Falazofía

13 febrero 2012

Suplantación de la inteligencia

No contribuí el año pasado en Grilla en el Poder porque tropecé con un libro, en que un “connotado y distinguido investigador” plasma una visión de mundo tan torcida, que cumple requisitos de manual de psicología para diagnosticarla como enfermedad mental, como una forma de delirio.

Se titula El rompecabezas de la ingeniería, Por qué y cómo se transforma el mundo, editado, publicado y distribuido por el Fondo de Cultura Económica, avalado por un “apantallante” Comité de Selección de 21 exrectores e investigadores de “renombre” y en el FCE, por el comité editorial, el comité interno de selección de obras y el editor del fondo ciencias.

Expone vicios conceptuales que serían graves y preocupantes en un habitante cualquiera, pero que resultan absurdos en grado demencial en mantenidos sociales. Que ni siquiera pueden definir su propia actividad y presentan como una el regaño de alguien que los conmina a hacer algo por la sociedad. Mostrando que no soy el único que se da cuenta y le preocupa el parasitismo en éste país. Regaño que desperdician malinterpretándolo al grado que según ellos, la sociedad los colma de recursos a fondo perdido por su genética (pág. 233 del Rompecabezas). Por ser ellos quienes son, por su linda cara, merecen todo a cambio de nada.

Por eso cobran en algún Instituto de Ingeniería, en la facultad, en el Sistema Nacional de Investigadores, sin compromiso de retribuir de ninguna forma el sacrificio social que significa lo que cuestan, lo que no les preocupa y en vez de tratar de hacer algo por el país se dedican a buscar ingresos extras. Mismos que logran haciendo competencia desleal a la verdadera Ingeniería Civil, a la que desconocen por lo que terminan como cómplices de depredadores sociales a los que venden indulgencias para “santificar” trapacerías.

Y no les preocupan los demás, porque de acuerdo a ellos, los 50 millones de jodidos están fregados porque ellos (los jodidos) así les gusta, así lo quieren (pág. 173 del Rompecabezas). Barbaridad que revela una demencial paradoja, al recordar que el objeto de la Ingeniería Civil, a la que suplantan, es sembrar las bases y propiciar el bienestar y prosperidad material de la población. (Actividad 100% ausente en el país).

Barbaridades que son apenas un botón de muestra del contenido de ese libro que resulta conglomerado de creencias absurdas y perniciosas, que impiden una correcta inserción e interacción social de mantenidos sociales, tan nítida, palmaria y patente que ingenuamente creí encontrar la punta que al jalarla podría deshacer el nudo conceptual que impide el avance de la sociedad y la resurrección de la Ingeniería Civil Mexicana.

Por lo que, partiendo de la base de tratar con gente decente, honesta, inteligente, de buena fe o burócratas con resabios de un mínimo de vergüenza, elaboré una crítica seria y formal de aquél libro, de la que entregué copia al autor (que no me ha dado las gracias, por limpiar su telaraña mental ni porque soy el único que lo ha tomado en serio) y una más a cada miembro del Consejo General del CONACyT, a fin que se percataran de los problemas e intentaran corregirlos. No soy ingenuo sino compruebo la inutilidad de las instancias “institucionales” antes de escalarlas.

En vez de vergüenza o preocupación, el jueves 9 de febrero, apareció en editorial del Universal, una reveladora respuesta firmada por un señor Guillermo Hurtado, que se ostenta como doctor en filosofía por Oxford, director del Instituto de Investigaciones Filosóficas y mentalidad de Frankenstein. Se confunde a la ‘ciencia’ con el ‘Frankenstein social’, el monstruo que se vuelve contra su creador, cuando el verdadero monstruo que se vuelve contra la sociedad son las burocracias desbordadas, que se apropian de los asuntos que la sociedad les confía para usufructuarlos como su propiedad privada. (Como algunos investigadores).

Lo que dirige la mirada a la cantidad de gente que en éste país vive de recursos públicos sin desquitar de ninguna manera lo que le cuestan a la sociedad. Y no me refiero solo a las burocracias “tradicionales” o reconocidas, a los humildes, a los eslabones bajos de la cadena de reparto de recursos públicos, sino también a sindicatos, legisladores, judicial, Institutos de todo tipo (electoral, transparencia), organizaciones y gremios como el magisterial y todos aquellos que colgados de presupuestos públicos han conquistado el goce de puros derechos sin obligaciones.

Con esa mentalidad, el “Doxford” pregunta por qué si hay un Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (CONACyT) y un Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). ¿Por qué no hay un Consejo Nacional para las Humanidades y las Ciencias Sociales? ¿Por qué si ya tenemos dos depósitos de inútiles no hacemos otro más? Y él mismo se responde: “que las humanidades y las ciencias sociales están dentro del área de atención del CONACyT”. Como si saber quien se es, donde se esta y lo que se hace, fueran cosas ajenas y separables de la actividad que se desarrolla. Sinsentido que remacha más adelante al afirmar que: “A pesar del desarrollo del enfoque interdisciplinario, no podemos soslayar las diferencias que existen entre los métodos y los fines de los pares ciencia/tecnología y humanidades/ ciencias sociales” (sic).

El origen y razón del subdesarrollo es la falta de inteligencia. La diferencia en la evolución de las sociedades estriba en la inteligencia que han aplicado en sus contactos con el mundo real. Somos subdesarrollados por falta de inteligencia. Una inteligencia social que debe ser coherente con el propósito común y privar en todos los niveles de todas las actividades, en especial y sobre todo, las públicas o que viven de recursos públicos. Pero las estructuras que deberían representar a la inteligencia, están suplantadas. Y en vez de auténticas son artificiales, simuladas.

El Doxford cree que se puede dividir la física de la metafísica, la acción del propósito, lo que se cree que se hace de lo que se hace. Ya que “las diferencia de métodos y fines de cada actividad, hace irreconciliable a ‘los pares’ ciencia/tecnología y humanidades/ ciencias sociales”, y va más lejos al aclarar que “esa incompatibilidad persiste a pesar que han intentado el desarrollo de un enfoque interdisciplinario”. (¡Ve a la inteligencia como par de la acción!)

El Dr. en filosofía al desconocer el uso y utilidad de la filosofía, exhibe una cara del subdesarrollo. La de lo que se ostenta como algo que desconoce y simula en forma insuficiente, torcida y torpe. El absurdo aflora al recordar que gran parte de las deficiencias de nuestra policía, entre otras, es que se les contrata, arma, autoriza y echa a la calle, sin aclararles: quienes son, que es lo que deben hacer, que es lo que la sociedad espera de ellos y quien costea sus gastos y sueldo.

Gran parte del problema de seguridad es la gente armada y autorizada que desconoce quienes son y lo que deben hacer. Así la ciencia y tecnología no son más que unas limitadas herramientas, que al igual que una pistola, son ciegas a quien las empuña. Por eso denuncié que los investigadores son una herramienta descerebrada, que lejos de investigar lo que le conviene y necesita nuestra sociedad, se dedican a padrotear los presupuestos que gozan, mientras se ofertan al mejor postor. La falta de reglas de identidad y diferenciación, de propósito superior y desconocer que medios son legítimos, permite el nacimiento y desarrollo de mentalidades extraviadas en grado de delirio.

Lo que deja ver que parte sustancial del problema es filosófico. Pero el “filósofo” no lo ve así y se auto descalifica: “a diferencia de la química, la medicina o la ingeniería, la historia, la filosofía o la sociología no tienen un impacto directo en la alimentación, la salud o la vivienda de los mexicanos”. Exhibiendo ignorancia total a lo que es un sistema y la forma en la que debe operar. Un síntoma de la falta de filosofía es la disgregación, atomización y alejamiento de la sociedad. Como en el Big Bang, los individuos y grupos se separan y alejan en nuestra sociedad, con todas las consecuencias sociales que eso implica. Pero el “filosofo” se tira al suelo para mendigar dinero proponiendo salvajadas.

Continúa: “Sin embargo, esto no significa que el Estado no deba impulsar su estudio y difusión. Los beneficios de las humanidades y las ciencias sociales son acaso menos tangibles que los de las mal llamadas «ciencias duras», pero no son menos importantes. Las humanidades y las ciencias sociales fortalecen el desarrollo de los individuos y elevan la calidad de vida de las comunidades. Además, cuando son adoptadas de manera correcta y legítima en el discurso de un Estado, le son de suma utilidad para su política interna y externa.

Noten que le da calidad estética al desconocer la metafísica de su propia actividad. Es bonito, bueno, no menos importante, fortalece el desarrollo de los individuos (sin aclarar como), elevan la calidad de vida (sin aclarar por que) y son útiles para los políticos (que más lo necesitan). Soslaya que el mundo se desarticula por desorientación, gracias a que cada quien se cree lo que quiere y se dedica a lo que mejor le parece. Y no me refiero a la población civil sino a mantenidos de la sociedad. Los que como cualquier contrato laboral deben tener claro; la razón por la que se le contrata, lo que se espera de ellos y quien es su verdadero patrón.

Una falacia de investigador subdesarrollado es igualarse con los del primer mundo. Con los que desquitan sus costos o se van a la calle. Una característica del primer mundo es que no mantienen parásitos. Al que no rema lo tiran al agua. Acá sería un buen principio empezar a hacer lo mismo. Sin embargo el Doxford receta: La solución no es remendar al Conacyt, sino reconocer que hace falta un nuevo instrumento estatal para el impulso de las humanidades y las ciencias sociales”.

Como es su incongruente invento, pues que él sea el que lo pague. Pero en su mentalidad “el Estado debería apoyar de manera específica el cultivo de las humanidades y ciencias sociales”. Por un lado vean como resbala el golpe, porque el problema de fondo no es de humanidades o ciencias sociales sino filosófico, de lo que él se lava las manos.

Y muestra su insipiente malicia y perversión al aprovechar el exabrupto en beneficio. La solución no es que nadie se ponga a trabajar, ni aclararle a los mantenidos lo que son, lo que se espera de ellos y para quien trabajan, sino la creación de otro depósito de inútiles, de otra burocracia monopólica y parasitaria. No es resolver el problema, sino aprovecharlo para crear otro. Otro que (noten la ingenuidad) “si el nuevo organismo se administra de manera eficiente no tendría que gastarse mas”. ¡Que enorme filosofo! que gracias a su superación de las limitaciones materiales, podemos disponer de todos los depósitos de inútiles que queramos sin incrementar gastos. Además de a sus parientes podemos darle nómina a tanto inútil que campea en nuestro país, pero modesto aclara: “pero que aunque así fuese en el corto plazo, la inversión se justificaría en el mediano plazo por los resultados obtenidos”. De nuevo otra falacia: en este maltratado país ¿Qué parte del sector público funciona?, siquiera medianamente. Si las sanguijuelas que mantiene la sociedad hicieran algo por este país, no estaríamos como estamos.

Por mi parte no soy humanista ni científico social, sino un ciudadano que harto del mal olor me comprometí con mis hijas a levantar guantes que por ineptitud o corrupción (real o conceptual) mantenidos sociales dejan tirados, lo que implica ubicar lacras y lacres.

El “filosofo” irrita, ya que el “Descalabro de la razón” aflora que el problema es metafísico. Por lo que inicié el libro “Ajuste de cuentas metafísicas”. Que es revisión y ajuste conceptual de Parménides a Heidegger, pasando por Kant, Hegel (en especial) y la escuela de Frankfurt. El propósito de Nietzsche era elaborar el nuevo pensamiento alemán. Porque un elemento fundamental en la organización de una sociedad es la de una identidad, posibilidades y propósitos que la unifiquen y orienten. Lo ausente.

Pensé limitar mi crítica al grupo de investigadores desbordados, del ámbito de la Ingeniería Civil. Porque como en todo hay de todo y aunque no son los más visibles debe haber gente decente no tan extraviada que intentan algo útil, aunque como en todo en este país, los decentes no deciden y los que controlan y deciden… Pero no puedo dejar pasar estas barbaridades y debo incluir en mi lista de la bruja escaldufa al Doxford. Que a la mejor es doctor en filosofía celta, de Stonehedge o en algo tan impertinente a nuestra situación, que lo inutiliza y exhibe.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y El descalabro de la razón.

http://www.grillaenelpoder.com.mx/edicion/index.php?option=com_content&view=article&id=7114:falazofia-angel-pujalte-pineiro&catid=46:columna&Itemid=68