Zancadilla al humanismo

agosto 2013

Perversidad V

La Perversidad IV mostró en que consiste la salud social. Con un caso real aclaró que el orden social no depende de leyes, jueces, abogados, policías ni soldados. Sino de cimentar la convivencia en una infraestructura cultural humana, en un sistema de ideas y comportamientos centrado en el hombre, lo que crea una convivencia civilizada, como en China antes de las guerras del opio, donde se vivía en un ambiente social de respeto, urbanidad y buen gusto.

Gracias a que su sistema conceptual organizacional del mundo ponía en primer plano a la relación con los demás, centrado en relacionarse en forma decente con los congéneres, fue una cultura que instituyó un ambiente social en el que era mal vista la desconsideración y propasarse con los demás. Lo que creó un contexto en el que nadie cuidaba a nadie, sino cada quién se cuidaba a sí mismo. Lo que modulo en forma humana, considerada y civilizada a la convivencia social. Mostrando lo que es la salud social.

Ignoro si encontrar el peso y valor determinante que tiene la cultura en la organización social fue un logro inconsciente o si la pisoteada que le dio la Perversa Albión a la decencia, dejó sin valor ni sentido a la infraestructura cultural humana como fundamento del orden en la convivencia social.

En cualquier caso actualmente se busca en forma infructuosa establecer el orden social, con medios que la experiencia china demostró que son incompetentes, como la formulación de leyes, la proliferación de abogados y jueces y la coacción con policías y soldados. Lo que es otra presentación del error más común en la administración social, la irracionalidad de querer enmendar algo actuando sobre los efectos, en vez de corregir las causas. Error que es el principal aliado del subdesarrollo, los desequilibrios sociales, la pobreza y el hambre.

Un síntoma del tercermundismo es confundir a la cultura con mercancías comerciales, de las que viven esnobs que al rebajarla, evitan que se reconozca a la infraestructura cultural social como el fondo que determina la forma de la convivencia social.

El ingrediente principal de la totalidad de los problemas: políticos, económicos y sociales de los que se desentiende CONACULTA, para en vez irresponsablemente despilfarrar presupuestos públicos, en simular responsabilidad con la difusión de subproductos marginales y el fácil deliquio de elites, que la gravedad de los problemas sociales revela banales.

Pero esa es otra historia, aquí presento la forma en que se enfermó al orden social más sano que ha conocido el mundo. Fue precisamente su compostura, la que resultó su mayor desventaja contra los indecentes, abusivos y acreditones mercenarios, que por intereses materiales mancillaron lo espiritual que tenía verdadero valor para la humanidad: la decencia. Salvajes que por lo que brilla desgraciaron lo imponderable de mayor valor para el hombre.

China vivió siglos en paz interna y externa, gracias a un equilibrio interno que se reflejaba en autosuficiencia, en parte propiciado porque su lejanía restringió el intercambio de ideas y mercancías con Europa, lo que distanció la evolución de particularidades culturales y materiales.

Desarrollos culturales independientes que desembocaron en visiones incomprensibles e incompatibles, que no se interesaron en descifrar al otro, lo que determinó el rumbo que ha seguido el mundo. Los imperios no eran lo que son ahora. China y Rusia se denominaban imperios pero distaban mucho del imperialismo actual. La Revolución Romana aportó al imperialismo, el menosprecio por las mercancías de bajo valor comercial y de su necesidad social, como la comida, para concentrarse en mercancías de alto valor comercial, de alta rentabilidad. Como eran los productos de lujo chinos.

Los imperialistas o “potencias” como gustan autodenominarse, del siglo XVIII: Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Holanda, Alemania, Rusia, ambicionaban una tajada del monopolio de Portugal, que desde el siglo XVI les había comido el mandado en el comercio de productos de lujo Chinos: porcelana, seda, te y especias.

El comercio marítimo directo entre Europa y China comenzó en el siglo XVI. Gracias a la ruta que abrió Vasco de Gama, los portugueses establecieron la colonia de Goa en la India y en 1557 arrendaron Macao a los chinos, creando un polo importante de comercio con India, China del sur, Japón, y Asia del Sudeste.

En 1601 los holandeses desplazaron a los portugueses en el monopolio del comercio oriental. En 1637 la Compañía de las Indias Orientales inglesa desplazó a los holandeses y en 1773 obtuvo el monopolio del comercio con Oriente y en 1797 el de la manufactura de opio en la India.

En 1784, los recién constituidos Estados Unidos de América llegaron a comerciar y pronto superaron a Francia. Rusia, que hasta entonces sólo comerciaba con China a través de sus fronteras comunes, en 1805 reclamó, sin éxito, el acceso portuario y los mismos privilegios que las demás potencias. Todos los imperialistas del mundo estaban tras las riquezas de China, como moscas tras la miel.

En 1793 el rey británico George III, envió al Lord McCartney a la corte del Emperador Ch’ien Lung en Beijing, para establecer embajadas e incrementar el comercio, ofreciendo lo que consideraban maravillas producidas en la primera Revolución Industrial. A lo que el emperador respondió con una carta al Rey, de la que diversos fragmentos dejan ver la distancia en las posiciones británicas y chinas.

Lo importante del hecho es que ese encuentro fue un choque del derecho de una sociedad a su independencia, privacidad, autodeterminación y soberanía, con la capacidad que la fuerza otorga para determinar la forma “correcta” en la que otros deben pensar y vivir y para disponer de sus bienes y propiedades. El encuentro entre la convivencia civilizada y la ley de la selva.

Fragmentos de la respuesta de Ch’ien Lung reflejan las pretensiones inglesas:

-“Usted pide una pequeña isla para que residan los comerciantes y puedan almacenar bienes, poder comerciar hasta el norte, etc. Estos nuevos requerimientos son un mal ejemplo para los otros países, que podrían hacer pedidos similares: Portugal e Italia ya los han hecho. ¡No puedo dar una porción de territorio chino a cada uno!”

En todo caso es una legítima defensa de la soberanía territorial y autodeterminación de los pueblos. Y ojo, habrá que ver que aprendieron los Chinos de esta experiencia, en previsión de lo que pueden pretender en Cancún. Continúa la respuesta:

-“En cuanto a religión, China tiene un sistema moral y un código legal”.

Es respuesta a solicitud de autorizar misioneros. Como vimos en la Perversidad IV, la infraestructura cultural China era superior para fincar la convivencia social que la de los demás países del mundo, como lo prueba la armonía en que vivían y que era un orden que los que pretendían culturizarlos, a la fecha no logran. Y con todo el Emperador Chino se porta decente:

-“En China poseemos de todo. Europa necesita nuestro té, sedas y porcelanas. Por tanto, el comercio es un beneficio que les concedernos, pues el principio del Trono es tratar a los extranjeros con indulgencia y controlar pacíficamente a las tribus bárbaras exteriores.”

Aclara que colabora lo prudente para no desordenar ni contaminar a su propia sociedad con las malas ideas y costumbres de los salvajes foráneos. Muy decente y considerado.

-“No olvido la remota soledad de su isla ni su excusable ignorancia de nuestras costumbres. (…) Permitir el libre movimiento de los mercaderes bárbaros causaría roces con los chinos.”

-“Acepto sus tributos y le envío sedas y curiosidades.”

Pero no solo los ingleses desconocían la cultura (el sistema de ideas y comportamientos) chino, sino que los chinos tampoco sabían con quien trataban ni de lo que eran capaces. Si se ve fríamente, los chinos están en todo su derecho legítimo de defender su independencia, privacidad, autodeterminación, soberanía, bienes materiales, territorio y no querían molestar a nadie.

Como las naciones occidentales no poseían nada que le interesase a los chinos para intercambiar por todo lo que codiciaban, los imperialistas buscaron otras formas de doblegar a China, como hacer adicta a la población para venderle drogas. Con lo que inauguran la cultura pusher y narcotráfico.

El opio lo producía China desde el siglo XV. Los mogoles, lo comerciaban al menos desde el reino de Akbar (1556–1605). Pero su uso era medicinal. Los españoles que intercambiaban maíz y tabaco de América, inventaron fumarlo mezclado con tabaco. En 1629 los holandeses se apoderaron de Formosa e introdujeron el vicio de fumar opio, que aprendieron de los españoles. Cuando China se apoderó de Formosa en 1683, el vicio se propagó al continente.

En 1729, el emperador proclamó el primer edicto contra el opio: los vendedores serían castigados con la muerte y sus asistentes con latigazos y deportación. Sin embargo, el edicto era burlado por el contrabando y la entrada legal de opio «para uso medicinal” y a que los chinos eran más habladores que cumplidores.

Los británicos se dieron cuenta de las grandes ganancias del mercado del opio que dominaba Holanda desde la isla de Java, por lo que al invadir Bengala en 1764 comenzaron a producir grandes cantidades de opio en la India.

Para 1829, Estados Unidos, Reino Unido y Francia surtían opio en forma desenfrenada dañando la salud, economía y causando problemas sociales a China, por lo que el Emperador decidió suprimir el ingreso de opio dictando, de nuevo, la pena de muerte para los traficantes y enviando a Cantón, al comisionado imperial Lin Hse Tsu.

Lin Hse Tsu envió una carta a la Reina Victoria en la que le pide que respete las reglas del comercio internacional y prohíba el cultivo y comercio del opio en sus dominios. El texto esclarece la personalidad de ambos. Después de informarle que a pesar de establecer la pena de muerte, que no cumplió y la destrucción de cajones de opio, que si cumplió, le informa que se sigue contrabandeando opio (para difundir):

(…) “el veneno a todas las provincias” (…) “Ustedes mismos prohíben el contrabando en sus dominios, prohíben fumar opio en Inglaterra y no siembran opio en Londres, Escocia ni Irlanda. En cambio, en seis zonas de la India lo siembran, de colina a colina. Usted debe erradicar esas plantaciones y hacer que se siembren cereales.” (…) “Hace doscientos años que ustedes gozan de la gracia de comerciar con nosotros. Obtienen productos benéficos, como té, sedas, porcelana y ruibarbo. Y no solo para cubrir sus necesidades, sino que lo revenden a otros países, triplicando ganancias.” (…) “A cambio nos venden artículos que nos resultan prescindibles y, de contrabando, la droga venenosa. ¿Cómo pueden vendernos esto si no es por un deseo insaciable?

Todo lo cual es razonable y legítimo, pero demuestra que los chinos no encontraban forma racional ni a que apelar para detener el contrabando de droga. Lo que no les importaba a los ingleses ya que obtenían alrededor del 400 por ciento de ganancia por sembrar amapola y producir opio en India, utilidades con las que compraban productos chinos a los que triplicaban el costo en el mercado internacional. Eso es no tener amigos sino solo intereses. Tampoco principios ni valores. Eso es el imperialismo en crudo.

Gran Bretaña estaba decidida a mantener y acrecentar esas ganancias sin importarle si tenía que envenenar gente y contrabandear drogas, como buenos piratas o corsarios, tampoco le importó matar directamente y tenía el poder bélico para lograrlo.

Como Lin Hse Tsu destruyó más de 20.000 cajas con 70 Kg. de opio cada una (1.5 Ton) y expulsó a los comerciantes británicos, que no mató, estos se quejaron ante el gobierno británico, el cual decidió atacar a China para obligarla a comprar el opio cultivado en la India británica y mantener el negocio.

El pretexto de Inglaterra fue que Lin Hse Tsu había mantenido cautivos y sin alimentos a los súbditos británicos hasta que entregaron la droga. Y que debían mostrar su fuerza para que los chinos abandonaran su actitud de superioridad y sinocentrismo y entablaran relaciones comerciales “igualitarias”.

Si se ve fríamente, la excusa del sinocentrismo y la actitud de superioridad son estupideces que no se traga nadie con dos dedos de frente. Igual que los ingleses, los chinos se creían el centro del mundo y su superioridad cultural era real y no aspiraban a imponerle nada a nadie. Su pecado era querer vivir en paz. En contraposición los ingleses se atribuyeron el derecho de imponerles a otros su forma de pensar y ver las cosas y de obligar a los demás a hacer lo que ellos quieren y como a ellos les conviene y apropiarse de los bienes y recursos ajenos. La mentalidad imperialista.

La justificación del sinocentrismo, que todavía algunos irreflexivos repiten y el complejo de superioridad chino, es un pretexto muy pobre para atacar y abusar de nadie. Los acreditones no podían alegar atraso cultural o primitivismo, como con los pueblos de América y África, porque la cultura China era imbatible, por lo que para respaldar su abuso, lo único que pudieron inventar fue ese absurdo pretexto, que se cae solo.

Así en febrero de 1840, el gobierno británico envió modernos buques de metal a destrozar la escuadra china de juncos y tropas con armas modernas a realizar una masacre y pillaje contra los indefensos chinos que salieron a defenderse con paraguas, cuchillos y arqueros. Solo hasta la primera década del siglo veinte apareció en China el “Nuevo Ejército” de Yüan Shih-kai. En el que lo de “Nuevo Ejército” quería decir una organización incipiente y a que los soldados en vez de carabinas de caza portaban fusiles Krupp.

Como en 1840 las indefensas tropas chinas no pudieron hacer frente a los británicos, en 1842 tuvieron que firmar la paz humillante del Tratado de Nanjing, que obligaba a China a: Pagar indemnización de guerra y por el opio que destruyó Lin en 1839, entregar a Gran Bretaña la isla de Hong Kong, concederle el rango de «nación más favorecida» y abrirle totalmente los puertos de Guangzhou, Shanghai y tres puertos más.

Lo que los ingleses aprovecharon para convertir a Hong Kong en un gran depósito de droga y a Shanghai en el centro del narcotráfico. Un negocio tan prospero que en 1865 fue necesario crear la banca HSBC (The Hongkong and Shanghai Banking Corporation) con el fin de administrar las enormes ganancias generadas por el tráfico de opio.

Pero eso fue solo el primer golpe, atrás de los ingleses y siguiendo su ejemplo, llegaron los demás imperialistas a tomar parte del botín obligando a China a firmar más tratados desiguales como el de Nanjing. En que los acreditones tenían todos los derechos y China todas las obligaciones. Como pagar grandes montos por compensaciones de Guerra, abrir puertos para el comercio, ceder o entregar territorios y hacer concesiones de soberanía a extranjeros.

Los principales Tratados Desiguales impuestos a China son: Tratado de Nankín (1842) con el Reino Unido; Tratado de Wanghia (1844) con Estados Unidos; Tratado de Whampoa (1844) con Francia; Tratado de Aigun (1858) con Rusia; Tratado de Tientsin (1858) con Francia, Reino Unido, Rusia y Estados Unidos; Convención de Pekín (1860) con Francia, Reino Unido, y Rusia; Tratado de Pekín Sino-Portugués (1887) con Portugal; Tratado de Shimonoseki (1895) con Japón; Tratado Li-Lobanov (1896) con Rusia; Convención para la extensión del Territorio de Hong Kong (1898) con el Reino Unido; Protocolo Boxer (1901) con Francia, Reino Unido, Rusia, Estados Unidos, Japón, Alemania, Italia, Imperio austrohúngaro, Bélgica, España y Holanda; Veintiuna exigencias (1915) Con Japón

La impotencia del pacifismo y humanismo chino ante los abusos y vejaciones por la fuerza de las potencias imperialistas, ocasionó la Rebelión Taiping (1850–1864), la Rebelión Boxer (1899–1901), la caída de la Dinastía Qing en 1912 y todos los experimentos de organización política y social por los que ha atravesado.

Los chinos son una sociedad a la que sacaron a la fuerza de su lugar y equilibrio e invalidaron sus humanas reglas de juego, por lo que está tratando de encontrar su nuevo lugar en el mundo, en el que se busca acomodar jugando con reglas de juego que no son suyas, sino las que le enseñaron a jugar.

No es un pueblo guerrero, pero tampoco son tontos, desmemoriados ni acomplejados. Parte del triunfo del imperialismo es haber logrado que muchos pueblos hayan perdido su amor propio y toda noción de lo que es el respeto y la dignidad. Por lo que convencidos de su inferioridad e incapacidad ya no aspiran a ser tratados con igualdad y decoro.

No es el caso de China, que tiene un enorme potencial y son una sociedad incomprendida y maltratada que busca lo que cualquiera que no se doblega: respeto y dignidad. Por eso hay que tratarlos con cuidado y prudencia. Para lo cual es imprescindible entenderlos y no subestimarlos.

Y aquí no acaba el cuento chino, es apenas el principio, en subsecuentes entregas veremos la cara que le ha puesto a China “la hermana perversa de la ingeniería civil” la geopolítica y sus consecuencias materiales y conceptuales.

Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.