Causas humanas de los derrumbes en el sismo del 19-s

oct 2017

La verdad de los derrumbes

Finaliza la remoción cuidadosa de escombros en búsqueda de cuerpos en los inmuebles colapsados por los sismos del patrio y nefasto mes de septiembre. Y conforme se asienta el polvo y disipa el efervescente estupor de la sorpresa, las emociones evolucionan de la angustia por las victimas desconocidas al coraje a culpables anónimos.

Mientras políticos buscan llevar agua a su molino y regresar a la normalidad lo antes posible, sabedores que el estatus quo parpadea cuando la sociedad se despierta y organiza. Rendija que solo permanece abierta lo que tarda la sociedad en sosegarse, volver a dormirse, desorganizarse y retornar a la inconsciente mansedumbre y docilidad. A la “sonambúlica normalidad” de la que la despertó la erupción de detritos de corrupción, estupidez y negligencia gubernamental.

Como aclaró la sismóloga Yoli. Las tragedias no las causan desastres ni catástrofes. Sino que los sismos e inundaciones, son fenómenos naturales normales. La Naturaleza no engaña ni sorprende. Solo se inundan los que ocupan lugares que pertenecen al agua y solo se derrumban las estructuras que están mal calculadas, mal construidas o mal utilizadas. Las tragedias resultan de errores humanos perfectamente evitables.

El sector público implicado en la construcción hace causa común con el Cártel inmobiliario para hacer ver que la mayoría de los inmuebles demolidos se construyeron antes del temblor de 1985 y del endurecimiento del reglamento de la construcción del D.F. Con lo que sugieren que la corrupción del gobierno y las manos libres de los inmobiliarios no tienen culpa.

Medias verdades que son grandes mentiras. La realidad aparece al iluminar aristas que permanecen en penumbra. La primera es la causa por la que este temblor no demolió tantos inmuebles como el de 1985. La segunda es aclarar porque este sismo tumbó edificaciones que no demolió el de 1985. La tercera es volver a señalar errores en el reglamento y usos acostumbrados en la construcción que documente desde hace más de 20 años, que me he cansado de denunciar y que persisten hasta la fecha.

Sobre lo primero, el 23 de septiembre Azam Ahmed, Marina Franco y Henry Fountain publicaron en el New York Times un articulo titulado “Luck, Not Tougher Building Standards, Spared Mexico in Quake” lo que es una gran verdad. Fue la suerte y no la dureza de los estándares de construcción (léase reglamento y usos acostumbrados) lo que indultó a México de mayores daños en el terremoto. (Liga del artículo: https://www.nytimes.com/2017/09/23/world/americas/mexico-city-earthquake-buildings.html?ref=nyt-es&mcid=nyt-es&subid=article)

El artículo refiere tres entrevistas. La más interesante es al Dr. Eduardo Reinoso, investigador de ingeniería sísmica de la UNAM. El que señala que los dos sismos fueron diferentes. Es cierto, el del 85 tuvo una magnitud 30 veces mayor, con epicentro a 700 kilómetros de distancia, demolió alrededor de 350 edificios y mato alrededor de 12500 personas (de acuerdo a las actas de defunción del Registro Civil). Mientras que el del 2017 aunque de menor magnitud su cercanía, de entre 80 a 100 kilómetros, hizo que golpearan a la ciudad ondas sísmicas con otras frecuencias de oscilación.

Los factores que considera el Investigador: magnitud, distancia y profundidad del epicentro, orientación de las placas y frecuencia de oscilación de las ondas sísmicas, es cierto que inciden en los efectos de un sismo. La frecuencia de oscilación de las ondas sísmicas pueden resultar simpáticas con la de un espesor del estrato de arcilla de la ex zona lacustre de la Cuenca de México y esta a su vez con la de algunos inmuebles, determinada por su rigidez.

Por esa razón un principio de diseño sísmico de estructuras indica que en suelos flexibles se deben colocar estructuras rígidas y en suelos rígidos estructuras flexibles. Para evitar que la estructura entre en resonancia con el subsuelo, que resuene con un sismo. Ya se pudo haber estudiado la frecuencia de oscilación de los las distintas regiones de la ciudad que están sobre diferentes profundidades de arcilla de ex-lagos, para normar la rigidez y altura de las estructuras sobre esta base y corregir la rigidez de las que se descubran con ese riesgo.

Pero esa causa sola no explica totalmente lo que evito que hubiera más colapsos ni el de edificios que habían sobrevivido al sismo del 85. Porque falta considerar un factor relevante obvio. Que no consideran los investigadores y profesionistas cuyo conocimiento prescinde de la experiencia. De los teóricos puros o improvisados.

El factor soslayado es la duración de los sismos. El del 85 duro alrededor de un minuto y medio, 90 segundos, mientras que el del 2017 apenas alrededor de cuarenta segundos. Si el sismo del 19/S/17 también hubiera durado 90 segundos como el del 85, no se hubiera caído el 10% de lo que tumbó el del 85 ni serían cientos los muertos, ni el número de edificios dañados sería el que aún falta determinar.

Sin embargo este rescatable investigador aportó una causa de mucho fondo en el riesgo que acecha a la ciudad. El Dr. Eduardo Reinoso refiere que lidero un estudio de 150 edificios construidos después de la reforma al reglamento de la construcción del 2004, en la que encontró que muchos no cumplían con las normas oficiales. Que varios edificios de los que revisó ni siquiera tenían el papeleo suficiente de planos y otros elementos necesarios para revisar por completo el cumplimiento (¿que más falta?). De lo que concluye que, “como sucede con tantas cosas en México: el problema no es la ley, sino (la forma) cómo se acata. Ya sea por falta de voluntad política, corrupción o disfunción burocrática”. Esta sola verdad, el descontrol, es una causa que sobrepasa y rige por sobre todas las demás.

Respecto a la segunda incógnita, la causa por la que un sismo menor demolió inmuebles que sobrevivieron a uno mayor la explican documentos del año 2003 que hablan por si mismos y prueban que desde el 2002, el Comité de Estudios del Colegio de Ingenieros Civiles de México recordó a las autoridades e intentó resolver el abandono de los edificios dañados por el sismo de 1985 y la respuesta de las autoridades.

Anexo siete documentos que involucran y prueban la culpabilidad de homicidio y daños y perjuicios del Coordinador Técnico de la Secretaría de Obras y Servicios del Gobierno del Distrito Federal, del Secretario de Obras y Servicios, GDF, del Director General de Protección Civil de la SEGOB, del Director General de Protección Civil del GDF y finalmente e de forma directa del Jefe de Gobierno de aquel tiempo. El que ni siquiera se digno responder.

El Comité de Estudios se ciño a 5,177 edificios porque son los que consigna el libro “Estudios Sobre Sismicidad en el Valle de México”, que en 1988 elaboró la propia Secretaria General de Obras, del Departamento del Distrito Federal. Pero no eran todos los edificios dañados sino solo una parte. Revisiones posteriores consignaron cifras mucho mayores. Con todo y que muchos inmuebles afectados no fueron incluidos en ninguna relación.

En una muestra de edificios dañados que el Comité de Estudios verificó su situación, encontró una incuria alarmante. Expuesta por grietas a la vista por las que pasaba una mano. Explicaciones no autorizadas eran que los particulares se negaban a colaborar y amparaban. La realidad es que con ánimo de salir del paso, evitar problemas de momento y darle vuelta al asunto, se prefirió dejar la rehabilitación o reparación de los inmuebles, al libre albedrío de los propietarios. Los que en muchos casos solo taparon los daños sin rehabilitar ni reforzar las estructuras. Tratamiento que cínicamente se conoció como “pintura antisísmica.

Cuando los elementos de una estructura se deforman dentro del rango elástico no pierde resistencia, pero cuando la deformación alcanza el rango plástico, pierde resistencia. Por lo que en principio rehabilitar esas estructuras sería hacer que recupere su resistencia original. Sin embargo después del sismo del 85 se endurecieron las normas técnicas de las estructuras. Por lo que la rehabilitación después del 85 ya no consistía en devolverle a las estructuras su resistencia original, sino darles una resistencia mayor, que establecían las nuevas normas técnicas.

El determinar la forma en la que la estructura se movió, la magnitud de los desplazamientos, la resistencia remanente en la estructura y el tipo, forma y diseño del refuerzo necesario para que la estructura adquiera la resistencia que establecen las normas técnicas, no es algo que puede hacer cualquier estructurista. Lo que nos lleva a la tercer arista, pero antes de ello debo hacer otra aclaración pertinente.

La gran mayoría de los servidores públicos ignora lo que significa ser “autoridad”. Los más pequeños mentales, creen que es estar por encima de la ciudadanía, que les debe respeto y están autorizados para dirigirlos y darles órdenes. Cuando la verdad es que son los únicos autorizados para producir y aplicar el derecho. Lo que no pueden hacer a su libre albedrío, sino solo por el bien común. Muchos pueden promover, pero la producción de derecho solo compete al Poder Legislativo y al Judicial. Y a todo el sector Público y al Poder Ejecutivo cumplir y hacer cumplir la Ley. Por eso si la ley esta torcida, deficiente o es ineficaz, es culpa de una autoridad y si nadie hace que se cumpla, también es culpa de una o varias autoridades.

Dicho lo cual paso al tercer punto en análisis, el de los estándares en la construcción, léase errores normativos y usos y costumbres torcidos. Las normas se dictan para hormar comportamientos. Son el manual de organización y procedimientos de la sociedad. Por lo que cualquier análisis de la marcha de una sociedad, debe iniciar en las normas, retroalimentarse en los resultados y terminar en las normas. Por lo que así iniciamos.

La primera deficiencia de las normas de construcción, es ignorar que la parte fundamental de cualquier estructura es la cimentación y que la mecánica de suelos es mucho más sofisticada, refinada y compleja que la ingeniería estructural. La mecánica de suelos debe descifrar al mundo verdadero en el aquí y ahora, mientras que la ingeniería estructural trabaja con materiales estandarizados, artificializados.

De la deficiencia anterior  deriva que el Reglamento de las Construcciones y los que lo aplican ignoren que la demolición y estropicios de muchas estructuras se deben a falla de la cimentación y no a un mal diseño, construcción o uso de la estructura. Muchas estructuras se demuelen o fracturan no porque falló la estructura, sino la cimentación. Pero como lo que se demuele o rompe es la estructura y es lo que esta a la vista, los legos, profanos, diletantes e ignorantes, concluyen que lo que falló fue la estructura y no la cimentación.

La siguiente deficiencia del Reglamento de las Construcciones es el craso error de encomendar a personas físicas sin la capacidad requerida, el cumplimiento de la ley, del reglamento y demás disposiciones aplicables”. Esta pifia no solo descontrola las construcciones, sino que también ha perjudicado el desarrollo de las profesiones relativas a la construcción.

De hecho al analizar el reglamento de las construcciones brinca una aporía jurídica. En el reglamento la “autoridad” intenta atribuir autoridad a particulares, a personas físicas que no son servidores públicos.

ARTÍCULO 32.- Director Responsable de Obra es la persona física auxiliar de la Administración, con autorización y registro otorgado por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, quien tiene la atribución en todas aquellas actividades vinculadas con su responsiva, de ordenar y hacer valer en la obra, la observancia de la Ley, de este Reglamento y demás disposiciones aplicables, incluyendo las ambientales.

 La autentica autoridad intenta desresponsabilizarse de cumplir y hacer cumplir la ley en el ámbito de las construcciones, trasladando  ese compromiso y obligación a unos particulares, a los que presuntuosamente denomina “Directores Responsables de Obra”. ¿Y quienes son estas oscuras figuras, que es lo que se supone que hacen y que es lo que en verdad pueden hacer? En todo caso, las responsabilidades no se delegan, se comparten.

Las atribuciones de los DRO son profusas, difusas y confusas. Empezando por las vagas: “todas aquellas actividades vinculadas con su responsiva”. ¿Cuales son? “ordenar y hacer valer en la obra, la observancia de la Ley, de este Reglamento y demás disposiciones aplicables, incluyendo las ambientales”. Lo que es la aporía jurídica comentada. Y noten lo ambiguas que son las: “demás disposiciones aplicables”. Lo que es una puerta abierta por la que cabe cualquier cosa.

Pero además de la aporía jurídica, existe una craza confusión de ámbitos de competencia. Una cosa son las leyes de los hombres y otra las leyes de la Naturaleza. Las leyes del hombre son actos previstos en forma convencional. Mientras que un profesional cultiva un conocimiento sofisticado, refinado y privativo que lo faculta para administrar una frontera de contacto del hombre con la Naturaleza.

A la actividad de estos profesionales, se les conoce como “profesiones libres” ya que su compromiso no es con las leyes humanas ni obedecer mandatos de legos, sino someterse a las leyes de la Naturaleza y descifrar la individualidad, los fenómenos en el aquí y ahora de la frontera de contacto con el mundo real que estudia, para predecir el futuro. Descubrir las posibilidades reales y diagnosticar lo que se debe hacer para lograr un propósito y lo que va a pasar si se hace otra cosa.

El DRO es un sirviente de la observancia de la Ley, del Reglamento y “demás” disposiciones aplicables, incluyendo las ambientales. Como desde 1996, la primera edición de “La infracultura en la construcción”, aclara que el DRO en el mejor de los casos puede ser una auditor de la legalidad de las obras, una especie de notario que verifique que todo el que deba participar en la obra lo haga, que todo lo que deba haber en el proyecto lo haya y hecho lo cual gestione ante la autoridad la licencia de construcción. Lo que acabaría con las mordidas.

Que es lo más que podría hacer ya que carece de facultades reales para asumir todas las responsabilidades que se les acreditan. No es requisito que sea mecanico de suelos, estructurista ni que sepa nada de control de calidad.

Han fastidiado el desarrollo profesional al asumir responsabilidades que no le competen. Ni el DRO ni los corresponsales son los que diseñan nada, sino que todo lo suscriben. Suscribir es “firmar al final de un escrito, convenir con el dictamen de otro”. Es decir, no investigan, analizan, reflexionan ni diseñan nada, solo suscriben el trabajo de otro. Pero la firma que vale no es la del que carga el morral sino la del que no hace nada.

Esto ha causado un grave daño a la consultaría, porque ha desvalorizado la importancia, jerarquía y retribución económica del trabajo de los ingenieros consultores, de Mecánica de Suelos, Estructuras, Instalaciones, Control de Calidad, etcétera. Como el trabajo no vale ni responsabiliza lo desarrollan improvisados y mal hechos que encargan todo a ciegos y maquinales paquetes de computadora.

Los consultores saben que no son responsables de nada, ya que el trabajo del DRO en las obras consiste en facilitar todo y asumir la culpa de todas las salvajadas que autorizan para que la obra no se detenga ni encarezca. Como nada esta proyectado a consciencia, en la obra aparecen infinidad de problemas, como elementos estructurales que estorban a las instalaciones o a los espacios y el DRO “ordena” que se quiten, o elementos o materiales caros que el DRO “ordena” cambiar por otros o ahorros que el DRO ordena hacer. De lo que resulta que lo hecho ya no tiene nada que ver con lo que el proyectista entregó, por lo que no puede ser responsable de nada.

Lo correcto es que la firma del que proyecta y calcula sea la que valga y que la responsabilidad permanezca intacta en el que hizo el trabajo. Que cobre por visitar la obra para verificar que se haga lo que proyecto como lo pensó y que no cobre cuando tenga que ir a corregir errores suyos. Pero siempre manteniendo intacta la integridad de la concepción de su proyecto, de su cálculo y responsabilidad. Lo que induciría un crecimiento en la seriedad, capacidad y responsabilidad del sector de la consultaría de Ingeniería Civil y de la seguridad de las obras. Con lo que las obras dejarían de fallar.

Esto también implica subsanar las deficiencias de otras normas que deberían dar seguridad a las prácticas profesionales y que no lo hacen, por la falta de auténticos gremios profesionales o por abuso y torpeza gubernamental o ambas, como este caso. Lo que aunque también lo tengo estudiado me extendería todavía más.

Al revisar la normatividad al DRO y corresponsables nunca se les solicita comprobar las capacidades privativas de las diversas especialidades que concurren en las obras y que irresponsablemente mangonea. Solo requieren  contar con un titulo, cinco años de experiencia en las obras y recitar como loros las normas. (No aprender a aprender). Lo que desconoce las verdaderas facultades que se requieren para obtener un  titulo en nuestro sistema formativo. Prefiero de momento eludir hablar de lo que actualmente se titula. Pero la situación es para llorar.

La experiencia en las obras tampoco es un antecedente positivo. El que lo crea desconoce las diversas especialidades que concurren y colisionan en las obras. Una cosa es tomar tiempos, otra arriar gente, otra buscar ahorros, otra administrar recursos, otra saber Mecánica de Suelos, otra saber de estructuras, de instalaciones, de Control de Calidad, etcétera. Y al que quiera saber lo que se aprende en las obras lo puede leer en el libro “La infracultura en la construcción”. Donde se carea lo que se hace con lo que se debería hacer, lo que muestra claramente la desviación de conductas. Lo que explica sin dejar dudas el desorden en la construcción que expusieron los sismos. Y que mientras continúe la infracultura, seguirá pasando lo mismo.

El DRO es la tabla de salvación de todos los papayones que cursan la carrera de noche y encuentran jerarquía y reconocimiento con solo aprender de memoria la normatividad de construcción, las leyes de hombres. Aunque no sepan nada de la carrera ni de ninguna de las especialidades. Tampoco dirigen nada, porque en la obra el único que manda es el de la chequera y el DRO y sus pistoleros corresponsables son otros empleados que dependen del patrón.

El tiempo y las modificaciones a las normas no han variado la esencia de lo que denuncian mis libros, lejos de ello están más vigentes que nunca y cada día se acumulan mas evidencias de la seriedad y certeza de mis denuncias.

¿Que se les va a reconstruir a los damnificados del sismo del 19 de septiembre?

sept 2017

¿Reconstrucción de que?

Hay muchas formas de actuar después de la destrucción causada por un fenómeno natural como un sismo, un incendio un huracán o un desastre humano como un incendio, explosión o conflicto bélico. Las hay patéticas, humanas, irracionales e inteligentes.

Es indiscutible que lo inmediato urgente es salvar a todas las vidas que sea posible. Y que lo siguiente es auxiliar a los sobrevivientes y paliar su tragedia en lo que la situación vuelve a normalizarse. Lo que pongo en el centro de atención es esa normalidad a la que la población afectada y todo el asentamiento van a regresar.

Los objetivos de la acción gubernamental son infinitos. La historia da muchos ejemplos de ello. En 1666 un incendio arrasó con Londres. Y el gobierno no permitió que se reconstruyera nada hasta después que se elaboró el reglamento de construcción que debía regir la edificación de los nuevos inmuebles. En este caso se trató de evitar los materiales y estructuración propicios para la tragedia. Lo que consiste en materiales e ingeniería de suelos y estructural.

Pero también se ha regulado la fisonomía del asentamiento. Tlacotalpan debe su famosa fisonomía a que en 1788, gracias a un incendio, se ordena que en lo sucesivo se edifique con mampostería, a lo que se deben los pilares, arcos de medio punto y techos de teja que lo hacen famoso. La base física de los pueblos mágicos es su fisonomía que se traduce en actividad económica del turismo.

Otro ejemplo es Paris. En 1852, Napoleón III y su Prefecto del Departamento del Sena, Georges-Eugène Haussmann, emprendieron la mayor transformación premeditada que se le ha hecho a una ciudad. Demolieron alrededor del 60% de lo existente para reconformar las vialidades en un nuevo trazo de la ciudad, con callas anchas y rectas, con banquetas arboladas y una mejor infraestructura de abastecimiento de agua, drenaje e iluminación con gas. Se implantaron plazas, paseos, parques y zonas verdes, para disfrute de la población. Se abasteció a la ciudad con monumentos y el mobiliario urbano adecuado al proyecto. Se reglamento la altura de los inmuebles, los materiales y fachadas con que se debía reconstruir los inmuebles. Gracias a lo cual en 17 años sacaron a Paris de la edad media y la hicieron la ciudad más moderna y esplendorosa de su tiempo. Fisonomía e infraestructura que todavía modela en todos sentidos la vida de los habitantes y hasta de Francia.

Van a decir que estoy borracho. Que como comparo a Paris con unos pueblos rascuaches. A lo que contesto que no comparo a Paris sino a la acción gubernamental. Cuestiono la razón por la que todavía existen pueblos rascuaches. De los que mi experiencia me dice que ni siquiera debe haber un mugroso croquis de esos asentamientos.

Que se ignora el número de viviendas y los materiales con los que están hechos. Menos se debe saber el número de habitantes en el asentamiento y en cada vivienda y su actividad económica o superviviencial. De servicios públicos (agua, drenaje, iluminación) ni hablamos y menos de oficinas municipales, escuelas, hospitales, mercados y mucho menos de lujos como plazas, parques, jardines, centros deportivos.

Dirán que si no estoy cuete debo estar loco, porque hablamos de gente que vive totalmente aislada, sin vías de transporte ni comunicación a la que se les debe llevar la asistencia en helicóptero o globo. Que todavía viven casi como cuando llegó Hernán Cortes a la Villa Rica de la Vera Cruz.

Será porque no llegaron hasta allá los monjes que vinieron a enseñar a los indígenas formas útiles y valiosas para la sociedad de ganarse la vida. Antes de demoler físicamente la ciudad Napoleón III demolió la economía de Paris para hacerla mucho más prospera y después demolió parte del sistema legal para encausar su proyecto y solo al final se puso a demoler inmuebles. Primero pensó y después actuó. Aquí ¿quien piensa? O ¿Que piensa?

Son gente que no esta integrada a la sociedad no porque a ellos les guste vivir aislados y en forma precaria y semisalvaje, sino porque la sociedad los ha abandonado. Porque ningún gobierno en 500 años ha estudiado las posibilidades económicas y de desarrollo de las diversas regiones y asentamientos del país y porque carecen de infraestructura física. Porque después de 500 años seguimos concentrados en ensanchar la misma infraestructura que dejaron los coloniales. Dirán que de que me quejo, si acaban de estrenar el Deprimido de Mixcoac y la Torre Manacar.

¿Será que a esta tragedia solo se le va a utilizar como pasarela y después de los flashasos los van a dejar igual que como estaban? ¿Será que la tragedia solo servirá para inflar el presupuesto de SEDESOL y otras dependencias de gobierno para desviar más a las campañas y bolsillos aviesos? ¿Será que nadie piensa en ellos ni en el desarrollo del país?

Total después que los vuelvan a abandonar no los va a oír ni a ver nadie. Para eso están aislados. Creo que si, debo estar borracho o loco. Esa inhumanidad e irresponsabilidad no es posible

https://angelpujaltepineiro.com/ , Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: Actualización de la Disección de la LOPySRM, El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

http://lagrillaenelpoder.com.mx/columnistas/despues-de-la-destruccion-que-dejo-el-temblor.html

Cómo se corrige la corrupción y la impunidad

enero 2016

Impunidad

Se reconoce a la impunidad como acompañante asidua de la corrupción. La que contagia a todos los ámbitos e instancias públicos de la sociedad. Económico, justicia, desarrollo, distribución de oportunidades y beneficios, igualdad, etcétera. Y la impunidad se le acredita a falta de voluntad del poder político.

Es cierto que en gran medida la corrupción impide que los diversos sistemas y subsistemas infectados del sector público, logren resultados decorosos para la sociedad y que los mantiene varados en la ineficacia e incompetencia. Pero no es totalmente cierto que la impunidad florezca por falta de voluntad política.

Para empezar a entender el enredo se debe dejar de ver a la impunidad como causa de la corrupción y verla como un efecto de la corrupción. Lo siguiente es dejar de ver a la corrupción como algo dependiente de las personas para verla como consecuencia de defectos y deficiencias en la estructura conceptual organizacional del sector público de la sociedad.

Estas fallas se encuentran en todos los niveles: desde el del deber ser, parando por todas las progresiones normativas necesarias para desplegar el contexto conductual que establezca los comportamientos debidos que cumplan la relación causa – efecto con el deber ser.

https://angelpujaltepineiro.com/ , Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

Leyes de excepción

Un principio fundamental del Derecho es la universalidad. Que el mismo rasero nivele a todos. Pero los sesgos en los comportamientos de determinados sectores sociales imponen la necesidad de promulgar leyes específicas para corregir particularidades de por lo menos dos descarrios.

Una ley penal necesaria sería que: a todo criminal que victimice a un representante social, se le reduzca la sentencia a la mitad. Que se considere atenuante delinquir en representantes sociales, por el gran servicio que representa para el país. La razón de esto, que parece algo absurdo o irracional es sensibilizar a los representantes respecto a su representación. Lo absurdo no es la propuesta sino que los representantes esten divorciados de lo que se supone representan. Es una patología mustia que no llama la atención por costumbre, muy vigente entre nuestros representantes sociales, pero muy grave. Lo trajo a colación el caso de intento de extorsión telefónica que sufrieron algunos “legisladores”. Gracias a lo cual se enteraron que ese problema existe y que la población tiene mucho tiempo padeciendolo. Claro que en la euforia del escándalo amenazaron que “ahora si” iban a hacer algo por la sociedad. Lo que personalmente dudo. Creo que pasada la sorpresa, aprovecharan el asunto para auto asignarse más dinero para contratar guaruras para todos los parientes y conocidos (de ellos) y así ahondar su inmunización de la situación, que gracias a sus “buenos oficios” padece la Sociedad Mexicana. De allí la necesidad de promulgar unas leyes de excepción para los compatriotas de excepción.

Otra ley penal de excepción necesaria es la de que a todo servidor público que se apropie de los asuntos que debe administrar, se le duplique la sentencia. Por ejemplo a los judiciales que resultan jefes o protectores de bandas de secuestradores, traficantes de drogas, armas, piratería o robado, que se les aplique el codigo penal que deberían honrar, duplicandoles las penas. Es la diferencia entre un honesto delincuente y la más despreciable clase de lacra.

Todos conocemos la figura del tipo de antifaz, barba de tres días, playera a rayas y una macana o puñal en la mano. Es la representación de un ratero decente. De alguien que asume los riesgos de su práctica. Los que se contratan para cuidar algo y despues lo venden con el beneplasito de aquellos a los que debería cuidar o que directamente cometen los delitos que deben atacar amparados en los instrumentos (charola, armas y licencia para portarlas, información, etc.) que la sociedad le confia para que cumpla su cometido.

Este problema no se reduce al sector de seguridad, sino se presenta en los (inspectores, supervisores y jefes en casi cualquier burocracia nacional. La que no lo sufre, quiere decir que no administra nada que pueda vender, lo que se refleja en el presupuesto de la dependencia o los asuntos que maneja son irrelevantes. Pero en todo asunto en el que participen recursos financieros podemos encontrar funcionarios y burocratas de éste tipo. Ya que en el desorden gubernamental imperante