Suicidio profesional

mayo 2013

Sara Sefchovich da palos de ciego. En su columna “Many Mexicos” del 12 de mayo en El Universal representa un triste papel. En su intento de mostrar incongruencias entre lo que promete el presidente de la república y los elogios que recibe de “comunicadores” en el exterior con nuestro mundo real.

Se queja que: ¿Cuantos años hace que venimos escuchando…? (promesas de político) y que en 1981 un “investigador” “nos califico de nuevo poder regional”. Total que la pobre ya esta hasta el copete de lavados de cerebro y de creer en promesas internas o propaganda externa que nunca se cumplen y que siempre terminan en fracaso y desilusión.

Se asombra de los millones de mexicanos que salen a hacer su vida (y se queja) “como si todo fuera normal”. Y continúa con una larga relación de crímenes y desordenes que se han vuelto cotidianos, para preguntar si “eso es normal#. Y allí esta un problema de lógica o semántica, porque si son normales.

La doctora formula mal la pregunta. Al preguntar si es normal, resulta que si lo son al ser lo usual, lo acostumbrado, lo cotidiano, lo normal, pues. La norma y no la excepción. Lo que no quiere decir que sea: lo correcto, lo debido, ni siquiera es necesario. Una cosa es que este mal y otra que nuestra normalidad no sea el desorden y salvajismo.

Otra pifia es que les carga todos los muertos a los políticos. “Pero así vivimos, así hemos decidido vivir: el gobierno en su nube discursiva llena de informes favorables y de promesas (y quizás hasta de buenas intenciones y los ciudadanos pretendiendo que no pasa nada y que lo que pasa es soportable mientras no nos toque directamente”.

Es un detalle revelador y serio. Divide la cancha en dos: de un lado “el gobierno” (o los políticos) y del otro los ciudadanos. Y esa parcialidad la complementa con un mal uso de la palabra ciudadano, los que para la doctora, son los que: “todos los días millones de ciudadanos salimos a nuestros trabajos, escuelas, gimnasios, compras (como si todo fuera normal)”.

Nótese el encabalgamiento de deslices. La sociedad es una y debe trabajar unida. Y los que fingen que no pasa nada, se desentienden de todo y confían en los políticos, no son ciudadanos, sino esclavos. El ciudadano es el que participa, se involucra y compromete en los asuntos generales. El esclavo es el que cierra los ojos, reza para que las cosas mejoren, de todo le echa la culpa a los demás y se siente víctima.

El primer problema que tenemos es la falta de ciudadanos. Que seamos un país de atenidos o de incapaces que todo lo dejamos en manos de unos cuantos y que no quieren saber de nada ni involucrarse y menos dudar o reclamar. Nuestra rusticidad y cobardía se expresa en que los meritos, positivos y negativos floten solo después de muertos, cuando ya no se puede hacer nada, ciando ya no tiene caso, cuando ya no sirve de nada.

Y el siguiente problema es todavía más grave. Tampoco tenemos inteligencia. Lo que dice y hace Sara Sefchovich es muy grave y profundo. Porque llora y gimotea como ama de casa víctima cuando de todo lo malo que enlista, tiene parte de culpa. Se presenta como licenciada, master, doctora e investigadora, para ignorarlo y acreditar toda la responsabilidad a los políticos.

Los políticos no desarrollan facultades racionales privativas, no son ingenieros civiles, no son licenciados o masteres en sociología y menos doctores en historia o investigadores. Los políticos son especialistas en emociones. No son genios que dominen todos los campos del conocimiento humano. Y solo se dedican y se les puede exigir que hagan lo que deben.

Los políticos son los administradores del talante de la población. Su trabajo consiste en engrasar (en el buen sentido de la palabra), la marcha del país. Lo cual logran convocando a la sociedad y que esta acuda, con buena disposición y buen estado de ánimo, a ponerse de acuerdo. De allí que la queja contra los políticos es totalmente injusta.

Enrique Peña Nieto, con todo y tropezones, esta haciendo un trabajo político excelente. Y es de lo que se queja la investigadora. Pero el alcance del politico se reduce al estado de ánimo en las negociaciones, y no al contenido de las mismas. Por lo mismo los políticos no pueden solos sacar al buey de la barranca. Ellos hacen su parte y los demás deben hacer la suya.

Primero necesitamos formar ciudadanos ya que cualquier político en ausencia de ciudadanos se echa a perder. Hasta que no exista el muro de contención de la ciudadanía no podemos tachar de desbordado a ningún político. Y segundo, donde están todos los que se supone que “se prepararon” en las instituciones de educación superior, UNAM la primera.

Enrique Peña Nieto esta haciendo muy bien su parte, pero espera que el resto de la sociedad haga la suya. Si los: universitarios, licenciaturas, masteres, doctores e investigadores no introducen lucidez al asunto la brillante labor política se puede malograr. Pero la falla no será de la política sino porque el sector racional del país es un fraude. La parte superior del fraude educativo.

No solo las primarias están dando certificados a cambio de tiempo parcial de reclusión, también las secundarias y preparatorias. Y también a cambio de tiempo parcial de reclusión, las facultades están licenciando, diplomando, masterizando y doctorando a plantas.

Antiguamente el problema de los egresados universitarios era el suicidio intelectual, ahora es la momificación. Anteriormente se acostumbraba estudiar únicamente y hasta obtener el título y después de recibirse, quemaban los apuntes y libros para no volver a leer nada. Ni lo requerían, porque había que dejar de perder el tiempo en tonterías (como estudiar), para aprender la verdad del mundo real (pura corrupción y lo que no se debe hacer) para ponerse a trabajar.

Los egresados universitarios, ahora ya no tienen que suicidarse, se lo ahorran. Y es que las preparatorias están entregando puro bulto. Puro animalito silvestre. Con muy escasas y precarias artificializaciones. Que ni siquiera saben leer.

Al subdesarrollo lo caracteriza la artificialidad. Se sabe que una sociedad es subdesarrollada cuando las plantas no son vegetales sino de hule, los intelectuales no inteligen, los sociólogos no saben de sociedad, los universitarios son atenidos incapaces de demostrar la superación que presumen (y por la que muchos cobran), a los esclavos se les confunde con ciudadanos y ser apocado, cobarde e impotente, son las cualidades universitarias.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

http://www.grillaenelpoder.com.mx/edicion/index.php?option=com_content&view=article&id=16259:suicidio-profesional-angel-pujalte-pineiro&catid=46:columna&Itemid=68

Fuera máscaras

7 octubre 2012

El transcurso de eventos cambia fines y medios. A las elecciones sigue el tiempo de preparar el cambio de jugadores. Sin pistas “duras” del por venir, lo relevante y trascendente esta por verse. Más allá del relevo de individuos, que solo tiene significado para cómplices, parientes, compadres y cuates, lo que se debe atisbar es el cambio en el rumbo y operación del país. La seriedad de la oferta electoral, el cambio que alentó esperanzas.

Pero es hora de olvidar las promesas de campaña. Porque ése cuento ya es otro. La prosperidad del cinismo la exhibió el ex presidente “Fanfarrón”, al defender sus falsedades con el argumento “que si no hubiera mentido, no hubiera llegado a la presidencia”. Hecho del que lo grotesco, es que no acabó en la cárcel y siga abriendo la boca.

Pero el no estar en periodo electoral no inmuniza contra la mala fe, ya que la falsedad verbal no cambia, sino que aparece otra variedad que no es del tipo verbal, sino en la operación, en el sentido de los actos, el que sin duda descubre a la verdadera perspectiva, hermenéutica, interés e intención de los operadores. Midiendo así la distancia entre la palabra y la acción.

Las protagonistas en la escena actual son las iniciativas preferentes, que tiñeron la transición con un desplante prometedor. Que hace “parecer”, porque son “una mueca o finta”, que se van a corregir deformaciones monstruosas en la organización política. Como es el secuestro de torales espacios funcionales del país que usufructúan depredadores sociales, como los tiranos sindicales. Por la simple y sencilla razón que esas deformaciones y excesos tuercen y lastran el desarrollo del país.

Para democratizar (que el gobierno trabaje para la sociedad) o racionalizar la operación del país, es imprescindible eliminar los tentáculos que al descabezar al pulpo tomaron vida propia. Los ex agentes del control corporativo que implantó Cárdenas, que se emanciparon gracias al poder clientelar y económico que acumularon en el “arcaic régimen”.

Gracias a lo cual venden sus servicios al mejor postor, como sin empacho mostró Elba. Pero lo que antes se pudo considerar una mala solución, por sesgada, abusiva y arbitraria, pero que algo podía alegar de buena fe. Finalmente era la solución de un militar, al que se le puede aceptar sin conceder, que era la única forma que conocía de organizar nada. Lo que deja ver su distancia para estadista.

Mientras no se enderece lo torcido, el país no va a poder erguirse, andar derecho, ni a buen paso. El valor del lance es que va a aclarar, si en la administración que va a iniciar se van a corregir problemas de fondo o nos vamos a seguir haciendo tontos con muecas marginales y cosméticas. Con puro flato sonoris y resoplido. Cambiando y cambiando la superficie para no cambiar el fondo. Si las promesas de campaña tenían algo de verdad. Si existe voluntad de hacer algo por la sociedad a cambio de todo lo que se llevan.

Si no se corrige a los monopolios y mafias que secuestran al país, se va a lograr muy poco, más allá del ridículo acostumbrado. Porque las condiciones del país y el mundo no son las que veía Cárdenas. No es posible, ni correcto, que ninguna sociedad trate de avanzar con un pie y una mano amarradas a la espalda y lastrada por infinidad de parásitos.

Y esa es la aclaración que se debe observar en este momento. Lo que se legisle, lo que se cambie y lo que se deje igual, desde ahora y en forma independiente de lo que digan, juren y perjuren, va a descubrir cómo será todo el sexenio. Obras son amores y no buenas razones o promesas y el caminar se demuestra andando no hablando.

Así, antes de tomar posesión los actores van a enseñar su verdadera faz y después de ello, que nadie se dé por engañado.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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¿Que sigue?

3 septiembre 2012

“¿Que sigue?”

¿Qué procede después del proceso electoral? En seguida de perfeccionar los actos previstos. Lo inteligente es revisar lo que salió mal, para buscar la manera que no se repita. Sobre esas bases nuestra legislación electoral lleva cinco “enmiendas” que no buscaban precisión y exactitud en la medición de la voluntad popular, sino la aceptación de los resultados. El problema no es aritmético sino que todos queden, si no contentos, por lo menos tranquilos.

Sin embargo, cinco parches no lo han logrado. ¿Cuántos y hasta donde hay que llegar? La administración de cualquier cosa, incluyendo la de una norma, es una actividad dinámica en la que en forma continua y perenne se debe ajustar lo que se controla, para contrarrestar los cambios de lo que no se controla, a fin de mantener el rumbo planeado. (¿Cuál es el plan?)

En nuestro caso debemos estar conscientes que en las elecciones rebotan sesgos de comportamientos que son de otra naturaleza, conductas que no le corresponde a lo electoral regularlas, sino a otras leyes de otras índoles, que no son las electorales, pero cuya imperfección e incumplimiento alcanza a perturbar el ámbito electoral, a pesar que nacen y se nutren en el desorden e impunidad de otro ámbito.

El clientelismo, excesivo gasto de campaña y compra de votos, además de vicios generalizados en el sistema político nacional, son diferentes caras de la misma enfermedad del sistema político: la “dependencia” del dinero que padece la “política”. El dinero suplanta a la propuesta, el debate, la negociación, la búsqueda del bien común, pero sobre todo el trabajo de campo.

Saqueo en el que lo que regresan o reaparece durante las elecciones, es lo de menos. Ya que es mucho mayor lo que desaparecen a lo largo del tiempo que están “en funciones”. Es claro, que evitar el saqueo, despilfarro y lavado de recursos en tiempos no electorales, no corresponde a la legislación electoral. De allí que desalentar la corrupción e impunidad en otros campos de la vida política, por necesidad se va a reflejar en la forma y nivel de las contiendas electorales.

El cambio de medios ha cambiado los fines de la política. Creen que modernizan la actividad, cuando la hacen otra cosa. Una política que ya no es personalizada. En la que ya no existe contacto entre el representante y los representados. La maravilla de la mercadotecnia y publicidad ha hecho el milagro de reducir la actividad al pago de servicios comerciales.

Otro comportamiento inconveniente que incide en las elecciones, pero que nace y nutre en otro terreno, es el nivel educativo y cultural de los contendientes. El afán de querer dejar a todos contentos, debe considerar el nivel cultural y educativo de los contendientes, so pena de terminar correteando quimeras, como buscar reglas de juego que dejen satisfechos hasta a los malcriados y malacostumbrados.

Según Eduardo Sánchez Hernández, en El Universal el 1º de septiembre, en Fortalecer al Estado: “Da igual si un ciudadano estuvo mal educado; el comportamiento de las personas no esta supeditado a sus antecedentes personales, sino a la conciencia de que la ley aplica para todos”. Lo que en primera instancia parece plausible, pero… Una cosa es entrenar y otra educar, una cosa es contener y otra organizar, una es Pavlov y otra Piaget. ¿Qué país queremos? ¿Hasta dónde se puede llegar lastrados?

Las sociedades avanzan en la medida que se organizan y retroceden en la que se desorganizan. Sánchez Hernández debe ser fanático del “Encantador de Perros”, quien con gestos, actitudes, desplantes y sin premios ni castigos controla manadas de perros, solo sirviéndose de los instintos de los animales. No educa, sino aprovecha la programación animal, hasta donde esta da

Pero las sociedades de hombres no las forman perros, sino otro animal con otros y mucho mayores potenciales y capacidades, que los perros. Un animal maravilloso que si se le trata adecuadamente, si se le artificializa correctamente, puede superar a la misma Naturaleza. El hijo que supera a su madre Naturaleza sublimándose en semi dios, lo que logra en la medida que determina su destino. Pero al igual que las cerraduras y mujeres, que tratarlas mal, las echa a perder. El hombre puede llegar a ser lo mejor o lo peor, de la creación. De él depende.

A Sánchez Hernández lo contradice un tal George Washington, que declaró, cuando andaba diseñando una nueva nación, exitosa por cierto, que el primer propósito de la educación era “evitar tener que tratar con salvajes”. Y aunque los salvajes subsisten en su forma tradicional, los más peligrosos son los que ya no usan taparrabo ni hueso en el peinado. Sino que visten trajes y accesorios de marca y se los encuentra incrustados en los altos niveles de los veneros de recursos sociales.

El poder no corrompe, sino que atrae a los corruptos, a los más débiles para resistir tentaciones, los de deficiente formación, los malcriados, los salvajes. Ya que los más endebles en recursos mentales, los que han recibido una educación deficiente, son los más dispuestos para la corrupción, los que creen cualquier cuento, por fantasioso que sea, los que se dejan engañar y manipular con mayor facilidad y que no distinguen las conductas convenientes de las inconvenientes para la sociedad. Por carecer de recursos mentales para ubicarse, enfrentar y resolver en forma digna y decorosa la vida o para resistir las malas tentaciones.

La mayoría de silvestres ni siquiera esta consciente de la diferencia de resultados para ellos y para los demás, que dependen de la buena o mala educación. Y sin embargo es educativa la raíz de multitud de desavenencias, desencuentros y desorden: político, económico y social. Siendo normal que el nivel cultural varíe, en la educación debe existir un piso o nivel mínimo que funcione como una plataforma de encuentro que propicie el intercambio de ideas y permita ponerse de acuerdo. Un nivel mínimo de educación que le quite lo salvaje al hombre y lo civilice lo suficiente para hacerlo tratable y alguien con quien se pueda intercambiar ideas y ponerse de acuerdo.

Son salvajes los que primero discuten y se ponen de acuerdo en algo, aceptan las condiciones y reglas de juego y después cuando y en lo que no les gustaron los resultados, entonces pretenden cambiar “a posteriori” las condiciones y reglas y a denunciar desesperados “palos de ciego” con la esperanza que uno “sea chicle y pegue”. Es notable la incompetencia por ceguera.

Las disparidad en la capacidad de percepción, procesamiento e interpretación de la información son apenas unas de tantas razones, por las que los jueces son los únicos autorizados para interpretar la Ley. Porque son los únicos que han demostrado que han construido en su Estructura Conceptual Organizacional del Mundo (ECOM), las subestructuras necesarias y pertinentes para ello.

No son los únicos capaces, sino los únicos autorizados para descifrar la Ley. AMLO y claque no tienen facultades reconocidas para descifrar mandatos legales. Solo dejan ver lo opuesto junto con caprichos. Tan ni los entienden que son incapaces de presentar una querella que no ponga en vergüenza a un escuincle de secundaria.

Para palpar las diferencias en la ECOM, es muy esclarecedor contrastar las aclaraciones de los jueces con las pretensiones de los quejosos. Ojo, en la comparación se debe pone atención en la diferente extensión, complejidad, sofisticación y refinamiento de las estructuras mentales y la manera como esas diferencias se manifiestan en los resultados.

Los jueces rechazaron muchas irregularidades, por falta de pruebas. Por que las evidencias presentadas no sustentan las conclusiones, carecen de elementos y relaciones probatorias, por mucho que para los agraviados son contundentes. Pero en el mundo racional esas “pruebas”, no prueban nada. En vez de evidencias duras o relaciones lógicas, expresan ansias o creencias.

Cada parte ve lo mismo de diferente forma. Unos ven pruebas irrefutables, las que para los otros no significan nada. ¿Pero que es lo que pasa? ¿Quién se equivoca y quien acierta? ¿Quién miente? ¿Alguien miente? Las inconformidades y desencuentros nacen de un doble mapa, una doble visión de las cosas, una doble interpretación de las cosas, una doble realidad.

La realidad no es lo real, lo verdadero, sino la interpretación que cada quien hace de lo real. Lo que lo determina la ECOM, que es totalmente personal, por lo que cada quien tiene su propia realidad, su propia interpretación del mundo, que no tiene nada que ver con las de los demás.

La diferente formación del individuo es lo que otorga un diferente nivel de distinción a cada quien. La persona percibe, capta, se percata, se da cuenta de diferentes cosas, la educada ve más cosas con más detalle (cantidad, extensión y profundidad) y la rustica percibe mucho menos. También el tratamiento que una persona educada le da a la información, es muy diferente del que le da una persona silvestre. Todo lo cambia la educación. La profundidad y agudeza de la mirada, las cualidades que distingue, los detalles que percibe y el conocimiento con el que identifica y pondera lo que examina.

Sin tomar en cuenta estas diferencias, Ricardo Alemán en su Itinerario Político del 3 de septiembre. “El loco” pone en tensión la libertad de expresión y pluralidad de ideas con la libertad para mentir, falsear, engañar, calumniar y difamar con fines de propaganda, arenga y discurso “político”. Y acusa a AMLO de “inventar falsas realidades y acusar sin pruebas”. Lo que sospecho que no es totalmente cierto. AMLO no inventa una nueva realidad sino que para él es el mundo verdadero.

Porque así se lo hacen parecer las limitaciones y deficiencias de su ECOM. La precariedad en esa herramienta coincide con la de lo que considera evidencias. El desaseo e insuficiencia de las demostraciones refleja el desaseo e insuficiencias de la ECOM. La seriedad, rigor y atingencia de pensamiento, es una facultad que se debe construir y mantener. Lo que no hacen los silvestres. Esa asimetría explica el motivo por el que alguien considera evidencia lo que no es, relaciona cosas que no lo están y llega a conclusiones fantasiosas.

Aprender a pensar consiste precisamente en aprender a descifrar al mundo real, lo que es aprender a no falsearlo, a no inventarlo, a no soñarlo, a no desearlo. Y los que no han aprendido a pensar simplemente creen. Que consiste en explicarse y orientarse en base a puras ocurrencias y figuraciones, realidades que el cerebro fabrica en forma onírica, con escasa relación con lo verdadero.

Por otra parte a Ricardo Raphael en su columna “La razón de López Obrador”, también del 3 del mes de la patria, le llama la atención la “visión simplista” de AMLO. Reconoce que “gracias a esto su voz comunica con facilidad y (…) su mensaje puede ser evaluado velozmente”.

La explicación de ello es que los rústicos se reconocen e identifican. El parecido en las ECOM, facilita la comunicación y entendimiento. No podrán comunicarse instrucciones para construir una sonda espacial, pero si información e ideas muy simples y sencillas. Llegando el mensaje a solo ser emociones: agrado o animadversión.

Más adelante afirma que “su llaneza” explica “su popularidad” al hacerlo aparecer “franco y por lo tanto honesto”. No “aparece franco”, sino parece igual, se reconocen en él. Los que tienen un desarrollo similar de la ECOM, (nivel de limitaciones), se identifican y se creen similares. Y los que se creen a si mismos como francos y honestos, aunque en verdad son hipócritas y mentirosos, hacen extensivas estas creencias, (doble moral) al que creen similar.

Ricardo Raphael llegó a sentir simpatía por el vidente o lo que para él representaba, pero su reclamo exhibe su distancia de la personalidad que: “se enreda con lo múltiple, que se niega a atender lo que ocurre más allá de si mismo, que se cree aquél que todo lo entiende, todo lo conoce, todo lo sabe y todo lo califica”, señala “su falta de pudor y arrogancia, su falsedad al declararse amoroso y simular talante humilde, al asumirse mejor que las instituciones, sus palabras simples pero ofensivas para todo aquél que no concuerde con él, a los que pone como enemigos del pueblo y la democracia, como traidores a la patria”.

Se ve que R.R., quiso creer, tuvo la esperanza que el sueño fuera auténtico, como muchos. Pero lo que es, es y lo que no, no. Por mucho que lo necesitemos, nos haga falta y lo deseemos, no es bueno engañarnos. Por eso R.R. pinta su raya: “Por respeto, tanto a su inteligencia como a la propia, asumo que no todos fueron escoria comprada” y que “esta dolido por su soberbia y enojado por su falta de discernimiento”. Y anuncia que no irá al Zócalo.

La solución ideal es educar y hacer inteligentes a todos. Sería muy bueno, para todos, pero lejano de momento. Pero algo se debe hacer en el corto plazo para evitar volver a caer en lo mismo. De lo cual hay dos líneas de acción que cambian las cosas con los malcriados y mal acostumbrados.

Respecto a los cambios en la ley para controlar a los maleducados esta la que certeramente propone Ricardo Alemán y que consiste en penalizar el levantamiento de falsos, la mentira, el engaño. Y todo aquello que se afirme sin poderlo probar, por muy seguro que se este de ello, se debe calificar como calumnia. Pero ojo, la falsedad no es un problema electoral, sino general. Erradicar la mentira y engaño será un gran avance, no solo en el terreno electoral, sino también en todo lo político, económico y social.

Respecto a los malacostumbrados, parece que estamos por ver el cambio de reglas de juego. Un factor que alentó conductas desviadas, es la impunidad, la falta de respuesta. Cuando el PRI perdió, quedaron en la cancha peleando el poder un par de improvisados. Uno lo tenía, pero no lo supo ejercer y el otro no lo ganó y todavía no sabe ganar, ni perder.

Pero las cosas no seguirán igual, ya que al ring se subió otro jugador, con otras capacidades. Si AMLO cree que va a seguir importunando y estorbando con impunidad, sin respuesta, con total libertad, está muy equivocado. Hizo lo que quiso porque se lo permitió el que tenía el poder, que no supo usarlo.

Pero ahora, aún antes de la toma de posesión, se ven acciones novedosas a las que ya nos habíamos desacostumbrado. Se investigan las fuentes de financiamiento del revoltoso. Se husmea el rastro del dinero. En lo que es apenas un apretoncito, espérense que empiece el sexenio para que los atentos y agudos de vista, observemos el disimulado calambrito bajito la tenaza o los ojitos de cangrejo.

A AMLO no le convenía ganar porque como idolito ha obtenido más que como servidor público. El problema no radica en las aportaciones personales (10% de legisladores para el movimiento y quien sabe cuanto de funcionarios y burócratas), sino en la ilegítima e ilegal ordeña de recursos públicos. De las que ya alguien escribió que Marcelo encontró que el 50% de las tarjetas para adultos mayores las tenían gente de AMLO y parece que hay muchos esqueletos en el closet de los contratos, desvío y lavado de recursos públicos en las administraciones de “izquierda”, delitos cometidos para mantener su movimiento.

Que le permitió a él y a sus cuates vivir seis años como reyes, sin ninguna obligación ni compromiso. Por eso lo que más le convenía, no era ganar, sino volver a perder y seguir haciéndole al cuento, viviendo otros seis años como rey, sin obligaciones ni compromisos. Lo que ya no va a ser igual, porque muchos de sus “cuates ya se cansaron de so ordeña, ya se publicó la existencia de contratos amañados y lo peor, los que ahora tiene enfrente no se chupan el dedo y le van a quitar la impunidad a las malas conductas y lo mal acostumbrado.

A los anteriores no se les ocurrió seguir la ruta del dinero. Como que alguien muy ingenuo creyó que lo correcto era responder sus impertinencias con pose hierática. O patética, como gusten. Asumir pose de sufrido abnegado, cuya dignidad no le permite rebajarse a contestar. Lo que mal acostumbró al desordenado a ser el único tirador y a que nadie le diera la cara. Lo que ya se acabó.

Vamos a dejar de ver el aburrido espectáculo de un solitario jugador en un stand de tiro de feria, para ver juegos más parecidos al tenis, en el que cada jugador trata de sacar la pelota de su cancha para ponerla en la del oponente. En el que se verá, ahora si, quién es y cómo juega cada quien. Las verdaderas habilidades y capacidades ante un oponente real, porque hasta ahora solo le hemos visto rounds de sombra, en los que es muy bueno y se ve muy bien. A ver como se desenvuelve con contendiente.

Bueno, igual que R.R. también sueño. Me gustaría mucho que apareciera alguien inteligente que meta en cintura al salvaje, que quería evitar Washington. Ya que solo ese hecho, cambiaría mucho el nivel de nuestra política, convivencia y de la vida nacional.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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Duelo de confusiones

13 agosto 2012

“Semillas de confusión”

En El Universal el 10 de agosto de 2012, Jorge Pinto reconoce la devaluación de las palabras, pero la reduce a las de AMLO. Un beneficiario de la descomposición social, que explota una forma pragmática de aprovecharla, como surfista que se equilibra sobre olas que no genera ni gobierna, sino que solo se sirve de ellas sin preocuparle a donde lo lleven, ni lo que haga para no caer.

Pinto critica las acciones mediáticas anecdóticas y de escaso valor legal, que perjudican a todos (partido y país) con su amenaza a la tranquilidad y seguridad, corrupción de la tranquilidad, seguridad y clima social y daño a la economía y bienestar. Denuncia la inmadurez de atentar contra el estado de derecho en vez de salvaguardar y fortalecer las instituciones y el marco legal.

Recuerda que hay fascismo de derecha, (alemán e italiano) y de izquierda, (Mao), para probar que la esencia del fascismo no radica en la ideología sino en sus métodos. Pues en forma independiente de la filiación política y los argumentos, se reconoce en menospreciar y atacar al estado de derecho y burlarse de la democracia cuando no los favorece.

Como publiqué la semana pasada: los salvadores con promesas ilimitadas, profetas, mesías, caudillos, apóstoles, gurus y los delirios que los acompañan, son manifestaciones de una forma de demencia social generada por la desesperanza e ignorancia.

El mismo día en el mismo diario, José Fernández Santillán explica el momento político con la dicotomía entre gobierno de leyes con gobierno de hombres (Bobbio), o entre orden racional no arbitrario con el arbitrario (Weber). Continua recordando nuestros antecedentes de regímenes de caudillos que lo más que han permitido es la institucionalización autoritaria de las relaciones de poder y afirma que estamos en el trance de la construcción de una institucionalidad democrática. (que quizás, a la mejor podemos construir una institucionalidad democrática verdadera).

Para terminar denunciando el neopopulismo que acarrea el liderazgo carismático de AMLO que en vez de dirigir sus embates contra un partido o candidato lo hace contra la institucionalidad democrática, en busca de doblegar a las instituciones de la República para ponerlas a los pies de un caudillo. Lo que no deja duda del talante fascista de su acometida.

Casualmente también ese mismo día y periódico, Macario Schettino encuentra inadecuada la interpretación geométrica entre izquierda y derecha, para explicar lo que ocurre en el mundo y México. Pero encuentra coincidencia entre lo que él llama pasado y lo que se acostumbra llamar izquierda y entre lo que interpreta como modernidad y suele calificarse como derecha. Aunque aclara que el “punto fino” es que la coincidencia no es exacta. (Por fin, ¿coincide o no? ¿Es fina por burda?).

Coincidencia que lo hace percibir a la “coalición de izquierda” como un aglutinamiento alrededor de la idea del nacionalismo revolucionario y ver al PRIAN o la derecha como una potencial coalición modernizadora. Para señalar que “las ideas” de izquierda y derecha ”ya no explican mucho”.

Repasa los significados de la palabra “izquierda” para mostrar su extravío actual. Empieza recordando el sentido liberal que la “izquierda” tenía en la Asamblea Francesa, de donde nace la “definición geométrica”. O el sentido conservador de la derecha, cuando en México lo “conservable” (lo anterior) es el “régimen de la revolución”, que enarbola AMLO. No se puede conservar lo que nunca se ha tenido.

De donde concluye que la división entre izquierdas y derechas es un sinsentido absoluto, que es necesario resolver porque cree que “las decisiones que se deben tomar” van a “tratar de interpretarse en esta dimensión geométrica” (SIC) que no tiene sentido. Y enlista absurdos que no se pueden considerar de izquierda o derecha, como las restricciones al mercado energético, el populismo fiscal o el capitalismo de compadrazgo. Para concluir que el dilema mexicano es dejar atrás el “nacionalismo revolucionario” o seguirlo arrastrando.

Así, los tres ven diferente lo mismo, por lo que interpretan y dan diferente significado, a lo mismo. Es así porque todos tienen construida una Estructura Conceptual Organizacional del Mundo (ECOM) diferente. Por lo que cada cual descifra lo que ve comparándolo con una estructura diferente, que le explica lo mismo, de diferente forma.

De todo lo dicho lo más certero es la frase con que empieza Jorge Pinto: “la devaluación de las palabras”. Aunque la echa a perder al reducirla exclusivamente a las de AMLO, cuando el problema trasciende al de un solo hablador.

Parte toral del problema es el diferente significado que las mismas palabras tienen para cada quién, por lo que al dialogar o acordar, en realidad se expresan o comprometen diferentes cosas. Es en hechos la Torre de Babel. Y al no coincidir el significado de los signos lingüísticos, es más remota la coincidencia en las relaciones entre los significados que se acuerdan o intentan fijar.

Pinto y Santillana coinciden en concluir que el comportamiento es fascista. Es una explicación certera pero insuficiente. Ya que el fascismo es solo una forma de irracionalidad. Una de sus presentaciones. Por lo que el eje de lo racional-irracional da una visión más general e incluyente del problema, al grado que aclara a todos los puntos de vista.

Para Pinto son fascistas los que atacan al estado de derecho y se burlan de la democracia. Para Santillana lo son porque el embate no es contra un partido o un candidato, sino contra la institucionalidad democrática en su conjunto. Pero como escribí la semana pasada, el fascismo, mesianismo, caudillismo y todo salvador semi sobrenatural manifiestan una demencia social generada por la desesperanza e ignorancia, descomposición social.

Desde la perspectiva del eje racionalidad-irracionalidad lo que observamos es una lucha entre la racionalidad contra la irracionalidad. Recuerden que el hombre no es un animal racional ni ser humano, sino simio bípedo sin rabo con potencial racional y humanizable. Y al que no se le inocula la racionalidad y humanismo no puede hacerse solo racional ni humano.

Así, el fascismo, mesianismo, caudillismo, profetas, gurus y todo salvador mágico en realidad son diferentes versiones de lo mismo. Machos alfa que buscan a cualquier costo ser el líder de la manada. Es la “inmadurez”, de un acto irracional, de bajos instintos, en el que la oportunidad determina las apariencias, formas y argumentos con que justifican romper el orden, la disciplina y perjudicar la convivencia social.

Los binomios antípodas de gobierno de leyes contra gobierno de hombres; de gobierno de leyes contra gobierno arbitrario; de orden racional no arbitrario contra orden arbitrario; de régimen de instituciones contra régimen de caudillo; de institucionalidad contra populismo; de institucionalización de las relaciones de poder o institucionalidad autoritaria, en realidad consignan los resultados del avance social en el terreno educativo y cultural. El adelanto y homogeneidad lograda en el cuerpo social.

La explicación que más llama la atención es la “geométrica”. Tanto Pinto como Santillana comparten una subestructura en la ECOM que los hace coincidir más o menos en sus conclusiones. Saben que el fascista no respeta a las instituciones ni a los demás y hacen ver las analogías entre las características del fascista y el comportamiento del mesías tropical.

Pero el tercero se orienta o explica, con una referencia “geométrica”. Con una orientación que no orienta o una explicación que no explica nada. Y es aquí donde se puede ver claramente como una simple definición expone nivel, virtudes y deficiencias de la ECOM del portador. La mejor definición de cualquier cosa es la funcional. Aquélla que refiere y caracteriza el funcionamiento y efectos.

Al revisar la “definición geométrica” nos percatamos que no explica, aclara ni ubica nada. Y menos esta amarrada a nada. Por eso se presta a un juego de confusiones, que se dá de acuerdo a la forma en la que cada quien interiorizo cada cosa. La gente establece el significado de las palabras de acuerdo a los gestos y expresiones de los que le explican o rodean al momento de integrar la palabra al vocabulario, el concepto a la ECOM o interiorizarlo.

Esa insuficiencia permite relacionar y confundir conceptos tan disímbolos como izquierda con pasado, populismo y nacionalismo revolucionario o de derecha con modernidad y conservadurismo. Ni siquiera ubica entre si a dos cosas cualesquiera, porque lo de izquierda o derecha depende de la posición del observador. De allí que el problema sea pedirle a una definición más de lo que expresa.

Y la confusión de significados propicia anatemizar algunos. Como otorgar una connotación negativa a las palabras “nacionalismo revolucionario” al identificar con ellas a los abusos del viejo régimen. Grave, ya que lo que nos falta es una revolución, no una insurrección, desorden, rebelión, guerra ni lucha armada, que son otros significados de esa palabra. El significado que nos hace falta es el de: cambio, giro, transformación, movimiento. No podemos seguir actuando en la forma que nos trajo y mantiene en el subdesarrollo.

Y también por esa misma opacidad y confusión, a ultranza se le da connotación negativa a la palabra nacionalismo. Cuando también nos falta un poco de amor propio, de atención a los asuntos comunitarios y solidaridad con nuestros connacionales. Pero la indefinición de la definición o la opacidad de la referencia, permite poner en el mismo lugar a palabras que en el diccionario tienen significados disímbolos.

Como confundir al revolucionario, que es el que busca un cambio profundo, cambiar de bases y procedimientos;

Con el de izquierda, que es un segmento del espectro político que considera prioritario el progresismo y la consecución de la igualdad social por medio de los derechos colectivos (sociales) circunstancialmente denominados derechos civiles, frente a intereses netamente individuales (privados) y a una visión tradicional o conservadora de la sociedad, representados por la derecha política;

Con el liberalismo, que es un sistema filosófico, económico y político, que promueve las libertades civiles y se opone a cualquier forma de despotismo, absolutismo y arbitrariedad, apelando a los principios republicanos y siendo la corriente que fundamenta el estado de derecho, la democracia representativa y división de poderes;

Con el pasado, que todavía no hemos aclarado, resuelto ni digerido y en lo que nos falta trabajar mucho para poner todo en el lugar que le corresponde; o

Con el populismo, que designa corrientes heterogéneas caracterizadas por su aversión discursiva o real a las élites económicas e intelectuales, su rechazo de los partidos tradicionales (institucionales e ideológicas), su denuncia de la corrupción política por parte de las clases privilegiadas y su constante apelación al «pueblo» como fuente del poder. Los populistas se caracterizan por afirmar enfocarse en el pueblo y velar por este.

Lo que demuestra que la confusión viene desde el significado ambiguo de palabras que no profundizan ni caracterizan adecuadamente. Lo que se debe resolver antes de poder discutir los conceptos y relaciones que se construyen con esas palabras.

Y sí, es una inmadurez, la de la Estructura Conceptual Organizacional del Mundo (ECOM) o de la estructura mental. La que tiene de problema, que es una inmadurez que no sana sola con el paso del tiempo. El hombre envejece hasta sin quererlo pero para lograr madurar la mentalidad se requiere mucho trabajo acertado y bien hecho. Construir, pulir y mantener con atingencia la ECOM.

Por lo que antes de hablar de política se debe resolver la semántica.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

http://www.grillaenelpoder.com.mx/edicion/index.php?option=com_content&view=article&id=10932:sapere-aude-angel-pujalte-pineiro&catid=46:columna&Itemid=68

Libre albedrío II

31 abril 2012

“Etimología política”

Regresando al libre albedrío, recuerdo que interpretado como “hacer lo que se quiere” lleva a aceptar la irracional e inconveniente actuación a capricho y la interpretación de “hacer lo que se piensa” tiene otros inconvenientes.

El primero es que muy poca gente piensa. Al traducir la palabra pensar como descifrar al mundo verdadero, se ve que muy poca gente alcanza ese nivel de desarrollo, muy poca gente piensa. En todo, como en política, muy poca gente sabe de lo que habla, las reglas de juego o lo que se mueve bajo la mesa y tras bambalinas. En vez, la mayoría de la gente cree, lo que es algo que no se compromete con lo verdadero, por lo que cualquiera puede “creer” cualquier ocurrencia o figuración.

Entonces ¿Tendrá libre albedrío el que cree que piensa?, no por creer sobre bases falsas y relaciones equivocadas. En los hechos creer tiene de malo que al que cree rara vez le resultan las cuentas u obtiene buenos resultados, y casi siempre se topa con lo que no buscaba. ¿Es eso libre albedrío? En teoría sí. Porque suponemos que decidió sin presión externa sino exclusivamente sobre sus propias cuentas.

Pero decidir engañado no puede considerarse libre albedrío. Entonces el libre albedrío requiere además de libertad total, un conocimiento serio y profundo o por lo menos suficiente, sobre lo que se calcula. Para que la decisión no sea manipulada, presionada ni por engaño. Capacidad necesaria en el elector que nos remite a un nivel y calidad de artificialización mínima necesaria en la población para lograr implementar la democracia. A un nivel educativo y cultural indispensable.

Lo que descubre que el fondo del problema político o de nuestra democracia, no es de riguroso corte político o de implantación de una teoría (la democracia) sino principal de la formación o artificialización de la población. Donde encontramos un problema mayúsculo, que se refleja e incide en el desorden y desorganización de herramientas sociales, como el lenguaje.

Las palabras son símbolos que deben tener un significado claro y único, o por lo menos similar, para que todos los que las utilizan se refieran o acerquen a lo mismo. La pérdida de sentido de las palabras habla más del extravío de distinciones, de la pérdida de detalles, del cambio de cualidades y características que enriquecen o empobrecen al signo lingüístico como tal. Lo que ejemplifico con un grupo de palabras que en sus orígenes tenían un significado esclarecedor de lo esencial o funcional, que las hizo útiles herramientas de la política y convivencia y que actualmente han caído al nivel de irracionales insultos. Palabras que en la actualidad poco ayudan al solo significar animadversión personal, sin explicar nada y menos lo funcional.

Idiota, viene de idio = propio, privado, (idiosincrasia, idioma) es el que solo se dedica y le preocupan sus asuntos propios.

Esta etimología trasluce el peso y valor que para los griegos tenían los asuntos comunitarios. Para ellos el idiota, aquel al que solo le preocupan sus asuntos particulares y se desentiende de lo comunitario es una actitud inconveniente para la comunidad. El idiota no tiene libre albedrío al desconocer y por lo mismo despreciar lo que mayor influencia tiene en sus asuntos particulares.

Estúpido, viene de estupere = asombrarse, (estupefacto, estupor), es el que se queda congelado, el que pone cara de juat, el conejo lampareado.

Es el que carece de estructuras y subestructuras o dicho de otra forma de explicaciones para lo que enfrenta. El que en su cerebro no tiene antecedentes ni nada con que comparar o relacionar el fenómeno que observa. Es la manifestación de la nada conveniente ignorancia y por lo mismo fueron los mismos romanos los que le dieron connotación negativa a la palabra. Este obviamente tampoco tiene libre albedrío.

Mentecato, viene de mente y captus (tomar, coger, capturar), quiere decir tomado de la mente, privado de la mente, capturado de la mente.

Es aquél con un lavado de cerebro que le hace creer fervorosamente en algo que no es cierto. El que esta convencido a ultranza de algo. Algo así como un fanático, alguien encerrado en la luz, alguien con un deslumbramiento tal que lo ciega totalmente y solo puede ver el reflejo de la imagen que se le quedó grabada en el cerebro antes de enceguecer. Parte del voto duro es de estos tipos de electores y los deslumbrados con fantasmas y supersticiones.

Imbécil, viene de im = sin y becillis, baculum, bellum, baktron, bastón, sin bastón, los que no tienen experiencia, los que se chupan el dedo.

Esta etimología es controvertida entre si es griega o romana y si quería decir inútil o capaz. (Que se recarga en los demás o incompetente para la guerra). Por mi parte recuerdo que la situación de los viejos ha cambiado y que antes se reconocía el valor de la experiencia. La sabiduría se asociaba a la vejez y se la representaba con un anciano con bastón. Por lo que interpreto que el que no tiene bastón no tiene sabiduría. Así el imbécil es el que no tiene colmillo, el que carece de experiencia, el que no tiene sabiduría. Como los “ternuritas”, diria yo. Solo el que tiene bastón o sabiduría, tiene libre albedrío.

¿Qué se puede hacer con una sociedad plagada de idiotas, estúpidos, mentecatos e imbeciles? Con muy poca gente con bastón, con el conocimiento y experiencia necesarios para participar en la vida comunitaria.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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Libre albedrío

31 abril 2012

“El imperativo de la democracia”

Nuestra democracia no sale de gritos y sombrerazos, porque los electores: “venden su voto o votan engañados”. Y aunque todos los contendientes son iguales, expertos en juego sucio, no les gusta perder, por lo que si pierden reclaman como si jugaran limpio o fueran diferentes de aquellos a los que acusan.

El problema medular en todo lo denunciado se reduce a lo mismo, la falta de libre albedrío en los electores. ¿Y que es el libre albedrío? Una definición es: la realización de una acción por un agente no-condicionado íntegramente ligado por factores precedentes y subjetivos en el cual la percepción de la acción del agente fue inducida por su propia voluntad. Otra es la relación entre lo que pensamos y hacemos. Una lo condiciona a que el agente no este condicionado y que decida la voluntad, la otra a hacer lo que se piensa.

Para una es hacer lo que se quiere y para otra lo que se piensa. Lo que no nos saca de la indeterminación, por los cabos sueltos que hay en la relación entre lo que se quiere, se piensa y se hace. El “hacer lo que se quiere”, tiene de problema que libera de compromisos y responsabilidades con los demás y con el futuro, se desentiende de cualquier ética, lo que lleva a un individualismo egoísta inconveniente para la sociedad.

Un alegato afirma que si no se hubiera sobornado a la gente ni los medios hubieran creado una fantasía, la gente hubiera “votado en consciencia”. ¿Y que es eso de conciencia? Porque hasta donde yo sé, la conciencia es el archivo de adaptación a las condiciones prácticas y mundanas. Una consciencia desconectada de las condiciones prácticas y mundanas es brujería.

Lo que distingue por lo menos tres grupos, favorecidos, clase media y segregados sociales. La modificación de la conciencia para modificar así las condiciones materiales es posible, pero de acuerdo y limitada por el nivel y tipo de artificialización del individuo. Donde a los favorecidos no les interesa el cambio y la conciencia que han aprendido los segregados es muy precaria para provocar nada racional. Lo que solo deja como elemento útil a la parte de la clase media que haya desarrollado su racionalidad y actua de buena fe.

Lo cierto es que la gente siempre hace lo que cree que “es mejor”. El problema esta en lo que determina ese “mejor”. Y es clara la falta de libre albedrío al elegir el mal menor (copelas o cuelo, o confesar bajo tortura). Porque el libre albedrío requiere elegir en libertad, sin presión.

La miseria e ignorancia son potentes factores que impiden el libre albedrío. Por los que no se puede decir que la gente que muere de hambre o carezca de educación y cultura (60%) tenga libre albedrío ante una torta, bulto de cemento, láminas de cartón y ni siquiera que tenga idea del significado del acto político, comunitario e individual que significan las elecciones. Como también es cierto que a cualquiera que les ofrezca algo, le van a decir lo que quiera oír con tal de conseguirlo.

Pero si todos los candidatos visitan y sobornan a todos los habitantes y todos se dejan sobornar, entonces la contienda estaría en igualdad de condiciones. Y como ya todo mundo sabe y propaga: “agarren lo que les den, pero voten en consciencia”. Lo que habría que averiguar es si al final los sobornados votan por los mejores sobornos, cuentos o simpatías personales. En un arreglo en el que no hay democracia, libre albedrío ni racionalidad.

Por otro lado, al considerar al libre albedrío como la capacidad para decidir lo mejor, lo más conveniente, lleva al significado a saber distinguir lo mejor, lo más conveniente y decidir por ello. Lo que no es fácil y es el meollo del problema político, económico y social. Porque a la imprescindible libertad de acción la debe acompañar la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo, que es donde está el detalle.

En esa misteriosa capacidad para distinguir lo bueno de lo malo es en la que radica el problema. Porque todos tienen claro un “bueno” y un “malo”, pero ninguno coincide. Cada quien tiene su bueno diferente del de los demás y también su malo, también diferente del de los demás. Porque cada quien tiene su propia visión del mundo que es distinta de la de los demás y encima cada quien en su propia visión diferente busca objetivos que también son distintos de los que buscan los demás. Lo que es agravado por el desorden que causa que unos piensan y otros creen.

Porque no cualquiera piensa. Pensar no es tener creencias, ocurrencias ni figuraciones, que es lo que los simples confunden con pensar. Al pensar lo distingue su característica privativa, la cualidad que le da su valor y diferencia radicalmente de creencias, ocurrencias y figuraciones. Pensar consiste en descifrar al mundo real. Descubrir la verdad de lo que pasa, de lo que sucede. Y el mundo verdadero es uno solo y la verdad es única.

Cualquiera puede creer lo que quiera, porque creer no tiene ningún compromiso con lo real, con lo verdadero. También por lo mismo no se puede pensar lo que se quiera, porque pensar se compromete a descifrar el mundo verdadero, debe acertar a la verdad. Que es una sola.

La mayoría de la gente no piensa, parece que lo hace cuando decide de entre patrones culturales preestablecidos, como platos de menús o combina ropa, lo que reduce su actividad a repetir rutinas de movimientos repetitivos en forma semi inconsciente, sonambúlica, diría Ortega.

Lo que lo complica que la mayoría de la gente se concentra en sus asuntos particulares y no dedica tiempo a estudiar y seguir a los asuntos comunitarios. La falta de transparencia no se reduce a esconder las francas trapacerías de los servidores públicos, sino alcanza al grueso de la actividad gubernamental. Muy poca gente se interesa y entera de la forma en que funcionan las instituciones públicas, los derechos y obligaciones de los servidores públicos y de la población, la razón de las decisiones y actuaciones gubernamentales.

Y otra complicación es la falta de buena “política” en la heterogeneidad cultural. La heterogeneidad cultural no es problema cuando existe política de la buena (arte de ponerse de acuerdo), sino cuando hay anti política (desazón y confrontación). El problema es que la “buena política” tiene un grado de incompatibilidad con la heterogeneidad cultural y no me refiero a que toda la población tenga el mismo nivel cultural, sino que una cosa es que todos tengan un nivel diferente de la misma cultura y otra que tenga niveles diferentes de culturas incompatibles. Formando una comunidad con nivel cultural bajo en la que conviven multitud de creencias dispares, de las que muchas son incompatibles entre si.

Al ya de por si deletéreo caldo de cultivo, lo completa la mala situación. La combinación de ignorancia y disgregación social con mala situación de la población, abona la aparición de elementos disociativos que exacerban la desorganización y el desorden social. Me refiero a la superstición y los brujos, chamanes, apóstoles, mesías y predicadores.

Cuando la gente no encuentra explicación y solución satisfactoria para su situación, busca respuestas en lo sobrenatural, en lo fuera de lo común, lo que incluye a salvadores de todo tipo, hasta mesías. Lo que expresa la desesperación de apostarle a cualquiera que les de las explicaciones y esperanzas que no les han dado, aunque no sean factibles ni coherentes.

Lo que entonces reduce el problema a: ¿buscar la forma de democracia que funcione en nuestro desgarriate? No porque esa democracia no existe. Si nos ponemos a buscar los procedimientos y la normatividad que en el estado en que se encuentra nuestra sociedad logre elecciones sin problemas, que deje a todos contentos, la única forma sería que todos ganaran, que tengamos tres o cuatro presidentes y aún así garantizo que los problemas seguirían, porque no son de tipo político, sino de inmadurez, ignorancia y mala fe. De la participación de viejos escuincles malcriados, que rechazan lo que no les gusta.

Lo que descubre que el problema actual de nuestra democracia es el mismo que el de la educación. Carecemos de cultura democrática y de educación elemental. No la académica (matemáticas, biología, etc.) sino de la que se mama. Es claro que demasiados padres a sus hijos les dieron la vida, les llenaron la panza y cobijaron, sin alimentarles el cerebro con subestructuras positivas.

Por ejemplo es responsabilidad de los padres introducir a los hijos a la frustración. Y esta claro que los padres de muchos políticos no prepararon a sus hijos en ese sentido. Los padres que no corrigen a sus hijos y todo les toleran, normalmente porque ni caso les hacen, echan a perder a sus hijos en este sentido. “Pero al que no lo educan en su casa lo educan en la calle”, Y así debería ser. Para eso son las leyes, para corregir a los que no los educaron en su casa ni en la escuela.

Ikram Antaki, antes de morir denuncio y protesto la cobardía e ilegalidad de no poner en su lugar al candidato al gobierno del D.F. que no cumplía con el requisito de residencia, vaticinando los problemas que hoy presenciamos. Vemos las consecuencias de caprichos tolerados en el pasado.

También es responsabilidad de los padres enseñar a considerar a los demás. Los hijos cuyos padres no los consideraron a ellos, no consideran a los demás. Al que no lo han considerado no considera a los demás. Este también es un factor del desorden educativo.

Toda la gente con deficiencias educativas elementales como las anteriores, no debería participar en contiendas políticas ni ser servidor público, por los sesgos inconvenientes que sus deficiencias educativas introducen en los asuntos en los que participe, lo que los invalida para el servicio público.

Este tipo de deficiencias educativas se podrán corregir a partir que se reconozcan y tipifiquen sus formas en la vida pública, por lo menos las más burdas y deletéreas. Lo que también es necesario para engrasar la convivencia social.

Pero el otro tipo de deficiencia educativa, que no es generada por deficiencias familiares sino por el desconocimiento de la democracia causado por su inexistencia, solo hay una forma de superarla y es la modificación de la situación material y de la consciencia, poco a poco, paso a paso, moviendo un poco una y seguirla con a otra en un ejercicio de acompañamiento en el ensayo y error.

El ciudadano debe descubrir y aprender el papel y responsabilidad suya y de los políticos y servidores públicos, en la vida comunitaria. Así no son malos sino necesarios los errores y traspiés si son parte de un proceso de aprendizaje, si son la ineludible novatada del que ingresa en terreno nuevo.

La población para hacerse ciudadanía debe aprender a distinguir en los políticos: la mentira de la verdad, el capricho y necedad de la seriedad y formalidad, la hipocresía de la honestidad, el cinismo de la sinceridad, lo maduro y serio de lo informal. Son interesantes las razones por las que no es clara la distinción, pero no corresponde a éste espacio.

Tenemos una alternancia seguida de doce años de dudas y persistencia en lo acostumbrado con visión entumecida. En los que, quizás por estupefacción, desconocimiento e inexperiencia, no se corrigió todo lo que se debía o se pudo haber corregido. Pero por eso perdieron, es bueno castigar los errores y sesgos. Estamos en la segunda alternancia y es de esperar que en la sociedad se empiece a erguir una curva de aprendizaje que refleje los titubeantes primeros pasos en espera que con la práctica se llegue a dominar el arte de controlar a los servidores públicos para que trabajen a favor de la sociedad, es decir llegar a la verdadera democracia, porque los habitantes aprendieron a ser ciudadanos.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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Tópicos del fraude

16 julio 2012

“Mala fe vs orden”

No salimos de los mismos exabruptos que exhiben lo imperfecto de nuestra democracia o participantes, los que mueven a tirios y troyanos a buscar la legislación que logre la “democracia perfecta”, una que no deje dudas en las elecciones, en la que nadie haga trampa y la que deje a todos contentos.

Para lo cual antes hay que recordar que las elecciones no son la democracia sino un medio, una herramienta de ella. La democracia consiste en lograr que los servidores públicos trabajen a favor de la sociedad y no de ellos mismos. Lo que la descubre como una responsabilidad que la ciudadanía debe asumir todos los días y no únicamente en las elecciones para desatender los asuntos comunitarios entre ellas.

Lo que deja ver que falta mucho para lograrla ya que apenas estamos en la etapa de tratar de conocer, entender e implementar a una de sus herramientas: las elecciones. Las que no pueden deshacerse de airados reclamos al procedimiento y de acusaciones a los adversarios, haciendo evidente que algo: esta mal, sobra o falta. Pero ¿que es lo que esta mal, sobra o falta, para efectuar elecciones sin problemas y poder así darle vuelta a esa hoja para pasar a poner atención en otros pendientes de la democracia, política y situación nacional?

El diagnóstico es sencillo pero de solución difícil. Lo faltante es buena fe. La que falta no solo en esto sino en casi todo. Somos una sociedad disociada e irracional, por falta de buena fe. La buena fe es un ingrediente indispensable para la racionalidad y asociación y por supuesto para la democracia, las elecciones, la política y casi todos los aspectos de la convivencia.

La penetración de mala fe e ignorancia en todo ámbito y nivel, explica la mayoría de la problemática actual nacional. Por la combinación de ignorancia y mala fe somos un país rico y opulento que no da bienestar ni prosperidad material a su población, ni siquiera seguridad.

Pero junto con todos nuestros males, también tenemos lo que había en el fondo de la caja de Pandora. Lo que equilibra a todos los males. Y que también podemos encontrar en la pobre evolución de nuestras maltrechas y remendadas elecciones. En el magro y lento avance que acusa.

En lo externo (medio) esta el nivel de descomposición que ha alcanzado la situación política, económica y social nacional y en lo interno (agente) esta el nivel de ignorancia y abandono que acumula una parte significativa de la población.

La mala situación del país y el bajo nivel político-económico-social-cultural propician la aparición de supersticiones y mesías. Si alguien creyó en mantener a la gente ignorante para manipularla con facilidad, no consideró la facilidad que con cuentos novedosos le pueden escamotear el rebaño para utilizarlos en la causa de otra superstición o mesías.

Inconveniencia que sufre nuestra aún incipiente e insipiente democracia. Y que hace ver lo peligroso e inconveniente, que resulta mantener la ignorancia del pueblo. Por lo que, quizás ahora si se haga un verdadero esfuerzo por educar a la gente, por racionalizarla y humanizarla, por artificializarla en forma conveniente para la convivencia social.

Mientras tanto lo que se ve como el problema principal es la compra del voto o la forma de convencer a los electores. Porque la relación del político con el elector siempre es comprarle su confianza o convencerlo para que voten por él. La que según parece se puede comprar con promesas y medios intangibles, aunque sean mentiras y engaños, pero no se puede dar nada material.

No vale la pena especular con la compra directa de votos al ser una práctica en la que inciden todos. Las tarjetas de adultos mayores y madres solteras no les piden nada a otras. El bajo nivel de nuestra política lo acusa que nadie se puede lavar las manos de procedimientos incorrectos. Porque la piedra angular de nuestra “política” es la compra de conciencias mediante la promesa o pago de beneficios particulares, diferidos o no, personales o de grupo, todo en detrimento del bien común. Lo que nos hace un mercado de puja de minorías al que no le preocupa la mayoría. Por lo que para subir al país a las vías, el tapete de debates debe reencontrar a la mayoría,

Pero la esperanza esta en que la compra directa del voto ya no alcanza al equilibrarse los marchantes. Porque si los “programas sociales” no son los que más conciencias compran, si son los más visibles que actúan con mayor cinismo y descaro, pero afortunadamente ya no sirven para ganar elecciones. Los que más tenían en éste sentido, perdieron.

Su inutilidad y dificultad de comprobación hace oportuno revisar el asunto desde otra perspectiva: la de revisar de donde salen los recursos para comprar votos y la razón por la que la sociedad le confía instrumentos y recursos sociales a los políticos. La respuesta correcta es para que ellos se los regresen a la sociedad, pero el punto fino esta en la forma correcta en la que los políticos deben utilizar los instrumentos y devolver a la sociedad los recursos que reciben de ella.

La forma totalmente inadmisible es la caridad. Entregar algo a cambio de nada. O de una aparente nada. La mayoría de los “Programas sociales” y “contra la pobreza” son de éste tipo. En lo que es de simpleza extrema creer que la falta de posesiones materiales es lo que hace a la gente pobre. Lo que aparentemente se soluciona dándoles lo que les falta sin pedir nada a cambio.

En el primer mundo tienen claro los peligros e inconveniencias de la caridad, por lo que nada es gratuito, ni la ayuda. Para no ayudar en un sentido y perjudicar en otro. Para no volver atenida e inútil a la gente y mantener intacta su dignidad. También se debe cuidar lo que se enseña con lo que se hace.

La caridad gubernamental compra consciencias un sexenio y al siguiente se vuelve un problema al ser un presupuesto que no aporta al desarrollo sino un gasto que se pelea como derecho personal. Encima esos programas se prestan para desviar recursos. Dicen que la mitad del padrón de viejitos se destina al equipo de campaña sexenal de AMLO. Al no convenir al desarrollo social ningún centavo se debe usar para beneficio directo de individuos o grupos sino de la mayoría.

El tamaño del desorden lo acusa la revoltura de asuntos que resultan involucrados en los problemas. En la compra de votos lo que se debe resolver es el uso de recursos públicos. Evitar la extracción y desviación de recursos de los fines para los que la sociedad los confía.

Porque resulta que la compra de votos es apenas una minucia del desorden y abuso que se hace de los instrumentos y recursos sociales. De lo que me atrevo a decir que lo que se destina a compra de votos es lo menos de lo perdido y tiene de bueno que “algo” regresa a una mínima parte de la población. Lo malo esta en todos los recursos que se pierden y que no aparecen ni se sabe a donde van a parar.

Y es allí donde la ciudadanía debe poner su atención. Las sociedades avanzan en la medida en la que se organizan y retroceden en la que se desorganizan. El orden requiere prever y planear el futuro y que los planes se cumplan. El problema es que los planes solo sean pretextos para apartar recursos y que la acción se resuelva a capricho improvisando. Porque la improvisación es la manera más eficaz y eficiente de desordenar cualquier cosa, también de enturbiar y esconder cualquier cosa y de echar a perder todo.

Lo que deja ver que el problema de la transparencia en las elecciones no es de las elecciones sino de la transparencia en el gobierno, en el ejercicio del poder y aplicación de recursos. El problema de la compra de votos es consecuente y mínimo junto al de robo y desviación de recursos.

Entonces para evitar la compra de votos en las elecciones se debe evitar el robo de recursos públicos en la actividad cuando no hay elecciones. Y eso desalentaría en mucho los conflictos postelectorales. Porque cuando se tenga que saber, se tenga que trabajar, se tenga que rendir cuentas y ya no se pueda robar tan fácil ni gratuitamente, ya no va a ser tan atractivo ser político y la sociedad avanzaría dejando atrás los niveles de fácil manipulación, miseria y atraso.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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Vislumbres de fraude

9 julio 2012

“Del aprendizaje necesario”

He señalado la inmadurez democrática de nuestra sociedad. Una no relacionada con el paso del tiempo, como la evolución orgánica natural en los seres vivos. Etapa que trae la simple marcha del tiempo y confunde con la errónea creencia que cualquier cosa madura sola en forma indefectible y a pesar de todos los apesares. Pero no envejece igual lo artificial que lo natural.

La madurez democrática, como la emotiva y racional, son estados de desarrollo de artificialidades, de postizos, de cualidades que no se insertan, desarrollan, sofistican y refinan en forma espontánea ni automática, que son modificaciones que no obedecen a cambios naturales ni son innatos del hombre, sino que son consecuencia de ordenadas alteraciones externas artificiales. De las que hay un infinito de posibilidades inconvenientes y un mínimo mínimorum convenientes.

Al no ser el hombre animal racional, ser humano ni democrático, sino un simio bípedo sin rabo con potencial racional, humanizable y democratizable, se le deben inocular de fuera los contenidos y relaciones de la racionalidad, el humanismo y la democracia, sin los cuales ningún simio, por muy homínido que nazca, llega a ser un animal racional, humano ni demócrata.

Por nacer con el cerebro vacío, no se puede artificializar de la mejor manera solo. Cada quien construye su propia referencia del mundo, su Estructura Conceptual Organizacional del Mundo (ECOM), con lo que puede, con lo que encuentra a su alrededor a su alcance. Si nadie lo recibe, introduce, orienta y adapta al mundo, pues la ECOM que resulte será muy deficiente; si se alimenta su cerebro con basura, construirá su ECOM con basura; si se le forma con buenos elementos, construirá una buena herramienta.

La ECOM del ciudadano debe incluir estructuras y subestructuras necesarias para ser racional, humano y demócrata. La ECOM es la explicación del mundo que cada quien desde que nace, con ayuda o sin ella y de acuerdo con el tipo y la calidad de la ayuda que reciba, construye en su cerebro como su referencia personal del mundo, su herramienta de adaptación al lugar donde se encuentra.

Esta es una labor principal de las gentes que reciben a los nuevos pobladores. Y nadie puede dar más de lo que tiene. Los hijos de gente silvestre, cuyos padres les dieron alimento, abrigo y cobijo, pero no les formaron el cerebro, no les transmitieron la información y herramientas necesarias, recibirán alimento, abrigo y cobijo, sin que los que los reciben les puedan formar el cerebro, al no poder transmitirles la información y herramientas indispensables para hacerse racional, humano y demócrata, por carecer de ella.

Esta labor es una responsabilidad principal familiar. Pero el número significativo de población silvestre obliga a buscar otras formas de apoyar la racionalización, humanización y democratización de los habitantes, de las que hay dos formas: la educación formal y las reglas de juego con vigencia fáctica en la cotidianidad social.

Lo que destaca la importancia de la educación formal en el desarrollo social. Y la necesidad de revisar sus formas y contenidos para cuidar que propicien conocer y respetar las reglas mínimas de convivencia, que inculquen la sociabilidad, que enseñen a apostar a la sociedad, a la unión de todos y confiar en las posibilidades del hombre. Recuerden que el primer objeto de la educación es evitar tratar con salvajes. La descomposición social actual constata consecuencias de equivocar los contenidos de la educación.

En todo caso, cualquier individuo carece de explicaciones para las cosas que nadie le ha enseñado y a las que nunca se ha expuesto. En nuestro caso una consecuencia del abuso político, además del atraso e injusticia social, es que la “democracia” sea una de esas cosas para las que la mayoría de la población carece de explicaciones y desconoce sus formas y relaciones, externas e internas. Algo que ignora porque nadie les ha enseñado su teoría y también por falta de contacto, nunca la han visto ni conocido de primera mano.

La sociedad mexicana necesita conocer e ilustrarse en todo aquello que desconoce, por haber estado aislada de ello. La ingenuidad política la expone la creencia que con la sola alternancia se desemboca en la democracia.

Afortunadamente, el intento oportunista que pretende capitalizar atraso y confusión, se puede aprovechar como un pedagógico ejercicio práctico. La estrategia regresiva de descalificar las elecciones es excelente para contrastar actos de buena y mala fe.

Una parte importante a diferenciar son las relaciones entre agente y medio. El agente es el político y el medio la sociedad. El medio no es homogéneo sino heterogéneo y abigarrado. Con tres partes más o menos proporcionales que son acríticas o fanáticas y una cuarta parte crítica o no fanática de ninguna franquicia política. Otras partes se consideran marginales y se sacan del presente análisis.

La falta de filosofías, ideologías o plataformas políticas racionales que diferencien y delimiten en forma lógica a una postura política de otra, hace que las preferencias por las ofertas no sea racional, sino puramente emotiva, por simpatía, (por carisma diría Weber). Lo que a su vez hace que la compatibilidad cultural sea factor de afinidad entre la gente y las franquicias políticas.

El hombre tiende a confiar en las personas con similar nivel cultural y sentido común. La gente es proclive a confiar en las personas que se expresan como ellos y dan explicaciones que les parecen plausibles, por similitud y afinidad de las ECOM. Los silvestres confían en los silvestres y los artificializados en los artificializados, y en la medida en que las estructuras se aproximan, crean en los “otros” la apariencia de predecibilidad, por la que se ven como iguales.

Las preferencias políticas terciadas delatan a una sociedad no homogénea, sino heterogénea. Lo cual en principio, no es malo. El eufemismo de “riqueza cultural”, también es “pobreza cultural”. Es riqueza en la medida que enriquece el análisis con diferentes puntos de vista. Pero es pobreza en la medida en que falta un nivel cultural mínimo que sustente el debate, la verdad y la convivencia social civilizada, desorden del que resulta un invalidante caos.

El problema no es que todos seamos diferentes y pensemos distinto, sino la falta de reglas de juego civilizadas, lo que elude buscar y acordar lo mejor para la mayoría y solo permite la imposición irracional en base a fuerza o número. Lo que impide la asociación en base a colaboración en la búsqueda de beneficios mutuos y lo único que rige es doblegar y someter a los demás, que se ven como enemigos.

Un nivel mínimo de educación ciudadana para la convivencia social implica no mentir ni engañar. Lo opuesto a nuestra normal cultura de montajes, públicos y privados.

Igual que nunca se demostró el fraude de 2006, tampoco se demostrará el de 2012. Cuya inconsistencia de ambos reclamos alcanza la forma y sustancia, que los deja como “fraudes” sin pies ni cabeza. El fraude esta en el reclamo, es el reclamo, que se empieza a desmoronar al revisar sus partes. El reclamo mezcla dos de sus formas posibles: de percepción y operación.

Llamo fraude de percepción al que deforma la apariencia propia o de los adversarios. Y en esto ningún político del mundo tiene nada que reclamar. Porque el material de trabajo del político es la percepción. Precisamente la labor del político es que la gente perciba algo de una forma o de otra. Que le de un peso o valor a algo y no otro. Por lo que es ridículo que un político se queje que le cambien la percepción a la gente, porque ese es precisamente su trabajo. Como que un futbolista se queje de que le quitan el balón.

El reclamo contra los medios es taimado ya que todas las franquicias políticas tienen sus propios medios y opinadores incondicionales. Y los medios son iniciativa privada y el objeto del derecho público es meter en cintura a los servidores públicos y no a los particulares.

La consistencia del político la determina si trabaja a favor de toda la sociedad, de una parte o solo suyo o de sus cómplices. Político es el que trabaja para la sociedad, el que trabaja para un grupo es mafioso y el que trabaja para si es un oportunista (idiota según los griegos). Alterar el estado de animo de la gente y azuzarla para buscar provechos propios o de grupo es inmoral y lo opuesto al buen político. Con lo que ya llevamos dos deficiencias de “político”: quejarse que sus adversarios le cambian la percepción a la gente y que desazona a sus seguidores para presionar y extorsionar con el estado de ánimo descontrolado.

El tema y materia de trabajo del político es el estado de ánimo de la población. El buen político es el que cuida el talante de la gente para propiciar los acuerdos de la mejor manera posible y la aceptación de los sacrificios (responsabilidades) necesarios a cambio de las promesas (derechos) que a cada quien le corresponde asumir. El mal político es el que desazona el estado de ánimo de la gente para utilizarla como amague o lanzarla contra los opositores para lograr sus fines aviesos, lo que cambia el juego de buscar lo mejor para todos a lo menos malo, al mal menor.

La falla principal de los que ahora se echan fuera, es que no eran políticos. Por eso hasta sus adversarios dicen que “hasta lo que hicieron bien, les salió mal”. Mucho hicieron bien y mal, pero lo que peor hicieron fue el manejo de imagen (de percepción) y estado de ánimo de la población. Es decir lo que es medular en la política, porque no eran políticos ni idea tenían de la política.

Lo que no es poca cosa, ya que lo que determina que la diversidad cultural en la población sea riqueza o pobreza, es la calidad de la política. El nivel con el que podamos confrontar ideas, ponernos de acuerdo y se respeten los acuerdos. Lo que los hechos demuestran por los suelos. Previo a cada contienda se acuerdan las reglas del juego, mismas que con las primeras señales se desconocen y en éste caso se empezaron a socavar y a descalificar desde antes que iniciara la contienda.

Un componente del confuso reclamo de “fraude”, es el operativo. Que la población vote por uno y otro aparezca como ganador. Ya sea por contar mal o cambiar el contenido de las urnas. Fraude que ya es inviable. Y el que lo declara ataca a los únicos inatacables en la contienda: a los ciudadanos que prestan su tiempo para prepararse, montar las casillas, organizar la votación, hacer el conteo y formalizar el acto, junto con todos los observadores.

El reclamo de voto por voto y casilla por casilla y ataques para desprestigiar a la autoridad electoral va en éste sentido. Y es donde se nota más claramente que el reclamo es un necio capricho. Pero la novedad de la democracia impide distinguir lo procedente de lo improcedente, lo correcto de lo incorrecto. Y es en este tipo de detalles donde debe haber aprendizaje de la sociedad mexicana.

Para que cada vez distinga mejor los absurdos y aporías, como buscar las fallas en las urnas. Si a la gente le “lavan el cerebro”, va a votar de acuerdo al lavado de cerebro. En cuyo caso no tiene sentido recontar las urnas, porque solo comprobaría que la votación no se altero. Al descartar la participación ciudadana en las elecciones la manipulación de las urnas y los manejos fantasiosos como el hildebrando y los algoritmos que transforman a referencias accesorias e irrelevantes como es el PREP, en regidoras principales, solo dejan como terreno posible de fraude la compra del voto.

Lo que nos lleva a un terreno espinoso y con muchas aristas. Para empezar habría que distinguir donde empieza la compra-venta del voto aceptable y donde la inaceptable. Porque la mentada actividad política al final es la negociación de una oferta y la aceptación o rechazo de la misma. Lo que cambia es el tipo de oferta y su perfeccionamiento: que puede ser de tutela del bien común de toda la sociedad o de beneficios particulares individuales o comunitarios.

Una oferta de beneficio para la comunidad es: una carretera, pavimento, drenaje, agua potable, una escuela, etc. La oferta de beneficio individual puede ser: una despensa, bulto de cemento, láminas de cartón o hasta dinero en efectivo o tarjetas de débito. Respecto al perfeccionamiento mientras más personales sean los beneficios es más inmediata la recepción de los beneficios, pero en todo caso el cumplimiento del compromiso es diferido (al día de la votación) y no comprobable (votación secreta).

En las ofertas particulares comunitarias se difieren tanto la entrega de la oferta como del pago y en cierta medida quedan condicionados. Si el político que prometió algo gana, puede que cumpla su promesa. Y la oferta menos directa y más abstracta es la de tutelar el bien común. Sin embargo es la que debe prevalecer y las otras dos deben desaparecer.

Cada una se apareja a un nivel cultural y en la medida que el nivel cultural de la población se eleve, se irán abandonando los procedimientos inconvenientes, perfeccionando la democracia y notando el bienestar y prosperidad material de la población. Lo explica la etimología de la palabra idiota. Para los griegos, idiota es el egoísta al que solo le interesan sus propios asuntos y se desentiende de los demás y de los asuntos comunitarios. (Idio=privado, particular).

Un habitante mientras más idiota sea, más ve lo suyo inmediato y menos a los demás y nada el conjunto. La población más idiota es la que acepta la despensa, bulto de cemento, láminas de cartón, efectivo o tarjetas de débito. Lo que no quiere decir que después cumpla, que vote por el que lo “compro”.

Lo interesante es la relación cultural con la forma de compra-venta política. Las personas más segregadas y abandonadas, las de formación política y educativa más precaria, prefieren lo palpable, inmediato y personal. En la medida que mejora la formación política y educativa se prefiere sobre lo inmediato personal, mejor venderse a cambio de beneficios para la comunidad. Y los de mayor formación venderán su voto a la oferta de mayor alcance para toda la sociedad.

No creo necesario aclarar que la mejor oferta, la que mayores beneficios derrama sobre la sociedad toda es la de mayor nivel, la de tutelar el bien común. Las que menos aportan son las de beneficios para la comunidad y la más mala de todas es la de beneficios inmediatos personales. Las de beneficios para la comunidad tienen de malo que normalmente son caprichos de legos, que no es raro que en el mediano plazo se vuelvan problemas.

La construcción de obras debe obedecer a una planeación profesional que contemple en el largo plazo todos los aspectos, relaciones y equilibrios materiales involucrados y la construcción de obras determinadas por políticos, empresarios o habitantes sin formación profesional, desorganiza al territorio. Si hubiera una organización profesional seria de la Ingeniería Civil, una de sus tareas sería evitar este tipo de ofertas políticas y vigilar que todo se planee, que lo que se construya sea lo planeado y que se construya como se planeó.

Además de cuidar que a todo a lo que se llame Ingeniería Civil lo sea y que en todo en donde deba haber Ingeniería Civil, la haya. Por descuidar esto es que aquí al empezar la obra no se sabe lo que va a costar ni a tardar la obra y ni siquiera lo que van a entregar al final. En contraposición a cuando teníamos Ingeniería Civil, que se sabía lo que iba a costar y durar la obra y lo que se iba a entregar.

Y la peor oferta de compra-venta política: la de pagar con beneficios palpables, inmediatos y personales, no solo es la que menos beneficia a la sociedad, a la comunidad y al individuo que se vende, sino que es la más corriente y la que más desvirtúa la actividad política. La que en vez de un acto racional de intercambio de ideas para ponerse de acuerdo, la transforma en un asunto comercial en el que tanto las personas como los compromisos se reducen a mercancías, en un acuerdo en el que todos se engañan y todos se devalúan.

Pero es un manejo que va aparejado al nivel cultural del vendedor y comprador, por lo que su existencia y vigencia entre todos los partidos políticos señala al abandono de la educación que instruye el Artículo 3º Constitucional como al de la educación política. Al respecto la sociedad entrega a los partidos políticos apoyos financieros para que desarrollen una auténtica labor política, que implica su instrucción. Y el atraso en cultura política indica que se han robado el dinero sin desarrollar esa labor política que consiste en instruir a la población al respecto. Pobre sociedad a la que nadie enseña lo que debería y en vez desorienta.

La sociedad entrega enormes recursos a los políticos, como gobierno o partidos, que en ningún caso son para que se los robe, los malbarate, utilice para simular su labor o todo junto, se robe una parte, malbarate otra y otra la gaste en propaganda comercial y compra de conciencias. Los recursos que la sociedad confía a los servidores públicos no son para que ellos a su vez los repartan entre grupos o personas sino para sembrar el futuro de todo el país. Donde no es solo un detalle el que esta fuera de lugar en la actividad política en el país, sino que hay muchas cosas que se deben corregir para que la política medio funcione como debiera. Pero, sin políticos ¿cómo?

La población debe palpar el cambio en el ambiente en que vive. Por eso debe prohibirse la publicidad y propaganda en medios masivos de comunicación, para obligar a los “políticos” a bajarse de su pedestal para ir a tocar puertas y darse baños de pueblo. Para que así los “representantes” traten de primera mano a la gente a la que se supone que representan y que no es raro que no conozcan y que sepan cómo viven y los problemas y necesidades tienen, lo que es la otra cosa, que no es raro que tampoco conozcan.

Si hay un verdadero fraude que esta en toda la actividad política y en todos los políticos y no nada más en un suceso por actos perversos que todos acostumbran. El ejemplo en los libros de psicología de la reacción de la cola cuando alguien se mete es esclarecedor. Según la psicología, cuando alguien se mete al frente de la cola, la gente protesta: a) porque el que se metió hace mal o b) porque el que se metió no fue él.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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El sustrato cultural

2 julio 2012

“El cambio fundamental”

Hoy lunes, para bien o para mal la suerte está echada, a pesar de los que creen que estas elecciones representaban escoger entre mantener el cambio o regresar al pasado, nosotros no somos los mismos por detalles relevantes muy cambiados, lo que esa creencia pierde en su simplismo.

Es una declaración equivalente a aquella que alguien es un peligro para México. La misma que terminó como la única evidencia presentada del “fraude electoral”. Sin embargo esta reposición de campaña denominada “guerra sucia” no ha logrado gran cosa. Con lo que quizás expone el verdadero peso de la publicidad electorera. La que aparece y desaparece con las elecciones y que exponen en el aparador público a imágenes de personajes, muchos desconocidos y otros no tanto.

Como circo que rompe la rutina de un pueblo con un torrente de propaganda de presentaciones y nuevos artistas: la mujer barbuda, los trapecistas, malabaristas, magos, payasos y el oso bailarín. Un espectáculo que además de regalar las entradas, regala bultos de cemento y láminas de cartón. Todo con tal que vayan a disfrutar el espectáculo y votar por el mejor artista.

El ganador no importa al público, ya que se juega el derecho a administrar la taquilla, que tampoco vive de la asistencia del público, sino de las rentas de los instrumentos sociales que los cirqueros han transformado en jugosos negocios. Y una vez resuelto eso, la empresa levanta sus carpas, enjaula a sus animales y sigue su marcha quien sabe a dónde y a hacer quien sabe que, porque el pueblo no vuelve a saber de ellos, hasta que otras elecciones hagan regresar al espectáculo itinerante.

Otro mito es que: “la falta de acuerdos angustia a los mexicanos que prefieren regresar a lo conocido”. Remachada por la afirmación que “no nos gustan los conflictos”. Pero son otras simplificaciones que extravían a la política y democracia y trata a la sociedad como rebaño de fácil engaño y manipulación. Lo que sin estar muy lejos de la realidad, no es exacto.

Por la existencia de una masa crítica que no se deja engatusar ni cae fácilmente en los garlitos de los políticos de la legua. Que sin ser todo lo grande que debiera, empieza a mostrar su valor y potencial. Porque aunque la mayoría es de fácil engaño y manipulación, al terciar sus preferencias se anulan entre ellos, dejando a la minoría crítica el poder de decisión.

Es la misma masa que compró el “peligro para el país” pero no “la vuelta al pasado”. Y es también la que dos veces depositó su confianza en el PAN y ahora se la retira. La misma que rechazo al inmaduro, caprichoso mentiroso y soberbio, no por la peligrosidad que le atribuían, sino por demostrar con desplantes de escuincle mal criado, que cree que todo el país se chupa el dedo.

La misma que ahora castiga a los que les dio oportunidad de demostrar con hechos sus alcances y no un cheque en blanco, por lo que ante los resultados, y a falta de a quien premiar, pues le reconoce el turno al que castigó primero, para comprobar si ya aprendió o todavía le falta. Y allí es donde radica el quid del juego. La sociedad con su voto debe castigar o premiar el desempeño de los servidores públicos. No debe premiar a los que son “buena onda” pero dan malos resultados, sino a los que sean lo que sean y como sean, reporten buenos resultados a la sociedad. Siempre al final lo importante para la sociedad son los resultados que reciba y lo demás es lo de menos.

Los políticos en el primer mundo son unos hijos de la tal por cual con los foráneos, lo que no entra en la cuenta de su sociedad, que lo único que revisa son los resultados que les reporten. Aquí es al revés, mucho de lo que se nos presenta como beneficios, en realidad lo son para foráneos y en detrimento nuestro.

Tampoco la masa crítica por huir de los conflictos le otorga carro completo al malo, con lo que premiaría el bloqueo de iniciativas de adversarios. Sino más bien castiga la falta de oficio de los novatos, que no supieron o no les intereso impulsar sus iniciativas. En una pifia que tiene aristas.

Una es que la falta de un proyecto nacional que oriente los cambios en el sistema legal no evita que muchas modificaciones se reduzcan a la pretensión de demoler restricciones e impedimentos que son parte de las ruinas de un proyecto caduco. Las que se desmantelan sin proyecto que unifique, justifique y de coherencia a lo que se hace. Por lo que se allana el beneficio de minorías, a costa del de la mayoría.

Otra arista son las normas o restricciones e impedimentos insertados en el sistema legal para respaldar un proyecto antisocial. Que puede ser el de burocracias desbordadas y grupos de interés que se han apropiado de instrumentos, territorios presupuestales y recursos sociales y buscan protegen sus abusos con normas deformadas. En el mejor caso cada postura política y grupo de interés impulsa cambios legales que mutilan y deforman el maltrecho plan general.

La falta de proyecto nacional es un problema grave, ya que el sistema legal debe ser la expresión documental de los paralelos de comportamiento correspondientes al plan. Sus partes no son piezas sueltas ni incoherentes que se pueden poner, quitar o intercambiar a capricho, sin alterar la integridad del plan. Sino que cada una debe corresponder con un propósito del plan general. En base a lo cual se formulan los actos previstos que cumplen las expectativas y necesidades del proyecto general, los que conducen a los fines que busca el plan.

Por eso cuando se actúa sobre partes de un sistema con una visión reducida y aislada, se desarticula y descoyunta el sistema haciéndolo inoperante. En beneficio de la parte se sacrifica al todo. Como patas desprendidas de araña, que desesperadas se agitan y mueven cada cual por su parte sin lograr mover al todo. Es fácil demostrar el desequilibrio en representación en nuestro congreso.

¿Cuál les gusta que sea la proporción de gays? Hay quien dice que son 3 %, otros que un 10 % y se les pueden conceder un 15 % o hasta un 25 % y siempre saldrán sobre atendidos. Solo comparen la atención que se les dio contra la que tuvieron las mujeres que sin discusión ni engaños deben andar alrededor del 50 % de la población total y no son comparables las aportaciones sociales. Y ese es apenas uno de tantos desequilibrios que solo existe una forma de corregir.

Se trata de poner atención donde no hay absolutamente ninguna, en la población total, en el conjunto, en el país completo, en el 100 %. El desorden lo genera que todas las partes se encuentran divididas y fraccionadas en un cada quien para su santo. Extraviadas en una silenciosa disgregación social en la que las partes se desentienden del resto y con visión y criterios particulares buscan y luchan por su propia salvación, que depende de lograr derechos, protecciones y prebendas ante las demás partes de la sociedad plural, que se ven como competencia.

Porque sin visión de conjunto no se ve el beneficio de la colaboración entre las partes, no se distingue como paga el compromiso con los demás ni la responsabilidad con toda la sociedad. Una visión de conjunto, un plan nacional, ubica a cada parte en su lugar, aclara el objeto que debe buscar, sus obligaciones y derechos y los límites a los que se debe plegar.

Y esa pieza es la que falta, la que acomoda y articula a todas. No había porque estorba al autócrata que quiere mandar a capricho. Pero si queremos avanzar debemos reponer los faltantes, sobre todo los fundamentales, como es un plan nacional.

El plan nacional servirá para reacomodar a todo el sistema legal en un arreglo coherente que beneficie a la mayoría, en detrimento de los excesos y deformaciones abusivas de grupo. Y servirá para echar a andar al país en conjunto. Para integrar al sistema productivo al mayor número posible de compatriotas. El que hoy día mantiene fuera a por lo menos el 60 % de la población. Y aparecerán recursos al evitar dispendios en actividades redundantes o innecesarias cuando no inconvenientes.

También servirá para que los partidos políticos elaboren su plataforma ideológica, su filosofía. La descripción de su propio camino para llegar a ese mismo lugar, que señala el plan nacional. Toda postura política legítima debe ser afín con el plan nacional. Lo cual no es tan difícil, por una sencilla razón: que es un plan de la mayoría, que busca y resguarda el bien común. Y ninguna posición, por lo menos abiertamente, se puede oponer al bien común.

Por eso lo hacen a la sorda, en forma mustia, ignorando el plan general o peor, deformándolo. Con lo que han construido el principal escollo para corregir el funcionamiento nacional o para lograr los “cambios estructurales”. Porque al tener cada partido político su propia visión, su propio plan. Que no coincide con el de los demás, en la medida en la que no son planes generales sino particulares.

De allí que los partidos aboguen por tener mayoría en el poder legislativo, como requisito de gobernabilidad. En cuyo caso no será para beneficiar a la mayoría sino para no tener problemas para beneficiar a su clientela, deformando a su favor el sistema legal en perjuicio de la mayoría. Desequilibrios que pelean los partidos para beneficiar a sus clientelas, que siempre son minorías y por lo que cuando otro partido piensa instaurar un desequilibrio que beneficie a una minoría de su grey, los opositores la bloquean para mejor tratar de apropiársela (venderla) ellos en caso de conseguir mayoría o vender su aprobación a cambio de prebendas y concesiones que nivelen los beneficios que logrará el otro grupo político.

Sin un objetivo claro y definido, en el mejor de los casos la lucha política se centra en imponer el objeto social, por lo que cada cual trata de implementar su proyecto de país. En el primer mundo, el objetivo es el mismo y lo que se juega en la lucha política son las diferentes formas de buscar ese mismo objetivo.

Por eso el primer pendiente de la democracia es la definición del tipo de sociedad que queremos ser. Para que no sea eso lo que se juegue y decida en cada elección, sino diferentes formas de buscar lo mismo. Así no se reinventaría al país en cada relevo político y no se malbaratarían recursos y esfuerzo en vueltas y zigzags que no van a ningún lado ni en propósitos que no aportan o se oponen al bien común.

Se trata de dejar de mirar minorías y recuperar la visión de conjunto. Recordar que el juego de la democracia es el de poner el interés de la mayoría por encima del de cualquiera y aún del de todas las minorías juntas. Ese es un sustrato cultural fundamental para la mentalidad demócrata. No existe la democracia donde grupos de tribus compiten por el derecho de explotar enormes concesiones.

Para lograr el fin último de la democracia, que los servidores públicos trabajen a favor de la sociedad, es imprescindible aclarar el juego y las reglas. Y lo primero que se debe aclarar es el objeto superior del juego y lo que se considera acierto y falta. Lo que prácticamente es un replanteamiento del juego de una dimensión tal como cambiar de caballo a mitad del río.

Pero también es un cambio de mentalidad indispensable en el juego político para avanzar como sociedad. Un paso al frente que transforme a políticos bananeros en profesionales del bienestar y prosperidad de la sociedad.

Parece insignificante sin serlo, la diferencia entre que el juego político sea la competencia entre diferentes formas de alcanzar el mismo bien común o entre diferentes intereses de grupo. De ello depende que salgamos del bache o no salgamos de lo mismo mientras los problemas se reproducen y crecen. De ese estrato cultural depende la forma en que viva nuestra descendencia en el futuro.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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Inmadurez de la ciudadanía

18 junio 2012

“Lo que falta”

En estos días previos a la elección no puedo menos que sentir desilusión por el espectáculo de la contienda. En diversas entregas he expresado el papel que corresponde al ciudadano como causa, efecto y fin de la democracia, como su sustancia imprescindible.

El ciudadano no es fan o fanático de un personaje o equipo, como sucede en el deporte, el fútbol o béisbol, ni idólatra de una superstición. Lo que se conoce como “voto duro” corresponde a este tipo de elector. El que a ultranza tiene decidida su elección y no la cambia o muy difícilmente lo hace. Las razones pueden ser muchas, pero todas son inconvenientes para mantener la presión necesaria para evitar y corregir desviaciones. La irracionalidad nunca es buena.

Otro es el “voto útil” que corresponde a electores que como parece, también tenían decidida su elección desde antes del inicio de la contienda. Hay quien afirma que los convencieron con una larga campaña. La que dos contendientes intentaron y solo uno logró. Pero creo que la razón es más profunda y grave, van por el menos malo. Tiene de positivo castigar los errores y engaños. Pero también tiene de negativo su indefinición, su falta de claridad sobre lo que repudia o premia.

En los indecisos convergen dos extremos: los críticos, los analíticos, que aguantan su decisión hasta el final, hasta tener todos los elementos en la balanza. Y los apáticos, los desinteresados, los ajenos, los extranjeros de los asuntos comunitarios, los paganos de la política, los que se creen inmateriales, que da igual, que hagan lo que hagan, no influyen de ninguna manera o que no se logrará nada. Los derrotados.

Por otra parte, el nivel de las campañas es muy bajo. Principalmente consiste en una puja en la que se ofrece lo que la audiencia quiere oír. Ya hasta uno se quejo que le robaban sus ofertas. Y es cierto, han convergido en muchas propuestas. Lo que deja mal parado o exhibe la calidad de las plataformas e ideología de cada partido, que se suplantan con soluciones momentáneas y particulares.

Que se supone que deben representar a diferentes formas de ver al fondo del mundo y las cosas. De donde se establecen diferentes caminos. Pero no, los colores y denominaciones de ubicación: izquierda, centro o derecha, solo sirven para diferenciarse entre ellos, como los colores, uniformes y denominaciones de los equipos deportivos: águilas, chivas o tuzos. Donde todos juegan al mismo juego, siguiendo las mismas reglas y buscando los mismos objetivos. Todos quieren llenar su taquilla y meter goles en la portería del contrario.

Lo único positivo es una propuesta, que demostró su peso y valor o necesidad, en el hecho que todos se la piratearon y la enarbolan con insistencia y como propia. De la que parece que todos están conscientes y de acuerdo. Y es la necesidad de cambiar, de hacer las cosas de otra forma, de aplicar nuevos medios en busca de nuevos fines.

Parece que se dieron cuenta que cambiar para lo mismo o peor, lo tradicional, ya no funciona ya no es aceptable. Y es allí donde los partidos deberían hacer un alto para hacerse un riguroso auto examen. Empezando por la estructura ideológica. La filosofía. La que debe funcionar como el esqueleto que de soporte y forma. Y que sea la referencia que permita una limpieza, una depuración, para echar fuera todo lo que en la rebatinga de los últimos años, de una alternancia desordenada, de una asunción de poder y posiciones para la que no se estaba preparado y en la que se creció y actuó improvisadamente. Y la improvisación es la forma más eficaz y eficiente de desordenar cualquier cosa.

La democracia y la razón surgen de confrontar, en forma madura y seria, ideas y puntos de vista diferentes. El que gane no puede seguir la forma tradicional y los que pierdan tampoco. Pero los que menos pueden seguir siendo tradicionales son los habitantes. Porque la única forma de lograr la verdadera democracia, es decir que los servidores públicos trabajen a favor de la sociedad, es manteniendo una constante presión sobre ellos. Evitar a toda costa que se sientan seguros o que obedezcan a otro interés. Lograr que los puestos públicos dependan de los resultados que den a la población y no de complicidades.

Y eso es la tarea ciudadana pendiente más allá de las elecciones.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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