noviembre 2014

Desorientados

Todos los días se documenta la manera en que la visión anquilosada de “lideres de opinión” retrotrae y atrofia el pensamiento público. Como muestra las “Serpientes y Escaleras” “Por que piden la renuncia de Peña” de Salvador García Soto, en El Universal, el 12 de noviembre.

Inicia centrando la atención en “las voces encontradas” que piden la renuncia del presidente con las que “responden que no es atizando a la figura presidencial ni buscando su caída como se resolverá la crisis social y política que vive el país”. La que es una gastada diatriba estéril que no penetra al fondo del problema. También al denominar crisis al problema lo reduce a efectos espontáneos, momentáneos y aislados en un mundo estático. A algo imprevisible pero pasajero.

Otro vicio conceptual es rebajar el problema a “tensión social” y ceñir la solución a la dimisión de alguien. Es ver el asunto como un episodio de neurastenia que se resuelve con un sacrificio azteca. Lo que transforma la “tensión” o inquietud social de síntoma o efecto en causa. Vicio conceptual de percibir los efectos como causas y sólo saber paliar esos efectos con sacrificios aztecas. Lo que ha permitido que se agrave y complique la enfermedad, de la que el descontento social es un síntoma.

Otro vicio conceptual es personalizar las culpas en chivos expiatorios. Como deja ver García Soto: “Unos culpan al mandatario de toda responsabilidad no sólo de los crímenes de Iguala sino de todos los problemas de seguridad y violencia, y otros creen que las culpas están más bien en las autoridades estatales y en los partidos y personajes políticos”.

La deformación de la estructura mental consiste en considerar que “la culpa” esta en algún individuo, de alguno de los niveles del gobierno. En el Ejecutivo Federal, Estatal o Municipal. O en la cabeza de algún partido político o de pérdida, en algunos “personajes políticos”. En una personalización de los méritos y culpas, que es un efecto colateral del caudillismo.

Deformación mental que impide ordenar al país y que se reproduce y sobrevive gracias a que es una confusión interesada propiciada por los políticos, que propalan la idea que las instituciones o institucionalidad radica en el carácter de las personas que desempeñan los cargos. Otro efecto colateral es la resistencia a que las instituciones gubernamentales se ordenen en base a un manual de organización y procedimientos, para que en su ausencia operen al capricho de los que desempeñan los cargos. Sesgo conceptual que impide racionalizar la administración pública y favorece la discrecionalidad de la administración pública

Más adelante Salvador García Soto señala: “Quizás el único punto donde confluyen esas dos visiones opuestas es en el reclamo de justicia y de un cambio necesario y urgente en el sistema político”. Aseveración que suena esperanzadora, pero es un engaño oculto en su ambigüedad: parece que se refiere a un cambio en la forma de hacer las cosas, pero en vez de eso, el cambio en el sistema político es de personas. Los cambios en las instituciones o en el sistema nunca son de la estructura organizativa sino se reduce al de individuos.

Y a la pifia anterior le agrega otra: “que responda a las expresiones de ira y descontento social”. Con lo que afirma que la solución no debe corresponder a la enfermedad sino a los síntomas. Aclara que la dosis de prozac debe ser suficiente para el ataque de histeria. El sacrificio azteca no puede ser de un pela gatos.

Y remata las pifias anteriores con otra “aunque difieran en el método para lograrlo. Y es ahí donde la respuesta del gobierno de Peña Nieto no acaba de convencer ni a los más extremistas ni aún a los que defienden a la institución presidencial”. Noten que con “el método” se refiere a una especie de rito, que es el que no convence.

De lo anterior pasa a aclarar que: “La tardanza, la falta de respuesta y el no dimensionar adecuadamente el problema es parte de lo que se le reprocha al gobierno federal”, el no acertar al rito adecuado al caso. El espectáculo no convence a la audiencia que pide le devuelvan las entradas.

“que no sólo entró tarde al tema, sino que una vez que lo tomó en sus manos no apuró las decisiones políticas ni las indagatorias judiciales”. Nótese que se refiere a puras decisiones personales y no a procedimientos institucionales. De conductas de individuos y no de procesos organizados y ordenados.

Y continúa: “Porque no puede entenderse que, 45 días después de la desaparición de los jóvenes normalistas, el gobierno no tenga aún una conclusión clara y contundente sobre qué fue lo que pasó y siga especulando con «avances», «versiones», «indicios», que no satisfacen ni a los padres de los estudiantes ni a los grupos movilizados en las calles y ni siquiera a las voces internas y externas que exigen justicia y el esclarecimiento de los hechos”.

¿Que quiere, velocidad o precisión? En vez de agradecer que ya no agarren al azar chivos expiatorios, como era la costumbre, ni que hicieran las cosas a trompa talega o al allí se va, protesta por “la torpeza de los pininos” que hace el gobierno para investigar en forma seria y profesional, lo que es lo desacostumbrado.

Y es lo que pasa a todo aquél, como nuestro gobierno, que cuando ya se sabía todas las respuestas, le cambian todas las preguntas. Lo malo es que el cambio de respuestas y preguntas hacia la racionalización de la administración pública no obedece a razones internas de la sociedad, sino eventuales, como los avances en la comunicación, que evita esconder o disfrazar los hechos y a instancias externas como la CIDH.

Continua Salvador García Soto: “Y en toda esa dilación, en ese ejercicio de dejar crecer el problema y con él la inconformidad social que le acompaña, está la pregunta de por qué no se han ajustado las cosas en el gabinete presidencial que, a todas luces, no ha dado resultados ni ha estado a la altura de la difícil coyuntura que enfrenta el presidente y su administración”.

Con lo que declara una de las atrofias mentales que más daño le han hecho al país. El creer que el problema y la inconformidad social ha crecido por falta de sacrificios aztecas. En una estructura mental que reduce la corrección de los sesgos y fallas a castigos individuales.

Lo anterior lo remata sin dejar ninguna duda del extravío conceptual: “Tal vez esa sea la respuesta más clara a la pregunta de por qué esas voces piden la renuncia del presidente: porque el presidente no ha querido responsabilizar a ninguno de sus subalternos de la tardanza y la falta de resultados. Porque al no rodar ni una sola cabeza de funcionarios que no han hecho bien su trabajo”, -léase por falta de sacrificios aztecas- “el malestar y la inconformidad se escalan y buscan, ante la ausencia de responsables, a un responsable mayor que responda por la falta de resultados. Y por encima de los secretarios y funcionarios que han fallado, sólo queda el presidente”.

Colección de anquilosados vicios conceptuales que remiten al arriero que cargó con tres costales a un burro que solo aguanta dos. Por lo que se echo y el arriero pretendía que solo en base a puros fletazos el burro se levantara y soportara la carga. Situación para la cual la pregunta correcta es ¿Quién es más burro?

El monto acumulado hace imposible esconder los problemas que la forma acostumbrada de ver y hacer las cosas ha dejado que se multipliquen, crezcan, agraven y compliquen. La capacidad de la riqueza y opulencia del territorio para satisfacer necesidades fundamentales de la población y esconder el pésimo manejo del país, lo ha rebasado el desorden y el crecimiento de las necesidades de la población.

Aún aceptando sin conceder, la preocupación y buena voluntad de los que están en los cargos gubernamentales, la organización discrecional hace que se encuentren lejos de una verdadera solución de fondo. Al igual que la mayoría de los anquilosados opinadores y comentaristas, que todo lo interpretan igual y no dejan de repetir lo mismo de siempre. Y ni hablar de los limitados académicos e investigadores. Es el momento de innovar. De hacer una verdadera innovación. De la que todo mundo habla, pero pocos saben como se hace o con que se come.

Lo primero que se debe hacer es derrumbar las estructuras mentales arcaicas. Demoler los mitos, fantasías y deformaciones mentales. Muchas ya publicadas, como las que expuso con toda claridad Octavio Paz en su “Critica de la pirámide”. Debemos abandonar la inmovilidad, solidez y dureza de la piedra para asumir la ligereza, flexibilidad y capacidad para cambiar, dejar de columpiarnos en el vacío entre el personalista, épico y excepcional caudillaje y el impersonal, sacerdotal e institucional Tlatuani.

Ya no podemos atenernos a que nos saque adelante un caudillo que brote en los momentos  de crisis y confusión rigiendo sobre el filo de los acontecimientos y gobernando de espaldas a la ley. Ni el tlatuani que siempre se ampara en la legalidad y todo lo hace en nombre de la ley. De una legalidad y ley que la sociedad no experimenta.

Tampoco podemos seguir planteando los problemas nacionales con visiones sesgadas ni con una política que no es en verdad nacional. El desarrollo para salir de su atrofia debe equilibrarse, lo que requiere considerar a toda la estructura social y a todas las clases. No podemos seguir confundiendo revuelta con revolución. Ni actuando como el borracho que se levanta de un lado para caerse del otro.

El avance social solo es posible con una estructura social equilibrada. Cuando una clase social finca su prosperidad a costa de otra sacrifica los objetivos sociales y políticos. Lo que sesga y lastra la evolución social. La ideología de nuestra revolución es proletaria: obrera y campesina. Pero es solo un pretexto, una justificación patética.

Tanto los obreros como los campesinos los han sometido burocracias pervertidas y corruptas. Y ya son muchos más los proletarios que al no ser ni obreros ni campesinos, no están considerados ni siquiera para someterlos. También gracias a nuestra revolución “obrera y campesina” la clase media se encuentra en proceso de extinción.

Y gracias al castigo a que la revolución “obrera y campesina” ha sometido a la clase media el gobierno pone todas las esperanzas en el extranjero. Importa más la inversión extranjera que el mercado interno. Importan más los turistas que los habitantes.

De esto hay mucho que decir, se requiere una revolución de la clase media. Una organización del país que propicie el desarrollo, bienestar y prosperidad del principal semillero de gente útil y valiosa para la sociedad: de la clase media. No de irracionales fuerzas fácticas: por número o poder.

Repito, hay mucho que decir, pero sobra tiempo y falta espacio. Continuare sobre lo mismo. Aclarando porque no hace falta una ley de profesiones, como la que proponía la Senadora Arely Gómez que buscaba entregar: “solo las actividades que afecten el patrimonio o la vida” a burocracias pervertidas y corruptas, como las que controlan a los obreros y campesinos, para que les hagan lo mismo. Y todas las actividades lucrativas de una forma u otra afectan el patrimonio y la vida de unos y otros,

Por eso lo que hace falta para empezar a equilibrar el desarrollo social y propiciar el bienestar y prosperidad de todos los trabajadores que no son ni obreros ni campesinos es una ley de las actividades lucrativas. No quedarnos en una escotomagica Ley de Profesiones, sino en una que contemple a todos los que se ganan la vida haciendo algo útil y valioso por los demás y el país.

https://angelpujaltepineiro.com/ , Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/6469-desorientados-angel-pujalte-pineiro

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