Por mucho que trato de asimilarlo, me es imposible.

No me cabe en la cabeza que la construcción de un aeropuerto se declare asunto de seguridad nacional. Y que por “prudencia” se tolere y admita que el crimen organizado sea el poseedor y el que controle: grandes espacios territoriales de la nación y el monopolio de la violencia.

El gobierno llama prudencia a otra cosa.

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