importe. Seguiremos indiferentes acostumbrados a ver “normales” las desgracias de unos y crímenes de otros. En una amoral despreocupación devastadora de la consciencia, culpable de nuestro fracaso social.

Pero la tragedia del subdesarrollo no es sencilla. Octavio Paz destaco que por acá no paso la ilustración. Lo que hace oropel obsoleto de las líneas anteriores. Mis maestros filósofos me fallan esta ocasión, pero mis amigos poetas conservan vigencia y lanzan flechas orientadoras. Los conceptos aquí usados de Aristóteles y Heidegger perdieron vigencia al partir de la base que el hombre es un animal racional. Que como dijera Ortega, se encuentra en estado sonambúlico, por lo que sobre esa base parece lógico que una crisis o sacudida puede despertarlo. Pero no es así.

El hombre no es animal racional ni ser humano y menos esta dormitando. Es un simio con potencial racional y humanista. No cualquier bestia por nacer bípedo sin rabo llega solo a racional ni humano. La racionalidad y humanidad son dos artificialidades que de fuera se tienen que inocular en los “silvestres” para sacarlos del estado natural. Para elevarlos al estado de animal racional y ser humano. Artificializarlos para hacerlos tratables, que puedan relacionarse y ponerse de acuerdo con el resto de la sociedad, se ubiquen en el mundo y sean capaces de aprovechar lo que los rodea, para construir su bienestar y prosperidad material en forma útil y valiosa para la sociedad. También el territorio debe artificializarse con infraestructura adecuada. La infraestructura física es la llave que abre y hace accesibles las riquezas del territorio para que el hombre con su inteligencia y trabajo construya su bienestar y prosperidad material. Y nada de esto se ha hecho, tenemos poca, mal puesta y mal hecha. Es tarea fundamental para el desarrollo, para cualquier tipo y forma de desarrollo, que sigue pendiente.

Antes de la “independencia” era claro donde terminaba el producto de nuestro territorio. Saco al viejo mundo de una crisis. (Tampoco finiquitada). Después el destino de esas enormes cantidades de recursos se extravió. Materialmente no están en nuestro territorio. Lo único hecho después ha sido ensanchar la misma infraestructura que dejaron los peninsulares. Las únicas ciudades nuevas son Ciudad Obregón y Cancún. De lo demás mejor ni hablar.

Nuestra “revolución” fue una gesticulación que impotente creció de escala sin cambiar la vacuidad de los discursos y se gasto en estridente verborrea inútil sin construir materialmente esa dichosa revolución que tanto se cacareo y quedo en lorolalia. Napoleón Bonaparte inventó la ingeniería civil para construir materialmente la revolución francesa. Él sabía que las revoluciones son movimientos sociales que deben construirse en forma física, que deben materializarse. Nuestros gobernantes saben menos que uno de 1800. Francia prosperó y prospera gracias a que construyeron físicamente su revolución y no dejaron todo en puro ruido.

Solo hay dos factores determinantes en la productividad de la población: la infraestructura mental y física de que disponga. Proveer ambas es responsabilidad incumplida del gobierno. Esa mitad de compatriotas en vez de costar sin sacarlos de su ignominia, deberían de pagar impuestos, aportar al PIB, vivir digna y orgullosamente y colaborar en el engrandecimiento del país.

Todavía es tiempo de demostrarle a Polk que no son ruedas cuadradas, sino gente abandonada y desperdiciada. Gente que con gusto dejaría de ser lastre para compartir la carga. Gente útil, valiosa, trabajadora, esforzada, honesta y hasta simpática y agradable. Gente de quien sentirse orgullosos. Pero para ello primero hay que “artificializar” positivamente su mente y territorio. Antes de pedir se debe dar.

En este sentido todos los ámbitos públicos son demasiado perfectibles, pero llama la atención un atávico culpable principal que participa por partida doble. Que ancla al desarrollo en dos puntos. La SEP, en un extremo tiene la obligación de civilizar, racionalizar y humanizar en un nivel mínimo suficiente a todos al inicio de sus vidas. Pero cuando sus “maestros” salen a la luz, exhiben que ni siquiera ellos están artificializados. En otro extremo, su Dirección de Profesiones es otro fraude. Las prácticas profesionales deben formar parte de la inteligencia social y enriquecer el desarrollo con su visión profesional. Sin embargo también en las prácticas profesionales ha logrado lo opuesto de su propósito patente y al perjudicar al desarrollo de la ingeniería civil, así también ha colaborado en la falta de infraestructura física, además del subdesarrollo profesional nacional en todas las áreas.

Pero la racionalidad no la inducen los sustos, desgracias, sacudidas ni el problema es “despertar”, sino la deficiencia de estructuras mentales. Y no es posible avanzar brincado etapas. Entonces el problema consiste en motivar una floración de la racionalidad. ¿Pero habrá suficiente para detonarla? Hay destellos, consecuencia de circunstancias particulares y no de condiciones sociales generales artificiales, creadas y orientadas con intencionalidad por el gobierno (SEP). ¿Habrá suficiente para ser incoativa y concomitante en una ilustración mexicana? Para complacer a Octavio Magno.

Las mentiras tranquilizantes son cada día más impotentes para reconciliar al país y el cúmulo de errores que el tiempo deshilacha, ahonda y complica más nuestros problemas. Es crucial decidir. ¿Será que podemos acabar con los ciclos maníaco depresivos y esquizofrenia social? o necesitamos más siglos y mayor degradación. (¿Que tenemos que perder?, lo bueno de estar en el fondo es que todo es ganancia.)

Autor de: La infracultura, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas y ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional!

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