¿A Dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del

Señala malas disposiciones físicas del territorio nacional que obstaculizan el desarrollo y explica sus causas como consecuencias de errores, comportamientos políticos y profesionales torcidos, simulación institucional y normas irracionales, que denuncian los tres libros anteriores. Expone la tenaz incongruencia por la que el país despilfarra tiempo, esfuerzo y recursos y señala problemas de fondo que impiden que la sociedad avance y el país prospere.

Las primeras 180 hojas exhiben el ridículo que 80 «investigadores científicos» de 22 Institutos de Ingeniería, que por ostentarse como monopolistas de la inteligencia, demuestran su incapacidad e incompetencia sobre la práctica de la Ingeniería Civil.

El capítulo «Los pertrechos» repasa la historia de la Cuenca de México para mostrar el manejo que se le debe dar a un asentamiento para que opere como herramienta de bienestar y prosperidad material de los habitantes.

El capítulo «El esquema del mundo», recuerda el origen de la auténtica Ingeniería Civil y su compromiso con los ciudadanos y la evolución social. Descubre las situaciones físicas del país que causan el subdesarrollo y la mala distribución de oportunidades y rezago económico. Los principales obstáculos materiales para el bienestar y prosperidad material de los habitantes, la equidad e integración social, el desarrollo y prosperidad nacional.

Revisa la evolución de la organización del Ejecutivo Federal, desde la década de 1920 a nuestros días, para revelar cuatro intentos para racionalizar el desarrollo físico del país, que han sido frustrados. Y expone la necesidad de una Ley de la Planeación Física del Territorio, que en cumplimiento del tercer párrafo del Artículo 27 Constitucional, desconcentre y descentralice al país y equilibre la evolución material del desarrollo nacional.

El capítulo  «La ingeniería mental», contrasta y destaca lo diferente que son las capacidades que desarrollan las estructuras y facultades mentales de las diversas culturas y disciplinas profesionales y lo torpe y ciego que es tratar de suplantarlas.

 

Radiografía de la corrupción mexicana II

octubre 2014

La primera radiografía reveló orígenes del desorden social mexicano. Esta segunda desnuda las distorsiones del sistema político que expuso la primera radiografía en el anuncio del nuevo aeropuerto internacional para la ciudad de México.

El primer objetivo de la proclama fue desviar la atención del público de los graves problemas de la población y el país. Lo que logró con pasmosa facilidad una maqueta digna de “los supersónicos”, que como “pajarito” de mago, distrajo, hipnotizó y manipuló la imaginación de la audiencia, para hacerla soñar la fantasía de un futuro mágico.

En el fondo, el artificio de hipnotista acarreó la carga simbólica de un desplante político, que era el carácter principal del acto. El objeto ceremonial político fue el mensaje alegórico que el presidente Enrique Peña Nieto, puede hacer lo que los demás no. Que donde otros se estrellan y reculan, él avanza con facilidad.

La plenipotencia que actuó el presidente, le permite construir el mejor aeropuerto del mundo, diseñado por el mejor arquitecto del mundo y dejar sin premisas a los opositores, incluyendo a los atencos. Gracias a él, el país va a tener un aeropuerto de relevancia mundial, que por tamaño y forma será la mayor infraestructura en el país de las últimas décadas y Latinoamérica. Y una magnanimidad que supera el enanismo mental del político vulgar y corriente, cuyo histrionismo le impide emprender ningún proyecto que no va a inaugurar, para no compartir el mérito.

Es innegable la habilidad política y capacidad para manipular la opinión pública que desplegó el presidente, pero es un talento que resulta vano y perjudicial, cuando es el celoso protagonista principal en las habilidades de un dirigente, en vez de una habilidad accesoria, que acompañe y respalde, a la virtud que es más relevante y necesaria para la sociedad, que es la visión de estadista. El estadista antepone el bien común a su ego e intereses de grupo. Y el interés político o de grupo, reduce al nivel de pretexto al bien común.

A lo anterior se agrega la falta en el gobierno de verdaderos profesionales con el conocimiento, estatura y ética profesional que estudien la situación del país, desde el punto de vista profesional, del que presumen titulo y aparentan representar en el sector público, en un sometimiento simulado, que evita racionalizar la evolución nacional.

El equipo de profesionales del gobierno es inepto en el campo del conocimiento que simulan representar, gracias a que la cualidad por la que los seleccionan y prosperan, es la subordinación y sometimiento. El currículum necesario debe ser de nombramientos y no de logros profesionales.

La subordinación de los servidores públicos a los caprichos de sus superiores y su incapacidad profesional, evita que actúen con principios y lineamientos del conocimiento profesional y la razón, que critiquen los objetivos, planes, planteamientos e instrucciones de los superiores y vigilen y estudien las acciones emprendidas y los resultados que obtienen.

Para corregir, afinar y optimizar en forma oportuna el rumbo y lograr un conocimiento más serio y profundo de la realidad nacional, para establecer en base al conocimiento profesional y la razón, metas posibles y elaborar planes factibles, que orienten las políticas del país, para conducir en forma racional a la sociedad mexicana a su propia superación.

El desvarío es el único resultado posible que logran los equipos de sometidos a los caprichos de alguien que puede ser muy competente en otro campo, pero que desconoce todo sobre las disciplinas en las que unos subordinados deberían orientarlo y en vez de eso le dicen lo que quiere oír. Lo opuesto al comportamiento profesional serio, que sin considerar opiniones, descifra al mundo real para orientar con conocimiento verdadero de situaciones, causas y posibilidades reales.

Los profesionales que no son servidores públicos pero que dependen de contratos con el sector público, tampoco tienen libertad de criterio y muchas veces tampoco conocimiento y capacidad profesional. Ya que muchas veces, la relación comercial con el sector público depende de fidelidad, confianza y generosidad. Por lo que son otros simuladores sometidos y subordinados a caprichos políticos.

También incide la creencia de políticos ebrios de hybris, que el profesional estudia para hacer posible sus ocurrencias, sin importar lo absurdas, antieconómicas o impracticables que sean. Habrá que preguntarle ahora al “mejor alcalde del mundo” Marcelo Ebrard Casaubón, que piensa del servilismo y disposición de su equipo de “profesionales”, que en vez de hacerle ver lo real, lo posible e imposible, lo conveniente e inconveniente, ventajoso y desventajoso, lo óptimo entre lo ventajoso de lo conveniente, cuando preguntaba la hora le respondían que la que él mandara.

Por su parte el equipo que forman el arquitecto Norman Foster y Fernando Romero demuestra experticia en cobrar y expresar fantasías oníricas en las que no caben restricciones materiales ni consideraciones sociales, económicas, presupuestales, espaciales ni funcionales. El proyecto por su ubicación, demuestra desconocimiento total de ingeniería civil, mecánica de suelos, estructuras, ingeniería de sistemas, presupuestación, planeación física del territorio, urbanismo, administración de centros urbanos, desarrollo social, economía y muchos etcéteras.

Parten de suponer que las variables del proyecto las pueden resolver otros profesionales en forma sustentable, financiera y económicamente hablando. Que la disponibilidad de recursos no importa. El presupuesto es una puesta de cola al burro y no consideran la conveniencia de la sociedad mexicana. Y cuando los problemas materiales y costos se disparen, ya habrán cobrado y eludirán explicar la base de sus suposiciones físicas y presupuestales, culpando a otras disciplinas o a los ejecutantes, a los que comprometieron en ausencia.

Así la habilidad política del presidente, en combinación con la disciplinada subordinación a sus caprichos de los servidores públicos y “profesionales” relacionados, involucrados y comprometidos con el proyecto, sumada a la febril imaginación de los arquitectos, gracias al divorcio de todos con un trabajo serio y profesional, comprometido con el mundo verdadero, el bien común y una racionalidad mínima, conjuntan un deletéreo equipo de trabajo que se dispone a dirigir al país a una colisión directa con el mundo real, con resultados desastrosos para el desarrollo del país y el bienestar de la sociedad.

Nadie toma en cuenta al principal problema material del país, de la colonia a la fecha: el centralismo. Y no me refiero al centralismo político ni económico, sino al estancamiento físico del desarrollo: al centralismo material.

Centralismo corporal de la república mexicana, consecuencia de la prevalencia de los intereses políticos por sobre los sociales y del país. Soslayamiento del bien común, que ha bloqueado el desarrollo territorial equilibrado del país, el reparto de progreso económico en toda la extensión de la nación, la distribución geográfica equitativa de la riqueza de acuerdo al potencial regional, la igualdad de oportunidades para toda la población, la integración social, lo que causa desigualdad, pobreza, ignorancia, mala distribución de oportunidades y segregación social.

El mantener la hegemonía central es el afán que motiva la demencial pretensión de construir un aeropuerto en el fango del fondo de un ex lago, para un conglomerado urbano decadente, dentro de una cuenca moribunda. En un terreno en el que sin que le pongan nada encima se hunde y deforma en forma dispareja de 20 a 40 centímetros al año, para una población apiñada y miserabilizada, en una cuenca con ecología decadente y contra toda lógica.

En un conglomerado urbanístico tan aglomerado, que desde 1964 se debió prohibir construir y hacer nada que haga que más gente venga a asentarse a la cuenca. No es conveniente, racional, legal ni legítimo que en una cuenca que mide 9,600 kilómetros cuadrados, de un país con 2’000,000 de kilómetros cuadrados de territorio, en el 0.48 %, ni siquiera un medio por ciento del territorio nacional, se amontone al 25 por ciento de la población del país.

Violando flagrantemente el Articulo 27 Constitucional, que en un acápite en nombre del interés público y beneficio social, ordena:

(…) La Nación tendrá en todo tiempo el derecho (…) que dicte el interés público, así como el de regular, en beneficio social, el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, con objeto de hacer una distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar de su conservación, lograr el desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población rural y urbana. En consecuencia, se dictarán las medidas necesarias para ordenar los asentamientos humanos y establecer adecuadas provisiones, usos, reservas y destinos de tierras, aguas y bosques, a efecto de ejecutar obras públicas y de planear y regular la fundación, conservación, mejoramiento y crecimiento de los centros de población; para preservar y restaurar el equilibrio ecológico; (…)

El primer recurso o “elemento natural” es el espacio, que esta agotado en la Cuenca de México, el amontonamiento de población en la Cuenca de México contraviene a “el desarrollo equilibrado del país” y las condiciones de vida que le impone a los habitantes de dentro y fuera de la Cuenca incumple a ““una distribución equitativa de la riqueza pública”, a su “conservación” y a el mejoramiento de las condiciones de vida de la población rural y urbana”. Violaciones consecuentes de no haber dictado “las medidas necesarias para ordenar los asentamientos humanos y establecer adecuadas provisiones, usos, reservas y destinos de tierras, aguas y bosques“, es decir no se ha planeado, regulado ni ordenado la evolución física del territorio nacional.

Incumplimiento de múltiples ordenamientos constitucionales que no solo ha sido omisión del Ejecutivo Federal, sino que también expone que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sido negligente en cumplir su responsabilidad fundamental de defender el orden que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, establece en su Artículo 27, el que a pesar de ser un asunto de su jurisdicción de gran importancia para la sociedad, es un derecho constitucional que no ha protegido la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Responsabilidad que sería mejor cumplir antes que gastar muchos recursos sociales en pregonar en los medios de comunicación que si lo hace.

Tampoco el poder legislativo cumple su responsabilidad fundamental de elaborar las leyes, normas y reglamentos que requieren las disposiciones constitucionales para cumplirse. Ambos poderes en vez de contrapesos equilibrantes del poder, colaboran con el desequilibrio con omisión o comisión. El legislativo en vez de aprobar una ley de planeación racional o perfeccionar y ver que se cumpliera la que Sánchez Mejorada propuso en 1929 y que nunca se acató, por no convenir a los intereses de la oligarquía, la derogaron y cambiaron por una irracional e incongruente “planeación” de refuerzo al control político.

Una de “planeación democrática” que reparte recursos a fondo perdido en base al número de habitantes (léase votantes), en vez de destinar los recursos a proyectos que prometan beneficios materiales para el bien común. Lo que desaparece los recursos repartidos en vez de invertirlos en proyectos que retribuyan regresándolos acrecentados a futuro, en condiciones materiales que propicien el bienestar y prosperidad material del mayor número de habitantes, en la mayor extensión territorial y el más largo plazo posible.

Incongruente “planeación” que en vez de favorecer el bien común, premia o castiga el sometimiento y subordinación de dirigentes políticos, a los que permite comprar voluntades y formar clientelas. Cuya peor tara es motivar la atracción y aglomeración de habitantes en distritos electorales, que tienen agotados los espacios habitables y los recursos naturales, que carecen de probabilidades lucrativas, infraestructura, estructura y servicios. Lo que agrava el principal problema material nacional.

Gracias al incumplimiento del Artículo 27 Constitucional, carecemos de una ley legítima y racional de planeación y de una ley de obras públicas que finque su coherencia en ser consecuente de la ley de planeación, que a su vez sea consecuente del Artículo 27 Constitucional. Mi libro “Disección de la Ley de Obras Públicas” demuestra que la vigente es un galimatías sin pies ni cabeza, que no viene de ningún lado ni va a ninguna parte y que solo sirve para lavar recursos públicos. Para que un servidor público entregue recursos públicos a un cómplice externo y que en forma independiente de los resultados nadie resulte responsable ni culpable de nada. De manera que también se incumple el Artículo 134 Constitucional.

Esa atrofia y perversión normativa y conductual mantiene estancado el desarrollo material, económico y social del país. Por eso no dejamos de dar saltos de sapo: que siempre cae en el mismo lugar y no salimos de hacer lo mismo, en los mismos lugares, lo único que cambia es la situación que cada día se complica más y más.

La infraestructura con la que contamos es la misma que dejaron los coloniales. Tenemos 500 años solamente ensanchando la misma infraestructura que planearon los coloniales. Y después de 500 años de crecer en los mismos lugares, hemos logrado que donde hay infraestructura ya no haya recursos naturales y donde hay recursos naturales no hay infraestructura. Las únicas ciudades nuevas son Ciudad Obregón y Can Cun. Gracias a Can Cun tenemos un millón menos de habitantes en la Cuenca de México.

Una referencia de la accesibilidad de un territorio es la correlación entre los kilómetros de carreteras y los kilómetros cuadrados de territorio. Los países de primer mundo cuentan con alrededor de un kilómetro de carretera por cada kilómetro cuadrado de territorio. Por eso su población puede distribuirse de mejor manera, de acuerdo a los recursos naturales disponibles, aprovecharlos y cuidarlos, intercambiar ideas, personas y bienes y vivir con mayor seguridad.

En México los políticos pregonan que tenemos 330 000 kilómetros de caminos, en los que incluyen las veredas de los venados. En cuyo caso solo tenemos accesibilidad al 16.5 % de los 2’000,000 de km2 de territorio. Pero si solo tomamos en cuenta las carreteras pavimentadas, que son las únicas que deben contar, tenemos 86,600 kilómetros. Es decir, solo tenemos accesibilidad al 4.33 % del territorio nacional. Ni siquiera al cinco por ciento del territorio nacional.

Esa irracional manera de administrar al país es el origen de las malas condiciones de vida en los centros urbanos y rurales. La gente se aglomera en los centros urbanos sedes de monopolio de control político, porque el poder acapara las probabilidades lucrativas. De allí el desmedido y desordenado crecimiento de los centros de control político, los que en la medida que crecen se hacen más difíciles de administrar y controlar.

Centros en los que las probabilidades lucrativas más substanciosas, a pesar de ser “legales” son de legitimidad cuestionable, al gravitar alrededor de los presupuestos públicos, que a su vez, son acaparados por sometidos e incondicionales. Los que derraman en cascada parte de los beneficios a sometidos e incondicionales suyos. Otra parte del flujo económico es de legales y legítimos, que al no contar con la protección de nadie, sufren los embates de dependencias gubernamentales, que más allá de buscar formas de explotarlos no hacen nada por ellos. Y otro gran sector es el de los ilegítimos e ilegales de todo tipo, olor color y sabor. Desde los ligeros, como los informales, ambulantes, piratas, pasando por niveles intermedios y llegando al extremo del impacto social, como: narcotráfico, robo, secuestro, homicidio, etc.

Atrapado entre los extremos, el sector legal y legitimo, la clase media o medular del mercado interno, sufre la explotación de los ilegítimos legaloides, que no hacen nada por su bienestar ni prosperidad material y de los ilegales e ilegítimos, que pagar por impunidad a los ilegítimos legaloides a los que la sociedad les paga para combatirlos y erradicarlos.

Lo que deja ver la gran parte de la corrupción que es subproducto de las aglomeraciones urbanas generadas por el monopolio del poder. Y otra parte de la corrupción la genera el abandono de vastas regiones del país. En ese 95.67 % sin penetración de carreteras pavimentadas o en el 83.5 % del territorio que no cuenta ni con veredas de venado son pocos los legítimos y legales que los menos pueden vivir como Robinsones Crusoe y los más como Viernes.

No se puede hablar de ningún lugar abandonado, por el saqueo descontrolado que sufren de los recursos naturales. Un negocio tradicional de gobernador es la explotación maderera sin reponer los árboles cortados y tachar de talamontes a los originarios que recogen ramas caídas para cocinar y calentarse. El negocio minero Templario es otra muestra, del que no pueden abstraerse autoridades locales.

Y el abandono es ideal para el desarrollo y florecimiento de actividades ilegitimas e ilegales extremas. Como el trasiego de drogas, desaparecer cadáveres, esconder secuestrados, cultivar, procesar, almacenar y empacar drogas, montar laboratorios para fabricar drogas sintéticas. O para que prófugos de la justicia vivan cómodos, segura y tranquilamente. El respaldo local es natural dado que son los únicos que trasladan a las regiones, en las que no llega la compra de electores de la Secretaria de Desarrollo Social, la derrama de probabilidades lucrativas con que resolver necesidades fundamentales de vida, como comer, lo que destiñe de principios, moral, legitimidad o legalidad, a la actividad de que se trate.

Culpan a las complicidades e involucramiento de las autoridades y población de las interfaces, de no poder encontrar en el ignoto e inaccesible territorio a la “Tuta “. Lo cual en gran medida debe ser verdad. Como también es cierto que la incomunicación, abandono y desconocimiento del territorio lo favorece en todo sentido. Igual que favoreció al robo de la mitad del territorio y complicó defender o recuperar el territorio robado.

Por eso en vez de persistir en la demencia de agravar la deformación de la distribución territorial, se debe hacer lo mismo que hicieron los que nos robaron y que hasta la fecha no hemos hecho y que fue el descuido por el que con suma facilidad nos robaron la mitad del territorio: ir a la conquista de nuestro territorio. Ir a tomar posesión de nuestro territorio.

Y volviendo al caso del nuevo aeropuerto. La Cuenca de México es una cuenca desesperanzada, la más saturada y la que tiene mas agotados todos sus recursos naturales. Empezando por el espacio y siguiendo con el agua. Respecto al espacio Una ciudad funciona en la medida que propicia el intercambio de bienes y personas. Por volver cada día más complicado el intercambio de bienes y personas, la conurbación urbana en la Cuenca de México es un conglomerado decadente.

Cualquier solución resulta atrasada e insuficiente, cuyo efecto paliativo será aparente alivio efímero que precede al agravamiento del problema que se pretendía resolver y problemas asociados. Lejos de resolver nada las “soluciones” agravan la situación, ya que en vez de disminuir o desalentar el hacinamiento, propician que más gente venga a asentarse a la cuenca. Que crezca la desbordada aglomeración concentrada y el abandono de la mayoría del territorio con potencial.

Respecto al agua, en el último intento por desconcentrar al país, después del temblor de 1985, el Ingeniero Carlos Ramírez Sama denunció en El Colegio Nacional, que después lo publicó en el libro: “Problemas de la Cuenca de México”, que la Cuenca de México solo cuenta con dotación de agua potable suficiente para sustentar la vida de 8.2 millones de habitantes y que esa cantidad se rebasó en 1964.

Dotación que por una sucesión de arbitrariedades políticas y sumisión de los ingenieros civiles, se tira al caño y el país despilfarra enormes recursos económicos en sacarla de la cuenca y en reponerla trayendo otra de otras cuencas o sobreexplotando el acuífero, lo que ocasiona el hundimiento acelerado que va a terminar demoliendo los edificios coloniales del centro histórico. A pesar de lo irracional de gastar recursos en el acarreo de recursos, en vez de llevar a la gente a donde se encuentran los recursos naturales y así liberar y usar los recursos para propiciar el bienestar y prosperidad material de la población.

El libro “Problemas de la Cuenca de México” certifica que los últimos “intelectuales” del Colegio Nacional resultan otros mirones de palo, que por miedo, compromisos, sonambulismo o lo que sea, en vez de cumplir su responsabilidad ciudadana de alzar la voz para denunciar lo que saben y les consta que está mal y perjudica a la sociedad, se subordinan a los caprichos del autócrata en turno. Ese libro-denuncia se publico en 1990 y de ese año a la fecha no han dicho nada ni levantado la mirada del suelo. A pesar que todos los problemas vaticinados están ocurriendo y la situación nacional sigue complicándose.

El principal equilibrio que debe existir en todo territorio lo establece la triple relación entre recursos naturales, infraestructura y estructura. La infraestructura es la herramienta que abre la Naturaleza y hace accesibles los recursos naturales al hombre para que éste con su inteligencia y trabajo produzca riqueza.

De allí que no tiene ningún sentido montar más infraestructura que los recursos naturales existentes, como también a su vez es absurdo montar más estructura que la infraestructura existente. La Cuenca de México es un enorme monumento a la estulticia. En la que aún sin aeropuerto nuevo, tiene montada más estructura que infraestructura y más infraestructura que recursos naturales existentes.

El D.F. es la única ciudad en el mundo que necesitó terminar un acuaférico para darse cuenta que no tenía agua para usarlo. Y en la que también tiene construidas muchas más casas que tubería de agua, drenaje o electricidad.  Los asentamientos urbanos tienen un tamaño óptimo y una franja del número de habitantes en la que son costeables, debajo o arriba de esa franja, el montaje y administración de infraestructura es incosteable, en forma independiente de la disponibilidad de recursos naturales, infraestructura y estructura.

El centralismo ha convertido a la Cuenca de México en el hoyo negro de la república Mexicana. Que para sostener su desesperanzada vida artificial, devora recursos que secuestra de regiones de la república que si tienen potencial para mantener la vida artificial de lo que no tiene.

El rebase desmedido de la triple relación material: recursos materiales-infraestructura-estructura y de la extensión y número de habitantes manejables de un asentamiento urbano, encarece desproporcionadamente su dotación y administración. Por lo que ningún esfuerzo posible va a evitar que cada día sea más: defectuoso, insuficiente e incompetente para cumplir como herramienta de producción de bienestar y prosperidad material de los habitantes y de que su demente afán complique el desarrollo y florecimiento del resto del país.

Lo que hace un problema de envergadura nacional, dejar de dar saltos de sapo al insistir en malbaratar recursos en “soluciones” que en verdad complican y agravan más la de por si ya muy grave y complicada situación del país, en vez de lo cual se debe empezar a invertir. Es decir destinar recursos en proyectos que retribuyan más de lo que cuestan y que propicien el bienestar y prosperidad de la población. Y no solo beneficie a una enana mental oligarquía.

El intento de construir un aeropuerto en el fango del fondo del ex lago de Texcoco es incosteable por muchas razones físicas y contrasentidos lógicos, económicos y sociales locales, no solo nacionales. Es el peor lugar de toda la República Mexicana para poner un aeropuerto y cualquier otra cosa.

El libro “A donde vamos México, Fe de erratas del desarrollo nacional”, analiza en forma acuciosa, en “Los pertrechos”, los detalles que se deben cuidar en la administración de un asentamiento urbano, usando como referencia a los problemas cuyo descuido ha acarreado a la mancha urbana en la Cuenca de México y el “Esquema del Mundo” revisa los problemas del desarrollo nacional y en especial los de la planeación física del territorio. Por lo que no es necesario repetir lo que se encuentra publicado.

En vez de eso destaco que los argumentos a favor del proyecto son medias verdades o grandes mentiras. Falsos como argumento de vendedor. Es innegable que el aeropuerto actual esta rebasado. Que el país acumula muchas deficiencias en infraestructura de transportes. Pero construir más infraestructura dentro de la Cuenca de México será como echar gasolina al fuego y que en vez de resolver los problemas que se pregona va a solucionar, en realidad va a agravarlos.

Aunque falta ver si el proyecto va en serio. Porque también puede ser otra hablada, como la del ex presidente Vicente Fox Quesada, que sin contar con los recursos necesarios, igual que ahora, anuncio su famoso “Plan Puebla Panamá”, quizá con la esperanza que la simple convocatoria hiciera que inversionistas particulares nacionales y extranjeros pelearan por financiarlo. Lo que nunca ocurrió. Solo algunos estafadores oportunistas aprovecharon el cuento para esquilmar ingenuos.

Aunque al ex presidente Vicente Fox Quezada se le debe agradecer que todo haya quedado en hablada o intento de estafar a inversionistas particulares y que no lo haya financiado de prestado, Gracias a lo cual solo dejo una deuda arriba de los dos millones de millones. El presidente Felipe Calderón la subió arriba de los cinco millones de millones. Y la actual administración ha estado viviendo de prestado incrementándola y si habla en serio va a endrogar al país para hacer cosas que no van a pagar lo que van a costar.

Por lo que lo mejor sería que todo sea hablada como el Plan Puebla Panamá del expresidente Vicente Fox Quezada y no se dilapiden recursos en un proyecto que lejos de retribuir ni para pagar lo que va a costar, va a resultar un barril sin fondo, del que nunca saldrán beneficios que compensen los sacrificios que cueste. Que cancele invertir donde hay potencial y esperanzas para la sociedad. No puede haber nada peor que comprar popularidad y respaldo social a costa de socavar el futuro del país empeñando las esperanzas de las siguientes generaciones.

Columna inicial de la serie: “Radiografía de la corrupción mexicana”, publicada el 25 de septiembre en Grilla en el Poder http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/5319-desorden-angel-pujalte-pineiro

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/5622-al-desnudo-angel-pujalte-pineiro

Gobierno descerebrado

octubre 2013

Burocratismo del subdesarrollo

Es fascinante contemplar la forma en que se mecanizan los comportamientos, y que a pesar que se reducen a uno mismo que no cambia, a uno que no deja de ser lo mismo, el que el trámite o el asunto sea diferente, hace parecer, que lo que es distinto es el comportamiento, que a diferentes trámites o asuntos se responde con otros comportamientos. Me refiero al comportamiento que se automatiza y denomina burocratismo, que es la misma respuesta para cualquier trámite o asunto y de cualquier peso o valor.

Ya sea que se trate de comunicados de la sociedad o de ellos mismos. Cualquier ciudadano que mande un documento a un servidor público, en legítimo ejercicio del derecho consagrado en el Artículo 8º Constitucional, se estrella con el mismo comportamiento, que éste momento exhibe su patología.

La primera respuesta es el mutismo. El no contestar la correspondencia ni hacer nada. Y la segunda es contestar con un capotazo de tipo guayabazo. “Es Usted una chucha cuerera, el Sr. X va a tomar muy en cuenta sus sugerencias”. Cuando es claro que el Sr. X ni leyó la misiva ni se va a enterar nunca de su contenido, ya que la incongruencia de la respuesta exhibe que terceras personas de limitada capacidad tratan de contestar en forma amable y cordial, simulando que se esta tomando muy en cuenta lo que uno dice. Lo que desmiente el hecho que se señalan problemas específicos que nunca se atienden, resuelven ni se toman en consideración los nuevos enfoques y realidades que la carta señala.

El tercer recurso del burocratismo es el pin-poneo. Como hábiles tenistas, son expertos en sacar a toda pelota de su cancha y ponerla en una cancha ajena. “Hemos recibido su misiva y por instrucciones del Sr. X se ha remitido al Sr. Y, ya que esa es su área de competencia”. Con área de competencia se refiere a que pin-ponea mejor la documentación. Porque si la banda de rebote responde será con algo parecido a “El Sr Y recibió del Sr. X su misiva para su trámite y gestión por lo que aquí le daremos curso (la pondremos a dormir)”.

Se trata de aparentar que todos los servidores públicos cumplen y que a ese pin-poneo se reduce toda su labor y compromiso. Se cumple porque se recibió, se le puso sellos, se inscribió en el libro en que se asienta la correspondencia y una de tres: cuando no se tiene personal dedicado, no se contesta, cuando se tiene personal dedicado contestan con una de dos: o se responde con un guayabazo aunque no venga al caso, quizás esperando con eso calmar o desviar las ansias o se contesta resbalando el golpe a otra instancia. En la que se debe volver a empezar. Y así hasta que el ingenuo ciudadano aprenda que con el gobierno no se puede o se canse.

Ahora noten en el pleito por echarse la culpa por los daños que causaron los huracanes la gran similitud de comportamientos entre los que acostumbra el gobierno con los ciudadanos con los que se aplican entre ellos mismos. El gobierno no solo no toma en serio a la sociedad sino que tampoco se respeta a si mismo. No existe comunicación entre el gobierno y la sociedad como tampoco entre el gobierno consigo mismo.

Que si el Meteorológico nacional elaboró los reportes y boletines correspondientes, mandó los oficios debidos, puso los sellos adecuados e inscribió en los libros que debía los hechos debidos. Que si la CONAGUA recibió correctamente los reportes, que asentó donde correspondía y mandó los oficios que debía, puso los sellos que debía, donde se debía e inscribió lo que debía en los libros que debía. Que si Derechos Humanos también recibió los reportes debidos que asentó donde correspondía y mandó los oficios debidos, puso los sellos que debía donde debían e inscribió lo que debía en los libros que debía.

Según nuestros “servidores públicos” todos cumplieron, todos hicieron lo correcto, pero para fines prácticos de todos no se hace uno. Porque toda la labor gubernamental es pura agitación ciega. Puro movimiento mecánico efectuado por especies de robots que repiten la misma acción. Los que como animales de circo: se limitan a repetir rutinas de movimientos repetitivos. En las que no cambia nada. En un procedimiento sonambúlico en el que no hay nadie despierto, en el que nadie piensa, en el que no participa ningún cerebro, nadie con dos dedos de frente, no hay nadie que sopese, mida o valore de alguna forma o interprete el significado del contenido de la documentación o los hechos que se reportan.

La administración de la información es una labor fundamental para la inteligencia. A la información se la debe recabar. Y la información se obtiene en forma cruda. A la información cruda se la debe procesar para destacar lo relevante y eclipsar lo irrelevante. Después de lo cual un cerebro preparado debe extraer de la información el conocimiento que porta. Y ese conocimiento es el que es fundamental para la toma de decisiones.

Por eso en el gobierno subdesarrollado solo se ven (como decía mi cuate): puras causas sin efecto y puros efectos sin causas. Porque donde se debería administrar la información, donde debiera haber un manejo racional de la información, una discriminación de lo irrelevante, una jerarquización de eventos y una priorización de posibilidades. Una pepena de lo sustancial. Lo que hay es agitación ciega, un movimiento mecánico ajeno a todo.

El propósito no es atender una necesidad de la sociedad sino solo simular que se hace. Fingir que se desquita lo que cuestan, haciendo algo por la sociedad que los mantiene. Hacer parecer que se vigila que algo no suceda o que se propicia lo mejor para la población.

El absurdo no tiene parangón: En “Bajo Reserva”, en El Universal el 6/X/13, “En medio del vendaval de críticas contra los gobiernos: federal, estatales y municipales por el flujo de alertas y la peligrosidad de los meteoros climáticos Manuel e Ingrid, la Comisión Nacional del Agua, que dirige David Korenfeld, decidió ofrecer cursos de capacitación sobre los servicios meteorológicos. La idea, nos dicen, es que los reportes sean comprendidos y bien interpretados, independientemente de las alertas que la CONAGUA envía de manera directa a los funcionarios de todos los niveles de gobierno. Hay que estar todos enterados para evitar que las lluvias sigan cobrando vidas en el territorio nacional, (…)”

Noten la burda y absurda manera de hacerse tontos, deformar el asunto y desviar la atención. El vendaval de críticas es porque de todos no se hace uno. Porque el flujo de avisos se reduce a comunicaciones burocráticas que nunca manifestaron la peligrosidad ni previeron consecuencias, sino solo se concretaron en cumplir ciegos procedimientos burocráticos.

Y lo inclasificable es afirmar que el que debe comprender e interpretar la materia y avisar a los legos y ajenos al tema, va a ofrecer a los demás cursos de capacitación sobre los servicios meteorológicos. Para que aunque la CONAGUA este dormida y solo comunique puras tarugadas los demás hagan lo que deberían de hacer, los que se dedican y cobran por ello.

Los que no estudiaron, los que no conocen la materia, los que no están contratados para saberlo ni se les paga por hacerlo, son los que van a tener que recabar, procesar, discriminar e interpretar la información, porque los “preparados”, los expertos en la materia a los que se les contrató y se les paga para administrar el asunto, han reducido su labor a copiar el reporte del centro de huracanes de Miami, asentarlo en actas, ponerle sellos, inscribirlo en el libro en que se debe y mandar las copias debidas a quienes corresponda.

Hasta un inconsciente funcionario alegó que había mandado más de cuatro mil comunicados, sin darse cuenta que al no discriminar ni valorar la información enterró en banalidades lo relevante. Y un gobernador alega que avisó por Twitter. La cosa sería para carcajearse, de no ser…

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.