Desconocimiento y mala interpretación de los hechos

agosto 2013

Ignorancia de la discriminación y segregación

Una peculiaridad del subdesarrollo es la artificialidad. En el las plantas en vez de ser vegetales son de plástico y los instrumentos sociales los suplantan caricaturas o malas imitaciones de los que emulan del primer mundo. Lo que explica muchos obstáculos invisibles que se resisten a ser superados y los malos resultados crónicos en el tercermundo y su distancia al primero.

Cómplices de éste autoengaño son el anesteciamiento de la consciencia producto del inconsciente acostumbramiento a ver como normal lo anormal, irracional, absurdo y perjudicial. La abulia sonambúlica, por la que como animales de circo se repite en forma ciega rutinas de movimientos repetitivos, sin cuestionar lo que se hace, por qué o para qué se hace, lo que logra ni a donde conduce. La cobardía de callar sin percatarse que se encubre el daño propio. Y la impotencia del resignado, que es la complicidad del sometido.

Es subdesarrollado otorgar el premio nacional al “artículo de fondo” a un servil superficial que sin ningún pudor pretende exonerar a uno de sus impresentables patrones: al ten percent. José Carreño Carlón en su columna del 14 de agosto de 2013 en El Universal, “Energía: una reforma y muchas pruebas”. Distrae mezclando reformas constitucionales con la liberación de Caro Quintero para esconder su infame afirmación que “Desde teorías interesantemente conspirativas se ha pretendido encontrar una constante de impunidad (…) como la liberación de Raúl Salinas, la liberación de Florence Casses y la absolución de los generales”. Afirmando que es conspirativo ver impunidad en la liberación de Raúl Salinas.

En su desdoro niega lo innegable, oculta lo inocultable y equipara casos disímbolos. El desproporcionado enriquecimiento que le cacharon a Raúl Salinas de Gortari es inexplicable (o muy explicable) aquí y en China, y solo los delincuentes tienen varias personalidades para esconder sus trapacerías con documentación falsa, como la que también le encontraron, tampoco existe duda de la flagrancia en la que arrestaron a Florence y si existen mucha falta de evidencias en el montaje a los generales. Pero José Carreño Carlón continua en su incoherente encargo: “Pero un análisis más apegado a hechos comprobables encontraría en estas coincidencias otro denominador común: el de la práctica (…) de inculpar en los medios a quienes señalan como autores de delitos y exculparlos, en los hechos”. Ni el dinero (auténtico) ni las credenciales (falsas) prueban nada.

Absurdo con el que pretende presentar al hermano de su amo como una pobre víctima “del tribunal mediático montado hace 18 años contra el expresidente Salinas y su familia”. Por lo que le deben regresar además de su desacreditado prestigio, sus credenciales falsas y su inexplicable fortuna, ya que lo duro de las evidencias no prueba nada malo sino: “desafecto (…) de tribunales paralelos”. A tan cínica desvergüenza se le llama ser caradura y sometido a innobles compromisos. Pero en fin cada quien vive de vender lo que puede.

Por otro lado, en su entrega del 28 de agosto en El Universal, “Marchas sobre México; el poder de la palabra” el pretenso sicario de la razón exhibe ignorancia y superficialidad al presentar el discurso de Luther King como “activismo de la retórica llevado a cumbres de belleza y eficacia”. Con lo que reduce la profundidad y pertinencia del discurso a la pura forma y soslaya el contexto.

Noten la fatua percepción: “En este legendario mensaje (…) cada parte embona con la otra a la perfección, la construcción verbal, la voz, el ademán, la mirada, el lenguaje facial, el escenario”. Lo que deja ver que José Carreño Carlón vive en una película del cine mudo. En la que todo se limita a la mímica. Ya como segunda parte y complemento, casi como adorno agrega: “Y están también, por supuesto, las cargas narrativas, dramática y argumental”, la forma en que se cuente el cuento, no las razones de fondo sino la impostación y modulación de la voz, el tono y lo creíble del cuento. Con lo que confirma su visión sofista.

El divorcio de la realidad lo confirma al aseverar: “portadoras de causas inobjetables”, es decir de argumentos imbatibles pero generales, no de lo que los protagonistas padecen y sufren, sino de lo que convence a ajenos por ser absolutos para los que no hay objeción (lo bonito, lo bueno, lo correcto). Lo que lo hace un asunto de sofistas que buscan sorprender y no de filósofos que buscan la verdad. Un problema del tercer mundo es su incapacidad para definir y por tanto expresar y entender su particularidad, para especificar la funcionalidad de su problemática, sin lo cual no se puede resolver, por lo que la argumentación vacua se atora atrapada en la vaguedad de absolutos. Como Carreño Carlón.

Y continua relacionando lo que cree que eran los propósitos del discurso del sueño de Luther King: derechos civiles para todos, igualdad racial, paz interior de la nación, junto a la paz universal que entonces significaba el fin de la agresión de su país al diezmado y heroico pueblo de Vietnam”. Con lo que demuestra su ignorancia, falta de seriedad y profesionalismo, que no le alcanza para revisar el discurso del que perora. Porque ese discurso no toca a Vietnam ni a Luther King en ese momento le importaban los vietnamitas. Y suple la verdad con valores ambiguos inatacables: paz interior, paz universal, agresión, diezmado y heroico. Puro pedo y resoplido.

José Carreño Carlón es un sofista limitado a hablar bonito de cosas que ignora y no se preocupa por averiguar. Martin Luther King, quien fue bautizado como Michael y se cambio el nombre en honor de Martín Lutero, luchaba por el derecho al voto y terminar con la discriminación y segregación de los afroamericanos. Porque era el problema principal que sufrían todos los días. Ya que los afroamericanos no votaban y no tenían permitido acceder a autobuses, restaurantes, escuelas, trabajo y lugares públicos y privados de blancos. Luchaba contra el apartheid gringo.

El discurso del que habla José Carreño Carlón lo pronuncio Luther King en “La marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad”. Y el propósito patente de esa marcha era terminar con la segregación racial en las escuelas públicas; una legislación sobre los derechos civiles de los afroamericanos, en especial prohibir la discriminación racial a los afroamericanos en el trabajo; proteger de la violencia policial a los activistas de los derechos civiles de los afroamericanos; un salario mínimo de 2 dólares para todos los trabajadores sin distinción de raza (afroamericanos).

Los siguientes fragmentos del discurso aclaran su contenido:

“Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra (…) (Ojo, habla de los afroamericanos gringos de aquella época, no de los segregados sociales mexicanos actuales)

“Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño «americano».

Yo tengo un sueño: que un día esta nación se pondrá de pie y realizará el verdadero significado de su credo: «Sostenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales».

Yo tengo un sueño: que un día sobre las colinas rojas de Georgia los hijos de quienes fueron esclavos y los hijos de quienes fueron propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la fraternidad.

Yo tengo un sueño: que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desértico, sofocante por el calor de la injusticia y la opresión, se transformará en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo un sueño: que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter”.

Como se puede ver en los fragmentos y constatar en el discurso completo, no habla nada de Vietnam. Fue hasta el 4 de abril de 1967 que pronunció su discurso “Más allá de Vietnam, el momento de romper el silencio”. En el que denunció que Estados Unidos estaba ocupando Vietnam como una colonia estadounidense y llamaba al gobierno estadounidense “el más grande proveedor de violencia en el mundo de hoy”. E insistía, en que el país tenía necesidad de un gran cambio moral. Además, cuestionó “nuestra alianza con los terratenientes de América latina” y se preguntó por qué los Estados Unidos reprimían en lugar de apoyar las revoluciones de los “pueblos descalzos y descamisados” del tercer mundo.

Un fragmento de ese discurso es muy revelador:

“la verdadera compasión es más que dar una limosna a un mendigo; permite ver que un edificio que produce mendigos tiene necesidad de una reestructuración. […] de Vietnam a África del Sur pasando por América latina, los Estados Unidos están en el lado malo de la revolución mundial”.

Noten que la analogía del edificio productor de mendigos también es aplicable a nuestro país desde Cortés a la fecha.

Pero en fin, ese discurso fue consecuencia en parte a que en sus últimos años se afilió al progresista Highlander Research and Education Center, pero la evolución y crecimiento del pensamiento de Luther King, se debe a que nunca dejo de cultivarse y que desde joven estudió a pensadores como Henry David Thoreau, del que era alumno.

Henry David Thoreau también es maestro de Gandhi y el creador de la resistencia pacífica, que no consistía en bloquear calles ni molestar a nadie y menos en buscar beneficios personales y de grupo. Henry David Thoreau debería ser reconocido como un héroe nacional mexicano, ya que protestó por la hipocresía americana que en su constitución declara a todos los hombres iguales y libres mientras en hechos se toleraba la esclavitud, la expoliación y genocidio del indio americano y el robo de la mitad del territorio a México. Noten que de él salieron muchas semillas del pensamiento de Gandhí y Luther King.

Y vean el contraste: Henry David Thoreau y Martin Luther King no eran merolicos sino gente seria, culta y preparada, que abogaron por resolver problemas reales que afectaban a su convivencia social, por lo que lograron cristalizar cambios verdaderos, mientras en el tercer mundo ignorantes rebuznan estupideces, hablan engoladamente de grandes causas y valores intangibles, simulan seriedad y cultura para aparentar preeminencia, desde la cual pretender exonerar a delincuentes impresentables y lavarle la cara a gente muy manchada, ridículo que capitalizan con la dirección del Fondo de Cultura Económica. Lo que solo es posible en el subdesarrollo.

Todo lo cual viene a cuento ya que el trance en el que se encuentra el país es crucial. Parte de lo que se juega en las calles y el Congreso es la permanencia en el mundo de fantasía del subdesarrollo o avanzar a un mundo coherente, serio, maduro y racional. Noten que mucho del discurso de Luther King es aplicable a la situación de muchos mexicanos y la lucha Henry David Thoreau para acabar con la incoherencia normativa, el doble discurso y la doble moral, no ha perdido vigencia en nuestro país y el mundo.

Avanzar requiere gente con toda la barba, inteligente, decidida y seria que asuma sus compromisos en forma responsable y actúe en beneficio del bien común en el largo plazo. Que abandone la simulación y las posturas acomodaticias, de beneficio anémico y corto plazo. En todo caso, se acaba el tiempo y el camino fácil.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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Razón y evolución

7 octubre 2012

En la entrega anterior presente uno de los descubrimientos de Jared Diamond: que la sociedad más igualitaria que ha existido, es la de cazadores y recolectores. Ahora toca a otro descubrimiento: que la inteligencia promedio de los habitantes de tribus cazadoras y recolectoras es mayor que la de los habitantes de civilizaciones “avanzadas”. Y que entienden mejor los problemas y necesidades ajenos, que los “civilizados”.

Con lo que resulta que la vida prehistórica es más racional y humana que la sobrevaluada “civilizada”. Es así ya que la vida en una tribu de cazadores y recolectores propicia la unión y racionalidad, mientras que la “civilizada” propicia la disgregación social y la dormancia o hibernación mental.

La civilización en vez de unir disgrega y desalienta la racionalidad al no cargar los cerebros de los habitantes con los contenidos artificiales necesarios para integrar una realidad que forme un conjunto armónico que permita a los miembros de la sociedad operar como sistema y que propicia el suicidio mental de los pocos que “algo” formaron en su cerebro. Dejando la operación de la vida social en modo mecánico, automático o como lo dijo Ortega: sonambúlico.

El hombre desarrollo la racionalidad en la prehistoria, gracias a que la forma de vida de los grupos cazadores y recolectores, la propiciaba en todos los habitantes, mientras que la forma de vida en la “civilización” la atrofia en la mayoría. No existe un conocimiento para vivir en la civilización, que cualquiera pueda enseñar y corregir, sino enormidades perdidas, aisladas y autónomas.

Por un lado, el conocimiento ha crecido desproporcionadamente y por otro la civilización no ha encontrado la forma de transmitir y administrar el conocimiento que cada quien necesita para integrarse al conjunto en forma útil y valiosa. Por lo que un habitante promedio de una civilización carga un conocimiento del mundo de la civilización, mucho más pobre que el que un habitante de una tribu de cazadores y recolectores, tiene del suyo.

También la vida prehistórica es mucho más demandante de las funciones mentales que de la actividad física. El que la civilización facilita la vida es un mito. Un cazador-recolector trabaja ocho horas a la semana, pero debe despierto y atento todo momento, todo el día. Tampoco la vida en la civilización obliga a permanecer despierta y atenta a la gente. Más bien transforma a la gente en una especie de animal de circo, especializado en la repetición de rutinas de movimientos repetitivos, sin entender ni preocuparle su significado, como símbolo o como acto.

También los miembros de tribus cazadoras y recolectoras son más solidarios y humanos entre ellos. Las civilizaciones amontonan a desconocidos y extraños. Gente sin liga ni relación patente. Muy pocos se reconocen como iguales y menos como socios, por lo que dejan a “los demás”, a los diferentes, que son mayoría, fuera de toda consideración.

La racionalidad en las tribus de cazadores y recolectores la desarrollo el ejercicio que impone la necesidad de conocer y distinguir del territorio, plantas y animales locales: lo inocuo de lo peligroso, lo medicinal de lo venenoso, lo comestible de lo indigerible, lo apreciable de lo despreciable, lo útil de lo inútil. Todo lo cual en la civilización dejó de ser necesario.

El orden de magnitud de los conocimientos que un cazador recolector debe poseer, lo determina que la mayoría de las 200,000 especies de plantas silvestres que dominan la superficie terrestre, no son comestibles ni útiles para el hombre. Por duras (madera) o producir semillas, fruto, hojas, tallos y raíces no comestibles. Solo unos pocos cientos son comestibles para el hombre e igual pasa con la utilidad de los otros contenidos de los vegetales: madera, fibra, aceite, etc.

En los animales, se reduce mucho el número que se debe conocer. Pero son otros los conocimientos y habilidades necesarios: para cazarlo, defenderse o esquivarlo, que debe dominar cualquiera que pretenda sobrevivir. Amén de la forma de preparar y aprovechar lo que les sea útil.

La civilización nace gracias a que la domesticación de plantas y animales logra producir mucho más alimentos, lo que permite sostener a una mayor cantidad de gente, de la que permite recolectar y cazar. Aunque todos recolecten y cacen con experticia, el limitado contenido biótico silvestre del territorio, restringe el número de habitantes que puede alimentar.

Marvin Harris acredita guerras y nomadismo de éstas tribus, a la necesidad de reducir el número de mantenidos a las posibilidades del contenido biótico silvestre del territorio que ocupan y por agotamiento explica el abandono de territorios e invasión de otros no agotados, ocupados o no.

El artificializar la producción de alimentos, con la domesticación de plantas y animales produce un superávit de alimento que permite sostener a personas que desarrollen otras actividades que no son recolectar y cazar. Escribanos, burocracias, milicias, artesanos y profesionales. Con lo que se crean actividades que no existían y con las que se empieza a erguir una estructura que deja de ser plana para intentar erigir una pirámide.

Cambio en la operación social que inventó la diferencia entre los individuos. La que al ser una diferencia artificial requiere a su vez una administración artificial. El estado natural de las cosas es el caos. En la Naturaleza todo se encuentra confuso y revuelto. Y “la inteligencia” consiste en distinguir las diferencias y el orden en separar lo diferente y reunir lo igual. Es decir en establecer un lugar para cada cosa y en poner a cada cosa en su lugar.

Con lo que el hombre creó a medias la racionalidad, la que a la fecha no ha logrado perfeccionar ni estabilizar, a lo que no es otra cosa que: visos de la sublimación de la capacidad de adaptación. Que en vez de conocer lo que esta fuera para avenirse a ello, cambia a conocer lo que esta fuera para modificarlo a fin de hacerlo más útil y valioso para la sociedad (el hombre).

La causa y efecto de crear nuevas actividades es superar en forma artificial la capacidad social. Recalco lo de artificial porque no se debe creer que el camino y las posibilidades de la vida sean únicos, evitando así darse cuenta de la posibilidad de errar y de que todas las responsabilidades (y consecuencias) de alterar las condiciones naturales, son del hombre. De algo con posibilidades infinitas y de las que solo una mínima minimorum fracción, propicia la vida y es conveniente para la especie humana.

Por eso artificializar la vida implica administrar su evolución. Para evitar que en vez de avance se impulsen retrocesos. Pero la verdad es que al ser un camino nuevo y artificial no sabemos a donde vamos o cual es el lugar correcto al que el hombre debe dirigirse. Lo que complica hacer un plan que todo mundo acepte.

El principal problema para lograr un acuerdo universal es otro subproducto de la civilización: la disgregación social. Cuyo principal componente es la heterogeneidad mental. Recuerden que el hombre no es un animal racional ni ser humano, sino simio bípedo sin rabo, que al que no se le inocula la racionalidad e humanidad, no llega a serlo por simple generación espontánea. Y es en la transmisión de conocimientos donde permanece una componente toral del problema de la civilización incompleta. Otro es el mantenimiento de la estructura mental y otro la mala fe.

Todos los integrantes en un grupo de cazadores y recolectores deben dominar el conocimiento y habilidades únicas que sirven para adaptar al individuo al mundo, para sobrevivir. En la civilización cada integrante debe dominar conocimientos y habilidades que además de artificiales son diferentes entre si, cuando no puramente convencionales y muy poca gente conoce y maneja como medio de control de los demás.

En un grupo de cazadores y recolectores todos los integrantes pueden enseñar y corregir al aprendiz gracias a que todos dominan el mismo conocimiento y habilidades. En el “mundo civilizado” la diversificación y crecimiento de conocimientos y formas de vida complica la transmisión de conocimientos pertinentes completos para que el individuo se adapte y sobreviva en el mundo civilizado.

Por lo que el “avance de la civilización” resulta el cambio en la forma de ver y asumir al mundo, por parte de un reducido grupo de personas que siendo las más adelantadas permanecen unidas a la prehistoria, por una larga y continua cadena de gente que aún hoy en día, como baliza de evolución histórica, sigue viviendo y marcando uno de los estadios que en 10,000 años ha recorrido la historia del hombre o de su mentalidad. El hombre no tiene historia, sino su mentalidad.

Todavía hoy existen tribus cazadoras y recolectoras revueltas con todas las mentalidades (formas de vida) que han existido (existen). Superadas o no, positivas o no. Por lo que conviven hombres medievales con renacentistas y decimonónicos y aquí aún vive gente igual o peor que antes que llegara Colón. Por eso el subdesarrollo es el abandono en estadios primitivos de evolución que una sociedad comete contra la mayoría de su población (50 % +1).

“El esquema del mundo” en “A Dónde vamos, México”, lo diseñé para hacer ver en forma gráfica que en el mundo solo existen dos órdenes verdaderos: hombre y territorio. Y que la civilización: política, economía, cultura, deporte y toda actividad de los pobladores, es efecto de la interacción de los dos órdenes verdaderos. Y el cambio en un orden verdadero radica en su artificialización, la que puede ser positiva o negativa.

La causa del subdesarrollo de una sociedad es la deficiente artificialización del hombre y territorio. Sin embargo por ceguera, muchas acciones que el hombre efectúa buscando corregir desviaciones en la evolución social, las realiza en los efectos (política, economía, cultura, deporte) y no en las causas (hombre y territorio), que es donde se puede lograr cambios.

Así para corregir problemas y desviaciones en las actividades públicas o privadas de una sociedad: política, economía, salud, cultura, etcétera, donde se debe actuar es en los órdenes verdaderos: hombre y territorio y no en lo que solo son efectos: política, economía, salud, cultura, etcétera.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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