Ciego histrionísmo

7 mayo 2012

“Orientando con veletas”

Muchos economistas y articulistas actuales solo distinguen “tendencias”. Confunden a la brújula con la veleta, desconocen los mapas, carecen de conocimientos  de orientación y navegación pero en su extravío se asumen como guías, en un juego que solo ambiciona corretear corrientes de aire y oleaje, sin importar a donde conduzca.

Son semidioses, que están fuera del tiempo y el espacio. Para ellos no existe el pasado ni el presente, ni toman en cuenta la situación material en las premoniciones fantásticas de un futuro sin pies ni cabeza. Inconscientes que pretenden lucirse sin informarse, estudiar ni pensar, solo traduciendo textos “actuales” de autores foráneos. De los que como buenos “piratas”, copian las faltas de ortografía, nula lógica, superficialidad, infortunio y hasta, quizás, su mala fe.

Sin tomar en cuenta a pensadores que no voltean a ver y a los que solo les verían los zapatos: como a Fernand Braudel, que aclaró que: “(…) las grandes partidas de la época actual se jugaron, ganaron o perdieron, en el pasado”. En nuestro caso, nuestra situación material, es rígido corsé, que solo permite movernos en la forma y con los alcances configurados hace 500 años.

Tampoco saben ni entienden a las fuerzas que influyen en el juego empujándolo en una u otra dirección, por más que ejecutan jugadas que se cantaron hace no tanto. Como las que Halford Mackinder expuso en 1904 y con las que inició la escuela del poder terrestre. Complemento de la talasocracia, a la que tampoco hay que perder de vista. O las que Nicholas J. Spykman planteó antes de la segunda Guerra mundial y que explican la situación actual en medio oriente y China.

Y en esa ceguera, hacen y repiten un superficial recuento de las “veces” en las que se “avizoraba” la decadencia y caída del imperio y el surgimiento de otra “potencia” que ocupe el lugar de líder, que va a quedar vacío. Extraviados entre “vertiginosos nuevos rumbos” y “cambios en el empleo”, en los que en vez de profundizar, dogmatizan, o repiten credos que son consignas.

Así declaran que antes de 1800 “no existía el empleo”, cuando ya se sabe que las pirámides egipcias no las construyeron esclavos. Lo que no había era la concentración y encierro masivo de personal entre muros. Y diagnostican “tendencias” con voz de oráculo sin darse cuenta que solo relatan protagonismos de marionetas en un teatro giñol. En que actúan Japón, Europa, China, Medio Oriente, el BRIC (Brasil, Rusia, India y China), como parte de un elenco cambiante e interminable. En el que la constante es pronosticar la desaparición del titiritero. Sin tener la agudeza de percatarse que es el único, que aunque escondido, todo lo que puede, es el único que de una forma u otra participa en todo y a todo lo largo, de todas las “representaciones”.

Que siempre son variaciones del mismo cuento del lobo que convencía a unas gallinas, que el cielo se caía en pedazos, para que corrieran a refugiarse a una cueva, donde se las comía. Pero en vez del cielo que se cae en pedazos, la motivación consiste en “aprovechar el nuevo escenario”. Y el boleto para competir consiste en hacer cambios que beneficien al titiritero. Trampa para la que solo se debe enfocar la evolución del PIB, soslayando la distribución del mismo.

Lo curioso es que no les preocupen las razones o causas por las que aparecen y desaparecen los héroes y villanos o crecen y decrecen los roles y protagonismos. Pero ¿Qué esperar de cuentacuentos que ni siquiera se percatan o les interesa para quien trabajan?, porque no creo que el titiritero les pague a los paleros, de los que aprovecha su lego histrionismo.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

http://www.grillaenelpoder.com.mx/edicion/index.php?option=com_content&view=article&id=8812:ciego-histrionismo-angel-pujalte-pineiro&catid=46:columna&Itemid=68

Desconcierto

15 abril 2012

“No saber lo que pasa”

En su columna “Economía Informal” del 12 de abril, Macario Schettino señala incongruencias en el comportamiento de cuatro indicadores de macro economía (desempleo, ingreso, ventas al menudeo y actividad industrial) en los que se basa la National Bureau of Economic Research, para determinar recesiones, con lo que cuestiona el concepto de crisis y conclusiones de cartabón.

Se da cuenta que los tres años consecutivos que ha crecido 4 % en USA la actividad industrial refutan que estén en “recesión”. A pesar de la contradictoria tendencia creciente que tiene el desempleo, que de 1965 a 1990 se mantuvo entre 4 y 6%, de 1990 al 94 entre 6 y 8 % y que desde 2009 se mantiene arriba del 8%.

Por su parte el ingreso se separa entre los que tienen título universitario, preparatoria y baja calificación (gerentes, oficinistas y obreros). Hasta fines de los setenta la brecha en los ingresos entre los que tienen título universitario y preparatoria era del 40 %, pero desde entonces crece y en 2010 era mayor al 100% y lo que aumenta para los que no tienen calificación (obreros) es el desempleo. Lo que explica con el desarrollo tecnológico que suple a la mano de obra.

Del desempleo en España señala que la mitad de los jóvenes desempleados incluye a buena parte con alto nivel educativo, para mostrar que la concepción y baremos económicos de costumbre han perdido sentido e invita a revisar el concepto de “crisis”. Schettino no es una libélula conceptual que solo roza la superficie, sino que la penetra y profundiza. Lo que permite aprovechar su valioso análisis para señalar otros aspectos relevantes.

No creo que se deba cambiar de denominación a las “crisis”, como propone, sino de significado. Según Ortega “crisis es lo que nos pasa, cuando no sabemos lo que nos pasa”, acepción más apegada a la realidad. Por conformarse con la cómoda, oscura e irresponsable explicación de “ciclos”, que evita buscar en cada caso las causas particulares de fondo de las alternancias de crecimiento y recesión en las economías y revisar las verdaderas consecuencias de las medidas llamadas “contracíclicas”, que son el “remedio tradicional” para las “crisis”.

Pero antes debemos aclarar el significado de las palabras: evolución, desarrollo y progreso, que se confunden como sinónimas. Lo que implica creer que la evolución de las civilizaciones es como el de las plantas, que nacen, desarrollan y prosperan solas y en la misma forma, siguiendo el mismo camino. Con la esperanza inconsciente que el desarrollo y progreso social sean espontáneos, inevitables y ajenos al comportamiento de la sociedad.

Arnold Toynbee con su monumental estudio del nacimiento, evolución y decadencia de 23 civilizaciones mostró, que no son iguales ni lo mismo, que enfrentan retos diferentes y deben seguir caminos particulares, que todas tienen vida propia, la  que con facilidad se viene abajo. Demoliendo la cómoda pretensión de creer en problemas, soluciones y caminos únicos y universales.

Por su parte Fernand Braudel encuentra relación entre la geografía (territorio) y la evolución de las civilizaciones, pero confirma que a historiadores y geógrafos les falta la mirada perforante de la Ingeniería Civil (planeación física del territorio) para explicar las razones materiales en el desempeño de las civilizaciones, por lo que solo consignan hechos y apariencias.

Schettino ilustra la incongruencia de la visión estática y generalizada de la economía y el desatino de los baremos anquilosados, contrastando la evolución del empleo obrero y de cuello blanco de los inicios del siglo XIX a nuestros días. Afirma que hasta inicios del siglo XIX no existía el empleo como se idealizó. Como algo estable, vitalicio, con prestaciones y jubilación. Algo a lo que las personas comunes pueden dedicarse despreocupadamente, con la confianza que les dará una vida aceptable y después de unos años podrán disfrutar la vida cómodamente sin trabajar.

Hace notar que el empleo obrero creció a lo largo del siglo XIX, pero decayó en el XX a la par que crecía la clase oficinista y que los actuales “indignados” en verdad son frustrados al percatarse de la desaparición del empleo vitalicio, prestaciones y jubilación. Pero cae en la trampa conceptual de llamar “modelo” al proceso tan dinámico que describe, que no da la idea de algo estático. Y concluye que eso no es una “crisis”, por otra trampa conceptual: que “no es algo pasajero sino una trasformación profunda”.

El protagonista principal en esta confusión es la tendencia a inmovilizar en dogmas y estereotipos vanos, procesos que son cambiantes, así los “modelos” y “ciclos”, ocultan el desconocimiento de la causa y uniformiza la aparente repetición de eventos oscuros haciéndolos ver como si fueran iguales y lo mismo. ¿Engaño consciente o inconsciente, del desconocimiento de las diferencias materiales de cada sociedad y alcances de las  teorías “económicas”?

También por pereza mental se extrapolan al tercer mundo, conclusiones del primero y de los de a medio camino, soslayando toda desproporción y diferencia. Pero existen explicaciones que aunque adolecen de generales, son más racionales que las “momias de cajón”. Precisamente al principio del siglo XIX, el maestro de Marx y Keynes, Jean Baptiste Say (1767-1832), afirmó que las “mercancías se cambian por mercancías”, estableciendo la relación causal entre oferta y demanda. Con lo que hizo ver que la oferta causa la demanda o que la producción debe anteceder al consumo.

Lo que junto a los contratos laborales fincados en los de arrendamiento inspiró en Marx a ver el trabajo como mercancía, pero esa es otra historia. Lo que aquí interesa fue lo que hizo Keynes, que invirtió el proceso y desde entonces se pretende estimular la economía incentivando el consumo, aun sin producción. Desequilibrio cuyo ajuste necesario explica una causa de una forma de “crisis”.

El tercer mundo en vez de integrar a la población a la economía para que todos paguen con los frutos materiales de su trabajo sus consumos, con fines clientelares políticos favorecen la caridad (dar a cambio de nada vendible), con recursos obtenidos de la venta de recursos naturales sin procesar. Recursos naturales que deberían ser procesados por la población, no solo para crear riqueza sino, quizás igual de importante, para adquirir capacidades y habilidades y formar el mercado interno. Que es más importante que el externo. Pero el gobierno se apropia de los recursos naturales de la sociedad no para producir riqueza ni para propiciar que lo haga la población, sino para malbaratarlos, con lo que evita que la población produzca, adquiera capacidades, se integre y pague sus consumos, con riqueza creada.

En vez de eso, se “combate” a la pobreza regalando dinero (Pronasol, Progresa, Oportunidades, Adultos mayores), lo que solo la encubre y en verdad la profundiza y agrava, al confundir la organización racional de la sociedad, que derivaría en la creación de un mercado interno, con una organización política de dependencia y clientelar, basada en un consumismo sin producción, sin integración social, sin adquisición de capacidades y habilidades por parte de la población, sin orgullo ni dignidad, sino haciéndola atenida y dependiente. Y las sociedades avanzan en la medida que se organizan en forma racional y retroceden en la que se desorganizan u organizan en forma irracional.

Como ningún problema tiene una causa única, sino obedece a la alineación de diversas causas cambiantes, me permito proponer una explicación para otra causa de “crisis” que es diferente a la  que produce la inversión del principio de Say, una que permite revisar en ella la realidad de las medidas “contracíclicas”.

Basándonos en la misma relación de hechos expuesta por Schettino, se debe aceptar que no es otra cosa que el relato de cómo ningún factor ha permanecido estático ni en su posición ni en su relación con los demás factores consignados. La dinámica constante es trasvasar prerrogativas y beneficios de un nivel social a otro dependiendo de las condiciones materiales de la producción. La falta de tecnología hacía necesaria la participación de la clase obrera. La que al tener trabajo les distribuía recursos para formar el mercado interno. En una situación no estable por la corrosión que el desarrollo tecnológico hizo de la necesidad de mano de obra. Lo que da razón a los luddistas. Mientras decaía la clase obrera crecía la oficinista, creando una especie de compensación y tal vez, pasando por una especie de proporción óptima de niveles. Pero asistimos a la repetición del mismo fenómeno, solo que ahora el desarrollo tecnológico se come los puestos de trabajo del nivel intermedio. Y es de esperar que siguiendo el mismo camino, continúe repitiendo el mismo proceso con la clase gerencial.

Lo que podría explicar otra causa de otro fenómeno que se echa en el opaco costal de las “crisis”. En cuyo caso corresponden a los sismos que se producen al irse subsumiendo o degradando las condiciones de las jerarquías sociales. De ser cierto, lo que los “economistas” llaman “crisis”, dando a entender que es algo temporal y que “no pasa nada”. En verdad sería los golpes que se da la organización social al caer cuesta abajo, de escalón en escalón.

De lo que debería ser confirmación suficiente, el crecimiento del PIB a la par del crecimiento de la mala distribución de la riqueza entre la población. Que no puede reflejar otra cosa, que el trasvase de la carga económica a un número menor de personas y la segregación de un número creciente de habitantes de las actividades productivas. Lo que expone como perniciosos distractores vanos los conceptos “económicos” de “modelo”, “crisis”, “ciclos” y “medidas contracíclicas”.

Cuando una estructura social para ser estable debe ser piramidal, con más obreros que empleados y más empleados que gerentes y todo proporcional al número de habitantes. Donde la combinación del crecimiento del uso de tecnología que suple empleos y el de población, reduce la demanda de mano de obra a la par que la oferta crece, lo que colapsa los salarios y desgrana el mercado interno. De allí la necesidad de un libre comercio que no beneficia a la sociedad, sino al más reducido grupo de dueños de tecnologías.

Al considerar la mala distribución del ingreso como causa principal de las revoluciones de finales del siglo XVIII y a la Ingeniería Civil como consecuencia de las revoluciones sociales. Por lo que fue concebida como la herramienta específica para construir materialmente las revoluciones. (Las revoluciones son movimientos sociales que la Ingeniería Civil debe materializar). Nos lleva a relacionar la evolución de las sociedades con la evolución de su Ingeniería Civil.

Vemos que prácticamente regresamos a la situación de finales del siglo XVIII. Una explicación es que la infraestructura física es la llave que abre la Naturaleza y hace accesibles los recursos naturales, para que la población con su inteligencia y trabajo cree riqueza y mediante ella su bienestar y prosperidad material. En el siglo XVIII la infraestructura no era para todos sino exclusiva para respaldar los negocios de unos cuantos favorecidos. De allí nace el objeto de la Ingeniería Civil, de construir la infraestructura física que respalde la actividad de toda la sociedad plural. Lo que deja ver que lo que el gobierno debe repartir entre la población no es dinero sino infraestructura física, como la mejor y más justa forma de distribución de bienestar y posibilidades lucrativas entre la población.

La explicación de la evolución en USA debe incluir la triple construcción de sistemas de vías de transporte en su territorio: el primero para proteger el territorio robado, el segundo después de la 1ª. Guerra Mundial y el tercero después de la Segunda. En USA el respaldo teórico de la construcción de infraestructura fue más militar que civil, pero eso no afectó a los resultados. Lo que junto con los Kw. que puso a disposición de cada habitante explican la bonanza hasta la segunda mitad del siglo pasado. Y los problemas actuales en el hiperdesarrollo de la tecnología en detrimento de la Ingeniería Civil.

¿Por qué? Porque la Ingeniería Civil es la planeación física del territorio. ¿Y que se planea? La relación entre recursos, infraestructura y estructura. No se debe montar más infraestructura que la disposición de recursos naturales y no se debe montar más estructura que la infraestructura disponible. Y todo adecuado a las posibilidades. Sencillo, es puro equilibrio y coherencia.

Y cuando no se administra la relación recursos naturales-infraestructura-estructura se desequilibra y empieza a haber problemas. Se debe revisar la infraestructura que ya no abre recursos naturales porque ya rebaso a los disponibles y a la estructura montada que rebasa a la capacidad de la infraestructura. Lo que complica la creación de riqueza por parte de la población. En nuestro caso, después de 500 años de crecer en los mismos lugares solo ensanchando la misma infraestructura que dejaron los coloniales, donde hay infraestructura ya no hay recursos naturales y donde hay recursos naturales no hay infraestructura.

Así la infraestructura útil se reduce y va quedando en menos manos y si a esa ecuación le agregamos el desarrollo tecnológico que suple la necesidad de participación de gente en los procesos productivos, vemos en la situación el regreso a 1789. Cuando un reducido grupo monopolizaba los recursos naturales de toda la sociedad, vía el monopolio de la infraestructura física y el resto de la sociedad tenía la condición de animalitos del bosque.

Y es muy torpe que en vez de integrarlos y ponerlos a trabajar para que rescaten su dignidad pagando sus consumos, se les atrofie y amargue regalándoles dinero obtenido de la venta del futuro.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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