Luces de sabiduría China

junio 2013

Perversidad IV

En la Perversidad III aclaré que China no tiene mentalidad de compadre y ahora aclaro la verdad del sinocentrismo. Lo creen parecido al eurocentrismo, pero chino. Lo definen como la perspectiva de los chinos que consideran a China el centro del mundo y a los demás periferia. Lo que es decir nada, ya que es normal ver al terruño como el centro desde el que se ve al resto del mundo.

La explicación de interés es la que afirma, que antes China se veía a sí misma como la única civilización en el mundo y consideraba bárbaros a los extranjeros. Y que padecer el imperialismo europeo y japonés, redujo esta consideración a la búsqueda de la supremacía china frente a otras naciones.

Lo cual solo es cierto en parte, ya que es una visión superficial ciega al fondo, limitada a apariencias. Las definiciones que son útiles, son las funcionales. Las que explican la naturaleza interna de la cosa, la necesidad que genera las apariencias, que no son más que simples relaciones de adaptación al medio. Lo importante es saber lo que se adapta y lo que lo mueve.

Al no penetrar la superficie pierde lo relevante y trascendente, que en éste caso es la razón por la que China se consideraba la única nación civilizada, lo que la hizo aislarse y lo que ahora busca en su interacción con las demás naciones del mundo.

Aclarar la necesidad interna permite entender el carácter, fondo y naturaleza del asunto. Aquí hurgo la razón por la que China se consideraba la única civilizada del mundo y en entregas posteriores explicaré lo que la hizo cambiar y lo que hoy mueve a China.

La necesidad interna de una sociedad no se puede atisbar en insustanciales subproductos externos y detalles materiales superficiales, sino que solo se puede entender viéndola en la intimidad de la mente de los hombres que forman esa sociedad. En su cultura, en la que se debe percibir las leyes del espíritu que orientan su sistema de ideas y comportamientos.

Lo que no es posible con una limitada y superficial, material, llana y comercial, forma de ver a la cultura, como folklorismo o subproductos tradicionales y autóctonos o cuentos y novelas. Menos como la acumulación de conocimientos que más allá de epatar, a todavía más ignorantes, carece de utilidad práctica social. Lo normal entre advenedizos y vividores. Te lo digo a ti: José Carreño Carlón, para que lo oigas tú: Rafael Tovar y de Teresa. Y para que el Secretario de Educación y el de Gobernación, se den cuenta de lo faltante, que impide obtener lo que deben lograr.

Similar a la paideia griega, que les hacía ver a los extranjeros como bárbaros, palabra que ellos acuñaron, la cultura china fue la que hizo que los chinos se vieran a si mismos como los únicos civilizados en el mundo y les hacía ver a los extranjeros, de la misma forma en la que los veían los griegos, como bárbaros. Y hasta allí la analogía. Y como el significado usual de la palabra civilización, no aclara el fondo del asunto ni la diferencia radical que existía entre los chinos y los extranjeros, a partir de aquí uso la palabra cultura.

Una verdadera cultura abarca todo incorporando al idealismo y al realismo a ras de suelo, dándole ritmo y unidad conceptual a la interdependencia de todas las cosas y forma a la acción cotidiana. Una verdadera cultura tiene una base filosófica, intelectual y moral. La cultura china se asienta en las enseñanzas de dos maestros: Laotsé y el Maestro de Lu.

Una caló en las clases altas y la otra en el pueblo, pero las dos van al interior del hombre.

Laotsé dice:

“Tened cuidado, de no interferir en la natural bondad del corazón. El corazón del hombre puede ser forzado a bajar o a elevarse. En cada caso, el resultado es fatal. Con bondad, el corazón más duro puede ser ablandado. Pero si tratáis de cortarlo o pulirlo, abrasará como el fuego o se hará frío como el hielo. En un abrir y cerrar de ojos, pasará los límites de los Cuatro Mares. En reposo, está profundamente tranquilo; en movimiento, vuela hasta el mismo cielo. Es como un caballo nervioso y no hay modo de gobernarlo. Así es el corazón humano”.

La economía y política actuales desbocan a muchos caballos, inutilizándolos para montar en ellos una naturaleza, función y fines de vida humana. La falta de una filosofía del hombre, la ausencia de humanismo, lleva a la bancarrota espiritual y eliminación del factor humano. El economista con sus estadísticas, la ciencia con su conocimiento objetivo exacto, las técnicas, utensilios y herramientas con su sensación de poder, la innovación con su apariencia de mejora y la actuación de acuerdo al principio de oportunismo y sacrificio de principios, elevan el nivel de vida de unos cuantos a costa de deshumanizar a todos.

Tres repugnancias esclarecen la distancia entre la antigua cultura china y la occidental actual: la repugnancia al soldado, al policía y al abogado. Gracia a esas repugnancias China vivió 4,000 años sin policías, abogados y despreciando al soldado. Llevando una forma de vida poco exacta y despreciando la forma exacta de pensar.

Los chinos creían que donde hay demasiados policías no puede haber libertad individual, que donde hay demasiados abogados no puede haber justicia y que donde hay demasiados soldados no puede haber paz.

Que la verdadera justicia se obtiene por arreglos al margen de los tribunales y la verdadera paz cuando los soldados son invisibles, inaudibles y desconocidos. El problema de la armonía en las relaciones sociales lo hacían descansar en la educación general, en los buenos modales y en la música. De acuerdo a la enseñanza del Confusionismo, cuyo sentido común funde los problemas políticos y morales en uno solo, haciendo depender el orden del decoro y del respeto del individuo.

Según Confucio: “Cuando el de arriba sea ilustrado, se hará afable y cuando el hombre del pueblo sea ilustrado, se someterá voluntariamente a la disciplina”. No creo necesario recordar la mala cultura de los de arriba, que han echado a perder a la que tenía nuestro pueblo.

Un dialogo muestra lo diferente de sus prioridades: “Tsekung pregunto sobre el Gobierno y Confucio contestó: “El pueblo tiene que tener lo suficiente para comer; tiene que haber un ejercito bastante; y ha de existir fe en la nación”. “Y si hubiera que prescindir de uno de estos tres factores, ¿de cuál nos desprenderíamos?”, preguntó Tsekung. Confucio dijo: “Andaría primero sin ejército”. “Y si te vieras obligado a prescindir de uno de los dos factores que quedan, ¿de cual preferirías desprenderte?”, preguntó Tsekung de nuevo. “Andaría sin suficiente alimento. Siempre ha habido muertes en cada generación, pero una nación sin fe no puede subsistir”.

Confucio no se refería a la fe en ningún dios, religión o clero, sino en ellos mismos, en su propia sociedad. En nuestro caso: ¿Alguien le cree a los políticos? ¿Alguien confía en los Senadores y Diputados? ¿Alguien se sorprende de los escándalos de corrupción? ¿Asombra la corrupción? O hasta la acostumbrada mueca de asombro, es luido gesto intrascendente en nuestra cotidianidad.

En nuestra cultura es normal ver a la política y a la economía como un asunto aparte de la población, como problemas estrictamente limitados a mecanismos de administración ajenos a la población e independientes de la moral. En la cultura china la Gran Armonía (tashung) no es la ausencia de conflictos sino la saludable resultante de cierto número de fuerzas culturales. Para Confucio el gobierno es solo uno de cuatro factores que producen el orden social, “ritos, música, castigo y administración”.

Cuatro factores del orden social que colaboran en un fin común: “Li (ritos), música, castigos y administración tienen una finalidad común, consistente en lograr la unidad en los corazones del pueblo y aplicar los principios del orden político”.

Esta fantástica teoría del gobierno por medio de la música explica la repugnancia por la solución puramente política o económica. El concepto de la armonía social es algo más que la mecánica de tener a los buenos fuera de la cárcel y a los malos dentro de ella; se relaciona con la naturaleza humana y con la salud social y nacional, por lo cual la música parece el culto más natural. En ésta lógica el disfrute de la música provee de propósito, finalidad y razón de ser de la cultura misma.

Sobre esas bases concebían la naturaleza y función del gobierno y la naturaleza de la armonía doméstica y nacional. Así: “gobernar sin Li (los ritos y el principio de un orden moral) es como cultivar un terreno sin arado. Observar los Li sin basarse en las normas de lo justo es como cultivar un campo y olvidarse de sembrar. Tratar de hacer el bien sin el estudio y aumento en el conocimiento es como sembrar sin quitar la cizaña. Estudiar sin volver al propósito de la verdadera naturaleza humana es como quitar la cizaña y no recoger la cosecha. Y llegar al propósito de la naturaleza humana sin acabar en el disfrute de la música es como hacer la recolección y olvidarse de comer la cosecha. Disfrutar de la naturaleza humana por medio de la música y no llegar a una completa armonía con la naturaleza es como comer y no llegar a estar bien alimentado y sano”.

“(…) Cuando los cuatro miembros están bien desarrollados nos hallamos ante la salud del cuerpo. Cuando los padres y los hijos se demuestran afecto, cuando los hermanos son buenos entre si y cuando marido y mujer viven en armonía, nos hallamos ante la salud de la familia.

Cuando los altos funcionarios se atienen a la ley y los funcionarios modestos son honrados, cuando los oficiales tienen funciones reguladas y bien definidas y el rey y los ministros se ayudan entre si por el camino de la rectitud, nos hallamos ante la salud de la nación.

Cuando el Emperador va en el carruaje de la Virtud, con la música como conductor; cuando los distintos gobernantes se entrevistan con cortesía; cuando los funcionarios se relacionan entre si bajo la ley, cuando los estudiosos se estimulan mutuamente con el modelo de la honradez; y cuando el pueblo está unido en la paz, nos hallamos ante la salud del mundo”. Esto es a lo que llamaban la Gran Armonía (tashung).

Los ritos y la música contribuyen a lograr la armonía social, al establecer los gustos y desagrados naturales o lo que llaman el buen gusto del pueblo. El caos social y político procede de ciertos deseos irrefrenados. En última instancia, solo puede haber paz cuando hay paz en el corazón humano; no es cosa que pueda imponerse desde fuera.

“La naturaleza del hombre es por lo general tranquila, pero cuando queda afectada por el mundo exterior, comienza a tener deseos. Cuando la mente pensante va haciéndose consciente del impacto del mundo material, comenzamos a tener gustos y desagrados. Cuando los gustos y desagrados no están debidamente dominados y nuestros espíritus quedan distraídos por el mundo exterior, perdemos nuestro verdadero ser, y el principio de la Razón en la naturaleza se destruye. Cuando el hombre queda constantemente expuesto a las cosas del mundo exterior que le afectan y no domina sus gustos y desagrados, resulta arrollado por la realidad material y se hace deshumano y materialista. Cuando el hombre se hace deshumano y materialista, el principio de la Razón en la naturaleza acaba destruido y el hombre se sumerge en sus propios deseos. De aquí nacen la rebelión, la desobediencia, la astucia, el engaño y la inmoralidad general. Entonces tenemos un cuadro en que el fuerte maltrata al débil, la mayoría persigue a la minoría, el físicamente poderoso recurre a la violencia, los enfermos e inválidos son abandonados y nadie cuida de los ancianos, de los niños y de los sin defensa. Este es el camino del caos.

En consecuencia, el pueblo es gobernado por medio de los ritos y la música instituidos por los antiguos reyes (…) los ritos regulan los sentimientos del pueblo; la música establece armonía en los ruidos del país; la administración dirige la marcha del mismo y los castigos evitan el crimen. Cuando ritos, música, castigos y administración están todos en orden, los principios del orden político están completos”.

“La música unifica, mientras que los ritos diferencian. Por medio de la unión, las gentes son amables entre sí y, por medio de la diferenciación las gentes aprenden a respetarse. Si la música predomina, la estructura social se hace demasiado amorfa y si predominan los ritos, la vida social se hace demasiado rígida. La función de los ritos y la música consiste en equilibrar los sentimientos internos del pueblo y su conducta externa. El establecimiento de los ritos proporciona un sentido bien definido de orden y disciplina, mientras que una extensión general de la música y los cantos establece una atmósfera general de paz entre las gentes. Cuando se distingue el buen gusto del mal gusto, cuando tenemos los medios de distinguir a los buenos de los malos, cuando la violencia se ve impedida por la ley contra el crimen y cuando los buenos son elegidos para los cargos públicos el Gobierno se hace estable y ordenado. Con la doctrina del amor para enseñar los efectos y la doctrina del deber para enseñar la rectitud, el pueblo habrá aprendido a vivir en un orden moral”.

Filosofía de un orden interno que me atrevo a opinar que fue la que inspiró el espíritu Dionisiaco de Friedrich. La naturaleza interna que brotaba de la parte más profunda del hombre y lo hacía sentirse dios.

“La gran música verdadera participa del principio de armonía con el universo y el verdadero gran ritual participa del principio de distinciones con el universo”. “La música expresa la armonía del universo mientras que el ritual expresa el orden del universo. Por medio de la armonía, todas las cosas quedan influidas y por medio del orden, todas las cosas están en su lugar adecuado”. “El cielo representa el principio del movimiento, mientras que la tierra representa el principio de quietud”.

“En consecuencia, el hombre superior trata de crear armonía en el corazón humano por un nuevo descubrimiento de la naturaleza humana y trata de fomentar la música como un medio de perfeccionar la cultura humana”.

Lo posible, necesario y urgente es crear armonía en el corazón humano, por un nuevo descubrimiento de la naturaleza humana, que lleve a perfeccionar la cultura humana. Así era China.

Sé lo que muchos van a decir, pero destaco el valor que para la organización social tiene la armonización de un orden que implica lo interno y lo externo. A los habitantes con la política y la economía. Y que la ausencia de ese orden interno en armonía con lo externo, ese abandono de la cultura, ese olvido del hombre, explica el desorden e inestabilidad social.

El tema da para mucho y mis musas quieren volar en todas direcciones para flagelar con el fuete de la cultura china a multitud de demonios actuales, pero me extendería demasiado y el punto era o es, mostrar la diferencia que hacía que los chinos vieran a los extranjeros, en el mejor de los casos como bárbaros, como algo intermedio entre salvaje y civilizado, cuando no francamente como Zetas o Caballeros Templarios.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

Perro viejo

abril 2013

José Carreño Carlón confirma que “perro viejo no aprende truco nuevo”. Presume un premio por artículo de fondo y acaba de asumir la dirección del Fondo de Cultura Económica, pero no nuestra disposición para ir al fondo de las cosas, ni comprensión de las responsabilidades que cobra.

Su columna “Migrantes y derechos ¿otras victimas de Boston?, en El Universal el 17/IV/13, en el primer párrafo enreda a eventos foráneos con agenda global. Una agenda es convencional mientras los sucesos son eventuales. Se agendan compromisos mientras que los sucesos extraordinarios generan incertidumbre.

Creo que lo que quiso decir, es que la atención del mundo fue acaparada por los actos terroristas, lo que a su vez deja en un impasse a todas las agendas. (Quedan pendientes los compromisos). Ya que lo que resulte en la investigación, será lo que dicte la agenda de Boston. Y la agenda de Boston orientará a la agenda nacional gringa y la agenda nacional gringa influirá en la agenda global. A la que debemos alinear la nuestra.

El problema que Carreño destaca es el de: “las otras victimas del terror en Massachussets”. Que según él; son los afectados porque “Estados Unidos aumenta las medidas de seguridad” (…) (anuncian) “un nuevo ciclo de restricciones a los derechos fundamentales y a las libertades” (…) “detenciones sin orden judicial” (…) “persecución extraterritorial”.

Hasta allí es una familia de afectaciones y de allí brinca a: “nuevas olas de amagos, malos tratos e incomodidades a los viajeros”. Para mi no hay comparación entre las molestias que causan en Guantánamo, con las que imponen en los aeropuertos, puertos y cruces fronterizos.

Otro brinco es para señalar la indeterminación en la que queda la política de “migración civilizada” que puede ser afectada “por el origen étnico o nacional de los autores de los hechos”. Y remata con el reporte del Proyecto Constitución en defensa de la legalidad, donde se critica a ellos mismos desde un punto de vista moral: “Es incuestionable que Estados Unidos se comprometió en la práctica de la tortura y que los más altos funcionarios de la nación cargaron con la responsabilidad”.

La mezcolanza de naturalezas, temas y calados, la causa que armó el artículo juntando en forma acrítica y sin compaginar “notas secundarias de los principales diarios globales” (SIC). Lo cual ya es una trampa, en la que como todo tramposo copia los errores hasta las faltas de ortografía.

Porque en la posición que se supone que ocupa Carreño Carlón, como director del Fondo de Cultura Económica, resulta que todo lo que menciona, el como lo ve y lo trata, es lo que menos importa. No de la cultura barata, sino de la cultura de la productividad. Y cualquiera creería que el director del Fondo de Cultura Económica estaría viendo, analizando y juzgando al mundo desde el punto de vista de la cultura económica o de la cultura de la productividad.

Y allí esta el detalle. El problema de menos son las revisiones en las entradas al territorio, que es de lo que se queja El País, un periódico extranjero que trata la molestia de sus lectores. Al Washington Post le llama la atención la incertidumbre en la reforma migratoria. Y si el proyecto cultural de la productividad de Carreño requiere la reforma migratoria gringa, estamos fregados. Y el New York Times enfoca los abusos y la responsabilidad moral.

Sobre ese destemplado trípode concluye que el problema va a ser el incremento del peligro para el personal militar, para la población civil y del resto del mundo. ¿Y la economía, qué? ¿Y la productividad que?

El problema es que les están haciendo manita de puerco económica a los gringos. El problema es que ya les pisan los talones la economía china. Cuyo socio mañosamente obliga a gastar a los gringos y no deja que se repliegue a una posición más sostenible. Y el problema es que las medidas de seguridad complican el intercambio de bienes y personas.

Un buen director del fondo de cultura económica ya hubiera hecho toda una disertación sobre la situación económica gringa antes del 9/11 y la de después. Un estudio o análisis de la manera y el monto en la que las medidas de seguridad frenaron la actividad económica o redujo la productividad.

Se habría lucido, ya que como comprobó en su periplo de pirateo de notas e ideas (premio al fusil de oro), es la vena del problema de la que estoy seguro que el Departamento de Estado esta consciente, pero que ha preferido mantener en secrecía. Quizás para evitar la reacción en la población Americana, que nos convendría mucho.

Pero en fin, mientras tanto el Fondo sigue en el fondo y parece que así se va a quedar. Y la cultura económica o de la productividad. ¡Bien gracias! Le manda saludos.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica

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