Perdiendo la razón

 A la memoria de la Mich en su cumpleaños

Yo era una persona a la que se le podía considerar cuerda. No estaba de acuerdo con gran parte de las cosas fuera de mí, como la situación de la profesión y del país. Pero se podía decir que mi interior estaba más o menos adaptado al mundo exterior. La relación se desarrollaba dentro de ciertos límites y de una cierta normalidad. Un equilibrio en el que hasta lo inaceptable era algo aceptado. Todo formaba parte de un estado de cosas conocido del mundo.

Hasta que llegó a mi vida una extraña persona. Una mujer que me enseño cosas que no sabía y que desconocía que existían. Me enseño lo que es la convivencia y lo que es el cariño. Hasta que viví con ella supe lo que es el cariño. Había vivido toda una vida y conocido a muchas mujeres y hasta llegue a creer que ya sabía todo de la vida y que el mundo ya no tenía secretos para mi, y en eso fue cuando ella me enseño que no sabía nada y que había estado perdiendo el tiempo. Que a lo que le daba importancia no la tenía y que lo que en verdad importa, ni siquiera sabía que existía, que no lo conocía.

Y hete aquí, que así de improviso como llegó, también se fue. A donde ya no va a volver a enseñarme nada más. Y me dejo en un mundo que sin ella no tiene sentido. Pero del que tampoco puedo regresar a donde ella me encontró y de donde me sacó.

Me dejó atrapado en un mundo sin razón, haciendo cosas sin sentido.

Ambigüedad

Ambigüedad

A la Mich

 ¿Crees que lo peor que puedo hacerte es lastimarte al torcerte el cuello o apretarte con mis ansias?

Cuando lo que en verdad quiero es encerrarte en una celda formada con mis costillas. Donde solo tengas por compañía a mi corazón. Para que únicamente puedas hablar con él y sin que nada ni nadie te distraiga, le cuentes todo sobre ti. Y él pueda embelezarse todo el día y todos los días, con tu hermosura espiritual. Que deja muy mal parada a la tuya corporal.

Y sin embargo me conformo con verte ocasionalmente a la pasada y he allí que disimulo y me doy por satisfecho con la devolución del saludo…         si…         a veces…                es posible

Angel Pujalte P.

25/I/2011

La muda de la hechicera

En una desesperación contenida, la poderosa hechicera, intercalaba nada coquetos contoneos, con pequeños pero violentos espasmos involuntarios, que acompasaba con los quejidos que no alcanzaba a reprimir. Se encontraba en una circunstancia muy molesta, incómoda y peligrosa, pues estaba enfrascada en un cambio de piel. Sus movimientos voluntarios eran para desprenderse de la protección que se volvió prisión, y los espasmos involuntarios, los producía el dolor que causa desgarrar la unión de la antigua cubierta con su cuerpo y a la agresiva sensación invasiva de un exterior que aprovecha la ausencia de barreras para irrumpir y acometer su mundo interior. Un áspero y burdo extraño, que restriega en forma brusca y grosera su lastimada intimidad expuesta.

La evolución de las hechiceras las obliga a crecer y por lo mismo a cambiar de envoltura. Como ya no caben en su antigua protección, esta las constriñe y asfixia. Pero liberar al cuerpo de la molestia de la caduca armadura, equivale a cambiar una incomodidad por otra. Se abandona la estrechez y el sofocamiento, para padecer la hipersensibilidad que causa exponer sin ninguna protección las lastimadas terminales nerviosas. No se desespera porque esta consciente que es un estado pasajero, que dura lo que tarda en solidificarse la nueva piel. Porque la piel de las hechiceras nace con una transparente consistencia babosa, que no brinda ninguna protección. Por lo que temporalmente, el alivio de liberar la presión y la rigidez de la piel caduca, lo cubre y oculta la desagradable sensación de un agresivo exterior, que en forma desconsiderada y torpe trasiega su indefensa intimidad.

No se trata de cualquier bruja, es la de ojos de serpiente que se ha comido un elefante y cuyas niñas no usan ropa interior, la mismísima Empírea. La hechicera del fuego incorruptible, la del astro que no parpadea. Por eso, además de las incomodidades del cambio, debe lidiar con la complicación que como su núcleo es de hoguera, la ausencia de una barrera opaca, permite que escape su resplandor. Por eso buscó asilo bajo tierra, lejos de las molestas corrientes de aire y de las miradas indiscretas, para protegerse del ambiente y evitar que su luminosidad denuncie a sus enemigos su posición y el trance en el que se encuentra, ya que la invalida para defenderse.

Pero una cosa es ser grande y poderosa y otra desorientada. Ya que por la urgencia de su emergencia, no revisó el lugar en el que se refugiaba, ni le preocupó lo que no fuera enemigo suyo, por lo que no le importó que en el lugar del mundo subterráneo que escogió para protegerse, vivía un muerto. Un espíritu que a pesar de haber expirado, se rehusaba irse, por arreglar pendientes que había dejado. Era un alma en pena que había logrado sacar vida, de obsesionar su voluntad en lograr la proeza de corregir el mundo físico desde el mundo espiritual. Como todo difunto, su incorporeidad carecía de nervios y por lo tanto de sensibilidad. Pero la luz que irradiaba la bruja le imbuyó energía espiritual que lo remontó a sentir algo que le recordó a la vida, aquella de la que ya se había olvidado. Es muy diferente la vida que otorga una obsesión, que la que brinda la ilusión de una esperanza. Pero no era todo, ya que la luz de la hechicera en su fuga hacia el exterior, al cruzar por las atormentadas terminales nerviosas, se impregnaba de dolor. Por lo que lo que la bruja imbuyó al difunto un alegre impulso de vida imbricado de dolor.

Gracias a eso, similar al Lobo estepario, el finado disfrutó de melancólicas añoranzas del mundo de los vivos, causadas por el espejismo en que se transformaba la energía de la hechicera. Volvió a sentir algo muy parecido al placer de un alegre impulso de vida, combinado con dolor. En una exquisita y refinada mezcla de sensaciones extremas, de perverso gusto, similar al de la agridulce cocina oriental.

Los que moran el mundo de la nada no tienen que perder. Para ellos todo es ganancia. Por eso el descuido y la irresponsabilidad de la hechicera es una fortuna que agradece el difunto. Sabe que cuando la bruja termine su cambio de piel, esa energía vital se ira, quizá para nunca volver y él regresará a la vacuidad del mundo de la nada. Por eso se congratula y agradece la etérea, fugaz y fortuita fortuna de haber podido volver a sentir, la alegría y el dolor. Aunque sea un favor que se lo debe al descuido y a la irresponsabilidad de una poderosa pero muy despistada hechicera, … agradece el accidente.

app         Junio 2005

La musa apotropaíca

La Musa Apotropaica

A la Mich

 Eres Telxinoe, la Musa cuyo rostro anonada, desarma y cura decepciones y malos presentimientos. Restañas las heridas causadas por malas hechiceras. Desvaneces toda desconfianza y desengaño. Tienes carita de prosac.

Pero el que mira tus ojos. Descubre en tus pupilas dos ventanas a un paraíso. A un mundo de luz, color y fantasía en el que soñar es lo real. En el que lo iluso es lo verdadero y el desencanto es solo una cruel broma que se burla de la verdadera vida. Creas una sensación que amansa y quita lo incierto al futuro. Al hacer creer en la posibilidad de conseguir lo que se sueña cuando se desconoce la desilusión.

Transformas los patrones establecidos de indeleble e inalterable apatía en entusiasta sensación de un proyecto de futura felicidad en un mundo prodigioso y extraordinario. Al creer en promesas que no haces pero que haces que se quieran creer, porque predicen acontecimientos que ya no se imaginaban. Eres el argumento de una incesante necesidad de anticipar expectativas de circunstancias propicias que desvanecen el miedo a la soledad con deseo de lo posible, imposible, inconcebible e inaudito y restañas el ansia de mejorar.

Pero tu influjo lo invierte la tristeza. Con ella trasmites desencanto y congoja que abruma, abate y estruja el espíritu. El éxtasis espiritual se torna noche oscura y sensación de estar suspendido de nada en la nada.

¿Pero como hechizar a la hechicera? ¿Cómo encantar al encanto? ¿Cómo ilusionar a la ilusión? La enfermedad que causas solo la puedes curar tú, … y tus enfermos ¿Cómo pueden curar a una deidad?

Angel Pujalte Piñeiro   febrero de 2011

Telxinoe

Telxinoe

Paseaba distraido cuando tras un recodo divisé a Telxinoe, que pretendia esconderse y pasar desapercibida. Hola Musita, -la saludé, con la alegría que da verla-. ¿Por qué te andas escondiendo? Los dioses crearon a las musas para iluminar y hacer vibrar el espiritu de los hombres y flaca manera de cumplir tu cometido es andarse escondiendo. Así ¿cómo vas a motivar el espiritu de nadie?

Angel Pujalte Piñeiro   marzo de 2011

La médica forense

La médica forense

 La medicina forense como objetivo es una paradoja que conduce a un círculo vicioso de afirmación-negación. En el que el paciente no es un paciente. No obstante que sea el más paciente de los pacientes.

Pero no lo es al no estar vivo y al ser la vida saludable, la vida sin dolor, el objeto de la medicina.

Es una incongruencia o contrasentido de la realidad, una precipitación incoherente de las necesidades poliédricas del desarrollo de un conocimiento que nunca se abarca plenamente.

Esa medicina no es medicina, aunque también lo sea, en cierto sentido.

Y no es medicina no porque no sea estudio, análisis y conocimiento, sino porque la finalidad de preservar la vida del quien, en el aquí y ahora ha sido sustituida por encontrar la causa de, y no por entender la muerte, lo que te priva del placer de ver la mirada de los pacientes vivos cuando los curas de enfermedad y dolor.

Pero te prevengo, tú eres una heroína y semidiosa, como Asclepio, hijo de Apolo y Coronis. Quien fue instruido por el Centauro Quirón en el uso y aplicación de la medicina. Como tú era un héroe, que tomo parte en la expedición de los argonautas y cacería del jabalí de Calidón. Y como tú, además de la capacidad de curar la enfermedad y el dolor, podía resucitar a los muertos, lo que enfadó a Hades, quien se quejó ante Zeus por haber disminuido el imperio de los muertos. Por lo que Zeus lo mató lanzando sobre él su rayo.

El único muerto que los dioses te permiten resucitar es a tu propio padre. Si resucitas a otros muertos tu soberbia los va a encolerizar. Y no quiero volver a morir por encontrar a mi hija y salvadora partida por un rayo.

agosto 2010

La hechicera despistada

agosto 2010

 La aprendiz andaba toda atribulada con las exigencias de su formación de curandera y por todas las cosas extrañas que solo a ella le pasaban y complicaban sus jornadas. Podía de repente ser acosada por enjambres de moscardones o zombis, que con insistencia la buscaban para molestara con balbuceos que no entendía ni atendía. Moscardones que no le permitía recolectar en los bosques hongos y plantas medicinales, ni los zombis buscar en las madrugadas en los panteones las hierbas y materiales mágicos que sus maestros le pedían para sus clases. Lo que la traía atrasada en sus deberes escolares y fastidiada.

La pobre no entendía que no era una simple aprendiz de curandera sino toda una hechicera, aunque muy despistada. Había sido criada por gitanos que la robaron de niña deslumbrados por su gracia y belleza ignorando la clase de cría que era al confundirla con una normal y común y corriente criatura. Por lo que no supieron prevenirla ni prepararla para su destino. Pero no se engañaban los moscardones que la seguían para rendirle pleitesía ni las almas en pena que con desesperación la buscaban para que las guiara a la luz y que al esquivarlos y no auxiliarlos dejaba los panteones hechos un desastre, con tumbas abiertas y cadáveres regados por todas partes.

Los sustos y miedo iniciales de las primeras veces que le ocurrieron cosas raras dieron paso al fastidio y disgusto por ignorar su potencial y misión. Pero además de no entender también era muy despistada, lo que tampoco le permitía darse cuenta de las cosas agradables que solo a ella le ocurrían. Como los pajarillos, grillos, cigarras y ranas que a su paso entonaban sus mejores cantos para alagarla o los sapos que se volvían cancioneros por ella, que creía que le cantaban a la primavera, a la vida o a la luna, sin darse cuenta que era a ella y por ella que cantaban.

Su extravío era tal, que ignoraba un gran prodigio que había realizado inconscientemente. Cuando empezaron a eclosionar sus poderes sintió la necesidad de buscar a su verdadero padre, al que encontró ya muerto por la tristeza de creerla perdida, pero por despistada tampoco de eso se dio cuenta, y al hablarle le insufló su aliento, con lo que lo revivió, le dio nueva vida, pero no una normal, su poder era tal que en vez de volverlo al mundo de los vivos, lo catapulto sin escalas directo al paraíso.

Donde desde entonces vive colgado de la esperanza de volver a tenerla cerca. Porque por el tiempo que estuvo muerto sus órganos se hicieron polvo, pero la cercanía de su corazón hace que a falta de uno, todo su pecho lata y la de sus emociones, le vuelven a hacer sentir unas muy peculiares y enormes, la principal la más grande y fuerte, es que su cercanía lo llena de ternura y amor.

Lo que muy pocas hechiceras logran, la despistada lo consigue aún desconociendo el poder de su sonrisa y potencial de su mirada.

La fata Morgana

Posas, bailas y le taconeas al mundo, llamas la atención para exhibirte, en una ostentación con la que claramente buscas provocar sentimientos de adscripción. Me tomaron desprevenido los titilantes resplandores y trepidantes destellos de tu exhibición, que al herir la bruma de mi espíritu, espumaron una figura fantasmal, en la que se me figuró el contorno borboteante de mis sentimientos.

Pero me percate que el constante palpitar de tus fulgores lo causa tus incesantes e ininterrumpidas mutaciones y tu luz invariablemente cambia porque siempre corresponde a una nueva transformación. Pero los rasgos que confundí con el acompasamiento de jadeos y palpitar que provoca el pulso de los bríos e ímpetus de anhelos y emociones de la intensidad de vida de un carácter fértil y rico en anhelos y empeños, resultaron el efecto de cambios de vestuario y maquillaje, de la protagonista de una obra sin guión ni argumento.

Un diorama de mutaciones que no evolucionan, que son metamorfosis que tienen carácter anquilosado, que persisten invariables en esquema de disfraz atrofiado. Transformaciones frívolas injustificadas, oriundas del sinsentido y sinrazón. Que no corresponden a cambios que posean la dignidad y sentido de crecimiento, de  marcha, de las diferencias que originan variaciones de posición y adelantos de seguir un camino.

Pero al filtrar tus manifestaciones en un cedazo muy fino, teniendo mucho cuidado en fijar una mirada de microscopio en los pequeños y sutiles detalles que parecían adornos de tus disfraces, encontré evidencias espontáneas de tu ser que fueron arrastradas en aluvión a la superficie. Que son gestos y ademanes arrancados del fondo pelágico del calado más abismal de tu precipicio interior, que ascienden vegetativamente del fondo de tu subsuelo anímico, para mostrar un ímpetu incontenible que escapa y emerge oculto de lo más profundo de tu ser. Que gracias a que toma por sorpresa a tu disimulo descubre una posición no resguardada o que no puedes contener, que enseñas desprevenida y te muestra al descubierto.

De esta forma encontré que portas dos bellezas diferentes, que percibirlas depende de la perspectiva de la que se te observe. De lejos se aprecian las líneas de tu rostro y figura, pero de cerca se distinguen menudos rasgos y facciones de gracias que no sobresalen. Que son extraordinarias pero mantienes veladas.

Tu belleza que se percibe a distancia tiene valor estético, encanto plástico, que como objeto artístico al admirarse retirado no insta a acercarse y cuando lo hace es porque despierta funciones de sensibilidad macroscópica, como el instinto, que se dispara con los conjuntos. Pero tu belleza que solo se percibe atento y muy de cerca tiene la gracia expresiva de un modo de ser, la delicadeza y jugosidad de un determinado tipo de humanidad, la oferta de nutrimento espiritual, que al nivelar la porosidad interior concilia la existencia con la promesa de vida que insinúa. Una belleza que invita la sensibilidad de hombre a un agasajo que no es animal ni racional.

Entristece el engaño que vives, que enfrentas al mundo con total desconocimiento de tus cualidades y potenciales. Así pones todas tus esperanzas en tu peor carta, mientras escondes, como si fueran vergüenzas, tus más grandes poderes y las virtudes que te enaltecen.

La Circe normanda

Es una cazadora que inconsciente captura cuanta incauta presa atraviesa su camino, de los que la mayoría no es de su interés. Como gato que por naturaleza captura juguetes para probar su habilidad y una vez satisfecha su curiosidad, los libera con aburrido desdén, en un juego inconsciente que permite catar a sus victimas un delicioso ramillete de particulares estados anímicos.

Una Artemisa con una fatal fuerza natural ineluctable y ciega que trastoca de conmoción que sufren los que contemplan sus formas armoniosas y sienten la refinada ternura idealizada que proyecta, su gracia seductora es un incentivo irresistible que induce un trance irresponsable de devoción apasionada que alcanza un deliquio romántico

Un espíritu que alienta reflexiones, una visión que resucita esperanzas, una figura que ilusiona con alcanzar, que alienta juicios temerarios cuya inseguridad, no amilanan la fe ni alientan cautela

Un ente que va dejando a su paso esclavos de su vago influjo indirecto, de su tenaz y tenue vínculo espiritual, de su delicado encanto, del soplo vital renovado que da.

agosto 2009

La Circe celta

La hechicera se afanaba en recombinar ingredientes y mezclarlos con desesperación en su perol, pero cada probada de la sazón que lograba en cada nuevo intento, le provocaba un nuevo y mayor mohín. Que descomponía el alegre coqueteo de sus soñadores ojos de guiño.

Y es que la poderosa Encantadora se desesperaba porque no lograba los resultados que buscaba. Sus guisos ya no convertían a los hombres en cerdos y en vez de eso se transformaban en ovejas.

Lo que le parecía algo terrible, porque lo consideraba una enorme vergüenza para su alquimia y una falta tan grave que ameritaba que la echaran del sindicato de la magia y de las páginas de la mitología.

Pero todo era un mal entendido.

Sus viandas seguían siendo muy poderosas y efectivas para transformar en cerdos a los hombres que las probaran, pero conjuraban mucho más…     Ya que por perfeccionar su arte, se había transformado en una sacerdotisa gourmet. Y el sabor de sus pócimas anulaba en sus víctimas la fiereza de la herencia de jabalí, con lo que perdían toda agresividad y ya no se defendían, ni luchaban, ni gruñían. En vez de eso, como dóciles y mansos perros falderos, corrían a echarse a sus pies.