diciembre 2014

Cambio de normalidad

Muchos ansían el regreso a la normalidad. Les incomoda lo no acostumbrado. Añoran los escándalos efímeros, que se apaciguan con desplantes teatrales, promesas ilusorias, actuaciones patéticas, que pasen “de moda” o que otro evento, bueno o malo, lo cubra y se olvide. Añoran que todo pase y nada pase. Los cambios que dejan todo igual y no evitan que empeore.

Los políticos después de hacer todo lo que saben para calmar a la población y se vuelva a dormir, los desconcierta no lograrlo. Es notable que no saben que hacer y no se les ocurre nada para que la sociedad se vuelva a dormir, que todo regrese a la única normalidad que conocen, la del pueblo dormido, para que ellos puedan regresar a hacer lo único que saben hacer. Lo mismo que nos trajo al desorden que no ven o no quieren aceptar. Como lo certificó la solicitud de superar la anormalidad, el susto o enojo, la petición que la sociedad vuelva a aquella “normalidad”, calma, pasividad, aletargamiento o sueño, que se rehúsa a regresar.

No saben si: ¿Será el enojo de algún dios por falta de sacrificios? Lo que no puede ser con la población, porque nadie se puede quejar de falta de sacrificios de la población. ¿Será un ataque de oscuros intereses internacionales imperialistas, comunistas o de fanáticos religiosos? ¿O algo tan terrible para un estado momificado cuya incapacidad para encausar la disensión de facciones genero una progresiva fragmentación de la federación de caciques los que formaron cuerpos aparte con lo que se le escapó de las manos el control y cambio las reglas de juego con la aparición de la alternancia y demolición de la prohibición de leerse la mano entre gitanos?

Todo lo cual es solo parte de los cambios del lado de los políticos. Del lado de la sociedad parece que gravitamos en el último límite de la paciencia social, que llegamos a la frontera final del aguante de la población, que tocamos el fondo de la tolerancia. La acumulación de abandonos y deformaciones ha rebasado la ingenuidad y credulidad de la sociedad de la que abusó el gobierno solo disimulando y soslayando.

Como alma en pena, el país mantuvo demasiado tiempo una marcha desnivelada, desplomada y sesgada, solapada por un sentimiento de esperanza indefinida y confianza gratuita de la sociedad, que ha reventado en hartazgo. Sinsentidos producidos por una concepción desequilibrada y torcida de la sociedad. La nación ha evolucionado en forma torcida por el divorcio del gobierno con la sociedad. Por una visión parcial y deforme de los habitantes y sus relaciones.

No es un problema exclusivo nuestro, sino lo único que puede resultar de todo cambio social impuesto por una revuelta y no por un cambio de mentalidad, una verdadera revolución. Ningún orden lo mejora el desorden. Las revueltas son movimientos irracionales protagonizados por los que no tienen nada que perder, que arriesgan el todo por el todo para cambiar su situación personal, la que no entienden pero que tampoco aceptan. Por lo que no buscan el desarrollo equilibrado de la sociedad, sino solo resolver sus problemas particulares y cuyo movimiento termina aprovechado por vivales que aprovechan el impulso para encumbrarse.

Según J. P. Morgan, siempre hay dos razones para hacer cualquier cosa: Una buena razón y la verdadera razón. Muchas banderas e ideales han sido pretextos justificatorios tendenciosos que complican equilibrar al todo. Las revueltas enarbolan versiones reducidas de ideales fabulosos formados con nociones simplistas, rudimentarias y grotescas de la sociedad, respaldadas por fantasmales expectativas de remediar confusas emociones y sensaciones incomprendidas. Para que un cambio social produzca un verdadero avance debe partir de una racionalización del orden social que incluya a todos los estratos y clases sociales. Un arquetipo parcial y sesgado no endereza el camino del todo.

Cuando Huerta entregó el poder, los protagonistas de la lucha armada se encontraron ante el dilema de resolver lo procedente. Después de la claridad y certeza de un enemigo identificado y un propósito definido, el triunfo viene acompañado por la oscuridad e indefinición de metas y procedimientos, de que hacer con el poder y como ejercerlo.

Varios detalles de la Convención de Aguascalientes son muy significativos.

https://angelpujaltepineiro.com/ , Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

 

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