El engaño de la «generación más preparada»

4 junio 2012

“La raíz de la esquizofrenia”

El Editorial “Apostar a la Innovación” de El Universal del 16 de mayo, expone el error que extravía a los investigadores. Al final del cuarto párrafo afirma que: “La situación deriva en la paradoja de un México con la generación mejor preparada de la historia pero a su vez la que menores posibilidades de acceder a un trabajo tiene en proporción con las habilidades adquiridas”.

La falsedad esta en considerar a los doctores y masters como “mejor preparados” que un profesional. Equívoco que no aclaran los pocos que sacan provecho, a los que llamo investigadores, que aprovechan que los perjudicados, que son la mayoría de la sociedad, no cuestiona el mito. Por confiados o por querer creer el engaño que los sacerdotes de la superstición de la ciencia, tecnología e innovación, con su “magia”, van a sacar al país del subdesarrollo.

En un adulterio que no es universal, sino del subdesarrollo, del tercer mundo, de gente cuya falta de esperanzas la compensa con creer en suplantadores o por propensión a la superstición. Por predisposiciones de la racionalización incompleta, subdesarrollada. Por creer o querer creer en chamanes, en personas que puedan viajar entre mundos y comunicarse con el más allá, con realidades que están fuera del alcance del común de la gente. Posición primitiva que asumen “científicos” cuya incompetencia comprometida o alienación del mundo real los condena al limbo de la magia y la charlatanería y a los que creen en ellos a mantenerlos a cambio de ninguna retribución.

Alegan que son la “generación mejor preparada”, porque la forman doctores y masters. Aseverando el sofisma que doctor o máster es más que un profesional, lo que no es cierto. Un doctor es un especialista de especialista de especialista y un master es un especialista de especialista. Y la verdad es que cada grado de especialización consiste en saber más de menos. En reducir el alcance y el ángulo de visión. Cada nivel de especialización es una forma de lobotomía que produce una elevación de escatoma.

Contrasto en aras de aclarar: un profesional es el Ingeniero Civil completo, de los que la mafia de “cientificistas” han puesto en franco proceso de extinción. El que sabe de geotecnia, estructuras, hidráulica, sistemas (no computación), maquinaria, instalaciones, administración y lo que haga falta, que proyecta, diseña y materializa, gracias a que complementa la teoría con un fuerte contacto con el mundo verdadero.

Los que en la facultad se hacían embriones de generalista bajo la enseñanza de maestros que si no eran generalistas, si por lo menos especialistas en contacto con el mundo real. Ingenieros que trabajaban en Recursos Hidráulicos, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, en la de Obras Públicas, la Comisión Federal de Electricidad o en el sector privado como contratistas de alguna o de todas éstas dependencias. Todos enclaustrados en el mundo verdadero.

Porque titularse de Ingeniero Civil otorgaba el grado de aprendiz del mundo real. Todos estaban conscientes que saliendo de la facultad no se sabía nada más que una mínima orientación, que había que hacerse en contacto con el mundo verdadero. De allí se debía entrar a alguna dependencia de ingeniería a empezar a aprender ingeniería verdadera bajo la tutela de algún ingeniero ya hecho, de un viejo. O a alguna empresa en la que también se tenía que recorrer todo el escalafón para poder llegar a una posición decisoria. Y que solo el que recorría todos los campos llegaba a generalista.

Lo que produjo Ingenieros que igual proyectaban, diseñaban y calculaban una cortina de una presa, un terraplén, un canal, un túnel, una turbina, una tubería, las estructuras necesarias, los caminos con sus pavimentos y obras de arte y planeaban, programaban, dirigían y administraban la obra. Gracias a ellos se dio la época cuando antes de empezar se sabía lo que iba a tardar la obra, lo que iba a costar y lo que se iba a entregar. No como ahora, que como solo hay tanteadores poniéndole la cola al burro, no se sabe lo que va a tardar, lo que va a costar ni lo que van a terminar entregando. Todo es una sorpresa.

Mientras que los sacerdotes de la superstición, de la licenciatura solo cambian de pasillos y salones para hacerse especialistas, de embriones de ingenieros civiles se hacen especialistas en fantasía. De allí sin salir a la calle, solo permaneciendo más tiempo en los mismos pasillos y salones, estudiando en libros, se hacen masters, con lo que reducen el campo del especialista al concentrarse en la teoría de una especialidad de la especialidad. Y los que aguantan más tiempo encerrados entre las mismas paredes, concentrados en reducir aún más su visión a la de una especialidad de la especialidad de la especialidad, bajo la férula de la alienación del mundo real llegan a doctores.

A una persona que sabe mucho de muy poco. Que tiene una visión muy nítida de un muy reducido campo de un pequeño detalle, pero que es ciego a todo lo demás, incluso dentro de su misma especialidad y totalmente ciego y ajeno a los otros campos de la profesión y sin ningún contacto con el mundo exterior, con el mundo real, donde vive.la sociedad

Lo que los hace afirmar barbaridades, como en “El rompecabezas de la ingeniería, por que y como se transforma el mundo”, (FCE, SEP, CONACyT, 2008, ISBN 978-968-16-8444-0) en el que se afirma que “La teoría representa el grado de validez más alto que el conocimiento puede alcanzar”, cuando el que se agarra de teorías, es porque no sabe lo que tiene enfrente. El mundo verdadero no es de teorías generales sino de particularidades, de individualidades.

Pero lo peor es que los chamanes de la superstición de la ciencia se han dedicado a un sistemático desmantelamiento de la profesión de Ingeniero Civil, corriendo de la facultad a los ingenieros auténticos, a los de la vieja guardia, a los que tenían los pies plantados en el suelo, para suplantarlos con alienados de la “degeneración mejor preparada” de esquizofrénicos. Quienes también se han dedicado a modificar los planes de estudios, para hacerlos más fantasiosos. Con lo que fabrican y adecúan a las nuevas generaciones a su mundo de ilusión.

Suplantan a los verdaderos maestros con alienados que solo saben recitar el libro, que solo dan los ejemplos del libro y preguntan los mismos problemas del libro, a los que hay que responder igual que el libro, porque si el alumno llega a la misma solución pero por diferente camino, lo reprueban.

Y el país no requiere chamanes ni extraviados que solo puedan vivir de recursos públicos. Ya sea como maestros dedicados a clonarse reproduciendo y diseminando su delirio o como mantenidos sociales a cambio de promesas indefinidas, como es esa “eventual” aportación al conocimiento o riqueza nacional, lo que aquellos que los crearon no han cumplido en 28 años.

Los Ingenieros Civiles auténticos son primordiales para sacar al país del subdesarrollo integrando a la población al trabajo productivo en la construcción de su bienestar y prosperidad material. Para lo cual el principal óbice actual son los ilegítimos extraviados que abusando de la inocencia de los legos y la superstición de la ciencia se han desbordado y apropiado de la formación de las nuevas generaciones y de puestos decisorios en el gobierno, tratando desesperanzadamente de poner a la parte, a la mínima parte que son, sobre el todo.

Sin darse cuenta o sin que les importe el daño que le causan a la misma sociedad que pretenden que los mantenga a cambio de nada. Solo por el “prestigio” de poseer elefantes blancos.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

http://www.grillaenelpoder.com.mx/edicion/index.php?option=com_content&view=article&id=9433:el-engano-angel-pujalte-pineiro&catid=46:columna&Itemid=68

La innovación

21 mayo 2012

“Otro disfraz de liebre de un triste gato”

El Editorial de El Universal del 16 de mayo titulado “Apostar a la Innovación” no tiene desperdicio. El espacio suple la firma con los postulados: “Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humanos…” Sin embargo esa entrega, por irse con la finta, dejarse chamaquear o algo peor, traiciona todos y cada uno de esos propósitos.

Se podría contestar solo haciendo notar que la investigación y su secuela, la innovación en nuestro país es un fraude, que no ha demostrado nada de lo que presume. Que de entrada falta que los individuos que se ostentan como inteligentes demuestren que lo son, que son desarrolladores, que pueden innovar. Porque la principal innovación sería que respondieran a las expectativas que usufructúan.

La ley dice que hay que dedicarle el 1 % al financiamiento de la ciencia y la tecnología, pero ¿dónde esta esa ciencia y tecnología? porque no se ve por ningún lado, solo un grupo de improductivos que simulan que ellos son la ciencia y tecnología, sin probarlo de ninguna forma tangible.

El primer mundo es primer mundo porque no mantiene parásitos y aquí se les ha dado mucho más de lo que han retribuido a la sociedad. Y la principal deficiencia de la ley en la materia consiste en que establece un derecho que no esta aparejado a ninguna obligación. Lo que debe hacer la SFP es cuestionar la personalidad de los que se dicen una cosa pero no la demuestran.

En esa editorial el “Foro Consultivo Científico” expresa molestia porque solo se destina el 0.4 % en vez del 1% del PIB, que es lo que la Ley de Ciencia y Tecnología indica que se debe gastar en ese rubro. Y aclara que la razón tras esa ley es que “todo país desarrollado tiene en la innovación y desarrollo una de sus principales palancas de desarrollo” (Sic).

Y victimizando el futuro del país se construye un uniforme de superhéroe que sale a exigir a la Secretaría de la Función Pública “imponer sanciones contra quien resulte responsable” por “los daños y perjuicios” ocasionados “por la no inversión de 464 mil millones de pesos”.

El Foro alega que eso ha “condenado a miles de jóvenes científicos a carecer de las oportunidades necesarias para desarrollar sus capacidades y, así eventualmente, aportar riqueza material e inmaterial al país”. Eventualidad que en 28 años y al menos 18 000 mantenidos no ha sucedido y que ni por eso sueltan la teta.

Continúa con otra falacia: la paradoja de la “generación mejor preparada de la historia” tiene “las menores posibilidades”. Preparados en que, que requieren manutención gratuita. Y más adelante se mete el pie al aclarar (o no poder ocultar) que en los países desarrollados el 79 % con doctorado trabaja en el sector privado y que aquí el 95 % “labora” (o parasita) presupuestos públicos.

Es un error creer que los doctores son más inteligentes que los profesionales. Un doctor es un especialista de especialista de especialista. Alguien que ha reducido su campo visual para concentrarlo en una minucia. Alguien que sabe mucho de muy poco. Por eso se deben preparar conscientes de sus limitaciones que implican un reducido campo de trabajo. Que si no lo requiere la iniciativa privada, entonces no tendrá nada que hacer, fuera de perjudicar al país clonándose dando clases de inutilidad. Como muchos aquí, especializados en inmortalidad de cangrejo.

El Editorial termina amarrándose el dedo antes que se lo corten reconociendo que “Es necesario (…) procurar la eficiencia de cada peso” y que si “todo se centra en la academia se reducen las posibilidades de innovar con el aliciente económico que solo la industria y la comercialización pueden proveer” y la necesidad de “la convergencia entre gobierno, iniciativa privada y universidades” para sacar a México del marasmo.

Lo único que puede sacar a México del marasmo es que se haga lo que el país necesita en función de su situación y problemática particular y no esperar a que sea el país el que se adapte a soluciones que no le corresponden, aunque estén de moda en otras partes, suenen bonito o le parezca a ingenuos alienados de nuestra problemática particular.

Así ese Editorial no es más que una falaz presentación patética de un paquete de medias verdades y grandes mentiras. Donde la principal es la suplantación de la ciencia, tecnología e innovación, con gavillas de simuladores. Enormes y numerosos depósitos de sanguijuelas que en 28 años no han descubierto, aportado ni innovado nada. Pero no es porque no sean lo que deben ser, sino porque, sorpréndase, por el mismo pretexto de todos los que en éste país no cumplen o se portan mal: por falta de dinero. Los que en vez de castigar hay que premiar con más dinero.

Para nada mencionan todos los recursos que en 28 años el país les ha confiado sin que los retribuyan de ninguna forma, lo que quiere decir que se los han robado. Lo que han costado los investigadores que no descubren nada, los técnicos que no desarrollan nada y que como académicos solo se clonan a ellos mismos. Con lo que resulta que lo único que hacen bien es reproducir su incompetencia e ineptitud engañando a ilusos, que siguiéndolos creen que van a llegar al TOP de la inteligencia y escala social. De allí el cuento de “la generación mejor preparada pero sin oportunidades”, por culpa del gobierno que no les da más dinero, que no mantiene más sanguijuelas prometedoras.

Lo que no es más que una fetichización de la ciencia, tecnología e innovación, una superstición en la que un grupo de heterónomos proyectan el anhelo de un imaginario, de una posibilidad suplantada tras una máscara de apariencias que oculta una esquizofrenia inscrita en la diferencia de identidades con la que hacen una construcción colectiva inconsecuente de sus recursos.

Alienados que para llegar a donde están sufren mucho, tienen que meter la cara en el excusado, bolear con la lengua los zapatos del de arriba y cargar tabiques con los brazos abiertos en el rayo del sol. Es muy fuerte el tequio que pagan, de eso no hay duda. Pero son sacrificios que no los hacen mejores personas ni más útiles ni valiosos para la sociedad y menos inteligentes.

Son procedimientos con los que se jerarquizan entre ellos y peor aún, con los que los caciques descartan a los que podrían tener posibilidades para solo quedarse con los dóciles y mansos. Con los que no rivalicen ni confronten la posición de las vacas sagradas, que así han creado un rebaño de inútiles para la sociedad pero lambiscones y serviles, que solo poseen la mansedumbre del que han convencido que por ese camino llegarán a ser inteligentes y la presuntuosidad del que se cree superado, porque ha pagado y paga los costos y solo le falta una mínima cosa para que su cerebro empiece a funcionar y sea el gran descubridor, el gran desarrollador, el gran innovador. Y que entonces sea él el receptor de la admiración y lambisconerías, que como cuota ha pagado.

Y tres días después, el 19 de mayo, Rosaura Ruiz y Bruno Velázquez reaparecen para remachar el Editorial, señalando la necesidad de superar los discursos bien intencionados con actos concretos. Dejar las habladas y hacer acciones objetivas efectivas, que no es hacer nada por el país sino en insistir en el monto que no ha llegado a las manos que hasta ahora todo lo que le ha llegado lo ha desaparecido.

Arrancan muy bravos para desinflarse más adelante al reconocer que por las deficiencias de la ley “no queda muy claro el rumbo que podría tener” la mentada demanda. Con lo que se dan cuenta de uno de los principales problemas de este maltratado país. Las deficiencias de la ley.

Por el mal o mañoso diseño de la ley no podemos ser institucionales. Al ser la ley una simulación orientada a que pueda ser interpretada de cualquier forma y cumplida a capricho de los funcionarios en turno. En el caso de los investigadores la ley no obliga al gobierno a nada pero en compensación tampoco a los investigadores.

La ley esta diseñada de tal forma que si quieren más dinero tienen que “venderle” algo a los políticos. Normalmente indulgencias para sus trapacerías, como lo hicieron en los casos que denuncio en mis libros y que es parte de lo que les reclamo. Pero por allí solo consiguen pagos puntuales, jugosos pero que terminan con el servicio y que no es raro que sea por traicionar a la sociedad.

Así todo es un absurdo, un teatrito que tarde que temprano se tiene que caer. Es incongruente que presuman de inteligentes pero que requieran que los mantengan. Lo que los lleva al insostenible cuento que no les ha salido cerebro por falta de dinero, pero que si se les da más dinero entonces les va a nacer y crecer el cerebro.

Si de verdad son inteligentes que dejen de estirar la mano y piensen la forma de hacerse útiles y valiosos para sacar al país del subdesarrollo, en vez que eso lo dejen a los demás. De entrada una buena forma sería dejar de bloquear y depredar otras prácticas profesionales indispensables para el desarrollo, como la Ingeniería Civil, para que pueda sembrar las bases de ese desarrollo que ellos no pueden ni les corresponde y sobre el que pueden y deben montarse. Pero ellos mismos carcomen los cimientos y después se quejan de lo que les cae encima.

Si son inteligentes deberían hacerse sus propios empleadores. Resolviendo problemas nuestros verdaderos y no los de catálogo del primer mundo. Cuando haya coches, celulares, equipo y maquinaria que se digan mexicanos, porque sean producto de ideas nacionales y no de materia prima y mano de obra barata.

Presumen de inteligentes pero resultan elefantes blancos que hay que mantener sin recibir nada a cambio, solo promesas. Cuando demuestren inteligencia encontrando la forma de hacerse útiles y valiosos en forma tangible para la sociedad, entonces no necesitarán andar de limosneros que solo ven una parte de la ecuación y esconden la otra. Tampoco tendrían que vivir de promesas de un futuro, que después de ver lo que han hecho con lo que en 28 años se les ha dado, no se puede creer. Se necesita ser más ingenuo que ellos para creerles.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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Triste parodia

27 mayo 2012

“Foro de caricatura”

La denuncia administrativa que presentó Juan Pedro Laclette, coordinador general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico ante la Secretaría de la Función Pública, es un muégano de incongruencias que exhibe a un grotesco club de parásitos de recursos públicos.

El foro representa el papel de paladín que en defensa de la superstición de la Ciencia y Tecnología denuncia un regateo de dinero que comete el gobierno y por el cual las nuevas generaciones de sanguijuelas no han podido cumplir la indefinida promesa de “eventualmente” aportar a la riqueza material y de conocimientos del país.

Pero todo es un teatro armado de un mañoso enredo de incoherencias que rebasan los límites del ridículo, el cinismo y la comicidad, pero que descubre la ridícula perversión que acostumbran las polillas que gravitan alrededor de los recursos públicos, que las ciega y termina quemándolas.

Según la columna “Ir más allá del discurso” en El Universal del 19 de mayo, de Rosaura Ruiz, directora de la Facultad de Ciencias y Bruno Velázquez profesor de la FFyL, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico lo integran “representantes de la comunidad científico-académica y del sector empresarial nacional, forma parte del Consejo General de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico. Sus funciones principales son fungir como organismo asesor autónomo, imparcial y permanente del Poder Ejecutivo; propiciar el diálogo entre los integrantes del Sistema Nacional de Investigadores y los legisladores, las autoridades y los empresarios con el propósito de estrechar la colaboración entre la academia, el gobierno y las empresas; y examinar y difundir el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación en el país” (SIC).

Es lo que aquí y en China se conoce como una olla de grillos, un exclusivo club de tartufos para “relaciones públicas” con el Ejecutivo, los legisladores y las autoridades, en el que simuladores de empresarios y de investigadores buscan conexiones para beneficios personales y de grupo. Un huesito, una chambita, un negocito o una amistad que se refleje en una nómina a cambio de una pantalla de “símbolo de autoridad” de científico que justifique lo injustificable.

Como lo confirma el Editorial de El Universal “Apostar a la Innovación” del 16 de mayo de 2012 “En países desarrollados como Estados Unidos, Gran Bretaña o Japón el 70% de los profesionistas con doctorado trabaja en el sector privado y el resto en las universidades; pero en México el 95% labora en las instituciones y centros de investigación superior”.

El siguiente párrafo del editorial aclara ese 70% y 95%: “Ambas son labores encomiables, pero si todo se centra a la academia se reducen las posibilidades de innovar con el aliciente económico que solo la industria y la comercialización pueden proveer”. Lo que aclara que en el primer mundo el 70% de los investigadores trabajan en empresas particulares que son las que pagan sus sueldos y gastos. El otro 30% trabaja en universidades en las que investiga problemas reales cuya solución le reditúa beneficios económicos a la universidad, de las que parte es particular y la que es estatal se comporta como particular. En el primer mundo nadie vive del cuento, no mantiene parásitos ni paga por investigar la inmortalidad del cangrejo o asuntos que no reditúan.

El remate de ese párrafo del editorial de marras esclarece más: “La convergencia entre gobierno, iniciativa privada y universidades puede sacar a México del marasmo. A partir de esa alianza tiene sentido invertir mucho más del 1% del PIB”. Con lo que aclara el propósito “lógico” del mentado Foro Consultivo Científico y Tecnológico, el que en vez de ser un exclusivo club de relaciones políticas debería ser el lugar de encuentro de los problemas de los empresarios con los que se presumen solucionadores y así integrar de una forma útil y valiosa a los “investigadores” a la iniciativa privada, en una forma en la que ambos ganen. En donde no tienen nada que hacer los políticos ni los recursos públicos.

Por eso ese foro debería ser donde se ocuparan para que el 70% o más, de los investigadores trabajen en empresas particulares y para que el otro 30% o menos, que se quede en las universidades públicas y privadas, se mantenga de investigar sobre pedido problemas verdaderos del sistema productivo nacional, de tal forma que todas las investigaciones sean de problemas específicos, reales, propios y se financien con recursos privados de las empresas y que estas se beneficien del trabajo de los investigadores.

Pero ni los “científicos-académicos” ni los “empresarios” son lo que dicen ser, sino que el comportamiento es de advenedizos en busca de oportunidades para depredar presupuestos públicos. De allí el énfasis en las relaciones con políticos, que son los que no tienen nada que hacer en ese enjuague, más que estorbar y desviar el propósito de integrar al aparato productivo con los investigadores.

El que los actores no son lo que dicen ser los lleva a desconocer el proceder de lo que fingen y buscar las “soluciones” en el único lugar que conocen: los recursos públicos y a buscarlas de la única forma que conocen: limosnear con promesas indefinidas o exigir rescate haciéndose las víctimas. Sin darse cuenta en su simulación, que alternaron los roles: que en vez que los empresarios les planteen sus problemas a los investigadores para que estos busquen la forma de resolverlos.

Con solemnidad sin dignidad representan lo que solo es posible en un subdesarrollo surrealista: que los investigadores les plantean sus problemas a los “empresarios” y estos busquen resolvérselos a los “investigadores” en lo que parece ser la única forma que conocen todos: depredando recursos públicos.

Formas y alcances de actuaciones que exhibe a ambos actores, al exponer lo que en verdad son y lo mal que conocen el papel que “representan”. Dejando ver que lo único que puede sacar a México del marasmo es salir del surrealismo sardónico tercermundista. Que las personas e instituciones dejen de ser artificiales. Que las plantas sean vegetales y no de plástico. Que los “empresarios” en verdad sean empresarios y los “investigadores” sean auténticos descubridores innovadores y se acaben los oportunistas simuladores que solo saben vivir de recursos públicos haciéndole al cuento sin aportar ni redituar de ninguna forma a la sociedad.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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Rezago tecnológico

8 abril 2012

“Ataque imperialista, monopolista y arribista”

Es reveladora la evaluación que hace el Foro Económico Mundial (WEF) de nuestro “rezago tecnológico”, medido en base a conectividad a Internet, tecnologías de información y comunicación (TIC), que publicó en primera plana El Universal el 5/04/12.

Según el WEF tenemos un “rezago digital” y “el esfuerzo por cerrar la brecha ha sido infructuoso”. Calcula “nuestro atraso” en “términos de infraestructura” y por el impacto “que estas pueden tener” sobre la competitividad y mejoras sociales. Con la sugerente expresión “que pueden tener” insinúa que ‘ese pecado’ es la causa de nuestra falta de competitividad y peor aún: de nuestra falta de mejoras sociales. Las que son insinuaciones falaces.

El informe ubica a México en el lugar 76 de 142 naciones en la “utilización de TIC” para “potenciar el crecimiento económico y la competitividad”. Recalcan que la falta de penetración también invalida el “partido que se le puede sacar”. Y tabulan “nuestros retos” (fallas) con el lugar en que nos ubican: según ellos estamos en el lugar 81, en desarrollar la infraestructura; en el 87, en elevar la penetración de banda ancha; en el 100, en disminuir los costos de las telecomunicaciones; en el 107, en elevar la educación; en el 77, en uso efectivo y productivo de las TIC por parte de la población; y en el 75, en uso efectivo y productivo de las TIC por parte de los negocios.

El Foro Económico Mundial relata una competencia de países, como si todos estuvieran en igualdad de condiciones y deban llegar a la misma meta. Igualdad y uniformidad que no existe en el mundo real. Todos los países tienen una situación particular, de problemas y posibilidades diferentes, que requieren soluciones distintas. Específicas para la situación y posibilidades de cada nación. Y muchas no se levantan por el hándicap que le impone la ordeña imperialista de sus recursos naturales y posibilidades verdaderas.

Parte de la confusión nace en el lugar común de la ciencia y tecnología, en que aparece como panacea que resuelve todo problema y salvadora del mundo. Cuando lo único que puede mejorar la situación del tercer mundo, es que cada país subdesarrollado haga lo que le conviene a sus intereses y deje de obedecer consignas foráneas, interesadas o no. Nuestro principal escollo es la desintegración y abandono de 60 millones de pobladores. Efecto de 500 años de incuria, en una configuración material del país inconveniente para la población, por falta de Ingeniería Civil y nuestro principal rezago, es no haber hecho lo que el “primer mundo” hizo hace doscientos años. Lo que no es “tecnología” de punta, ni tiene derecho de autor o regalías. Los gringos a falta de Ingeniería Civil, la ha suplido la militar. Pero el tercer mundo tiene deficiencias en ambas. Cuando lo único que puede hacer avanzar al tercer mundo es la Ingeniería civil, en nuestro caso, nuestros investigadores la bloquean, depredan y desprestigian.

Además de “panacea” el concepto de “ciencia y tecnología”, es un mazacote de enredos, que manipulan ventajosos, convoca a arribistas y entrampa a ingenuos. Pero no es difícil esclarecer el interés y la gestión de cada participante.

La participación del World Economic Forum es comprometida. Disfraza publicidad y reclamos comerciales de desinteresado relato de locutor de hipódromo. Pero el WEF no busca que México se levante, que el CONACyT deje de simular y haga algo por el país, que México genere la ciencia y tecnología adecuada a nuestros problemas, necesidades y posibilidades. Sino que lo que dice, con taimadas palabras, es que México no le ha comprado, a los que si le importan al WEF, la tecnología de punta que menciona en cada rubro. La lista relaciona la presteza, mansedumbre y docilidad con la que en los países compran lo que el WEF recomienda (con lo que beneficia a los que la venden y perjudica a los que compran).

El reclamo va dirigido a los monopolistas que controlan partes torales de las telecomunicaciones (WWW, telefonía, TV). Lo que hace recordar las diferencias entre economía de mercado y monopolio. Una economía de mercado es aquella en la que todos compiten por el favor de la clientela en igualdad de condiciones. En el mercado importa la satisfacción del cliente, lo que centra la competencia en ese aspecto. Mientras que el monopolio se finca en desequilibrar la competencia a su favor, con complicidad gubernamental se supera la satisfacción de los clientes, logrando que lo único relevante sea maximizar los beneficios en los intercambios. Lo que produce los efectos dañinos de: acaparar y apropiarse de los ahorros de los participantes en el subsistema.

Las aseveraciones del WEF son un reclamo de tres bandas a nuestros monopolistas por no haber comprado (o pagado) la última tecnología de punta y no beneficiar a patentes extranjeras. Y mientras un monopolio siga cobrando diez veces más caro por una tecnología diez veces más obsoleta, pues “a quien le dan pan que llore”. En un enredo que solo puede y debe resolver el gobierno. (Los monopolios están prohibidos (no se rían)).

Publicidad o reclamo comercial más falso y mal intencionado de lo normal, del que además se cuelgan arribistas nacionales. Advenedizos que no pichan, cachan ni dejan batear aprovechan lo cifrado del ataque imperialista: los investigadores. En el enredo los únicos que en verdad juegan son imperialistas y monopolistas. Los investigadores “roban cámara” buscando aprovechar a su favor el ataque imperialista a los monopolistas, no para descubrir una tecnología adecuada a nuestros problemas que haga obsoleta a la imperialista y reduzca costos, sino tergiversando al reclamo como que es de falta de “dinero a fondo perdido” para ellos.

Tras el “reclamo comercial” aparecen “nuestros” “investigadores” dándole un giro al “eslogan” para asumirlo como bandera. La “interpretación” de ellos es que “el mundo ‘racional’ reclama” que no gastamos lo suficiente en “ciencia y tecnología” (que resultan ser ellos). Con el beneficio adicional que además, les permite alegar que su falta de resultados no es por falta de voluntad, capacidad o inteligencia, ‘que les sobran’, sino por falta de apoyo: dinero y reconocimiento social.

Rehúyen hablar de resultados y de lo que han hecho con los recursos que la sociedad les ha confiado desde 1970 a la fecha y que no son poca cosa. Pretenden que solo se deben oír las voces foráneas que dicen que el primer mundo invierte tal porcentaje de su PIB en la investigación y que aquí solo se dilapida un porcentaje menor. De resultados no saben nada.

Para ‘resetear’ su mala posición preparan una caída hacia arriba. Que en vez de hacerles un arqueo para detectar a los que cínicamente se han robado los apoyos y se han dedicado a la buena vida, o peor, a depredar a otra práctica profesional que ignoran y es más necesaria que la de ellos.

En una actitud tortuosa ante la inocultable falta de resultados y trapacerías anexas, abogan por que se les aplique el mismo castigo “tradicional” que sufren los mafiosos políticos: Borrón y cuenta nueva y caer para arriba. Según ellos hasta ahora no han dado golpe ni color por falta de apoyo. No por falta de inteligencia, habilidad, conocimiento y voluntad, sino de dinero. Si a ellos se les da más dinero y al CONACyT se le hace Secretaría de Estado, con esos simples cambios les va a nacer cerebro y moral. Lo que es incongruente y propicia la impunidad al premiar el mal comportamiento. De no resolver el asunto la SIEDO, se verá, una vez más, la razón por la que aquí al que se porta bien le va mal y al que se porta mal le va bien.

Da pena ajena, ver como a falta de resultados, expectativas y razones coherentes, asumen posición de pordioseros. El limosnero solo pide limosna y el pordiosero la pide “por dios”. En el caso de los investigadores “el dios”, que nadie ve ni conoce, es la ciencia y tecnología y hay que creerles que ellos son sus acólitos. La falta de resultados impone el ridículo, ya que a los dioses nadie los ve ni conoce y ofrecen promesas informales pagaderas en la otra vida, igual que la C y T en éste país. Situación que los orilla a la absurda y grotesca petición de “una limosnita por el amor a la CyT”.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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